La derrota de las fuerzas direc toriales en Cepeda produjo pánico en Buenos Aires, por cuanto los habitantes temían el saqueo de la ciudad por parte de los vencedores.
Con gran energía, el Director substituto A gu irre convocó al pue blo para la defensa y confió el mando m ilitar al general Soler, quien concentró sus efectivos en Puente de Márquez, a siete leguas de Buenos Aires.
Los caudillos triunfantes prefi rieron iniciar negociaciones pací ficas. Ramírez y López enviaron sendas notas al Cabildo porteño (desconocían cualquiera otra au toridad) en las que, a modo de u l timátum, ordenaban la destitución del Director Supremo, la supresión del Congreso y la adopción del sistema federal.
A u n q u e a lg u n o s c a u d i l l o s d isp u sie ro n d e e jército s re g u la r e s y d is c ip lin a d o s , la m a y o r p a rte d e sus e fe cti vos se c o n o c ía n con el nom b re d e " m o n to n e ra s " , es d e cir, d e con ju n to s d e jin e tes — m ontones— q u e e m b e s t ía a l e n e m ig o con a u d a c ia , p e ro sin o rd e n ni p la n p re co n ce b id o . El g r a b a d o re p ro d u c e u na a c u a r e la d e l p in to r C a r lo s E n riq u e P e lle g rin i, titu la d o ''La m o n to n e ra " .
Ramírez exigió que se publicaran las actas secretas del Congreso, en las cua les constaba el proyecto de establecer una monarquía en el Río de la Plata, entregando la corona al príncipe De Luca, perteneciente a la Casa de Ror- bón.
Soler también apoyó lo dispuesto por los caudillos; en consecuencia, volvió las armas contra el gobierno nacional.
El 11 de febrero de 1820, el D i rector Rondeau y el Congreso ce
dieron a la intim ación; las auto ridades nacionales habían cesado.
E l Ayuntamiento se hizo cargo del poder con el nombre de “ Cabildo gobernador” , en ejercicio de la autoridad, hasta que fuera desig nado un mandatario para la ciu dad y la provincia de Buenos Aires.
Sarratea es elegido gobernador
E l Cabildo había asumido el mando de la ciudad y de la pro vincia de Buenos Aires, pero Ra m írez manifestó que sólo trataría con un gobierno elegido por el pueblo, opinión que también com partía Estanislao López.
La actitud de los caudillos de terminó que el 16 de febrero se reuniera un Cabildo abierto, con la asistencia de 182 ciudadanos, a fin de elegir un gobierno “ fine siendo la obra de un acto libre, reuniese en sí solo, toda la confian za pública” .
Cada ciudadano votó por dos personas y las doce que obtuvie
ron mayoría de sufragios pasaron a integrar la Junta de Represen
tantes que en su primera sesión
— madrugada del día 17— eligió gobernador de Buenos Aires al ex triunviro y agente diplomático
M anuel de Sarratea. Éste ejercería
el cargo en forma provisional, has ta tanto se conociera la opinión de la campaña, en gran parte ocu pada por los ejércitos federales.
De tal manera, la provincia de Buenos Aires quedó constituida con un cuerpo legislativo de ori gen popular — la Junta de Repre sentantes— y un gobernador — o Poder Ejecutivo— elegido por su fragio indirecto.
El mismo día 17, Soler se en trevistó en Luján con Ramírez y obtuvo del caudillo un armisticio de tres días, en cuyo transcurso debían eliminarse de los empleos administrativos a todos los que habían pertenecido al gobierno de rrocado. Debido a esto, fueron reemplazados los miembros del Cabildo.
EL T R A T A D O DEL P IL A R
Sarratea asumió el mando el 17 de febrero, pero de inmediato par tió hacia Pilar, donde debía reu nirse con los caudillos del litoral, a fin de acordar un tratado de paz.
E l 23 de febrero de 1820, en la
capilla del P ila r, Sarratea firm ó
con López y Ramírez un tratado, por el cual los gobernadores de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos se obligaban a organizar el país bajo el sistema republicano
federal, sometiendo la resolución
definitiva a un congreso a reunirse en el término de sesenta días, en el convento de San Lorenzo (San ta F e).
