6. Classification with variable selection
6.1 Simulation study
El desarrollo social de una población depende de factores culturales, políticos, sociales y económicos. Desde el punto de vista económico, una persona solo podrá desarrollarse socialmente si cuenta con unas dotaciones iniciales de recursos que se consideran básicas; en este sentido, el consumo potencial es una medida monetaria de los bienes y servicios básicos que se están dejando de satisfacer en un territorio y que son necesarios para el desarrollo social; es decir, es lo que le hace falta a los individuos de una población para contar con unas dotaciones iniciales, que son necesarias, mas no suficientes30 para desarrollarse socialmente.
Así entonces, el consumo potencial como medida de desarrollo social, conglomera varios conceptos y medidas de pobreza, constituyéndose en un indicador mucho más confiable y estructural para evaluar la situación social de una población desde el punto de vista económico. Esta medida se puede presentar de varias maneras, según el análisis que se quiera determinar, aquí se presentan tres de ellas: en primer lugar, es importante el consumo potencial en términos nominales como una medida monetaria de la pérdida de bienestar en un año determinado (ver gráfico 4). En el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, el consumo potencial viene con una tendencia creciente y sostenida desde 1990 hasta el 2000. En 1990 el consumo potencial en este territorio era de $26.136 millones, para el 2000 esta medida creció hasta $298.306 millones, a partir de este año siguió una
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En este sentido, es de anotar que para el desarrollo social se necesitan además otros factores como la resiliencia, la capacidad de agencia y la libertad cultural, entre otros.
tendencia cíclica aunque un poco decreciente. Para el 2005 el consumo potencial fue de $184.754 millones.
Gráfico 4. Consumo potencial en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá,* 1990-2005, millones de pesos $0,00 $50.000,00 $100.000,00 $150.000,00 $200.000,00 $250.000,00 $300.000,00 $350.000,00 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005
Fuente: Cálculos propios Centro de Investigaciones Sociales y Económicas (CISE), a partir de la encuesta
continua de hogares del DANE, Tercer trimestre
*Los datos a partir del 2001 no son perfectamente comparables con los anteriores
Sin embargo, el consumo potencial medido de esta manera no nos permite evaluar la trayectoria del indicador en el tiempo, para tal motivo se debe tener en cuenta la inflación, y calcular el consumo potencial en términos reales (ver gráfico 5). En el periodo de estudio, el consumo potencial ha tenido una tendencia creciente, con su máximo pico en 2000, desde 2001 hasta 2004 presenta una leve mejoría, sin embargo para 2005 vuelve a aumentar ubicándose a niveles mayores que los presentados en 1998. El desarrollo social, medido por este indicador, ha ido aumentando en todo el periodo evaluado, a pesar que en el 2000 logra detenerse la velocidad de la tendencia creciente que se llevaba a partir de 1990.
Gráfico 5. Consumo potencial real en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá,*. 1990-2005, en millones de pesos teniendo como año base a 1998
$0,00 $10.000,00 $20.000,00 $30.000,00 $40.000,00 $50.000,00 $60.000,00 $70.000,00 $80.000,00 $90.000,00 $100.000,00 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005
Fuente: Cálculos propios Centro de Investigaciones Sociales y Económicas (CISE), a partir de la encuesta
continua de hogares del DANE, Tercer trimestre
*Los datos a partir del 2001 no son perfectamente comparables con los anteriores
Las diferencias de este indicador con respecto a la tradicional línea de pobreza (ver gráfico 3), es que el consumo potencial además de tener en cuenta el número de pobres, da cuenta de que tan severa es la pobreza por ingresos, de la diferencia de ingresos entre los pobres, y del crecimiento poblacional. En este sentido, si el número de pobres crece a la misma tasa que el crecimiento poblacional, el indicador de línea de pobreza tradicional, no dará cuenta de esta pérdida de desarrollo social, y el indicador de consumo potencial si lo hará. De igual manera, si el número de pobres sigue igual, pero éstos mejoran en alguna medida su ingreso promedio, la línea de pobreza tradicional no dará cuenta de este cambio, mientras que el indicador de consumo potencial si lo hará. Así las cosas el consumo potencial se presenta como un indicador más realista y estructural de desarrollo social.
