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Outcome 05: Social Care Needs Theme: Effective Services

La investigación en torno al campo de los sentimientos morales ha sido un área poco explorada, esto debido a la primacía del interés investigativo por la dimensión cognitiva del desarrollo moral (justificaciones y razonamiento moral). Como ya fue señalado, esta tendencia se debe a la influencia que han tenido las teorías tanto de Piaget como de Kohlberg en torno al desarrollo emocional. Respecto a ellas Hoffman (2004) señala que

La creencia de Piaget de que el desarrollo cognitivo contribuye a la madurez moral ha estimulado una investigación muy abundante. (…) Investigaciones recientes que minimizan los requisitos, cognitivos y lingüísticos por parte de los sujetos muestran, sin embargo, que incluso los niños de cuatro años tienen en cuenta las intenciones cuando hacen juicios morales. (p. 23)

A partir de la investigación Hoffman (2004) igualmente señala, las divergencias críticas frente a la teoría de Kohlberg, indicando que “los estadios no parecen ser homogéneos o formar una secuencia invariante (…) Aún cuando existen bajas correlaciones positivas entre el razonamiento moral y la conducta moral, los estadios no están asociados con pautas distintivas de conducta (p. 24).”

Según esto, ni el desarrollo cognitivo como prerrequisito a la aparición de los juicios morales propuesto por Piaget, ni la sucesión unilineal y sin retroceso de las etapas de desarrollo moral propuestas por Kohlberg, parecen ser tales. Hoffman señala en esta dirección, la diversidad de estudios con niños pequeños que muestran en ellos el surgimiento muy temprano no sólo de juicios morales y de la capacidad para realizarlos, sino que adicionalmente, afirma que en el

terreno de la afectividad moral, el surgimiento de los sentimientos morales (la aflicción empática particularmente) y la empatía es igualmente temprano.

Esta serie de hallazgos, ponen por presente, desde la óptica particular de la investigación realizada, que la revelación de las relaciones entre la moral pensada y la moral actuada, y la forma en que se desarrollan los procesos cognoscitivos y la afectividad moral, y la manera en que estos interactúan, es aún un ámbito con vacíos conceptuales. En particular, los estudios relativos a la influencia de los sentimientos morales en el nivel local es escasa y ha estado asociada a la relación entre estos y la justificación moral (Quintero & Vasco, 2007), y la influencia del desarrollo moral, las emociones y la identidad sobre la acción moral (Rodríguez, 2003).

En cuanto a los resultados obtenidos durante el proceso de investigación, se puede afirmar la correspondencia entre estos hallazgos y los referentes teóricos presentados por Hoffman (2002).

En primer lugar, se advierte la consistencia entre la suscitación de sentimientos morales y el desarrollo de cursos de acción por los jóvenes participantes, por lo menos en el conjunto de autorelatos que mostraron consonancia moral. Esto confirma la relación que establece el autor entre los sentimientos morales y la empatía, y su relación con las conductas prosociales. Con ello se advierte, que la influencia de los sentimientos morales, es significativa, en la guía del comportamiento, haciendo en muchas ocasiones, consonante, lo que pensamos y lo que hacemos moralmente.

En segundo lugar, en términos del desarrollo moral, en los autorelatos de los jóvenes se registra la aparición de principios morales entendidos como opciones vitales interiorizadas que, son consistentes con el desarrollo moral planteado por Hoffman. Estas opciones según el autor se consolidan en la adolescencia por procesos de cogniciones “en caliente”, es decir, razonamientos vinculados a situaciones críticas en la biografía de las personas, en las cuales se dio la presentación de intensos sentimientos empáticos-morales:

La concurrencia que resulta entre el afecto empático y un principio moral crea un vínculo entre los dos, reforzado después por nuevas concurrencias. De este modo, aunque se haya oído hablar de ellos en contextos didácticos ‘fríos’, los principios morales pueden adquirir propiedades afectivas y motivacionales propias de la empatía y convertirse en representaciones con mucha carga emocional, o en cogniciones prosociales ‘cálidas’. El concepto de cognición en caliente implica dos consecuencias. La primera es que cuando posteriormente se activa un principio moral en un encuentro de esta índole, o incluso en contextos didácticos o de investigación, se suscita el afecto empático. (Hoffman, 2002, p.23)

Otra consistencia se halla frente a las circunstancias relacionadas con las disonancias entre discurso y acción, que se notaron en parte del total de autorelatos elaborados. Al respecto Hoffman (2004) señala situaciones en las que dicha discordancia se da como resultado de la sobre-estimulación empática. En ella, “aún cuando aumenta la ayuda con la intensidad de la aflicción empática, a partir de un determinado punto de aflicción empática puede hacerse tan aversiva que la atención del sujeto se dirige hacia sí mismo y no a la víctima” (p. 29). Esto explica en algunos de los casos relatados porqué a pesar de darse la manifestación de sentimientos morales (particularmente la aflicción simpatética), ésta no se acompañó de

consistentes acciones de ayuda o en algunos casos, en forma desconcertante, estos sentimientos llevaron a los narradores a huir de las situaciones o generar acciones que produjeron mayor aflicción en la víctima o en terceros.

