Los primeros habitantes de la Isla de Cuba, los aborígenes, utilizaban para sus ritos funerarios vinculados con las creencias totémicas, las cavernas, que les servían de refugio. Tenían la costumbre de sepultar a sus muertos más de una vez, generalmente en las habitaciones donde había vivido la persona.
El enterramiento se efectuaba decúbito prono. Los indios tainos sepultaban a sus muertos con las piernas dobladas, tocando la rodilla el pecho, en lugares elevados y apartado, llamados guanara.1
En el siglo XVI llegaron los primeros conquistadores españoles a la Isla y junto a ellos trajeron la religión cristiana y la costumbre de enterrar a los muertos según las doctrinas del cristianismo, acción que comienza con la fundación de las primeras villas, siempre en las iglesias, como solía hacerse en España luego de lo dispuesto en las partidas del rey Alfonso X el Sabio (1252 y 1284) y hasta finales del siglo XVIII con la llegada del Despotismo Ilustrado.2
1 Sixto Gómez Echemendía: Vidas Grabadas en la Piedra Gallegos en el Cementerio de Colón. P. 16. 2 Ibídem.
25 Los primeros enterramientos en la ciudad de La Habana se realizaron en la Parroquial Mayor, construida de embarrado y guano, ubicada en la actual Plaza de Armas.1
En el año 1550 se le adjuntó un cementerio tapiado, al que se accedía por la nave colateral de la iglesia y la sacristía, destinado a las inhumaciones de los sacerdotes y gente pudiente. Esta edificación fue destruida a finales del siglo XVIII y en su lugar se construyó el Palacio de Capitanes Generales2.
La iglesia del Espirito Santo, la más antigua que se conserva en Cuba, fue la segunda construida en la Habana, donde se realizaron inhumanaciones. Esta edificación conserva dos criptas funerarias, una debajo del Presbiterio de la Capilla Mayor y otra debajo de la Capilla del Sagrario, cabecera de la nave lateral.
También enterraban en el atrio del frontispicio de la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, construida en 1640; en el Convento de Santo Domingo, construido en 1578; en el de San Francisco de Asís; en la iglesia de Jesús del Monte y en la de Santa Teresa.3
Como en el resto de las culturas esta costumbre era una amenaza para la higiene y la salud pública. En las afueras de la ciudad los cementerios se alojaban en, o cerca de, las capillas de los ingenios, de las iglesias parroquiales o las ermitas. Aun cuando la iglesia se hacía cargo del registro de enterramientos, había cierto desorden que era inevitable, especialmente en el caso de los negros esclavos.
A pesar de la sistemática extracción de los cadáveres correspondientes a las personas consideradas menos significativas, el crecimiento demográfico y la acumulación de restos, aumentaban los riesgos de epidemias, malos olores, principalmente en el verano. Se hacía necesario darle una solución a estos problemas ambientales.
Carlos III, rey de España para ese entonces, tras haber consultado a los doctos sobre los enterramientos en las iglesias obtuvo como respuesta que las sepulturas en las iglesias además de ser perjudiciales, eran contrarias a la disciplina eclesiástica,
1 Ibídem
2 Ibídem
26 antigua y moderna en España. Posteriormente da la orden de construir cementerios municipales extramuros, impulsando así la secularidad del ritual funerario.1
Carlos IV quien había sucedido a su padre replica tales órdenes, las cuales no eran cumplidas en la Habana. En aquella época se hacía difícil revertir las costumbres de la iglesia católica debido a la ignorancia y nigromancia de la mayoría de las personas.
Con el apoyo del doctor Romay Chacón, miembro de la Real Sociedad económica de Amigos del País de La Habana y la llegada a la Isla del nuevo obispo de La Habana, conocido y recordado como el obispo de Espada quien asume el cargo de dirección de dicha sociedad, se crea el escenario apto para cumplir con los avances de la ciencia y la tecnología sobre el control de la higiene pública.