Como resultado, según la medida tradicional de pobreza, la situación social de los habitantes del Área Metropolitana del Valle de Aburrá mejoró de tal forma en los últimos cinco años (2000-2005), que es aun mejor que la presentada en 1990, y solo es superada en dos años (1993 y 2004) en los quince años que da cuenta este estudio. En contraste, según el indicador de consumo potencial, la situación de pobreza en el Área
Metropolitana ha venido empeorando desde 1990 hasta 2000 de una forma exponencial, y a partir de allí ha mejorado levemente situándose en niveles comparables con los de la crisis económica de 1998. Es decir, bajo la LP tradicional, la situación de pobreza ha tenido una recuperación completamente satisfactoria en los últimos cinco años, a tal punto que ha revertido totalmente lo que se perdió en los perores ocho años (entre 1993 y 2000); en contraste, el indicador de consumo potencial nos muestra que realmente no hubo tal mejoría entre 1990 y 1993, y que la mejoría presentada en los últimos cinco años, apenas nos hizo recuperar de dos años (1998-2000) de aumentos en la pobreza.
No obstante, la interpretabilidad de este indicador no se queda allí, como se observó con anterioridad, el consumo potencial tiene un impacto negativo sobre el Producto Interno Bruto (PIB) de un territorio, en la medida en que al ser constitutivo de la primera fase del ingreso representa un consumo que se ha perdido en bienes y servicios básicos. Esto es mucho mas representativo si se tiene en cuenta que un gran porcentaje de la producción del país (28% en 2005) es en este tipo de bienes, y que siguiendo con la teoría neoclásica, esta pérdida de consumo significa en últimas una pérdida en la producción nacional.
Podemos calcular entonces cuanto significa esta pérdida en términos del PIB (Ver gráfico 6). Para el Área Metropolitana del Valle de Aburrá esta pérdida representa entre 0,45% y 1,63% del PIB de Medellín entre 1990 y 2003, de esta manera se puede constatar entonces como el consumo de lo s pobres representa una buena porción del consumo total de la economía y a su vez, en que medida las políticas sociales para aumentar su ingreso pueden traducirse en mayores niveles de crecimiento económico para el país. Lo anterior debido a que estos aumentos en el ingreso, por ser constitutivos de la primera fase en el comportamiento natural del consumidor, serán necesariamente consumidos; el aumento en el consumo efectivo de la población, según la teoría neoclásica lleva a un aumento de los precios y los beneficios económicos en el corto plazo, sin embargo, en el mediano plazo, los incrementos en los beneficios económicos empujan la entrada de nuevos jugadores, lo que aumenta la oferta y la producción nacional. En este sentido, el consumo de bienes y servicios primarios reposa en gran medida en las personas de bajos ingresos,
ya que el consumo en este tipo de bienes representa casi el 100% de su ingreso, y además, en algunos casos, mas del 50% de las personas en un territorio.
