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Smart Borders and interference with the right to private life

EUR 1.3 billion total cost featured in the impact assessment of the 2013 package (this

3. COMPATIBILITY WITH FUNDAMENTAL RIGHTS KEY FINDINGS

3.1. Smart Borders and interference with the right to private life

Las discapacidades pueden ser reales o fingidas. Deben determi- narse siempre por comisiones de expertos para evitar malentendidos. Parece absurdo que en una sociedad tan centrada en destacar, pueda interesar aparecer con un potencial menor de acción. De hecho es así, acaso porque existen normas y leyes protectoras para las personas que sufren estos déficits, lo que ocasiona que algunas otras, intenten disfrutarlas sin tener derecho a ellas.

Es preciso proteger, a ultranza, a quienes las padecen con el fin de evitar que la presión social de una sociedad repleta de prejuicios y estereotipos influya negativamente en el sujeto, hasta el punto que le incapacite más que su problema, siendo la causa de que sufran por ello multitud de vejaciones, que atentan su autoconfianza y deterio- ran su autoestima.

Como nos recuerda Verdugo (1995) pag. 3:

“El campo de las deficiencias, discapacidades y minusvalías ha estado en transición en las últimas décadas, evolucionando paralelamente a la emer- gencia de los derechos de las personas con retraso mental. En la actualidad, son comunes las referencias a la normalización, desinstitucionalización, ambiente menos restrictivo, integración, enfoque comunitario, inclusión y conceptos similares”.

En las págs. 5 y 6 del citado texto, manifiesta:

“... Todas las personas con incapacidad a menudo han sido injustamente identificadas con limitaciones intelectuales o disfunciones psicológicas. ...quizás por ello se ha derivado un uso de terminología estigmatizadora y discriminadora para identificarlas. A ello se añade la imagen negativa de la discapacidad, a la que contribuyen significativamente los medios de comu- nicación social, presentando aspectos negativos o compasivos sobre estas personas que siempre presuponen su infelicidad o inadaptación social”.

10. ¿Comunicación escasa o excesiva?

Es un tópico aludir a los problemas de comunicación como causa de infinidad de problemas. Los propios psicólogos hemos contribui-

do a crearle. Evidentemente es un asunto importante y notable, en los comentarios acertados y oportunos se encuentra la clave de la solu- ción a múltiples problemas cotidianos.

El asunto comienza por la dificultad extrema de expresar correc- tamente lo que sentimos y pensamos, continúa por la voluntad y el interés que al relacionarse se encuentra en las intenciones de emisor y receptor y termina por los variopintos e infinitos modos que las per- sonas tenemos de entender lo que nos trasmiten los demás desde la palabra y el gesto.

En el transcurso de ese proceso suceden además muchas interfe- rencias (“ruidos”) que tergiversan el mensaje. Alguno de esos “rui- dos” son interesados, como sucede con los rumores y otros obedecen simplemente a distracciones provocadas por otras personas, o estí- mulos del ambiente, como por ejemplo el teléfono móvil, que se entromete en nuestra vida sin pedir permiso y que en la actualidad se constituye en un sistema de interferencias a la comunicación por excelencia, cuando su objetivo debiera ser sin duda facilitarla.

Además muchas personas sólo están interesadas en “explicarse”, hasta el punto que como clínicos hemos detectado una auténtica obse- sión en ese sentido, a la que hemos bautizado con el nombre de: “Espe- ra que te explico...”, que padecen un buen número de contemporáneos que inician así sus interminables monólogos, rematados por la coleti- lla: “has entendido” o la consabida: “sabes lo que quiero decir”.

Otras por contra se aíslan y “despistan” en su interior y cuando asienten a sus interlocutores con un gesto o una sonrisa conmiserati- va en realidad están pensando en Babia. Algunos de estos “escucha- dores” natos están atentos a diálogos o monólogos inacabables, hacen como que entienden y refuerzan mucho, especialmente a sus supe- riores si les encanta que les escuche, pero en realidad no se enteran de nada. Serían incapaces de hacer un resumen mínimo de lo escuchado. Otros “oyentes” son mucho más egocéntricos y aunque escuchan lo hacen por educación e inteligencia, pero con la insana intención de no tener en cuenta para nada las opiniones y comentarios de quien les

habla: poseen sus propias ideas y son inamovibles. Son los que se lo saben todo. Los más listos de este grupo piensan así pero intentan disimular, los que no lo son tanto, dan claras muestras de desacuerdo permanente, antes de que su interlocutor termine de hablar.