Aunque el pacto trataba la am nistía, una de sus cláusulas orde naba el enjuiciamiento de los di rectores supremos y congresales que habían formado parte del go bierno derrocado.
El Tratado del P ila r fue ra tifi cado por la Junta de Representan tes de Buenos Aires el 24 de fe brero.
El pacto consta de doce artículos. El artículo l 9 afirma que las partes contratantes —Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe— se pronuncian en favor del sistema federal e invitan a las demás provincias a un congreso a reunirse en San Lorenzo, para organi zar definitivamente el país.
El artículo 29 establece que desde el mismo día de la firma del pacto cesa rán las hostilidades y los ejércitos de Entre Ríos y Santa Fe se retirarán a sus respectivas provincias.
El artículo 3V dispone la alianza co mún de las provincias signatarias para enfrentar la agresión portuguesa.
El artículo 49 decreta la libre na vegación de los ríos, en razón de que el puerto de Buenos Aires cobraba de rechos aduaneros y fiscalizaba todo el tráfico fluvial.
El artículo 59 concedía amnistía a los ciudadanos expatriados por causas po líticas, quienes recobrarían el goce de todos sus derechos.
El artículo 69 se ocupa de los lím i tes interprovinciales y el artículo 79 ordena abrir proceso a los miembros del Directorio y del Congreso “ por com prometer la libertad de la Nación, con
En el g r a b a d o p o d em o s o b s e rv a r p a rte d e l texto - h a s t a el a rtic u lo 4 9 - d e l T ra ta d o d e l P ila r. El docu m e n to se in ic ia en e sta fo rm a : " C o n v e n c ió n h e ch a y c o n clu id a e n tre los g o b e r n a d o re s Don M a n u e l d e S a r r a t e a d e la p ro v in cia d e B u enos A ire s , Don F ra n cisco R a m íre z d e la d e E n tre R íos, Don E sta n isla o Ló p e z d e la d e S a n t a Fe el d ía v e in te y tres d e fe b re ro d s l a n o d e l S .ñ o r mil o ch o cien to s v e in te , con e l fin d e te rm in a r la g u e rra
s u s c i t a d a .. . °
otros excesos de enorme magnitud” . Motivaba esta cláusula las misiones diplomáticas al extranjero, tendientes a coronar ’in príncipe europeo en el Río de la Plata.
El artículo 8f dispone que Buenos Aires no podrá impedir el paso de armas y municiones a las provincias federales.
El artículo 99 ordenaba la libertad de los prisioneros de guerra.
El artículo 109 establece que el pacto sería comunicado a Artigas y que la incorporación de la Banda Oriental a las demás provincias federales “ se mi raría como un dichoso acontecimiento . Los artículos l l 9 y 129 daban nor mas para el retiro de los ejércitos y fijaban un plazo de dos días para que el pacto fuera ratificado por la Junta de Representantes de Buenos Aires.
En virtud del artículo tercero y de un pacto secreto que no se dio a co nocer para no alarmar al gobierno portugués, Sarratea entregó armas y vestuario al ejército federal. El histo riador Ricardo Levene ha demostrado categóricamente la existencia de un acuerdo secreto.
E l Tratado de P ila r es el primer pacto in t e T p r o v i n c i a l que reconoce el sistema federal de g o b i e r n o y dio origen a una importante re forma institucional en nuestra his t o r ia . De su lectura se deducen claramente los anhelos por organi zar todas las provincias en una so la nación s o b r e el principió de la nacionalidad.
Artigas sólo era reconocido como “ Capitán General de la Banda Oriental” pero no en carácter de “ Protector de los Pueblos Libres” ; en consecuencia — por obra de Ra mírez—- era despojado de toda au toridad sobre las provincias de En tre Ríos y Santa Fe. Si bien el caudillo oriental era invitado a incorporarse a la alianza, se lo
desconocía como árbitro y sólo lle garía a su poder una copia de lo ya resuelto.
