Chapter 3 Experimental Methods
3.4 Characterisation and data analysis
3.4.2 Small-angle neutron scattering
Después de Kant, el idealismo posterior eliminará cualquier referencia a la cosa en sí. El idealismo trascendental se convertirá sucesivamente en un idealismo subjetivo, en un idealismo objetivo y en un idealismo absoluto.
Fichte (1762-1814). Distingue entre idealismo (que va del pensamiento al
ser, es decir, del Yo a la naturaleza) y dogmatismo o materialismo (que parte del ser y quiere llegar al pensamiento) en lo que se refiere a las características fundamentales de la relación cognoscitiva del hombre con el mundo, pero propone remontarse hacia atrás, respecto a la conciencia común para explicar sus condiciones de posibilidad. El Yo, poniéndose a sí mismo en su acción original, opone a sí mismo el No-Yo (la naturaleza) y por tanto, de esta manera se autolimita frente al No-Yo, realizándose de este modo como conciencia (yo empírico, finito). Fichte afirma así la autocreación del yo, al yo como sustancia, y la identidad entre el primer yo (inmediato) y el segundo yo (reflejo). La realidad y su conocimiento derivan así de la libre y espontánea actividad del Yo. Se trata de un espiritualismo absoluto.
Schelling (1775-1854). Propone frente a Fichte una verdadera reforma de
su idealismo subjetivo. Hay que superar la separación o desunión que en Fichte aún separaba a los opuestos entre sí. Establece un idealismo objetivo. Lo absoluto se manifiesta según Schelling en el proceso de la naturaleza de lo inorgánico a lo orgánico, proceso culminante en la autoconciencia humana, con la que tiene su inicio el desarrollo del Yo. El absoluto de Schelling es la identidad entre el Yo y la naturaleza, sujeto y objeto. La causa primitiva del ser es la identidad absoluta entre ser y pensamiento, materia y espíritu, objeto y sujeto.
Hegel (1770-1831). El idealismo en Hegel se hace objetivo y absoluto.
Reaccionará contra sus predecesores inmediatos. Todo lo real es racional y todo lo racional es real. Hegel denomina “Idea” a lo absoluto mismo, concebido como unidad dialéctica de subjetividad y objetividad, finitud e infinitud, realidad y concepto. La Idea agota la realidad y la realidad agota todo el contenido de la Idea. No hay residuos ni restos de algo irracional o absurdo o ininteligible para la razón. Por eso para Hegel la lógica se identifica con la ontología. La Idea es primeramente en sí, pero al enajenarse en la naturaleza, es Idea fuera de sí (Naturaleza). Posteriormente, en el proceso dialéctico de enfrentamiento entre la Idea con la Naturaleza, llega a ser Idea para sí. Se trata del Espíritu. (Idea para sí). Dentro del Espíritu hay que distinguir entre Espíritu subjetivo, objetivo y
absoluto. El Espíritu subjetivo es el Yo pienso, la subjetividad. El Espíritu Objetivo, una fase superior con respecto al subjetivo, se articula en tres momentos: el derecho, la moral y la eticidad o moralidad concreta, que se despliega en el interior de las instituciones en las cuales se desarrolla la vida de los hombres, como la familia, la sociedad civil y el Estado. El Espíritu Absoluto tiene tres momentos, arte, religión y filosofía. El principio absoluto del idealismo objetivo hegeliano es la Idea en cuanto proceso y devenir de lo real, a través de sus sucesivas y progresivas contradicciones dialécticas internas, culminando tal devenir como resultado en las formas del arte, de la religión y sobre todo de la filosofía, en la que la Idea alcanza su propia automanifestación consciente como espíritu absoluto.
Husserl (1859-1938). La última reviviscencia del idealismo trascendental
tuvo lugar con la fenomenología de Husserl. Husserl reacciona contra el psicologismo. El Yo fenomenológico no es el Yo de Fichte. El sujeto fenomenológico es una conciencia intencional, esto es, una conciencia de algo y referida a algo, encarnada en el cuerpo percipiente y en sus operaciones constitutivas en sentido precategorial y viviente (“mundo-de-la-vida”). Por lo tanto, las ideas a las que se refiere Husserl no tienen como en Platón autonomía ontológica. Las ideas son especies o esencias y constituyen el objeto propio de la descripción fenomenológica.
5. El materialismo.
El término “materialismo” aparece en la segunda mitad del siglo XVII para designar aquellas filosofías que niegan la existencia de sustancias espirituales y que, por lo tanto, sólo reconocen la existencia de substancias corpóreas. Esta tesis, desde perspectivas espiritualistas, suele implicar el ateísmo y la impiedad. Para decirlo con Fichte, mientras que el Idealismo deriva la realidad de la Idea, de la conciencia, del Espíritu, el materialismo deriva la conciencia, lo subjetivo, el Yo, el espíritu de la naturaleza, de la materia, de lo objetivo.
Con la expresión materialismo se designa la doctrina ontológica según la cual la materia es la realidad fundamental o verdadera y todo lo inmaterial no existe en general, o puede reducirse de un modo o de otro, a la materia en cuanto algo secundario o dependiente. Todo lo real es material. Si ya hemos definido más arriba el idealismo o el espiritualismo, conviene definir el materialismo como la negación del espiritualismo y el realismo epistemológico o gnoseológico se opone al idealismo. El realismo sostiene que lo que conocemos existe independientemente de nuestra conciencia y de nuestra voluntad. Lo que conocemos es real y lo real es conocido por nosotros de forma objetiva. El
materialismo lo que sostiene, al contrario que el espiritualismo, es que no existen seres vivientes incorpóreos. No existen entonces las sustancias espirituales.
El materialismo puede ser o monista o pluralista. El materialismo monista homogeneiza, uniformiza y simplifica las sustancias materiales en la dirección del monismo del orden, de la sustancia, de la sustancia material que postula. El materialismo sin embargo, puede ser además pluralista, puede así rechazar la concepción monista originaria de la sustancia material (o del orden de las sustancias materiales) postulando la interpretación pluralista de la materia. Como criterio más fuerte de distinción entre estas dos versiones del materialismo, hay que adoptar el principio de symploké, tal y como lo enunció Platón en el “Sofista”: es preciso negar que todo esté relacionado con todo, así como también que nada esté relacionado con nada, si se quiere mantener el discurso racional. El materialismo monista tiende a rechazar el principio de
symploké, y a considerar como regla universal de la investigación científica,
política y filosófica, el principio de continuidad: “Todo está relacionado con todo”.
Un criterio gnoseológico que se puede aplicar a las áreas o disciplinas filosóficas para distinguir entre idealismo y materialismo es el criterio de la corporeidad referencial, en cuanto piedra de toque para discriminar una metodología racional e intersubjetiva de una metodología poética o mística. Se trata del reconocimiento de los cuerpos como realidades o referencias existentes fuera del sujeto corpóreo. Esto puede tener o bien un sentido asertivo, o bien un sentido exclusivo. En cualquiera de estos casos hablaremos de filosofía materialista y cuando la realidad de los cuerpos no sea reconocida, ni en la forma exclusiva de los materiales corpóreos, ni en la forma asertiva, hablaremos de idealismo o de filosofía idealista. El idealismo incorpóreo puede ser determinado como espiritualismo. No por ello el espiritualismo se identifica con el idealismo, aunque resulta ser muy afín a él.