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Simulation and Data Analysis

3. Chapter 3 – Interactions Among Human Factors and Vehicle Dynamics in

3.4.3 Simulation and Data Analysis

Prof. Alfio A. PUGLISI

[email protected] Ex docente de la Escuela Naval Militar de Argentina. Ha escrito, entre otros artículos: “Georgias del Sur - Pruebas irrefutables” en el Boletín del Centro Naval, Nº 819, Enero/Marzo 2008 y “La gobernación argen- tina de Malvinas”. En El Sextante, Año XII, Nº 42 Sep.-Oct. 2009

El Conflicto de Malvinas es de larga data, ha tenido sus altibajos e impasses y ciertos espacios oscuros que agravan su comprensión. Cuanto más se escarba más sorpresas da.

1. En el siglo XVIII los ingleses llegaron a Malvinas buscando las islas Pepys, que nunca existieron y que un connacional suyo, Ambrose Cowley, creyó haber descubierto. Entonces marcharon más al sur y se asentaron en la isla Saunders (Trinidad) perteneciente a la Gran Malvina. Pero años antes Francia, cu- yos pescadores de Saint-Maló bajaron hasta la zona y le dieron su nombre, había establecido una colonia y estaba pacífi- camente reconociendo el reclamo es- pañol y devolviéndolas. España, única dueña, expulsó por la fuerza a los ingle- ses en 1770. Por poco estalla una gue- rra; se negoció: España devolvió el fuer- te pero no las islas y ellos volvieron, pero no crearon una verdadera colonia, sólo un apostadero o cuanto más una base. Abandonaron todo en 1774 y no volvieron hasta 1833. Julius Goebel(1),

un scholar americano, fue quien mejor estudió este tema. En el ínterin los es- pañoles tuvieron unos 20 gobernadores;

Argentina se independizó y colonizó las islas enviando tres más, uno de ellos abo- rigen guaraní: el capitán Pablo Areguatí. 2. El 6 de noviembre de 1820, el Capitán David Jewett tomó posesión de las is- las en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata, nombre inicial de la Argentina. James Weddell, capitán de la Jane, fue testigo de ese acto, que se publicó por la Salem Gazette del 12 de junio de 1821 y por The Times del 3 de agosto de 1821. Entonces no hubo pro- testas diplomáticas. En general Argen- tina no tuvo problemas con balleneros ingleses sino con los norteamericanos. Señal que los ingleses acataban los ac- tos argentinos.

3. Inglaterra, que en el siglo XVIII sólo quería un punto de apoyo en el Atlánti- co Sur, lo logró en 1833 y lo usó de alguna manera en la I Guerra Mundial en la Batalla de las Malvinas que comen- zó en las Islas Coronel del Pacífico. Durante la II Guerra Mundial los com- bates fueron en la boca del Río de la Plata, pero después de ella comenzó a proyectarse sobre la Antártica mientras Argentina desarrollaba una paulatina expansión en las décadas del 40 y 50. Las Islas per se no les interesaban, eran Edición especial 30 años de los combates en el Atlántico Sur

la colonia olvidada, tanto que sus nati- vos se denominaban Kelpers (algas). 4. La denominación “Puerto Argentino”

asignada durante el conflicto armado de 1982, vino a cortar la continuidad toponímica que derivaba de España. En efecto, devueltas las islas por los fran- ceses, el gobernador de Buenos Aires Francisco de Paula Bucarelli y Urzúa en- vió la imagen de Nuestra Señora de la Soledad para ser entronizada en la capi- lla, por extensión se dio su nombre al poblado y a toda la isla del Este. Los ingleses mudaron más al sur su empla- zamiento y lo rebautizaron como Port Stanley.

5. A treinta años del enfrentamiento arma- do de 1982 debemos observar que an- tes de ese año este caso estaba en vías de solución, Argentina ya hacía pie en las islas proveyendo vuelos al continen- te, gas, apoyando la enseñanza y tam- bién comercializando. Inglaterra pensa- ba, tal como siempre lo ha hecho, una salida decorosa para sí y aceptable para los isleños. Tras la sospecha de exis- tencia de petróleo ambas partes se vol- vieron más reticentes al diálogo, aún así el Informe Shackleton sugería algún desarrollo y explotación conjunta de la zona y otros informes señalaban el éxo- do de habitantes y que los isleños no podrían mantener la economía de las islas sin la ayuda de la Argentina (Nicholas Ridley, Colin Phipps y Sir David Rowland). Tanto el Informe Shackleton como el golpe militar de Argentina son de 1976, a partir de en- tonces ambos gobiernos comenzaron a distanciarse. La Armada desempolvó sus planes de captura de las islas, hasta en- tonces un ejercicio más de estado ma- yor, y discretamente comenzó a actua- lizarlos. Estableció una base en las Islas

