Chapter 3 International commercial Arbitration in China
3.6 Setting Aside, Recognition and Enforcement of an Arbitral Award
(1) (2) (3) (4)
Hombres Mujeres niños Empleo total
Constante 0,02929 0,03838 0,03592 1,30405 (8,668) (17,728) (14,754) (16,623) Acres –9,256 × 10–5 –1,458 × 10–4 –1,642 × 10–4 –4,793 × 10–3 (–5,728) (–14,083) (–14,105) (–12,775) Acres cuadrados 9,399 × 10–8 1,578 × 10–7 1,889 × 10–7 5,139 × 10–6 (3,725) (9,757) (10,389) (8,772) Cultivos 0,02370 –0,00375 0,00082 0,55392 (8,688) (–2,149) (0,417) (8,748) Cercamientos –9,541 × 10–4 1,290 × 10–4 9,099 × 10–4 –0,03406 (–0,377) (0,080) (–0,498) (–0,579) Parcial –5,495 × 10–3 –9,814 × 10–5 –7,522 × 10–4 –0,13636 (–1,938) (–0,054) (–0,368) (–2,072) R2 0,37084 0,60821 0,56482 0,59728
* Acres cuadrados, cultivos (porcentaje de cultivos), cercamientos, 1 si la granja está cerca- da, 0 en otro caso; parcial, 1 si la granja está parcialmente cercada, 0 en otro caso. La varia- ble dependiente en las ecuaciones (1) a (3) es el número de gente, mientras que en la ecua- ción (4) es el coste laboral en libras. Las t-ratios aparecen entre paréntesis.
culina por acre es la variable dependiente en la ecuación (1). El coeficien- te negativo de la variable superficie en acres muestra que la mano de obra por acre disminuyó con el tamaño, mientras que el coeficiente positivo de la variable superficie en acres cuadrados significa que el ahorro era más grande si se fusionaban varias granjas pequeñas. El coeficiente de la pro- porción de cultivos es positivo, lo que confirma que el empleo masculino era mayor en las granjas de cultivo. todos estos coeficientes resultan muy significativos. El coeficiente de la variable ficticia para las explotaciones con cercamientos es pequeño y no significativo, y esto quiere decir que los cercamientos no tuvieron efectos (aparte de incrementar la proporción de pastos) sobre la reducción del empleo. El coeficiente de la variable ficticia para las parcialmente cercadas es algo confuso, ya que es negativo y sig- nificativo, pero su magnitud no es particularmente grande: una hacienda de 150 acres parcialmente abierta que tenía un 75 % de cultivos contrataba un 16 % menos de hombres por acre que las granjas sin cercar.
Los patrones de empleo de mujeres y de niños diferían en varios aspectos. Las ecuaciones (2) y (3) muestran que el empleo por acre dis- minuyó con el tamaño de la granja, pero a una tasa constantemente decre- ciente. Los coeficientes de la variable superficie en acres en ambos casos eran más negativos que el correspondiente a la regresión de los hombres. Este resultado demuestra que, conforme el tamaño de las explotaciones agrarias aumentaba, la caída en el empleo de mujeres y niños era más rápida. En la ecuación (2) el coeficiente de la proporción de cultivos era significativo pero negativo, un resultado que indica que el empleo femeni- no aumentó cuando los cultivos se transformaron en pastos. Dada la habi- tual división del trabajo por sexos, este incremento no es sorprendente. Sin embargo, la magnitud del incremento era pequeña: el cercamiento de una granja de 150 acres que tenía un 75 % de cultivos y la reducción de los cultivos hasta un 25 % incrementó el empleo femenino sólo un 12 %. La ecuación (3) muestra que el patrón de empleo de niños era independien- te de la proporción de cultivos. Las variables ficticias correspondientes a los cercamientos son insignificantes tanto para el caso de las mujeres como para el de los niños.