Gobierno de Sarratea
De conformidad con lo dispues to en el Tratado del Pilar, Sarra tea ordenó la entrega de armas, municiones y dinero a Ram írez; esta actitud y el castigo a que se rían sometidos los miembros del
gobierno denocado provocaron
desagrado entre los integrantes del partido directorial. Estos últimos recibieron calurosamente a Balcar ce, cuando regresó a Buenos Aires luego de su valeroso comporta miento en Cepeda.
E l 6 de marzo, los descontentos con el gobierno — atizados por un grupo de jóvenes— se reunieron en la Plaza de la Victoria, mani festando sus ideas centralistas y antifederales. Presentaron un es crito al Ayuntam iento por el cual exigían la destitución de Sarratea.
Reunido inmediatamente un Ca bildo abierto, el gobernador fue destituido y en su reemplazo eli gió interinamente a Juan Ramón
Balcarce.
Sarratea se retiró a P ila r y des de a llí reclamó la obediencia que le era debida, pero como la reso lución del Cabildo no fue m odifi cada, recurrió a los elementos que le eran adictos. De tal manera So ler salió de Buenos Aires con sus tropas, y los caudillos López y Ra mírez avanzaron hasta los subur bios de la ciudad; el último ame nazó con desatar nuevamente la guerra civil si Sarratea no era reco nocido como legítim o gobernador. A l día siguiente, Sarratea dio a conocer un decreto en que orde naba in iciar un proceso de alta
traición a los miembros del Con greso y del Directorio. Figuras de prestigio se vieron afectadas por esa medida, aunque más tarde los acusados fueron absueltos.
En medio de hondo malestar político se realizaron las elecciones para elegir la nueva Junta de Re
presentantes, cuyo resultado fue desfavorable para Sarratea, por cuanto el organismo quedó inte grado con hombres pertenecientes al partido directorial, de ideas cen tralistas y monárquicas.
Sarratea presentó la renuncia de su cargo, la que fue aceptada; en su reemplazo, la Junta de Repre sentantes eligió a su presidente I l
defonso Ramos M e jía gobernador
interino de la provincia de Buenos Aires, hasta tanto se designase un gobernador propietario.
El día de los tres gobernadores
Ramos M ejía, hasta entonces sin mayor actuación, gobernó escaso tiempo: desde el 2 de mayo hasta el 23 de junio. Adicto al partido directorial derrotado, dio curso a una disposición de la Junta por la cual eran absueltos algunos de los ciudadanos sometidos a proceso. Aceptó también el cargo de Capi tán General de la provincia, es decir, el mando supremo de las fuerzas militares, en perjuicio de Soler, quien lo ejercía con el apoyo del ejército.
El 15 de mayo, la Junta de Repre sentantes eligió a Matías Patrón di putado por Buenos Aires ante el con greso a realizarse en San Lorenzo.
El 27 de ese mes, llegaron oficios de los caudillos de Santa Fe y Entre Bíos, según los cuales esas provincias no reconocían a Ramos Mejía en su carácter de gobernador. El problema económico — la capital absorbía el co mercio— motivaba una creciente hos tilidad por parte de los caudillos del litoral.
El 16 de junio, los jefes y o fi ciales del ejército, invocando “ la voluntad general de la campaña” repusieron a Soler en el cargo de Capitán General y obtuvieron que el Cabildo de Luján lo reconociera como gobernador.
Soler comunicó lo resuelto a la Junta de Representantes de Bue nos Aires, para que ésta lo hiciese reconocer en toda la provincia. Ramos M ejía presentó la renuncia de su cargo, pero la Junta, sin
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aceptarla, le ordenó que entre gase el bastón de mando al Ca bildo y al mismo tiempo comuni caba a Soler que podía penetrar en la ciudad sin dificultades.
