En la década de 1960, académicos en Estados Unidos pusieron atención a los problemas sociales del tercer mundo y estudiaron la sobrepoblación. Del mismo modo, en América Latina se llegó a la conclusión de que el rápido crecimiento demográfico hacía más difícil resolver los problemas de desarrollo. En el Perú, uno de los intelectuales que introdujo al debate el tema del crecimiento poblacional fue José Carlos Mariátegui. “El Amauta”3, en su análisis social y político del Perú, Siete ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, menciona en su primera página que “el imperio ignoró
radicalmente el problema de Malthus” y deplora la ausencia de información demográfica (Donayre
3 Mariátegui fue un intelectual peruano muy influyente en la política del siglo XX. Conocido como “El Amauta”
(nombre en quechua que significa maestro y que es también el nombre de su primera revista literaria, de 1926), fue el fundador del Partido Socialista Peruano en 1928.
et al., 2012, p. 35). Más adelante, Jorge Basadre, en 1964, publicó Historia de la República, y dedicó un extenso artículo a los estudios de la población. En 1961, Augusto Salazar Bondy, escritor, filósofo y educador, también se ocupó del debate poblacional, concluyendo que los problemas poblacionales en el país se seguirían agravando.
En ese sentido, en el Perú, la preocupación por el tema de la población vino más de parte del ámbito intelectual que del ámbito estatal. Sin embargo, en 1960, durante el gobierno de Manuel Prado, hubo un intento por ejecutar un plan de desarrollo y hasta se llegó a contratar a la firma de consultores Arthur Little para estudiar un plan de desarrollo en la región oriental central del país. El estudio advertía que el Perú era uno de los países con problemas poblacionales más serios del mundo y proyectó una duplicación de su población en tan solo veinte años (Donayre et al., 2012, p. 31).
Por otro lado, es indispensable apuntar que también en 1960, al aprobarse la píldora anticonceptiva y el dispositivo intrauterino (DIU) por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los Estados Unidos, la Iglesia católica comenzó a ejercer una fuerte presión sobre los países latinoamericanos y a impedir la formación de programas de planificación familiar en sectores públicos y privados, utilizando los medios de comunicación para difundir su oposición a estos métodos (Donayre et al., 2012, p. 54).
Más adelante, entre 1962 y 1970, se iniciaron algunos estudios de población con la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo Económico Social del Perú (1970) y el sexto Censo
Nacional de Población4 (en 1950, la ONU lanzó su primer programa de Censos Poblacionales;
según los resultados del sexto de ellos, la población del país había pasado de siete a más de diez millones de habitantes5).
El CEPD, como intermediario entre el gobierno peruano y las agencias internacionales, se encargó de difundir investigación demográfica y formar especialistas en la materia. Para la realización de sus actividades, su principal contribuyente, la fundación Ford, aportó en el primer año 282 000 dólares; mientras que USAID entregó 413 000 mil de dólares entre 1966 y 1968. En 1968, el Centro organizó una conferencia sobre población y familia, mientras su equipo de empleados realizaba investigaciones sobre la actitud de las mujeres en la gestación, el efecto del yodo en la reproducción y la incidencia del aborto6. Asimismo, se brindó financiamiento para
4 En 1940 después de 64 años (1876) se realizó el primero Censo de Población y Ocupación a cargo de Alberto Arca
Parro. Este censo registro 6 207.967 habitantes, dos veces y media más que la población de 1876. Se agregó una población selvática estimada en 350 000. La cifra oficial fue de 7 millones 023.11 habitantes. Es importante anotar que de 1876 a 1940 a 1961 habían transcurrido 85 años en las que no se contempló el tema del desarrollo en el país. Donayre (2012) p. 38
5 Raúl Necochea López. La Planificación familiar en el Perú del siglo XX. (2016) P. 200 6 Raúl Necochea López. La Planificación familiar en el Perú del siglo XX. (2016) P. 211
maestrías y doctorados a estudiantes locales e, inclusive, se llegó a producir dos películas. Se establecieron también operaciones piloto sobre planificación familiar, clínicas ambulatorias del Movimiento Familiar Cristiano, clínicas de salud materna e infantil en Pamplona Alta, el programa de DIU del Hospital de Enfermedades Neoplásicas y las clínicas de planificación familiar en el Agustino y el Centro de Medicina Preventiva en Breña. En 1968, también el CEPD inició el Proyecto de Planificación Familiar, Detección de cáncer Genital y Prevención del Aborto, programa aprobado por el Ministerio de Salud.
Pero en 1968, cuando el gobierno militar asumió el poder, este tuvo una posición pro natalista y rechazó la cooperación internacional. Años más tarde, no obstante, en 1976, durante el gobierno de Morales Bermúdez, se trazaron los Lineamientos de Política de Población, documento que recoge una serie de acciones que debían de ser promovidas para lograr una paternidad responsable, como, por ejemplo, el acceso a información y servicios de planificación familiar, así como considerar que la procreación es un derecho mutuo (Guzmán, 2002, p. 191).
Desde que se inició el debate de población en el mundo, y sobre todo en América Latina, la Iglesia católica, junto con un sector de intelectuales de izquierda, adoptó una posición pro natalista. Wicht, en sus estudios, convoca a los sectores conservadores y exhorta a la Iglesia católica y a los intelectuales de izquierda a tomar una posición frente a la planificación familiar y a recapacitar sobre la importancia del tema:
La Iglesia en el Perú es muy heterogénea como el país mismo; pero en conjunto tenemos indudablemente poca reflexión y madurez teológica propia, ignorancia en vastos sectores, fanatismo y superstición en muchos, y dependencia de todo lo que nos viene de fuera, sin hacer el esfuerzo necesario de interpretación y asimilación (citado en Guzmán, 2012, p. 191). La Iglesia católica, como se menciona líneas arriba, se opuso a la introducción de métodos anticonceptivos, como la píldora, desde 1960, y aunque experimentó críticas por parte de Gustavo Gutiérrez, autor de Una Teología de la Liberación, y de J. Wicht, la Iglesia tuvo y sigue teniendo una fuerte influencia en la cultura peruana7.
7 Hasta el término de esta tesis, se sigue debatiendo en el Congreso de La Republica la legalización del aborto en caso
Figura 2. Esperanzas de vida al nacer según sexos, Perú 1950-21008.
Sin embargo, fue el sacerdote Juan Julio Wicht quien, en 1970, realizó un extenso análisis de población y también amplios estudios respecto del tema (Donayre et al., 2012, p. 74). Wicht, quien participó en el Concilio Vaticano II, en 1962, y en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en Medellín en 1968, propuso utilizar la teología de la liberación9 para
entender la problemática de la población en el Perú. Asimismo, participó en la formulación del Plan de Desarrollo a Mediano Plazo 1971-1975 y tuvo una notable intervención en las conferencias mundiales de la ONU, como la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD), celebrada en El Cairo en 1994, conferencia que más tarde dio pie a la aprobación del método de esterilización quirúrgica dentro de los Programas de Planificación Familiar, de los que también participó Alberto Fujimori10. Esta conferencia, a diferencia de otras (Bucarest, en 1974, y México,
en 1984), se concentró en el tema de la sobrepoblación y la escasez de recursos, promoviendo el control de la fecundidad como política para el desarrollo de los países (Galdos, 2013).