La ecuación (4) muestra la variación del empleo en conjunto con res- pecto al tamaño de las explotaciones, la transformación de cultivos en pastos y los cercamientos. En esta ecuación se identifica el empleo total
observar la misma relación inversa entre empleo y tamaño o superficie, como vimos en las ecuaciones (1), (2) y (3). La ecuación (4) también muestra que el empleo total, en el sentido de coste laboral, disminuía cuando los cultivos se transformaban en pastos. De nuevo, el efecto de los cercamientos sobre el nivel de empleo es insignificante, aunque otra vez se aprecia un nivel de empleo más bajo en las aldeas parcialmente «abier- tas» comparado con las aldeas con cercamientos y las que estaban sin cercar.
Los resultados sobre el tamaño de las explotaciones y el nivel de empleo que se deducen aquí habrían sorprendido a Young, ya que él pen- saba que sus datos demostraban que las grandes heredades aumentaban el empleo. Se convenció a sí mismo de ello ordenando en una tabla el nú - mero medio de criados, criadas, niños y trabajadores de acuerdo con el tamaño de la hacienda (Young 1771a: vol. 4, 246). no hay nada peculiar en esta tabla, y, si se analiza como hemos analizado los datos de Young, obtenemos la misma respuesta: el empleo decrecía con el tamaño. Young obtuvo un resultado contrario estudiando la cantidad de gente que com- ponía el empleo agrícola. Supuso que el 90 % de los trabajadores estaban casados y formaban familias de cinco personas de media, mientras que cinco sextos de los granjeros estaban casados y formaban familias de cuatro. (Criados, criadas y niños no estaban casados y, por lo tanto, for- maban familias de una persona.) Entonces calculó la población total, inclu- yendo las cargas familiares en cada granja por categoría de tamaño. Como las grandes haciendas contrataban una mayor proporción de traba- jadores por criado que las granjas pequeñas, entonces la cantidad de gente ocupada en la agricultura se incrementaba con el tamaño de la explotación16. Por lo tanto, su conclusión fue «que las granjas más venta-
josas, en cuanto a nivel de empleo se refiere, son las de 500 acres en ade- lante; así, las granjas de más de 1000 acres serán las superiores, mien- tras que las de menos de 500 acres serán muy inferiores» (Young, 1771a: vol. 4, 254).
Esta conclusión no contradice nuestro análisis de los datos de Young, ya que él no medía la relación entre tamaño y empleo. Estaba con- fundiendo esa relación con la forma contractual de empleo: si los hombres
16 véase Kussmaul (1981) en relación con una estudio acerca del servicio domés-
tico en las haciendas, y especialmente las páginas 18 a 20 en relación con una discusión sobre los datos de Young.
eran contratados como trabajadores o como criados. Young (1771a: vol. 4, 253-254) reconoció la aritmética de esto: «los grandes hacendados no mantienen la misma proporción de criados, criadas y niños que los gran- jeros más pequeños. Su superioridad, en lo que respecta a empleo, se refiere por completo a los trabajadores contratados». Sin embargo, no dis- tinguió claramente entre los efectos sobre el empleo y los efectos sobre la población de las explotaciones de diferentes tamaños17.
Esa confusión entre empleo y población se hace también evidente cuando Young utiliza la teoría de las explotaciones de capital intensivo para explicar la correlación positiva entre población y tamaño de la granja.
Los grandes granjeros son normalmente granjeros ricos; y no hace falta ser un experto en agricultura para saber que los que tienen el dinero en sus bol- sillos serán, en general, los que cultiven el suelo de la mejor manera; un buen cultivo es, en la mayoría de los casos, sólo otra palabra que significa mucho tra- bajo. (Young, 1771a: vol. 4, p. 253.)
Para utilizar correctamente esta teoría hay que considerar el empleo agregado por acre una función del tamaño de la finca, y, como hemos visto, había una relación decreciente entre ellas. De hecho, Young debe- ría haber desconfiado de su teoría sobre las explotaciones agrarias de capital intensivo en vista de las características de la granja «media» que él observó en sus viajes por el norte. Recalcaba:
La contratación de mano de obra es mucho menor de lo que debería ser; cinco hombres y un niño son muy pocas personas para cultivar una granja como ésta [287 acres, la media de las granjas en su viaje] de la forma más completa y adecuada o para cultivarla según los sistemas más desarrollados de otros con- dados […]. La agricultura que funciona con esta severidad no puede ser buena; y lo lamentable es que el reino, en líneas generales, probablemente sufre la misma deficiencia de mano de obra […]. Muy pocos granjeros contratan los tra- bajadores que deberían. (Young, 1771a: vol. 4, 204, 195.)