Este fue un momento de intensa actividad reformadora y creadora del obispo. La prohibición de los enterramientos en las iglesias implicaba la modificación de la vida interna de la iglesia, rompiendo con la quietud a que había estado sometida la sociedad insular en los años anteriores. El costo de la nueva obra fue de aproximadamente 47 000 pesos oro.2
Según lo registra Romay, el obispo ofreció para comenzar quinientos pesos oro de su acervo particular y posteriormente gestionó otras donaciones de la iglesia para iniciar la construcción del primer cementerio en una parte de la parcela perteneciente al hospital de San Lázaro, y situada a su fondo, ubicado aproximadamente a una milla al oeste de la ciudad de La Habana.
El 15 de mayo de 1804 se reitera por un documento real la prohibición de la sepultura dentro de las iglesias, debían construirse cementerios extramuros. La necrópolis se estrenó y bendijo por el obispo de Espada, el 2 de febrero de 1806.3
El cementerio consistía en un rectángulo cerrado perimetralmente por muros, con una capacidad de 4600 sepulturas, incluso la de los párvulos. La puerta de entrada que orientada hacia el sur, tenía en la parte superior del arco de medio punto que la remataba, una inscripción en letras de bronce, doradas donde se leía: A la Religión: A
1 Lohania Aruca Alonso: Revista Revolución y Cultura Nº 4, 2006. El Cementerio de Espada y la Habana del siglo XIX. p 43.
2 Sixto Gómez Echemendía: Vidas Grabadas en la Piedra Gallegos en el Cementerio de Colón, p. 19. 3 Obispo de Espada, papeles. Ediciones Imagen Contemporánea, 2002; Colección Biblioteca de Clásicos
27 la Salud Pública. MDCCCV.1 Sus límites incluyen las actuales calles de San Lázaro, vapor, Espada y Aramburu. A pesar de ser oficialmente llamado Campo Santo, es conocido generalmente por la población de La Habana como el cementerio de Espada.
De acuerdo con las conclusiones enunciadas por el arquitecto Narciso García Menocal en una nota publicada en 1996,2 el nombre completo del autor del Cementerio era Etienne-Sulpice Hallet, arquitecto francés de tendencia neoclásica, así pues, podemos afirmar que el Cementerio de Espada es un cementerio diseñado y no un terreno destinado a entierros.
Ubicación del Cementerio de Espada en la ciudad de La Habana.
1 Lohania Aruca Alonso: Revista Revolución y Cultura Nº 4, 2006. El Cementerio de Espada y la Habana del siglo XIX. p 44.
2 Narciso G. Menocal: « Una nota sobre Etienne-Sulpice Hallet y el Cementerio de Espada», 1996, en: The Journal of decorative and Propaganda Arts, separata en español, no. 22, Miami, pp. 37-40.
28 El Cementerio de Espada fue clausurado en 1878, y demolido en 1908, anteriormente se ordenó el cierre de nichos y bóvedas el 3 de noviembre de 1878 y el 3 de enero de 1901 se aprobaron los traslados de los restos reclamados por amigos y familiares, desde Espada hasta el recién construido “Cristóbal Colón”, este último alberga 101 piezas del antiguo camposanto.1
Luego el terreno fue vendido y sobre ese espacio se levantaron nuevas construcciones, sobre todo viviendas familiares. Esta obra pública fue sin dudas paradigma dentro de la historia de esta tipología arquitectónica funeraria en Cuba y en Latinoamérica, marcando un antes y un después en el acontecer de la ciudad de La Habana.
Proyectado por un arquitecto a la manera de los más sobresalientes ejemplos europeos de la época, igualó al país con las pretensiones urbanas más avanzadas. En la actualidad se encuentra en desuso, olvidado injustamente y poco reconocido por la sociedad moderna. Pero en su momento y por largos años fue orgullo para habaneros y cubanos.
Necrópolis Cristóbal Colón, La Habana.
