2.3 Background 17
2.3.3 Slab Specific Behavior 23
Valor: Atención. La atención es uno de los valores personales de vital
importancia, es uno de los valores que desde pequeños han tratado de enseñarnos, pero que por alguna razón no hemos aprendido a tener del todo. Atención, es la capacidad de mantener nuestro enfoque sobre un punto determinado.
Cuando algo te llama la Atención, es porque ha estimulado alguno de tus sentidos y ha impactado inconsciente o subconscientemente en tu cerebro.
Por ejemplo, cuando estás en un lugar silencioso, o con un volumen bajo alrededor, y de un momento a otro se escucha un ruido estruendoso, es indudable que te llamará la atención, porque acaba de estimular de alguna manera tu sentido auditivo.
Ahora, desde otra perspectiva, estar atento es lo que necesitas en cada momento para hacer las cosas bien, para tomar decisiones conscientes y para mantener tu enfoque intacto en lo que quieres lograr.
Valor: Orden. El orden, es el valor que nos permite ser consistentes con lo que
hacemos y organizados con lo que tenemos.
El valor del orden, nos lleva a idear un camino coherente para seguir, a saber los pasos que hay que superar para llegar a donde se espera.
El orden representa la naturalidad y el flujo de las cosas, la manera más eficaz y eficiente de actuar.
Es la recta disposición de las cosas y es la virtud que nos lleva a poner cada cosa en su lugar, a distribuir correctamente el tiempo y nuestras actividades.
Para poder actuar de un modo ordenado hará falta cierta estructura mental ordenada que se reflejará en todos los aspectos de nuestras vidas.
En primer lugar el orden en las ideas y en los valores será imprescindible para poder sostener una línea de conducta en la vida. Empecemos por ordenar la cabeza. Saber qué es lo que habremos de sostener y defender a través de nuestras vidas exige claridad de principios. Para que nuestras decisiones sean las correctas, tendremos que saber qué es lo más importante para elegir bien.(Arrechea, M.(s.f.)
Los padres deben dar un gran ejemplo de ser muy ordenados, para así poder desarrollar en sus hijos una estructura mental ordenada e irla acomodando a través de los resultados que vayan produciéndose en su trabajo, juegos, relaciones sociales y religiosas, vestimentas, aseo, limpieza personal y de la casa, etc. Deben aceptar a los hijos como son, pero estimularles en su lucha de superación. Debe tener cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
Los padres deben enseñar a los hijos la buena distribución del tiempo en lo que es importante y lo que es urgente, sobre todo en lo relacionado con la clasificación de prioridades en las actividades que tienen que desarrollar continuamente, esporádicamente o frecuentemente, analizando cuales son los mejores momentos y respetándolos, para que relacionen el tiempo con sus actividades.
Deben enseñarles a colocar en primer lugar la realización de las cosas menos agradables para tener la seguridad de que no va a faltar tiempo para ellas. Deben fomentar que los hijos se sientan responsables de acostumbrarse a hacer ordenadamente los encargos familiares o escolares, dándoles los criterios necesarios para realizarlos.
El primer paso para aprender el valor del orden, es practicar la obediencia, pues a través de ella se va introduciendo el orden. Tiene que haber unos momentos para exigir que haya orden y no se puede pedir desordenadamente que lo haya. Para que haya orden es necesario tener muy buena memoria para apuntar las cosas. Dicen que es más eficaz un lápiz pequeño que una memoria grande. Sin que los hijos hayan desarrollado el sentido del orden es muy casi imposible enseñarles los otros valores.
Valor: Obediencia. La obediencia (del latín Obêdire, "escuchar", "Obeceder") es
el cumplir con un mandato o con un precepto.
La obediencia es una actitud responsable de colaboración y participación, importante para las buenas relaciones, la convivencia y el trabajo productivo. (Maldonado, Gustavo: 2015. P.1).
Los padres tienen la obligación de educar a sus hijos y la autoridad conferida por Dios para ejercerla.
Los padres deben enseñar a sus hijos, desde muy jóvenes a reconocer el valor de la obediencia, para que la vayan descubriendo y de mayores se acostumbren a ejercitarla. Deben dar aún información muy clara, en el momento oportuno y apoyando la orden con cariño y seguir exigiéndola hasta que se cumpla, sin caer en exceso de insistencia en cosas secundarias.
