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Fragmentos seleccionados de un diálogo entre Marcelo Zanelli y la au- tora del libro “Variaciones para educar adolescentes y jóvenes”.

“Habitualmente se devalúa eso que tenemos para mostrar y ofrecer, por suponer que al otro no le interesa, ese acto ya implica una devaluación.

Esa sospecha no solo devalúa el patrimonio sino que devalúa, en una misma operación, al sujeto. Y lo que produce esa operación, el resul- tado, es un acto reaccionario”.

“En un hogar donde residían chicas judicializadas, con vidas más que difíciles, yo estaba a cargo de un taller de cine, al menos así lo pensa- mos y así se denominó al comienzo, pero en realidad terminó siendo un taller de un montón de cosas, que incluía el cine. Las chicas nunca habían escuchado algunas músicas, ni habían visto algunas películas y lo que de algún modo aglutinaba era la cumbia. Te aclaro que a mí, con poco conocimiento del asunto, la cumbia me gusta, no me parece una música menor; no solo no me parece una música menor sino que me parece una música para prestarle atención”.

“Cumbia villera, cumbia romántica, hay unos subgéneros que yo desconoz- co: cumbia romántica, melódica, villera, con mucha jerga carcelaria, tum- bera, ya sabés… Yo me decía a mi mismo: es una buena oportunidad para mí, para escuchar esto, porque estas chicas son especialistas”.

“Mi discurso era: “yo voy a dar un talle de cine, ustedes eligieron este taller; vamos a tratar de hacer algo con el cine… Lo que más me inte- resa, en principio, es que veamos algunas películas. Que veamos algu- nas películas que generalmente no dan por televisión. Incluso podemos llegar a ver alguna que sí alguna vez pasan en la tele. Elijan”. Yo decía “elijan”. Y… les costaba elegir, claro”.

“Me quedaba claro que me estaban diciendo: “si no presentás una serie de opciones, si no conozco demasiado lo que existe, si no tengo aunque sea mínimamente alguna referencia ¿cómo elijo?” Entonces… “bueno, ok, ¡empezamos a ver algunas películas!”. Elegía yo. Les costaba concen- trarse... pero ese parece un “mal” de la época, vas al cine y terminas agar- rándote a las patadas porque están todos hablando, así que no parece ser un “problema” solo de “aquellas” jovencitas... Así y todo logramos ver algunos cortos que no habían visto nunca, de Buster Keaton, las cá- maras Lumière… Ojo!, hay que hacer un esfuerzo con ese tipo de cine, que además no te lo encontrás cualquier día en cualquier canal de TV abierta, es muy raro”.

“Al principio, no les interesaba, o parecía no interesarles, porque es muy difícil que te interese algo con una estética tan primitiva, todas en blan- co y negro, en general mudas, en definitiva: la primera estética del cine”. …

“Lo primero que me decían era “¡pero es en blanco y negro!”, y eso ya no les gustaba. Sin embargo, me daba cuenta que había algo ahí que sí les gustaba y era que notaban que a mí me gustaba que lo vieran”.

puse algo a partir de un imperativo personal: mostrarles sin prejuicio un montón de cosas, músicas, películas, libros, etc. Cosas consideradas para las élites y de las otras, más “populares” aunque a lo mejor tampoco ma- sivas, pero no cosas a las que ellas tuvieran el acceso asegurado con solo encender la radio o el televisor”.

“Lo que yo hacía era llevar cosas, llevar músicas que a mí me gustaban, llevar películas, llevar muchos libros. Les propuse que ellas también llevaran, y de a poco fueron tomando esa invitación. Nos reuníamos, hacíamos una ronda, cada uno llevaba una cosa y nos “obligábamos” a escucharnos”.

““Vamos a escuchar, ¿qué elegiste vos? ¿y por qué lo elegiste?”; básica- mente era eso: “¿por qué trajiste esta canción? ¿qué te pasa con esta canción?”. Yo también hablaba sobre lo que llevaba y lo que a mí me in- teresaba. En una situación diferente, probablemente, yo hubiera llevado música en algunos casos cercana a la que ellas conocían pero yo no iba a llevar cumbia porque cumbia era lo que ellas escuchaban”.

“Me sorprendieron un día: yo estaba llegando al hogar y por la ventana del lugar donde nos reuníamos (que daba sobre la calle, una ventana grande, con varias hojas, que estaba abierta) escuché que sonaba algo que yo había dejado. No lo hicieron porque sabían que yo estaba por llegar, simplemente, estaban escuchando un compilado de música que yo había dejado. Eso si me sorprendió y de algún modo me daba la razón, o, mejor dicho, una razón… ¡Yo entré… como loco! Toqué el timbre, me abrieron la puerta y pregunté “¿quién está escuchando esto?” “No... yo, profe...” “¿Y por qué lo estabas escuchando? ¿porque sabían que yo venía?”. “No, no, usted lo dejó acá y bueno, yo lo estaba escuchando” y yo insistía “pero ¿para quedar bien conmigo lo estabas escuchando?”, “no, es que me gusta lo que dejó”, “¿en serio, te gusta?”. “Y si, está buenísimo!, yo quiero más de éste” y me causó una ternura... porque quería más de… Creedence. ¡Creedence!”.