La Necrópolis Cristóbal Colón de La Habana está situada en el corazón del Vedado. La ubicación de su puerta Norte corresponde actualmente a calle Zapata y 12, cerca de la céntrica esquina de 23 y 12.
Fue construida en 1868 por el arquitecto gallego Calixto Loira Cardoso y es uno de los camposantos más grandes e importantes de toda América.
Debido a la importancia de sus obras y conjuntos histórico-artísticos está considerado por muchos especialistas como el tercer cementerio más importante del mundo, sólo superado por el de Staglieno en Génova y el de Montjuïc en Barcelona.
29
Imágenes de la necrópolis Cristóbal Colón, de izquierda a derecha: acceso al cementerio, avenida principal y capilla central, monumento a los bomberos.1
Exhibe los más variados estilos: ecléctico, románico, gótico, greco, egipcio, militar, renacentista, neoclásico, art-nouveau, artdéco, racionalista y moderno, así como los más variados materiales y ornamentos: rejas, cancelas, balaustradas, vitrales, columnas, arcos ojivales, cúpulas, bajo relieves, cruces de diferentes religiones, mármol de Carrara, granito, piedra, maderas preciosas, querubines alados y bronces. Calixto Loira concibió una planta cementerial de estilo neoclásico. Consideró que la nueva Necrópolis debía caracterizarse, por sobre todas las cosas, por su majestuosidad y que ofreciera desde todos los ángulos un aspecto monumental.
En su creación se partía del más universal de los símbolos de la Cristiandad: dos grandes avenidas interceptadas en ángulos rectos y orientadas a los puntos cardinales, que dividieron el terreno en cuatro zonas como en una gran cruz, con calles más angostas cuando se avanza al centro de cada cuartel.
La tumba “La Milagrosa” es uno de los monumentos más visitados de la institución; en ella descansa Amelia Goire de la Hoz, dama de alta alcurnia muerta el tres de mayo de 1901 casi al término de su embarazo. Su tumba se ha convertido en un centro de peregrinación donde los creyentes piden favores y hacen promesas2.
Otro de los lugares más frecuentados es el conjunto escultórico dedicado a los bomberos, muertos trágicamente en 1890 cuando sofocaban un incendio, obra
1 Fotos tomadas del Archivo del Equipo Técnico de Historia de la Necrópolis Cristóbal Colón de La
Habana.
2 El cementerio de Colón: patrimonio cultural de los cubanos. Tomado de:
http://www.radiorebelde.cu/de-cuba-y-de-los-cubanos/el-cementerio-colon-patrimonio-cultural- cubanos-20130826/">
30 funeraria de unos 10 metros de altura, obra del español Agustín Querol, representa a los fallecidos con sus verdaderos rostros1.
Significativos son los monumentos erigidos a personalidades como Máximo Gómez en la Avenida Central, los de Juan Gualberto Gómez, Antonio Guiteras, los Veteranos de las Guerras de Independencia en la Avenida Fray Jacinto y otros como los de Capablanca y Alejo Carpentier.2
El cementerio de Colón constituye un caso singular, donde hay enterramientos de gallegos. Escritores gallegos de reconocido prestigio han afirmado que el ¨ Cristóbal Colón es el mayor cementerio de Galicia. Este es el caso del escritor Manuel Rivas, que en su relato Galicia contada a un extraterrestre expresa: ¨ El mayor cementerio de Galicia, el de Cristóbal Colón, en La Habana¨.3
Las instituciones y el poder mediático han convertido la necrópolis habanera en el ícono funerario de Cuba con prestigio internacional, situación que demerita la realidad de otros cementerios que tienen valores patrimoniales, y merecen un estudio y atención que hasta el momento no han recibido.4
Estas instituciones anteriormente referidas requieren de las autoridades locales una atención y estudios porque son sitios ligados al patrimonio cultural de pueblos y ciudades.
Cementerio de Reina, Cienfuegos.