Sándwich sin mayor reacción inglesa y se preparó para más. Sus planes tras- cendieron el secreto e Inglaterra tam- bién se preparó. El periodista Jesús Igle- sias Rouco lo alertó desde el diario La Prensa y compañeros de promoción del Alte. Jorge Isaac Anaya, miembro de la Junta de Gobierno, intentaron disuadirlo, entre ellos el Almirante Carlos Castro Madero, a cargo de la investigación nuclear. (2) (3) (4)

6. Se sumó al conflicto en ciernes el caso de Constantino Davidoff, un chatarrero que había desguazado al rompehielos Gral. San Martín y que ahora preten- día hacer lo mismo con las instalacio- nes balleneras que quedaban en las Is- las Georgias. Inglaterra dio el permiso, luego dio marcha atrás. Tal vez Argen- tina mordería el anzuelo y lo mordió: entre los operarios no faltó quien izó una bandera. Era lo que necesitaba Inglate- rra para escalar, era lo que necesitaba la Junta de Gobierno argentino para ace- lerar el inicio de sus planes previstos recién para la segunda mitad de 1982. Ambos países escalaron, ninguno de los dos decidió desacelerarlo. Y tenían ex- periencia en ello: el 28 de septiembre de 1966, un grupo extremista argentino, al mando de Dardo Cabo, secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas y lo des- vió hacia las Islas, plantando la bandera argentina en ellas. Y la cosa no pasó a mayores, entonces en ambos bandos había deseos de no escalar ningún con- flicto (2) (3)

En 1982 no hubo voluntad de evitarlo. Ambos gobiernos coincidían en algo: su situación interna política y económica era débil. Inglaterra, con un gobierno conser- vador “duro” tenía problemas económicos tales que hasta había previsto la reducción de su flota. Habían soportado grandes huel- Malvinas, algunos años antes, treinta después

gas obreras y existía cierta recesión. En Argentina comenzaba a cuestionarse la Jun- ta Militar, el gobierno del General Roberto Viola, recién asumido, estaba empantana- do, crecía la inflación y el descontento obre- ro. EEUU utilizaba soldados argentinos en Centroamérica pero jaqueaba al gobierno con el tema de los Derechos Humanos. Para colmo había indicios que estaban en mar- cha hasta dos golpes de estado contra la Junta encabezados por jóvenes oficiales y gremialistas, la intención era derrocarla y juzgarla por la situación económica y los excesos en la lucha antisubversiva e ins- taurar un gobierno breve, de unos mil días, tras los cuales se entregaría el poder dejan- do un panorama más despejado, la lucha contra la subversión finalizada y, como bro- che de oro, las Malvinas recuperadas con una pequeña presencia de la Gendarmería y la Prefectura en ellas. (2) (3)

Ambos gobiernos usaron la guerra para consolidar su posición y mantenerse en el poder. No fue la continuación de la política exterior por otros medios, sino la de la po- lítica interior. Maquiavelo aún sonríe en su tumba. Pero si en toda guerra la primera víctima es la verdad; en este caso, la se- gunda son los isleños que cambiaron su paz bucólica de los confines del Imperio por un conflicto casi permanente.

Margaret Thatcher ganó las elecciones inglesas de 1983; la cúpula militar argenti- na entregó el poder ese año.

A treinta años del conflicto armado ob- servamos que el caso no está en vías de solución. Inglaterra ha consolidado por la fuerza su presencia en la zona y, como siem- pre, no discute de soberanía. Ha avanzado sobre la pesca y el petróleo merced al Tra- tado de Madrid firmado por el presidente Carlos Menem y el entonces Ministro de Relaciones Exteriores Domingo Cavallo en 1990. Ignoro qué beneficio ha dado a nues-

tro país. Sus fuerzas han pasado una mano de pintura a la capilla de las Georgias, otra sobre las banderas de las chimeneas de los balleneros argentinos semihundidos en la costa y restaurado la tumba de Shackleton

(5). Ha demolido la base argentina en las

Sándwich. Hasta ha logrado que la comu- nidad europea reconozca las islas como una dependencia británica, ya se sabe que la política es el arte de lo imposible.

Argentina, afecta como siempre al principismo jurídico, reclama retóricamente y halla mayor eco que nunca en los países sudamericanos. No tiene una propuesta que respete los intereses de los isleños, no ha dicho qué hará con ellos el Día+1. Una pro- puesta seria, generosa, dialogable, hecha ante las Naciones Unidas podría cambiar las cosas y obligar a Inglaterra, que ya casi no tiene argumentos, a negociar su perma- nencia en las Islas. Por ahora sólo hace actos de fuerza, propaganda hasta con la filatelia y chicaneos como dar permiso de pesca a cambio del uso de la bandera de las islas. Quiere instalar un nuevo estado que les sea afín, tal como Bélice o Guayana.