El crecimiento de la productividad del trabajo en los principios…
17 La conclusión de Young de que las grandes haciendas mantenían a más gente
se vuelve menos optimista cuando se reconoce que esa mayor población vivía en una mayor pobreza. Cada criado masculino ganaba (de media) 171 libras, 9 chelines y 9 peniques al año, mientras que cada trabajador masculino ganaba
Cuando Young ensalzaba a los grandes hacendados ricos que con- trataban a muchos trabajadores, no estaba describiendo «la mejor prácti- ca» (y aún menos «la práctica media», como él registró en sus viajes), sino un ideal que raramente o nunca se lleva a cabo18. Averiguar por qué Young
confundió su ideal de agricultor con los que encontró en sus viajes es una tarea tentadora.
Los resultados recogidos aquí tampoco concuerdan con los de Chambers (1953). Como es bien conocido, este autor aseguraba que los cercamientos y los avances en la agricultura llevaron a un mayor nivel de empleo. Por el contrario, nuestros resultados demuestran que los cerca- mientos redujeron la demanda de trabajo cuando implicaban una transfor- mación de cultivos en pastos; en otro caso, no tenían efecto. Para ser jus- tos, hay que decir que Chambers recopiló muchas pruebas sobre el crecimiento de la población en nottinghamshire, y, seguramente, estaba en lo cierto al afirmar que ese crecimiento supuso la fuente más impor- tante de la fuerza de trabajo industrial. Pero debemos resaltar, dada la gran influencia de sus afirmaciones sobre los cercamientos y el empleo, que no recogió información nueva sobre dicho asunto. todo lo que hizo fue repetir las opiniones de Arthur Young.
nuestros resultados también son diferentes de los de Snell (1985), un reciente crítico de Chambers. Snell estudió el patrón de desempleo estacio- nal, midiéndolo por la fecha de aplicación de la beneficencia, en lugar de por la demanda de trabajo, como hemos hecho nosotros. Descubrió que los cer- camientos en las regiones donde hubo muchas transformaciones en pastos (por ejemplo, Leicestershire y nottinghamshire) tuvieron poco impacto sobre la aplicación de la beneficencia en los hombres, mientras que los cerca- mientos sí produjeron un incremento en el desempleo masculino en invier- no, en comparación con ese mismo desempleo en verano, en las regiones que seguían especializándose en cereales. Esta conclusión sugiere que los cercamientos tuvieron el mayor impacto estacional sobre el mercado de tra- bajo precisamente donde tuvieron el menor efecto sobre la agricultura. Sin embargo, la ecuación de demanda de trabajo masculino de la tabla 3.12 establece que los cercamientos redujeron más el empleo en los sitios donde éstos condujeron a una conversión en pastos de forma generalizada.
18 Se debe hacer notar que las grandes haciendas no mantenían más cabezas de
ganado que las granjas pequeñas pero, de hecho, utilizaban menos capital por acre.
Snell (1985: 15-66, 155-158) descubrió que los salarios de las muje- res disminuían con respecto a los de los hombres en la segunda mitad del siglo xvIII. Atribuyó esta disminución a los cercamientos. nuestras funcio- nes de demanda de trabajo, sin embargo, muestran que los cercamientos mejoraron realmente las perspectivas de trabajo para las mujeres cuando éstos conducían a una transformación en pastos, una situación que Snell (1985: 40-46) también observó. Lo que redujo la demanda de trabajo femenino y condujo a una disminución de sus salarios fue la constante reducción del empleo femenino que derivó del proceso de transformación hacia grandes haciendas. Esta reorganización se dio durante el siglo xvIII y explica la tendencia en los datos salariales de Snell.
