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2.3 Modelling educational performance

2.3.2 Simpler mathematical models

Como señala Solís y González (2012), los argumentos que giran en torno a la necesidad de regular la actividad financiera son muy distintos y dependen mucho de los elementos teóricos que se consideren como referencia, a continuación se presentan los más importantes:

1.

Problemas de información asimétrica

Para Mishkin (1996) uno de los factores que hace que los sistemas financieros sean potencialmente inestables y no funcionen eficientemente, es la presencia del problema de información asimétrica, el cual genera dos tipos de distorsiones en el sistema, a saber: el riesgo de selección adversa y el riesgo moral.

En primera instancia, la selección adversa es un problema de información asimétrica que se produce antes de que se lleve a cabo una operación crediticia (oportunismo pre contractual), en relación a la idea de que los clientes más oportunistas o insolventes, son los que más activamente buscan un crédito. En ese sentido se puede decir que, las partes que tienen una mayor probabilidad de producir resultados adversos en sus proyectos, son las más propensas a ser seleccionadas por las instituciones financieras al momento de consolidar un contrato financiero (Mishkin, 1996: p3).

En segunda instancia, el riesgo moral aparece en cambio después de que se haya llevado a cabo la negociación de un contrato, sucede cuando una de las partes del contrato encuentra incentivos adversos que provocan un deterioro de su conducta (teoría de la agencia). En términos de un contrato crediticio, el riesgo moral aparece cuando el prestamista (el principal) se expone al peligro de que el prestatario (el agente) encuentre incentivos de involucrarse en actividades que son excesivamente riesgosas e indeseables desde el punto de vista del prestamista27; una estrategia de este tipo presupone entonces que la contraparte (las instituciones) no se informen sobre las acciones de sus clientes (Mishkin, 1996: p4). En el caso de los depositantes existe una lógica muy similar, en este caso, los bancos son los agentes y el depositante es el principal. Para estos últimos prevalece en cambio el riesgo de que los bancos en algún momento determinado, al aprovecharse de que su capital es difícil de ser medido, debido a que gran parte de sus activos tienden a colocarse en el largo plazo, encuentren incentivos perversos para incurrir en operaciones con riesgos muy altos que pueden poner en peligro el ahorro de los depositantes (López, 2011: p20).

Para evitar estas distorsiones en el comportamiento de las partes y asegurar que los intereses de los agentes se alineen a los intereses de los principales, estos últimos deberían constantemente controlar y regular las acciones de los agentes, proceso que implica costos muy altos y que los principales no están dispuestos a correr (López, 2011: p20). En ese sentido, resulta imprescindible la presencia de una tercera parte, un agente regulador independiente y eficiente, que cumpla con estas funciones y pueda corregir estas fallas de mercado que se producen en los mercados financieros.

2.

Problemas de riesgos sistémicos

Un segundo argumento que justifica la necesidad de regular el sistema financiero proviene de la idea de que la quiebra de un banco no es similar a la quiebra en otra industria, debido a las externalidades y los altos costos económicos y sociales que provocan las corridas bancarias y la interrupción del sistema de pagos (Reinstein, Vergara, 1993).

En realidad, debido a la falta de información transparente en los mercados financieros y por tanto, la incapacidad de los depositantes de poder evaluar objetivamente y oportunamente la solvencia de las instituciones, existe un alto grado de incertidumbre en los mercados que hace que los bancos estén potencialmente expuestos al riesgo de corridas bancarias (retiro abrupto de depósitos), riesgos que si bien puede originarse en una sola institución, puede rápidamente generar un efecto dominó sobre las demás instituciones. Así por lo tanto, considerando que las instituciones financieras representan una parte importante del sistema de pagos de una economía (en términos de transformar plazos y proveer flujos de liquidez), una quiebra generalizada de bancos puede producir una interrupción abrupta del sistema de pagos debido a la imposibilidad de los bancos de devolver sus depósitos a la vista. Así por lo tanto, al interrumpirse el pago de depósitos, se interrumpe también el movimiento de cheques, paralizándose de esta manera una gran parte de las transacciones en la economía. Así mismo, los bancos al tener que enfrentar la presión de liquidez de parte de sus depositantes, están obligados a

27 En actividades que hacen que sea menos probable que el crédito sea rembolsado a las instituciones financieras y que el

reducir el crédito, teniendo efectos nefastos para un conjunto de actividades económicas. De esta forma, la inestabilidad del sistema financiero tiende muy rápidamente a propagarse hacia el resto de actividades, produciendo un colapso inevitable de toda una economía.

A pesar de los altos costos externos que genera una crisis sistémica, los administradores de los bancos constantemente no interiorizan dichos costos en sus acciones, razón por la cual, la imposición de un sistema de regulación resulta importante para contrarrestar y restringir este comportamiento (tarea de internalizar las externalidades negativas que producen sus acciones); exigiéndoles un conjunto de normativas y de mecanismos que deben cumplir con el fin de preservar su buena salud y estabilidad en sus balances. (Howard, 2008).

3.

Rol de la tecnología y de la innovación

Otro factor determinante que justifica la regulación financiera es la velocidad de cómo los sistemas financieros se han innovando y transformando en las últimas décadas. En efecto, la rápida aparición de nuevos productos financieros (activos financieros, instrumentos derivados y titulizaciones), así como el acelerado proceso de liberalización y de globalización de los servicios financieros y por consiguiente, la fuerte interrelación que tienen los sistemas financieros hoy en día, si bien han logrado facilitar, agilitar y reducir los costos de las transacciones económicas, también han llegado a ser instrumentos potenciales de inestabilidad. En ese sentido, los constantes cambios de los productos financieros hacen mucho más difícil el monitoreo de los riesgos y la correcta evaluación de los mismos; muchas veces los nuevos instrumentos tienden a escapar de los mecanismos de control que tiene la política monetaria, lo cual dificulta la posibilidad de que las autoridades logren controlar los niveles de liquidez de las economías así como la gestión interna de los bancos (Estrada, Gutiérrez, 2008: p9).