E l 20 de junio de 1820 desem- ' peñaban el gobierno de la provin
cia Ildefonso Ramos M ejía, el ge neral Soler y el Cabildo; ese día se
conoce en nuestra historia como “ el día de los tres gobernadores” . En ese momento en que se agudi zaba la crisis política, fallecía en Buenos Aires una de las glorias más puyas de la argentinidad: el general M a n u e l Belgrano.
i Gobierno de Soler
E l general Soler estuvo al frente de la provincia de Buenos Aires escaso tiempo, del 23 al 28 de ju nio. Cuando arribó a la capital fue reconocido como gobernador, pero al día siguiente ■— 24 de junio— • dejó en su reemplazo a M anuel D o rre g o 1 y se dirigió a Luján, donde estableció su cuartel, para enfrentar a los caudillos López, A lvea r y Carrera, quienes avan zaban nuevamente sobre la pro vincia de Buenos Aires.
t El 28 de junio, las tropas de Soler y de López chocaron en la
Cañada de la Cruz y los efectivos
del primero fueron arrollados y sufrieron grandes pérdidas.
Soler comunicó su fracaso al Cabildo y huyó a la Colonia, en la Banda Oriental.
Gobierno de Dorrego
Después de su triunfo, López convocó el 1 de julio a los repre sentantes de los pueblos de la cam paña, los que se reunieron en la villa de Luján y eligieron gober nador a Alvear.
El Cabildo de Buenos Aires des conoció lo resuelto y el 4 de julio la Junta de Representantes designó a Dorrego gobernador interino con jurisdicción sobre la ciudad.
Buenos Aires inició gestiones conciliatorias para que la campaña revocase el nombramiento de A l vear, por cuanto Estanislao López no podía erigirse en dueño de la soberanía de la provincia, pero las tratativas fracasaron debido a la intransigencia demostrada por el caudillo santafecino.
1 Dorrego regresaba del destierro a que había sido condenado por Pueyrredón. Política- mente estaba definido contra la m onarquía y desde ese momento lucharía por las ideas republicanas y federales, hasta su trágico fin en Navarro.
Como no quedaba otra solución que la guerra, Dorrego se dedicó a organizar la defensa de la ciudad. Contó con la colaboración de M a r
tín Rodríguez y del joven hacen
dado Juan M a n u e l de Rosas; el primero fue designado jefe de las
m ilicias del sur, y el segundo se
encargó de reunir y equipar esos efectivos, que tuvieron destacada actuación en los sucesos de la época.
Iniciada la lucha, López, A lvea r y Carrera sitiaron a Buenos Aires, pero la enérgica defensa hizo fra casar los intentos por ocupar la ciudad.
A lvea r y Carrera decidieron acampar en San Nicolás, pues el primero no quería alejarse dema siado de Buenos Aires, temeroso de perder sus derechos sobre el go bierno. Dorrego dirigió sus fuerzas hacia aquella zona, y el 1 de agos to venció completamente a los dos caudillos. Por su parte, López tam bién fue derrotado por Dorrego al norte del arroyo Pavón (12 de agosto de 1820).
Alentado por los triunfos, Do rrego se internó en territorio san- tafecino para proseguir la lucha, a pesar de que el general M artín Rodríguez y el comandante Juan M anuel de Rosas licenciaron a sus tropas, pues deseaban firm ar la paz. Con escasas fuerzas, Dorrego fue atacado y vencido por López en Gam onal, el 2 de setiembre.
El caudillo santafecino comuni có al Cabildo de Buenos Aires que estaba dispuesto a poner fin a la lucha, siempre que Dorrego fuese eliminado del gobierno.
M artín Rodríguez, go bernad o r de la provincia de Buenos A ires
Dorrego dispuso convocar a los habitantes de la provincia de Bue nos Aires a fines de agosto, para constituir una Junta de Represen tantes, la cual debía nombrar un gobernador. E l propio Dorrego era candidato, pero lo combatían los jóvenes pertenecientes al partido directorial.
Realizadas las elecciones, la ci tada Junta nombró a M a rtín Ro
dríguez gobernador de la provin
cia de Buenos Aires (26 de se tiem bre).