El tamaño de las explotaciones agrarias y la organización del trabajo
¿Por qué las grandes haciendas contrataban menos gente que las granjas pequeñas? Las respuestas son sencillas para el caso de las muje- res y de los niños. La razón obvia es que su empleo total aumentó más lentamente que el aumento del tamaño de las explotaciones. Así, la gran- ja media de cultivo de menos de 50 acres contrataba de media 1,4 muje- res y 1,7 niños, incluido el empleo familiar. Incluso las haciendas muy grandes no contrataban, de promedio, más de 3 de cada categoría. Como resultado, el nivel de empleo por acre de mujeres y niños disminuyó a medida que aumentaba el tamaño.
La explicación de este hecho no tiene nada de misterioso. Aunque los niños eran «baratos», resultaban difíciles de supervisar, con lo que su empleo se limitó a las grandes haciendas. La contratación de mujeres no se incrementó demasiado con el tamaño porque los granjeros no aumen- taron mucho el tamaño de sus vaquerías. Las vaquerías no daban mucho beneficio (Young, 1771a: vol. 4, 167) y se conservaron porque proporcio- naban una fuente más estable de ingresos líquidos que los cereales. Así, las explotaciones de cultivo de menos de 50 acres tenían de media 5 vacas, mientras que las haciendas de entre 150 y 200 acres tenían 12 vacas. Las explotaciones todavía mayores sólo contaban con 10 ó 12 vacas. Como consecuencia, la contratación por acre de mujeres disminu- yó con el tamaño de la explotación.
costes por acre debido a las economías de escala. La especialización y la división del trabajo eran las causas de esas economías.
En las granjas pequeñas, donde no había mucha mano de obra con- tratada, el granjero tenía que hacer todos los trabajos: arar, sembrar, cosechar, acarrear, trillar, zanjar, cercar con setos y atender a las ovejas, a los caballos y a las vacas. Las grandes haciendas contrataban espe- cialistas para llevar a cabo algunas de estas tareas. Esto reducía los cos- tes por dos vías.
En primer lugar, la especialización permitió la contratación de trabajo menos cualificado para reemplazar el tiempo del granjero, que era más valioso. Se sugieren estas posibilidades en un estudio sobre los salarios en Rutland en 1563. Se distinguen tres tipos de criados:
Un criado jefe de los mejores, que puede arar, sembrar, segar, varear, hacer un almiar, poner techos, cercar con setos, y puede matar y descuartizar cerdos, ovejas o terneros, debe de tener un salario anual de 40 chelines y 6 más para ropa.
Un criado normal, que puede cortar el césped, segar, varear y cargar una carreta, pero no puede hacer un almiar, cercos o techos, ni tampoco matar y des- cuartizar cerdos, ovejas o terneros, debe de cobrar unos 33 chelines 4 peniques anualmente y 5 chelines más para ropa.
Un criado inferior, que puede conducir el arado, montar el carro, varear y no es experto a la hora de cortar el césped o segar, ni puede hacer un almiar o un techo de paja, debe de tener un salario anual de 24 chelines y 5 más para ropa. (Rogers, 1866-1902: vol. Iv[1892], 120, V. C. H., Ruts: I, 241.)
Un labrador con 50 acres se asemejaba a un criado jefe porque tenía que desempeñar todas esas tareas él mismo. Una explotación con más empleados podía contratar a gente menos cualificada (y más barata) para realizar las tareas más simples. En las granjas del siglo xIx«los aradores son los trabajadores de primera necesidad».
Su principal habilidad consiste en el manejo del arado; y cualquier otra habilidad adicional debe incluir un conocimiento práctico de todo lo relacionado con el cuidado de los caballos y con el uso de las herramientas que llevan. (J. M. Wilson, 1847: 234, 874.)
Lo importante de esta descripción es lo limitado de sus habilidades: en el siglo xIxlos que manejaban el arado eran comparables a los criados inferiores en el estudio de 1563, y su sustitución por pequeños propieta-
rios más cualificados fue una de las razones de los bajos costes de las granjas grandes19.
El típico vaquero de la granja del siglo xIxfue otro ejemplo de susti- tución de mano de obra cara por mano de obra barata.
El vaquero, normalmente, es un hombre que ya ha traspasado la mitad de su vida, y a veces es un arador viejo y casi jubilado. Recibe salarios mucho más bajos que un arador. (J. M. Wilson, 1847: 234.)