“Con un libro de historia del cine que yo les había dejado, ocurrió una situación parecida. Era un libro con mucho texto y mucha fotografía; más fotos que texto, un librazo. Un tiempo atrás habíamos visto El Viaje a la Luna de George Mélies, un corto que dura 14 minutos. Es la primer película del cine, el primer guión. Es la primera película que te cuenta una historia, con efectos especiales. Muda y con frases escritas en francés. Mientras mirábamos, yo traducía. Les conté la historia de la película, cómo se había filmado, que era un set de filmación, que como no había luces, reflectores y no existía la tecnología que existe hoy las cosas se resolvían de otros modos, etc.. Me interesaba que pudieran pensar qué significó hacer eso en esa época. Les contaba todas esas historietas, vi- mos la película y dejé el libro, donde por supuesto figuraba esa película, que era de 1902.

De esa misma época vimos también El robo del tren (de 1903), que es la primer película con montaje e historias paralelas. ¡Montaje paralelo!, todo un hallazgo… Bueno, les dejé el libro y les pedí por favor que lo cuidaran, les insistí: “no lo recorten, no lo pierdan, no lo rompan, no lo saquen del hogar, porque no es mío y porque es un libro caro”. “Vaya tranquilo, profe” me dijo una de las chicas, siempre hay una que se hace cargo del asunto... “No pasa nada con el libro”. Cuando llegué a la se- mana siguiente, miré por la ventana que estaba abierta –la misma ven- tana que te describí antes- y ví que tres chicas estaban mirando el libro. Cuando entré a la sala, una de ellas -señalando una hoja- me dijo: “esta es la película que usted nos mostró”. Y era, claro. Habían mirado en gen- eral, habían leído algo de algunas películas, especialmente de las que habíamos visto… No sé si eso te dice algo, a mí me dice mucho: vieron la película y después revisaron el libro; y cuando vieron el afiche recono- cieron algo que las llevó a querer enterarse de algo más. Es un afiche famoso, esa luna grande que parece una torta y tiene un cohete clavado. Es probable que alguna vez las chicas vean ese afiche en algún lado, tal vez lo reconozcan y lo vinculen con la película que vieron, con el taller. Pero aunque no se crucen nunca con él o no expliciten esa vinculación, es bien probable que esas situaciones, esas películas y esas imágenes, queden asociadas a lo que generaron en aquel momento…”

“Escuchar las gotas del tiempo”

Fragmento de la novela “La hora de la estrella” de Clarice Lispector. “- ¿Sabías que en Radio Reloj dijeron que un hombre escribió un libro lla- mado Alicia en el País de las Maravillas y que también era un matemáti- co? Hablaron también de “élgebra”. ¿Qué quiere decir “élgebra”?

- Saber sobre eso es cosa de marica, de un hombre que parece una mu- jer. Disculpas por haberte dicho la palabra marica que, para una chica decente, es una mala palabra.

-En esa radio ellos dicen cosas como “cultura” y otras palabras difíciles, por ejemplo: ¿qué quiere decir “electrónico”?

Silencio.

- Yo lo sé pero no tengo ganas de decirlo.

- A mí me gusta tanto escuchar las gotas de minutos de tiempo que suenan así: tic-tac-tic-tac-tic. Radio Reloj dice que da la hora exacta, cultura y anuncios. ¿Qué quiere decir cultura?

- Cultura es cultura -continuó él emperrado. - Vos también… vivís arrin- conándome contra la pared.

- Es que hay muchas cosas que no entiendo bien. ¿Qué quiere decir “ren- ta per capita”?

- Eso es fácil: es cosa de médicos.

- Conde es conde, claro. Yo no necesito la hora exacta porque tengo reloj.

No contó que lo había robado en el baño de la fábrica: un colega lo había dejado en el labatorio mientras se aseaba las manos. Nadie lo sabia pero el era un verdadero técnico del robo: no usaba reloj de pulsera en el trabajo.

- ¿Sabés qué más aprendí? Ellos dijeron que había que tener alegría de vivir. Entonces yo la tengo. También escuché música linda y hasta lloré. - ¿Era una samba?

- Creo que sí. La cantaba un hombre llamado Carusso que se dice que ya murió. La voz era tan suave que al oirla causaba dolor. La música se llamaba “Una Furtiva Lacrima”. No se por qué ellos no dijeron `lágrima´. “Una Furtiva Lacrima” fue la única cosa bellísima que hubo en su vida. Mientras secaba sus lágrimas, intentó cantar lo que había oído. Pero su voz era cruda y tan desafinada como lo era ella. Cuando escuchó co- menzó a llorar. Era la primera vez que lloraba, no sabía que tenía tanta agua en los ojos. Lloraba, se sonaba la nariz sin saber ya por qué lloraba. No lloraba por causa de la vida que llevaba: porque no habiendo cono- cido otros modos de vivir, había aceptado que ella era “así”. Pero tam- bién creo que lloraba porque, a través de la música, adivinaba que tal vez había otros modos de sentir, había existencias más delicadas y hasta un cierto lujo de alma. Muchas cosas sabía que no sabía entender”.

“Escuchar” a Macabea describiendo sensaciones y descubrimientos in- sospechados puede alimentar nuestros debates y nuestras reflexiones…

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¿Qué puede, qué produce, qué desata el acceso a manifestaciones de la cultura, aun en contextos apremiados por la precaridad?

Berger, John (2004), El tamaño de una bol- sa, Buenos Aires, Taurus.

Cabeda, Luis (2004), “Para coparte”, en Inés Dussel y Silvia Finocchio (comps.), Enseñar hoy. Una introducción a la educación en tiempos de crisis, Buenos Aires, Fondo de

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