Los pensionados aprovechados.—Argonautas valerosos e inteligentes, pero malogrados.—Superioridad y pe-
nuria de los viejos investigadores solitarios
Avances y esperanzas puestas en la juventud estudiosa trasplantada.
Confesamos paladinamente que los jóvenes intelec- tuales de hoy valen más, hechas las salvedades nece- sarias, que los intelectuales de hace cuarenta años. En general, poseen más cultura y están mejor preparados. Los mismos 98, como diría Giménez Caballero con sus audacias desconcertantes de estilista, han quedado algo rezagados. La nueva generación conoce varios idio- mas, ha viajado por el extranjero, oído a los grandes maestros, frecuentado seminarios y laboratorios. Y ha regresado animada de un magnífico espíritu de re- novación y de iniciativa. En fin, se ha europeizado, como diría el clarividente y malogrado Costa, el pro- feta señero del patriotismo cultural español.
¿Cómo se ha operado tan lisonjero cambio? Muchas y diversas causas han influido en él. Algo hay que agradecerle al tremendo y previsto fracaso militar y político del 98, que descubrió de improviso toda la en- deblez de nuestra máquina bélica, amén del egoísmo,
EL MUNDO VISTO A LOS OCHENTA AÑOS 99 la imprevisión y crasa ignorancia (1), en materias in-
ternacionales, de las taifas políticas de turno. Los gol- pes de la adversidad son a veces útiles. Varios de nuestros jóvenes sintieron con vehemencia la trágica lección, se aplicaron con ahínco y hasta con furia a disminuir el peligroso desnivel que nos separaba de las naciones próceras. Pero otros, la inmensa mayoría, fuerza es reconocerlo, continúan sesteando impasibles al socaire de nuestro inveterado y lucrativo profesio- nalismo. Empero, en el despertar de la juventud selec- ta han influido también otras causas menos sentimen- tales y harto más eficientes.
Aun antes de la guerra europea se crearon en Es- paña valiosas instituciones destinadas al estímulo y amparo del talento desorientado o desvalido. Las prin- cipales de estas instituciones son tres:
a) La Junta de Pensiones y Ampliación de Estudios
que, selecionando los entendimientos más despiertos y estudiosos y reteniéndoles en los centros docentes ex- tranjeros, ha facilitado la formación de una grey de ingenieros, abogados, humanistas, médicos, físicos, quí- micos, naturalistas y hasta filósofos, impregnados de los secretos de la técnica y de los métodos inquisiti- vos ultrapirenaicos o ultramarinos. Bastantes de estos
argonautas de la ciencia ocupan hoy, con aplauso de todos, puestos importantes en el profesorado univer-
sitario, así como en seminarios y laboratorios (2). 6) La Junta de Pensiones para Obreros, de que fue primer presidente el inolvidable Azcárate, encamina- da a proporcionar, en los talleres y fábricas extran- jeros, un suplemento de instrucción técnica y destreza
(1) Véanse nuestros artículos vehementes de El Liberal en 1898 y los publicados por entonces, o poco después, por Costa, Azorín, J. Or- tega y Gasset, P. Baroja, etc., en diferentes diarios.
(2) No hay que olvidar la conducta loable de algunas familias de los países cantábricos enriquecidas por la guerra europea al enviar sus hijos a estudiar a Alemania, Inglaterra y los Estados Unidos, con in- dependencia de toda tutela oficial.
100 SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL manual a los artesanos más inteligentes y aprove- chados.
c) La autorización otorgada a diversos centros do- centes para proponer pensiones e invitar a los maes- tros de la ciencia universal para dar conferencias e
incluso nombrarlos (como ocurrió con Obermaier y otros), de acuerdo con el Ministerio de Instrucción
pública, profesores universitarios (1).
Huelga decir que no todos los pensionados han res- pondido a las esperanzas concebidas. Algunos recaye- ron en la rutina docente, o se esfumaron en las hues- tes de la política al uso. Otros, acaso los mejores, se acomodaron en universidades ultramarinas donde se les brindaba, además de superior bienestar económico, un ambiente moral propicio a la investigación. En fin, bastantes artesanos y maquinistas, vencidos por la
irresistible tentación de los altos jornales, se expa- triaron definitivamente.