Las reacciones humanas a la comunicación son muy variadas y sugerentes, hemos querido únicamente mostrar dos posturas extre- mas, de las infinitas que pueden observarse en el amplio muestrario de las expresiones gestuales y verbales: hablar mucho y callar dema- siado.

Quisiéramos por último resaltar que es importante el valor del silencio y no únicamente el de la palabra y el gesto.

El silencio en el momento oportuno con más frecuencia de lo que pudiera creerse resulta el mejor medio de comunicación que existe. Su eficacia está demostrada en las situaciones conflictivas, para no ponerse a la altura de muchos energúmenos, a los que luego más tar- de, cuando se calman, se les pueden solicitar otro tipo de argumentos comunicativos. Es triste que demasiadas personas continúen creyen- do con convicción que en situaciones de enfrentamiento, la razón está de parte de quien más potente y mal educada tenga la voz.

11. ¿La imaginación... al poder?

La cabeza de casi todo el mundo se encuentra siempre situada entre la realidad y la fantasía. Los literatos nos animan a no ser tan realistas y dejarnos llevar por sus alas. Muchas realidades jamás lo hubieran sido si no hubieran sido “fantaseadas” previamente. Los inventos y descubrimientos de cualquier clase pertenecen a ese ámbi- to y por supuesto las creaciones artísticas.

Son muchos los profesores que animan a trabajar la fantasía de los niños y efectivamente, parte de la clave de la creatividad parece resi- dir en ella. Decimos parece porque la realidad no está tan clara. Los estudios realizados sobre las creencias de muchas personalidades relevantes, demuestran que se han apoyado tanto o más que en la fantasía en una ingente cantidad de esfuerzo sostenido en el tiempo,

así como en un continuado aprendizaje de habilidades correspon- dientes a su área de especialización.

El esfuerzo sin imaginación y fantasía, se hunde irremediable- mente en la rutina y el hastío y... ¿qué ocurre con la fantasía sin el esfuerzo? Es evidente que se margina de la realidad.

La capacidad infinita de fantasear permite recrear posibilidades inagotables que son sólo proyectos hasta el instante en que, gracias al esfuerzo, la energía creativa humana se concentra en uno (o más) de esos objetivos e intenta realizarle.

Incluso la labor artística o creativa sigue esta ley: Sin imaginación y fantasía (cualidades notablemente semejantes y distintas a un tiem- po) no es posible crear, y sin el esfuerzo y la tensión de la acción, es imposible llevar esa creación al mundo de la realidad.

Y el mundo de la realidad es limitado. El camino de la imagina- ción a la realidad es exactamente igual que un embudo. La primera es la parte ancha y la segunda, por supuesto la estrecha. Sin esfuerzo la creación no toma forma y sin fantasía, no hay creación sino repetición. Es parte del drama humano. Y del equilibrio o la desestabiliza- ción. Un exceso de fantasía puede llevar a la inacción total y absolu- ta. Ocurre a muchas personas que se drogan, única y exclusivamente para recrear en su fantasía lo que no se sienten capaces de realizar en la realidad. No hace falta drogarse para que la fantasía atrape una mente. La timidez la atrapa igualmente. La persona tímida prefiere fantasear que afrontar el temor que le produce la realidad.

En el extremo opuesto, quienes se adhieren a un realismo extre- mo y son incapaces incluso de visualizar imágenes bellas que han visitado en el pasado, se empecinan en no querer “ver” nada que no pueda ser visto con sus ojos y tocado con sus manos. No se permiten soñar y su rigidez extrema, les proporciona extrañas y peregrinas ide- as sobre el orden absoluto del universo, que son más peligrosas cuan- to más poder lleguen a poseer. No se permiten ningún tipo de riesgo, desean asegurarlo todo y dejar los sueños para un “mañana” en el que en realidad creen escasamente.

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