Sin embargo, las explotaciones agrarias tenían que ser grandes para que hubiera suficiente trabajo y la sustitución fuera posible. Los datos de Young incorporaron este tipo de ahorros de manera imperfecta, ya que valoraban al granjero y al primer criado contratado como criados de «pri- mera clase» y al resto de criados como criados «comunes».
En segundo lugar, incluso si el yeoman tenía que realizar varias tareas distintas, era probable que hubiera sido «aprendiz de todo y maestro de nada». Las grandes haciendas podían contratar mano de obra especializada en determinadas líneas de trabajo que podía realizar mejor que el granjero familiar. Así, las grandes explotaciones agrarias de las Midlands contrataban pastores para llevar el ganado. Y también eran especialistas los que se encargaban de cercar las tierras con setos.
La persona que se encarga de los cercos y está en la categoría de supe- rior tiene la misma categoría que un maestro-arador; debe ser una persona bas- tante inteligente: tiene a su cargo las tareas de plantar, podar, regar, reparar los setos, arreglar los huertos y los árboles del bosque y tiene que supervisar todas las demás plantas y arbustos de la granja. Sólo una granja lo suficientemente grande puede tener un «cercador superior». (J. M. Wilson, 1847: 234.)
La contratación de especialistas permitió la reducción del empleo por acre.
En tercer lugar, una gran hacienda podía contratar a cuadrillas de hombres para realizar tareas con una gran eficiencia. La cosecha de cerea - les la hacían normalmente estas cuadrillas. Las granjas pequeñas no
El crecimiento de la productividad del trabajo en los principios…
estaban en desventaja cuando los grupos ambulantes de segadores se comprometían por contrato a realizar dicho trabajo. Sin embargo, tales contratistas no solían estar disponibles para cortar el heno, tarea que tam- bién era efectuada por las cuadrillas. En su General View of... Bedford - shire,Batchelor (1808: 110) dice que «Las faenas del corral y el dragado [requerían] cinco hombres cada diez acres. El transporte, diez hombres cada seis acres al día […]». De hecho, cualquier actividad relacionada con el transporte de materiales voluminosos como el heno, el grano o el estiér- col era realizada por equipos. Así, acerca del transporte del cereal, Young (1805: 423) decía:
En una granja donde hay suficientes cuadrillas, acarrear el trigo requiere tres vagones; uno que se carga en el campo, otro para descargar y otro en el camino para ir y venir: cinco o seis caballos son suficientes, dos hombres para montar el carro, dos para cargar, uno para conducir y dos para descargar; en total, siete: se requiere un buen envío de gente.
Batchelor (1808: 109) decía algo similar acerca de la construcción de almiares:
Para cubrir con paja un campo de quince acres, si se trata de un solo lote, se necesitan dos hombres trabajando un día, y éstos, junto con los cuatro cria- dos, cuestan unos 20 chelines al día.
Al final del invierno, cuando se transportaba el cereal desde el alma- cén al granero para trillarlo, Batchelor (1808: 111) indicaba que «de esta faena se ocupan seis personas». De forma similar, «del transporte [de abono] se ocupan dos o tres conductores […] y son necesarias cuatro per- sonas para rellenar y esparcirlo» (Batchelor, 1808: 106).
Estas citas apuntan a la utilización generalizada de cuadrillas en las grandes haciendas. Obviamente, existía una gran variedad en el tamaño de los equipos de trabajo, pero las cifras que se mencionan aquí no son arbitrarias. Se habla de entre 6 y 10 hombres, y ése era el número de hombres empleados a tiempo completo en las granjas que maximizaban la renta. Especialistas como los aradores dedicaban la mayor parte del año a su tarea particular, después trabajaban en equipo en las faenas de recolección del heno, en la cosecha de cereales, y durante el proceso de producción y de abono tenían que desplazarse de acá para allá por la granja.
Una confirmación adicional de que el sistema de cuadrillas aumenta- ba la eficiencia proviene de una fuente bastante inverosímil: el libro Politi- cal Arithmetic de Arthur Young. Al tratar de argumentar que las grandes explotaciones incrementaban el nivel de empleo, utilizaba contraargumen-