Tales fracasos parciales eran inevitables y presumi- bles. Nuestras instituciones protectoras han sembra- do a voleo, y buena parte del grano cayó en tierra estéril, cuando no sobre cantos rodados. Sea de ello lo que quiera, y dando de barato que muchos de los es- cogidos buscaban en la pensión, antes que prepararse para la función docente o el noble goce de la invención, el inmediato provecho de dominar idiomas y mejorar su aptitud profesional, fuerza es confesar, empero, que todos gastaron algo y que tamaña ganancia redundó indirectamente en beneficio del pro común. Queda, a pesar de todo, una minoría selecta, fervorosamente patriótica, regentadora con decoro y eficiencia de car-
(1) El sistema de las pensiones y el contrato de lumbreras científi- cas extranjeras p a r a corregir nuestra secular postración científica se inició, con éxito mediocre, en la época de Carlos III. Pero como ha hecho notar recientemente Moles en bien documentado discurso (1933), la falta de ambiente y, sobre todo, los estragos de una burocracia can- -ina y funesta malograron el noble empeño.
EL MUNDO VISTO A LOS OCHENTA AÑOS 101 gos civiles o docentes (1). Algunos han ilustrado sus nombres y honrado a España con descubrimientos bri- llantes, confirmados y encomiados por sabios eminen- tes. Pero de esto he tratado ya en otro libro (Reglas
y consejos sobre investigación científica, 6." edi-
ción, 1922).
E1 martirio de los iniciadores solitarios y desvalidos.
Las citadas instituciones docentes, a despecho de sus deficiencias y fracasos, representan un colosal avance en la solución del problema cultural español. Para darse cuenta de este progreso hay que recordar la ca- rrera de obstáculos, casi siempre infranqueables, que tuvimos que recorrer, hace cuarenta o cincuenta años, los aficionados a los estudios científicos. Entonces, los jóvenes solamente podíamos contar con el propio es- fuerzo, animados por una voluntad diamantina y una vocación a prueba de desdenes y contrariedades. Care- cíamos de ambiente. Se nos calificaba de chiflados. Desvalidos y sin más recursos para educarnos técni- camente que los proporcionados por modestos cargos subalternos o por los padres, casi nunca convencidos de que el cultivo de la ciencia pura servía para algo, nos estrellábamos contra la indiferencia universal. De ahí el atraso en el conocimiento de las lenguas vivas, la desalentadora labor solitaria en laboratorios propios improvisados, la desmaña en el manejo de métodos sólo conocidos por la lectura de monografías y libros, cada uno de los cuales representaba una renunciación franciscana o un sacrificio familiar; el recelo con que (1) Mi optimismo incurable reconoce con pena que bastantes de los protegidos por la generosidad del Estado han recaído en dos vicios nacionales funestos: el afán desmedido de acaparar cargos {enchufismo, como ahora se dice), y el rutinarismo apático, bien hallado con el lu- crativo ejercicio profesional, y extraño a toda mira elevada de creación científica. La suprema ambición de estos talentos se cifra en ocupar un sillón académico, casi siempre merecido, como premio a la práctica del magisterio, o de profesionalismo honrado y decoroso.
102 SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL ofrendábamos a los sabios los frutos agraces de la modesta minerva, siempre temerosa de adverso vere- dicto. Mientras que hoy, por el contrario, cultivar la ciencia, además de constituir oficio que cobra nómina del Estado, es labor fácil y hacedera. Ningún sacrificio pecuniario para viajar, adquirir revistas y material de investigación. Basta ahora un poco de voluntad, regular perseverancia y algo de emoción patriótica. Peligroso para las naciones de patriotismo desmaya- do y miope es el resurgimiento actual, en los países opulentos y superpoblados, de un estatismo unificador y tiránico. Las naciones apocadas empeñadas en vivir en otra época, sirviendo ideales moribundos o grose- ramente materiales, corren inminente riesgo de con- vertirse en colonias, cuando no en esclavas de la co- dicia extranjera.
CAPÍTULO XI
EL DEVORADOR MAQUINISMO DE LOS PAÍSES