El Diablo y el petróleo metieron la cola. Ambos países comienzan a enfrentarse en un duelo retórico a fines de 2011. Existe hoy, treinta años después cierta asimetría: Inglaterra está en la misma situación que en 1982, con problemas económicos, debe reducir sus FFAA que vienen de partici- par con los EEUU en guerras del oriente medio y pronto se les independizará Es- cocia. Argentina tiene ahora un gobierno democrático, ha sorteado como siempre sus cíclicas crisis económicas, pero se han reducido tanto sus FFAA que ya no pue- den respaldar la política exterior. Ni siquiera tiene hipótesis de conflicto. Hoy, la Ope- ración Rosario de recuperación de las Is- las es impensable, también una moviliza- ción como la que acaudilló Margaret REVISTA NAVAL

Thatcher. Una no tiene más argumentos, otra no hace propuestas. El impasse es el peor momento de un conflicto. Hay que tener cuidado con hacer fintas, un golpe sin querer puede desatar una reacción im- previsible por la otra parte, ¿qué preten- den ambos países con tanta pirotecnia verbal? Ésta distrae la atención de graves problemas internos que afectan a ambos; pero, acaso ¿hay algo más? ¿hay alguien más, algún tercero interesado?

El 21 de enero de 2012 el gobierno de los Estados Unidos afirmó que “reconoce la administración de facto de las islas Malvinas por parte de Gran Bretaña” y evitó tomar posición respecto a la disputa por la soberanía, aunque alentó como siem- pre al diálogo. Sugiero se medite profun- damente lo que esto implica. ¿Reconocerá, por razones pragmáticas, buques con la bandera de las islas? ¿Será el Tercero in- cluido? Se sabe que es una civilización montada en el petróleo y la nafta, tal como los vikingos lo estaban sobre la madera. Sus últimas guerras han sido por el petróleo. En lo inmediato pueden dar comienzo a un conflicto de largo aliento con Irán, del que no sería ajeno Venezuela, ambos provee- dores de petróleo. Les queda esta zona casi virgen. La Prensa del 30 de Enero de 2012 nos informa que Inglaterra, después de tanto tiempo, piensa construir una pista de ate- rrizaje en la Isla de Santa Elena, la inspira el tema Malvinas y su proyección Antártica. Los países del hemisferio norte intentan proyectar a este continente sus problemas y soluciones dadas al Ártico, pronto que- rrán dividírla y explotarla. Mientras tanto, Brasil, ya ha manifestado que piensa de- fender sus yacimientos petrolíferos hasta con submarinos nucleares propios. Dos días después el diario La Nación del 24 de enero nos informa que en Malvinas busca- rá petróleo la empresa norteamericana

Anadarko con sede en Houston, Texas. Está todo dicho, ¿alguien podría creer que In- glaterra sola podía explotar la zona? Pron- to llegarán también capitales árabes y chi- nos. La empresa uruguaya ANCAP junto con firmas estadounidenses explorarían la existencia de hidrocarburos en ese país y en la provincia de Entre Ríos. Es la globalización y ésta posee un ritmo cada vez más acelerado ante la falta de materias primas. Puede darnos aún más sorpresas. Los isleños están a la espera de una pro- puesta argentina seria y generosa, acaso lo único que aún le reste hacer a nuestro país.

Notas:

(1) Goebel, Julius: La pugna por Malvinas. Bs. As., Ministerio de Marina, 1950.

(2) Jofré, Juan Bautista: 1982. Bs. As., Sudameri- cana, 2011.

(3) Ricardo Burzaco: Defensa y Seguridad (Año X, Nº 62) Un coletazo de la trama de los mil días se observó después de Malvinas con la insubordina- ción del Alte. Horacio Zaratiegui frente al Alte. Isaac Anaya, Comandante de la Armada, no muy querido en el arma, quien pronto condecoró ex com- batientes y dejó el cargo.

(4) Jesús Iglesias Rouco: La Prensa, 17 y 24 de enero, 7 y 18 de febrero y3 de marzo de 1982. También Hugo Ezequiel Lezama: Diario Convic-

ción, 27 de enero de 1982. Este diario era favorable

al Alte Eduardo E. Massera, quien alentó la toma de Malvinas pero, ya retirado, no estuvo de acuer- do con la conducción de la guerra. La cercanía de las fechas del mes de enero entre los dos diarios da que pensar que la filtración de la noticia se debe al deseo de evitar el conflicto por parte de alguien de Relaciones Exteriores o de la Inteligencia de alguna de las Fuerzas Armadas. Dos hijas de Lezama se han radicado en Londres. Nadie puede ignorar que las FFAA mantenían entre sí diferencias por espa- cios de poder e incluso cuestiones ideológicas. Dentro de cada una de ellas había en acción ciertos grupos animados por diversos caudillos, especial- mente en el Ejército.

(5) Puglisi, Alfio A.: “Georgias del Sur - Pruebas irrefutables” en el Boletín del Centro Naval, Nº 819, Enero/Marzo 2008.

UN EPISODIO DE LA GUERRA

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