Los padres deben enseñar a sus hijos a distinguir lo que verdaderamente es bueno y lo que ellos quieren, esto les reforzara la perseverancia y la fortaleza. Deben motivarles para que reconozcan la autoridad de los padres porque les dan segundad, cariño y un sentido de estar a gusto. En estas edades la desobediencia suele producir más peligros físicos que morales.
Los hijos poco a poco irán reconociendo la existencia de su propia voluntad y la irán desarrollando a través de muchos “no”. A los padres no les interesa gastar esfuerzos innecesarios en buscar una obediencia superflua o en cosas poco
importantes que no perjudiquen a los hijos. Deben enseñar a obedecer a la autoridad del maestro, la de los familiares mayores, la del policía, la del capitán del equipo de deportes, etc.
La obediencia entendida como virtud no es la sumisión ciega de un esclavo hay que enseñar a que entiendan lo que es razonable y lo que no lo es, además de demostré así el cariño y el respeto a los padres. Si no se busca más orden, más justicia y más bondad no tiene ningún sentido obedecer a quienes nos pueden guiar por esos caminos. (web. Mi cumbre(s.f.)
Valor: sinceridad. El valor de la sinceridad, es el valor de expresarnos con la verdad, tanto con otros, con nosotros mismos.
Lo contrario a la sinceridad es el engaño, la mentira, la cizaña.
Ser sinceros, es sin duda uno de los más estupendos valores que podemos tener en nuestra vida… Es ser quienes somos, decir lo que pensamos y no aparentar algo que no sentimos.
La sinceridad, es sin duda el pilar que provee solidez a toda relación interpersonal, provee confianza y firmeza a lo largo del tiempo.
Cuando hablamos con la verdad, simplemente no tenemos nada que temer. Si está mal lo que expresamos, entonces aprendemos y lo corregimos, o si algunos no están de acuerdo, pues nos van conociendo mejor y nosotros a ellos.
No hay razón para querer ocultar la esencia de nuestro ser. Tenemos derecho a ser diferentes a otros, eso no tiene por qué avergonzarnos o llevar a tapar nuestro rostro.
Valor : solidaridad. La solidaridad, es el valor de ayudar a otros de la manera
Solidaridad, es conmovernos cuando alguien pasa por un mal momento y motivarlo a superarse, al mismo tiempo que proveerle recursos que le sean útiles en su situación.
La solidaridad es un valor movido por el amor, por la compasión, por el deseo de ver a los demás bien.
Ser personas solidarias nos vuelve empáticos y agradables ante los demás, nos permite entablar buenas relaciones interpersonales y empezar a contar con personas sinceras que también velan por nuestro bien.
Valor: Disciplina. La disciplina es un valor difícil de adquirir, es quizás la base y el fundamento de una buena vida.
La disciplina es la capacidad de actuar ordenada y perseverantemente para conseguir un bien. Exige un orden y unos lineamientos para poder lograr más rápidamente los objetivos deseados, soportando las molestias que este ocasiona. La principal necesidad para adquirir este valor es la auto exigencia; es decir, la capacidad de pedirnos a nosotros mismos u esfuerzo extra para ir haciendo las cosas de la mejor manera.
Cuando tenemos disciplina, podemos enfocarnos en lograr nuestros sueños y metas fácilmente.
Cuando no hay disciplina con la vida propia, usualmente terminamos ayudándole a otro a alcanzar sus sueños, olvidándonos de que tenemos un gran potencial para ser quienes queramos ser.
VALOR: AMISTAD. La amistad es el sentimiento de afecto que nace con aquellas
personas que llegan a nuestra vida y de alguna misteriosa manera, se convierten en importantes para nosotros.
Amistad es un lazo invisible que une corazones a lo largo del camino, que fortalece relaciones y afianza la empatía en nuestra vida.
Cuando hay una Amistad con alguien, es inevitable reír, confiar, querer, cuidar, pasar tiempo con ella, estar alegre con su compañía, sentirse seguridad a su lado, y alegre por contar con esa persona en la vida.
Amistades la plenitud en la necesidad por relacionarnos interpersonalmente de manera social con otras personas, propendiendo tanto un beneficio propio (afectivo, emocional e incluso material) como un beneficio ajeno.
Es inherente para nosotros ser sociables, y la satisfacción de esta área, viene con la Amistad.