Otro elemento a considerar, también identificado por Hoffman, es la influencia de la presión social en donde, paradójicamente, “Numerosos estudios han mostrado, en contra de las creencias intuitivas, que es más probable que una víctima reciba ayuda cuando sólo hay un testigo que cuando hay muchos” (Hoffman, 2004, 26). En los relatos de vida, fue común la elaboración de historias en donde fue escasa la aparición de la presión social, presentándose en cambio más la argumentación de las acciones morales –consonantes o disonantes- desde las opciones

personales. Quizá esto guarde relación con la ubicación de las nociones ya sea de la moral o de la ética, como opciones pertenecientes a la esfera personal, y diferenciadas de las convenciones sociales.

Por otra parte, la mayor tendencia a ayudar a alguien de acuerdo a su estado interpretado de vulnerabilidad, y aun más cuando hay mayor cercanía afectiva y relacional (por ejemplo, padres, familiares, amigos), se manifestó de igual manera en los autorelatos, en donde se evidenció una mayor disposición de ayuda hacia las personas cercanas que hacia extraños. Esto mismo aplica para los casos en que se presentaron móviles “egoístas”, en los cuales prevaleció la necesidad de autoprotección. Como Hoffman lo indica

Aunque las personas tienden a reaccionar empáticamente ante a aflicción de casi todo el mundo, también tienden a ser parciales cuando las víctimas pertenecen a la familia o al grupo primario, o son

amigos íntimos o personas de características similares a las suyas; y en pro de las víctimas presentes en la situación actual. (Hoffman, 2002, p.21)

En general, el conjunto de hallazgos identificados en la presente investigación, encuentran correlación con los reportes investigativos señalados por Hoffman.

En cuanto al objetivo de indagación, referente a la comprensión de las relaciones entre afectividad moral- comportamientos y pensamientos, se pudo concluir que se corroboró una clara influencia de los sentimientos morales en la guía de los actos morales, suscitando así la consonancia entre moral pensada y moral actuada en la vivencia de las experiencias

significativas relatadas. Sin embargo, esta correspondencia, como era de esperarse desde la fundamentación teórica, no fue total. Factores como la sobreestimulación empática y la presencia de móviles egoístas (Hoffman, 2002), la presión social, y el propio nivel de desarrollo de cada joven, actuaron como elementos generadores de disonancias en el total de relatos recolectados.

En último lugar, se advirtió en parte de los autorelatos, la permanencia en el tiempo de la influencia de los sentimientos morales –en particular de la culpa por inacción-, más allá de las situaciones narradas. De hecho, en la trayectoria de los relatos de vida, especialmente aquellos que cobijaron temporalidades extensas –ya sea de meses o de años incluso-, esta influencia, adquirió sentidos y significaciones cambiantes, que tal como se pudo indicar en el análisis de las formas temporales de causalidad, permanecen en estado latente. En el caso de la culpa, “Los hallazgos (investigativos) sugieren, paradójicamente, que la culpa que se desprende de una acción inmoral puede operar como un motivo moral” (Hoffman, 2004, p. 30).

Esto nos lleva a afirmar, que la actualización de experiencias evocadas en la biografías de los jóvenes, como ejercicio autoreflexivo, constituyó para ellos una experiencia formadora de su consciencia moral, que continúa actuando en su presente, y probablemente seguirá generando revisiones de vida en el futuro. Con ello se sustenta el valor de la ruta formativa emprendida, en la que se logró la vinculación emocional de los jóvenes participantes a la vez que la autorevisión de sus actos morales desde las vivencias personales.

En cuanto al enfoque metodológico, el enfoque biográfico-narrativo permitió el acercamiento esperado a la vivencia de los jóvenes, permitiendo develar lo invisible a los datos numéricos. La proximidad lograda a sus trayectorias vitales, permitió el acercamiento a su interioridad,

descubriendo a través del ejercicio de análisis comprensivo, los sentidos y significaciones personales, pero además, develando las relaciones causales presentes en las narraciones.

Tal como lo dice Puig (1995)

El poder de la narración para crear conocimientos en los sujetos que las elaboran o reciben no está en función de su verdad –entendida como adecuación a un referente-, sino de la plausibilidad o capacidad para mostrar la experiencia humana y para hacerla más inteligible. (p.93)

En este sentido, el empleo de las formas causales de temporalidad (Coninck y Godard, 1998) como herramientas comprensivas, permitió el hallazgo de relaciones, transiciones, puntos de conexión, quiebres y rupturas no visibles ni siquiera por los mismos participantes. La

retroalimentación de estos hallazgos se constituyó así, en una experiencia formadora, que les permitió una resignificación de sus vivencias.

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