La televisión es “una invención humana que se ha convertido en parte fundamental de nuestra vida diaria, de nuestras formas de construir el símbolo y de nuestras maneras de crear comunidades de sentido; además, sirve para muchas cosas: comer, hablar por teléfono, estar con la pareja, consentir a los niños, dormir, soñar, llorar, aburrirse, divertirse”37. La televisión pasó de ser un aparato más en el seno de los hogares para convertirse en la principal fuente de información y entretenimiento para toda la familia:
“el aparato dejó de ser admirado para transformarse en objeto alabado, en el nuevo altar donde se revelan las verdades modernas (...) Desde entonces, la pantalla ya no se llena de imágenes y sonidos, sino de formas culturales, deseos colectivos, necesidades sociales, expectativas
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Rincón, Omar (compilador), “televisión Pública: del consumidor al ciudadano”, Conv enio Andrés Bello, Bogotá, 2001, p. 11
educativas, rituales de la identidad; la tele se convirtió en la institución social y cultural más importante de nuestras sociedades”38.
La televisión, que comenzó como el experimento de unos ingenieros que a mediados del siglo XIX intentaron transmitir a distancia imágenes animadas y sonoras39, se convirtió en “el más auténtico medio de comunicación de masas, ya que llega de igual manera a todos, el contenido y la forma de los mensajes se corta por el común denominador, la participación de la audiencia es afectiva y cercana al modelo de la conversación”40.
Como ya lo hemos anotado, la televisión es un servicio que hace parte de las telecomunicaciones. M ás exactamente se trata de un servicio público al cual (en general) todo el mundo puede acceder gratuitamente. La característica fundamental de este servicio (bien inmaterial, no tangible) es que el acceso a éste es gratuito, pues en principio (excepto la televisión por suscripción) los usuarios no tienen que pagar directamente ningún precio por la recepción de la señal de televisión (cuando se trata de televisión abierta).
Esta circunstancia sumada a la importancia de los contenidos hace necesaria la referencia a la esencia de la televisión, cual es la emisión de mensajes simbólicos dirigidos a audiencias masivas; por esto numerosos autores sostienen que la televisión hace parte de las llamadas industrias culturales, concebidas estas como “un conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales productoras y distribuidoras de mercancías con
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Ibídem, p. 11 y 12 39
Balle, Francis, “Comunicación y sociedad – evolución y análisis comparativ o de los medios”, Tercer Mundo Editores, 1989, p. 113
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Rincón, Omar (compilador), “televisión Pública: del consumidor al ciudadano”, Conv enio Andrés Bello, Bogotá, 2001, p. 16
contenidos simbólicos, concebidas por un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los mercados de consumo, con una función de reproducción ideológica y social” (Zallo 1988)”41.
El origen del concepto de “industria cultural” tuvo lugar en la Escuela de Frankfurt, que introdujo un cambio radical “tanto de la forma de producción como del lugar social de la cultura”42. El cambio se compone de dos factores: el primero fue “la expansión del mercado cultural como forma específica de extensión de la cultura, con un tipo de producción cultural, la cultura de masas, y la aplicación de los principios de la organización del trabajo tayloristas ... a la producción cultural”43. De todas formas, la polémica de los años sesenta sobre las industrias culturales en nuestra época ha sido abandonada, para simplificar la utilización del concepto para designar “la transformación de una parte de la cultura, capaz de integrar un trabajo creativo en una matriz tecnológica e industrial para transformarlo en un producto destinado a su venta a un público masivo”44. Según la UNESCO, las industrias culturales “representan sectores que conjugan creación, producción y comercialización de bienes y servicios, basados en contenidos intangibles de carácter cultural, generalmente protegidos por el derecho de autor”45.
Las industrias culturales, donde encaja perfectamente la televisión, se caracterizan fundamentalmente porque “los productos y servicios culturales están compuestos por
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Zallo, Ramón, “El mercado de la cultura – Estructura económica y política de la comunicación”, ed. Tercera Prensa, España, 1992, p. 9
42
Zallo, Ramón, “El mercado de la cultura – Estructura económica y política de la comunicación”, ed. Tercera Prensa, España, 1992, p. 10
43
Ibídem. 44
Enrique Bustamante, “La telev isión económica”, p. 24 45
CERLAC- UNESCO, Cultura, comercio y globalización. Preguntas y respuestas. Publicación de la Div isión de Arte e iniciativ as culturales, Sector de la cultura, 2000.
prototipos reproductibles, marcados por una renovación permanente, de valorización aleatoria (alto riesgo económico), con costes fijos elevados (la creación y fabricación del master) y costes variables débiles (la producción y distribución)”46.
En la televisión abierta, a diferencia de la televisión cerrada, debido al tipo de tecnología que se utiliza para la transmisión de las señales, el costo marginal de proveer el servicio a un televidente más es nulo, mientras que en la televisión cerrada cableada, la acometida de la red física tiene un elevado costo para el operador de televisión por cable, quien tiene que utilizar la infraestructura (postes o ductos) de otros servicios públicos a un precio pactado en un contrato celebrado entre las dos empresas prestadoras de servicios. Por su parte en la televisión satelital el costo de la ampliación de la red está en cabeza del suscriptor quien tiene que pagar por los terminales respectivos para la recepción de la señal satelital. En este caso el costo para la empresa de televisión satelital directa al hogar también es cero, si se tiene en cuenta que el gasto en que incurre es el del satélite que se utiliza para la transmisión de las señales.
Estas consideraciones sobre la forma de distribución de las señales de servicios que son en efecto sustitutos muy próximos, plantea de ya puntos de discusión a efectos de identificar las relaciones de competencia entre los distintos agentes que intervienen en este mercado y los efectos de la regulación que sobre ellos se ha dictado.
Como industria cultural que es, el mercado relevante del servicio son las audiencias a las que los operadores de televisión ofrecen un producto: el servicio de televisión; como
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entretenimiento e información, actividad económica que responde a unas dinámicas de producción, distribución y consumo que se identifican en el interior de la industria. En este documento las consideramos como sub-mercados que subyacen en la cadena productiva del servicio, en donde la oferta y demanda es la venta de otros bienes y servicios diferentes al programa de televisión, como son los equipos de producción, emisión y transmisión, los soportes lógicos para también la producción y el transporte, la publicidad, los actores, productores, guionistas, libretistas y en general todo el recurso humano artístico y técnico que trabaja en los contenidos, etc. La unión de todos los pasos de la cadena es la manera de lograr la prestación del servicio público a las audiencias interesadas en los contenidos.