He querido comenzar mis reflexiones con esta cita del filósofo Paul Ricoeur para se- ñalar la importancia vital y pedagógica del trabajo que ha llevado a cabo el equipo docente del CFA Jacint Verdaguer, al proponerse la elaboración de las historias de vida de trece de sus estudiantes; una importancia que me gustaría ir detallando en la primera parte de estas reflexiones.
Pero, antes de ello, quisiera volver al texto de Ricoeur para destacar otro aspecto, también crucial, en la composición de historias, y que puede ayudar a entender desde qué lugar emprendo estas reflexiones.
Argumenta nuestro filósofo que el proceso de composición de un relato, de una his- toria, “no se acaba en el texto, sino en el lector” (Ricoeur, 2006, p. 15). Es quien lee quien le da vida a la historia narrada. “El sentido o significado de un relato surge en la
intersección del mundo del texto con el mundo del lector”. Sobre el acto de leer –sigue
diciendo– “descansa la capacidad del relato de transfigurar la experiencia del lector” (Ibídem). Y esto ocurre si leer supone algo más que obtener la información transmiti- da por el texto; si se convierte en un revivir algo de las profundidades y misterios que
componen esa vida narrada, y si abre en quien lee una reflexividad, una comprensión de sí, tocada y trastocada por lo que esa historia le trae como sustancia de esa vida, de las cosas de la vida, de la vida.
Según esto, puede entenderse que mis reflexiones nacen de esta experiencia de lec- tura afectada por las historias aquí contadas, y leídas desde mi propia historia y cir- cunstancias, en ese cruce entre lo que las historias cuentan y el modo en que me llegan, me afectan, me hacen pensar de la vida, de la educación, de la investigación. LA COMPLEJIDAD DE LA VIDA Y SUS INTENTOS DE CAPTARLA
Gracias al deseo del equipo docente de la escuela de La Modelo de reunirse y con- versar con algunos de sus estudiantes acerca de sus trayectorias vitales, podemos acercarnos a trece vidas singulares, especiales, complejas, en ningún sentido planas; vidas difíciles, como la mayoría de las vidas, por otra parte. Vidas con sus fracturas internas (también como tantas vidas), que en este caso traspasaron la frontera de lo prohibido.
Son relatos que nos permiten palpar algo de la vida, de sus misterios, de sus fragilida- des, de sus inestabilidades, de sus riesgos. Leyendo estas historias siento la cercanía de algunas escenas de las que puedo pensar: “Eso podría haberme pasado a mí; esas circunstancias podrían haber sido las mías”. Porque me puedo preguntar junto con Wislawa Szymborska en su poema “Una del montón”: “¿Y si hubiera nacido / no en la tribu debida / y se cerraran ante mí los caminos?” Szymborska, 2004, p. 27). Porque puedo reconocerme en los azares de la vida; como puedo pensar que algunas decisio- nes, a lo mejor equivocadas, a lo mejor con consecuencias inesperadas, podrían haber
sido las circunstancias, las decisiones o las consecuencias de cualquiera; por ejemplo, las mías. También es cierto que me es difícil imaginarme en al- gunas de estas vidas; pero reconozco en esas historias la variedad humana; y leer alguna de estas vidas me per- mite mantener una conversación in- terior acerca de nuestras diferencias, ya sean culturales, sociales, familiares o personales. La tentación de sentir- te en el lado bueno de la historia es grande. ¿Pero qué hubiera sido de mi
Vidas examinadas, tiempo liberado
vida si hubiera transcurrido en alguna de esas circunstancias narradas y se me hubie- ran cerrado los caminos? ¿Cuánto en mi vida ha dependido de circunstancias que me han venido dadas, de apoyos y fortalezas que he podido tener, de privilegios de los que he podido gozar, de circunstancias que no dependen solo de la voluntad moral? Que haya podido hacer este ejercicio, que haya podido acercarme a estas trayectorias vitales y mantener esta conversación conmigo y con ellas no es independiente del modo en que están contadas. Porque son relatos que no están elaborados desde la definición y el juicio, sino desde el deseo de comprender, incluso hasta cuando sus au- toras se encuentran con situaciones incomprensibles. Y aquí comprender no significa abarcar-dominar al otro, sino ese sentido profundamente humano de entender sus circunstancias, de intentar captar y mostrar el modo en que se viven y se entienden a sí mismos. Comprender no como un ejercicio de interpretación del otro, sino como una manera de entrar en sintonía intentando captar algo del modo en que el otro se maneja en la búsqueda de su sentido, de su propia comprensión. Son relatos cons- truidos desde el intento de captar el cúmulo de circunstancias internas y externas que hay tras los derroteros que estos hombres han seguido en sus vidas. Y desde el intento de captarlas a partir de cómo ellos se cuentan a sí mismos, de cómo ellos han ido componiendo las claves de su trayectoria.
Son también relatos elaborados con un sentido conversacional. Son fruto de conver- saciones entre dos docentes y el estudiante que expone su vida. Y son también fruto de la conversación, no ya en vivo y en directo, sino en diferido, como una conversa- ción que generan sus autores o autoras con esta vida que se les ha expuesto y han recogido, y que busca “abrirla”, esto es, hacerse preguntas con ella, para intentar captar más dimensiones, para verle más capas a esa historia, o revelar dudas e incer- tidumbres acerca de lo que se muestra o no, de lo que conseguimos entender o no, de los silencios y misterios de los que se compone también todo relato de vida. Y cuando sigo a las autoras y autores en sus reflexiones, sus dudas, sus preguntas lanzadas al aire, yo me veo haciéndome mis preguntas sobre sus vidas, sobre la mía, sobre las de mis estudiantes; y puedo así abrir más capas, más facetas, más matices, más cons- ciencia del misterio de la vida y de la singularidad de cada vida humana.