El cementerio de Reina fue fundado en 1839, es un ejemplo excepcional de su tipo en Cuba por su arquitectura insertada en el neoclasicismo imperante en las edificaciones construidas en la ciudad.5
La forma de enterramientos característica del siglo XIX es el aspecto de mayor relevancia a través de tres hileras de nichos que conforman las paredes de su primer patio, con un pórtico de sencilla conformación y una capilla, que con su pequeño atrio simula un templo antiguo de reminiscencia neoclásica, muy a tono con el resto de las
1 Ibídem
2 Cementerio de Colón, Vedado, La Habana, Cuba - Paseos por la Habana .com
3 Sixto Gómez Echemendía: Vidas Grabadas en la Piedra Gallegos en el Cementerio de Colón, p. 11. 4 Ha traído como consecuencia que todas las miradas se concentren en el monumento citado, quedando
en el olvido otros exponentes del país que poseen igualmente valores de interés patrimonial.
5 El monumento citado reúne características similares al Cementerio de Espada e igualmente al
31 edificaciones de la ciudad. Sus lápidas resultan significativas por ser verdaderos tesoros del arte estatuario en bajo relieve, realizadas en pizarra, hierro fundido y mármol. Las rejas que rodean las bóvedas y panteones evidencian el alcance que tuvo el trabajo de forja y fundición de este material durante esta etapa en Cienfuegos.
De igual forma, merecen atención los trabajos realizados en mármol. En este recinto se conservan nichos tan antiguos como el de Andrés Dorticós Casseau (1843) y el de Juan Vives (1845) quienes fueron de los primeros habitantes que tuvo la villa. Se encuentran depositados los restos de ilustres revolucionarios de las contiendas libertadoras de 1868 y 1895.1
Esta edificación fue declarada Monumento Nacional en el año 1986 por sus valores artísticos, los monumentos que atesora y su carácter casi único en cuanto a sistema constructivo.
Imágenes del cementerio de Reina, de izquierda a derecha: acceso al cementerio, patio principal, sepultura de la bella durmiente.2
Necrópolis Tomás Acea, Cienfuegos.
El cementerio jardín Tomás Acea,3 es el único de su tipo existente en el país. Está ubicado entre las los kilómetros 3 y 4 de la antigua carretera de Junco, hoy Avenida 5 de Septiembre, al sureste de la ciudad de Cienfuegos.
El cementerio Tomás Acea constituye una necrópolis modelo, declarado Monumento Nacional el 10 de octubre de 1978 por sus valores artísticos, arquitectónicos, históricos y ambientales.4
1 Tomado de Guía turística. Oficina de Patrimonio Cultural de Cienfuegos. Primera edición 1987. 2 Fotos del autor.
3 Colectivo de autores: Costumbres, Rituales Y Espacios Funerarios, 2013, p.157. 4 Colectivo de autores: Costumbres, Rituales Y Espacios Funerarios, 2013, p.158.
32 Comenzó a erigirse el 1 de enero de 1923, el trabajo duró tres años. La inauguración oficial fue en diciembre de 1926, fecha en la que el Tomas Acea se convirtió históricamente hablando, en la tercera necrópolis cienfueguera.1
Fue proyectado por los ingenieros Pablo Donato Carbonell y Luis Felipe Ros y constituye una muestra valiosa del quehacer constructivo de la época y de los conceptos foráneos norteamericanos más modernos de aquellos tiempos respecto a otras instalaciones mortuorias.
Posee un edificio administrativo con forma de arco de triunfo que fusiona las formas clásicas remontadas al siglo XIX, antecedido de una imponente entrada que inspira respeto desde la llegada por la vía que comunica la ciudad con la entrada por el circuito sur.
En esta construcción cementerial se aprovechó la topografía ondulada del terreno, que fue parcelada en diferentes secciones y unificados a través de venidas interiores flanqueadas por diversas especies de árboles frutales y ornamentales. Muchas de las calles se nombran en relación con el arbolado como las avenidas de los Pinos, Los Cedros, Los Robles, Las Palmas, Las Bardas, Los Álamos y otros.