Gráfico 6. Consumo potencial como porcentaje del PIB en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, 1990-2003**
0,56% 0,79% 1,11% 1,11% 0,90% 0,82% 1,63% 0,67% 0,95% 0,51% 0,70% 0,45% 0,74% 0,52% 0,00% 0,20% 0,40% 0,60% 0,80% 1,00% 1,20% 1,40% 1,60% 1,80% 2,00% 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003
Fuente: Cálculos propios Centro de Investigaciones Sociales y Económicas (CISE), a partir de la encuesta
continua de hogares del DANE, Tercer trimestre
*Los datos a partir del 2001 no son perfectamente comparables con los anteriores **Se asume que el PIB del A.M.M. es aproximadamente el 70% del PIB Antioqueño
Las ventajas del “consumo potencial” son tanto prácticas como teóricas. A nivel práctico por su aplicabilidad en casi todos los países del globo,31 su completitud al agregar las diferentes dimensiones de la pobreza por déficit de ingresos, y su interpretabilidad económica. A nivel teórico parte de hipótesis teóricas más confiables que las tradicionales en el tratamiento de las personas que viven con ingresos menores o iguales a los de subsistencia y se separa totalmente del concepto de la correlación directa entre crecimiento económico y desarrollo social. Es una medida de desarrollo económico en la medida en que agrega el concepto de desarrollo social con el de crecimiento económico, no como variables dependientes entre sí, sino desde la función de demanda agregada, en la cual uno de sus componentes principales es el consumo efectivo. En este sentido, la teoría neoclásica explica como aumentos paulatinos en el consumo llevarán en el mediano plazo a crecimientos en los beneficios económicos, y por ende de la oferta
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agregada. Es decir, el consumo potencial es medida de desarrollo social y a su vez medida de lo que pierde la economía en términos de oferta y producción agregada.
Sin embargo, es de anotar que el déficit de consumo que mide este indicador, solo se refieren a la primera fase del ingreso y del consumo, es decir que apenas da cuenta de las dotaciones iniciales en términos económicos que una persona necesitaría para lograr un adecuado desarrollo personal. No hace referencia a las dotaciones iniciales necesarias, por ejemplo, en términos políticos, culturales, sicológicos y comunitarios, entre otros. Adicionalmente, aún logrando medir estas dotaciones iniciales en tan variados aspectos, los individuos necesitarían del capital social, la capacidad de agencia y la resiliencia suficiente, entre otros aspectos, para lograr un adecuado nivel de desarrollo personal y socia l. Es decir que, el consumo potencial como medida de desarrollo no es de ninguna manera un indicador terminado de desarrollo.
En particular, el consumo potencial asume que todas las personas necesitan los mismos bienes y servicios para vivir dignamente, lo cual no es necesariamente cierto, sobre todo cuando se estudian formas comunitarias de subsistencia diferentes a la tradicional, como por ejemplo en el caso de algunas etnias que sobreviven en Colombia. Y, aún si todas las personas necesitaran de la misma cantidad de bienes y servicios, el consumo potencial asume que la única forma de obtenerlos es a través del ingreso, lo cual es improbable. Con respecto a este último aspecto, las personas con un nivel de ingreso menor al de subsistencia tienden a generar organizaciones empresariales informales, y lazos sociales y comunitarios suficientes para aminorar los costos de los bienes y servicios básicos, en este sentido, el capital social de una comunidad, y la resiliencia son conceptos altamente relevantes en términos de la subsistencia de la población, ya que permiten a las personas vivir con las condiciones mínimas sin tener necesariamente los ingresos suficientes.
En este sentido, las personas con déficit de ingreso pueden tener un comportamiento diferente al que supone la economía tradicional. Sin embargo, este no es el único ejemplo donde las personas que se sitúan en la primera fase del ingreso actúan con lógicas de mercado diferentes a las de los otros dos segmentos de la población, es de evaluarse
también los tipos de mercado de bienes y de trabajo a que tienen acceso, y cual es la relación de solidaridad, confianza y contratos que se manejan en estos mercados, y a su vez, el valor económico que pueden tener estas relaciones para los agentes. Se está haciendo referencia entonces a un tipo de economía diferente a la que habitualmente conocemos, donde se hacen necesarias otras hipótesis teóricas que nos permitan conocer y evaluar este tipo específico de mercados.
En conclusión, el papel del consumo potencial y sus hipótesis teóricas subyacentes, tratan de dar un pequeño paso en la discusión económica, presentando además una herramienta de medición del desarrollo más potente que las utilizadas tradicionalmente en términos de ingreso; pero dejando sin embargo, muchas preguntas abiertas para la economía política.