La facción federal, que deseaba ubicar en el gobierno a Dorrego, se sublevó el 1 de octubre a las órdenes del doctor José A grelo con las tropas de la guarnición que mandaba el coronel Pagóla. Des pués de sangriento combate, los amotinados — al grito de ¡abajo los directoriales!— ocuparon el Fuer-
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te y se adueñaron de la ciudad. Casi en el acto convocaron a un Cabildo abierto en el templo de San Ignacio, para proceder a ele g ir un nuevo gobernador.
Por su parte, M artín Rodríguez — que se había alejado de Buenos Aires— avanzó sobre la ciudad con la protección de Juan M anuel de Rosas, quien marchaba al frente de su regimiento N " 5, llamado Los
Colorados del M onte, que había
equipado a su costa.
Para firmar la paz con Buenos Aires, el caudillo López había exigido que Dorrego fuese eliminado del gobierno. Rosas, que deseaba el fin de la lucha con Santa Fe y a su vez obediente a las autoridades constituidas, brindó su apoyo a Rodríguez, .a pesar de que éste pertenecía al partido directorial o uni tario.
Cuando en el Cabildo abierto se proponía el nombramiento de Do rrego, entraron en la ciudad los
colorados de Rosas, a quienes se guía el general Rodríguez.
La Junta de Representantes se reunió nuevamente y entonces ra tificó — el 5 de octubre—- la elec ción de M artín Rodríguez; al día siguiente, otorgó al gobernador, por el lapso de tres meses, faculta
des extraordinarias.
A las órdenes de Pagóla, los in surrectos no aceptaron lo dispues to, pero fueron atacados y venci dos por las tropas de Rosas.
Mientras tanto, Dorrego había avanzado con su ejército hasta Lu ján, donde — enterado de lo ocu rrido-— depuso sus ambiciones al mando y aceptó a Rodríguez como gobernador de la provincia; no obstante, rehusó ponerse a sus ór denes.
El Tratado de Benegas
La paz entre Buenos Aires y Santa Fe se concertó el 24 de no-
viem bre de 1820 en la estancia de Tiburcio Benegas, situada en los lim ites de ambas provincias, en las márgenes del A rroyo del M edio. Acudieron representantes de los dos gobiernos y — en carác ter de mediadores amigables—- lo hicieron comisionados por Córdo ba. E l gobernador de esta última provincia, Juan Bautista Bustos, y también Rosas, intercedieron favo rablemente ante López para apre surar las negociaciones.
E l Trotado de Benegas — así llamado por lo ya expuesto— cons ta de siete artículos y aunque na da resolvió con respecto a la forma de gobierno, merece destacarse lo dispuesto por el artículo segundo, que ordenaba reunir, en el térm i no de dos meses, un congreso ge neral en Córdoba; otras cláusulas disponían el fin de la guerra entre Buenos Aires y Santa Fe y la l i bertad de los prisioneros.
Pero antes de concluir el trata do, el caudillo López exigió para su provincia la entrega de 25.000 cabezas de ganado para distribuir las entre los pobladores afectados por la lucha. Rodríguez se negó a aceptar esta condición.
La dificultad fue salvada por Rosas, quien se comprometió par ticularmente a entregar esa in demnización a Santa Fe.
Rosas pudo cumplir con el compro miso después de vencer numerosas di ficultades. Las 25.000 cabezas de ga nado debían ser trasladadas hasta el Arroyo del Medio. En aquella época representaban 120.000 pesos de plata.
El número de animales entregados se elevó a 30.146, es decir con un ex ceso de 5.146 sobre lo tratado, así lo dejó escrito el gobernador de Santa Fe al pie de la obligación contraída por Rosas: “ Queda cancelado el presente documento. . . con el exceso de 5.146 cabezas más . . ( 1 0 de abril de 1823).
E l Tratado de Benegas anuló lo dispuesto en el de Pilar, referente al congreso de San Lorenzo, a reu nirse ahora en Córdoba, y excluyó de las negociaciones a Ramírez y Carrera, lo que produjo la ruptura entre estos últimos y López.