La creación de esta joya cubana se debe a Nicolás Acea de los Ríos, uno de los acaudalados benefactores de Cienfuegos, quien luego de la muerte de su joven hijo a causa de la tuberculosis, dotó a Cienfuegos de otras obras benéficas como el colegio San Lorenzo, hoy secundaria básica 5 de Septiembre, el asilo para ancianos Nicolás Acea, donde hoy se encuentra el Hospital Pediátrico de Cienfuegos, y este cementerio, que lleva el nombre de su hijo.
Allí reposan los restos de familias encumbradas y artistas famosos de la localidad, se destacan además los monumentos de los Veteranos de la Guerra de Independencia y el de los Mártires del 5 de Septiembre de 1957, construido en ocasión del vigésimo aniversario de la heroica gesta, conjunto ubicado como cierre de la perspectiva axial en relación con el acceso principal.2
Necrópolis San Carlos Borromeo, Matanzas.
La Necrópolis San Carlos Borromeo de la ciudad de Matanzas fue inaugurada oficialmente el 2 de septiembre de 1872,3 es uno de los cementerios más antiguos
1 Ibídem
2 Guía de Arquitectura Las Villas y Matanzas, p. 319.
33 diseñados en Cuba, proyectado por el arquitecto Pedro Celestino del Pandal y Sánchez, y elaborado por el ingeniero mexicano Sánchez Bárcena.1 Su esquema se desarrolla dentro de las premisas del neoclasicismo y las ideas primarias del urbanismo ecléctico. En su interior exhibe los más variados estilos arquitectónicos: ecléctico, art deco, modernismo, etc.
Las obras decorativas de grande y pequeño formato que en ella se encuentran destacan sus valores artísticos, como esculturas y obras de herrería, resaltando la importancia de este arte dentro del siglo XIX.
Destacadas personalidades de la localidad descansan en este lugar, en él se honran héroes y mártires de las gestas independentistas, un ejemplo de ello es el Mausoleo
a los Veteranos de la Independencia ubicado en el centro del sitio. Una característica significativa de este camposanto es la peculiaridad de tener un
sistema de galerías subterráneas con capacidad para más de un centenar de nichos.2
Imágenes de la Necrópolis San Carlos Borromeo, de izquierda a derecha: acceso al cementerio, avenida principal y capilla central, galerías subterráneas.3
Aun con los valores arquitectónicos, artísticos, históricos, sociales y culturales, la necrópolis no ha obtenido ninguna Categoría de Monumento, lo que da constancia de la falta de valoración de la arquitectura funeraria.
1 Colectivo de actores: Guía de Arquitectura Las Villas y Matanzas. Guía editada, p. 377. 2 Se especula que estas galerías son únicas de su tipo en toda América Latina.
34 Conclusiones parciales:
La evolución socio-económica, como la urbana y arquitectónica tiene una estrecha relación con los rituales de enterramiento. Cada época asume los ritos y costumbres en consecuencia a sus características.
La práctica de los enterramientos responde a las diferentes culturas, religiones y su desarrollo social, lo que determina la existencia de diferentes tipologías funerarias que se manifiestan tanto en relación con el sitio como en relación con las sepulturas existentes en su interior.
Las condiciones sanitarias y el aumento de la población fueron las causas principales por las que se determina romper con la tradición de enterrar a los difuntos en zonas cercanas a las iglesias, destinándose entonces, sitios funerarios para enterramientos en las afueras de las ciudades, lo que representa una evidencia de las más novedosas doctrinas higienistas del siglo XIX.
En cuba existen espacios funerarios que constituyen exponentes excepcionales y que por sus valores patrimoniales ostentan una categoría de monumento a nivel local o a nivel nacional.
35
Capítulo 2: Caracterización urbano-arquitectónica del Cementerio General