Corpus and Methodology of the Study
Social practice
240. La prosa ática fue, a partir de un momento, una lengua literaria más que era propia de un género, paralelamente a lo que sucedía con las otras lenguas literarias de Grecia a partir de la homérica. No era idéntica al ático hablado. Ni más ni menos que los demás dialectos hablados, éste se usaba en las inscripciones también; como el siracusano, también para el diálogo de la Comedia y, por supuesto, para el de Sócrates y sus interlocutores en las calles y plazas de Atenas.
Pero aquí viene algo que es original y nuevo: no sólo el ático literario se difundió por todo el mundo griego como casi única lengua de la prosa (siguió existiendo excepcionalmente prosa jónica y doria, por un tiempo), sino que, además, el ático hablado se difundió igualmente por todo el imperio de Alejandro, primero, y más allá, después. En uno y otro caso, se trataba, por supuesto, de un ático más o menos modificado, más o menos escindido en variantes.
Este ático es el que habitualmente se llama koiné, griego común. El término es ambiguo: aquí lo usamos referido a todo el griego común, con sus variantes popular o conversacional (vulgar a veces) y literaria. Entre una y otra se establecieron desde el comienzo relaciones e influjos recíprocos: la primera filtraba o evitaba determinados rasgos de la segunda, ésta rechaza rasgos de la popular, pero estaba sometida a su influjo. Una y otra experimentaron ya una fragmentación, ya una evolución: las estudiaremos separadamente.
Por supuesto, ambas variantes tienen muchos elementos comunes, aunque ni una ni otra son unitarias. La koiné conversacional o popular es siempre un ático más o menos jonizado, más o menos exento de las regularizaciones de la prosa; y más o menos sometido a un proceso de simplificación morfológica y evolución fonética y sintáctica, léxica también. La koiné literaria se aproxima, pero está más influida por la prosa ática y este influjo literario fue creciendo con el tiempo. Aquí están las raíces, en definitiva, como establecieron hace tiempo N. Hatzidakis y K. Krumbacher, de las dos lenguas griegas modernas, la
dimotikí o «popular» y la katharévusa o «pura», a que ya me he
referido.
241. Esta difusión de una lengua no sólo escrita, sino también hablada, que unificó vastos espacios ocupados antes por varios dialectos, es algo nuevo, aunque fuera preparada, como he venido diciendo, por las lenguas literarias precedentes, sobre todo el jonio (cuya difusión había sido, a su vez, preparada por las lenguas comunes o literarias de la poesía).
Este proceso de difusión universalista se explica por las circunstancias históricas, a partir de la creación de la Liga Marítima ateniense del 477 a. C. (y la segunda del 377 a. C.) El reino de Macedonia, el imperio de Alejandro, los reinos de los diádocos, las Ligas etolia y aquea, junto a otras alianzas o hegemonías, precisaban de lenguas comunes. La principal fue, por supuesto, la koiné jónico- ática de que estamos hablando, pero no la única. Hubo varias koinaí dorias mejor o peor establecidas: la del Este del Egeo (con centro en Rodas), la del griego del N.O., la del dorio de la Liga Aquea, la siracusana que por un tiempo dominó en Sicilia (a partir de comienzos del siglo IV a. C, luego fue desplazada gradualmente por la koiné jónico-ática y después por el latín, cf. C. Consani 1993, p. 118 ss.)
Pero todas las koinaí y todos los dialectos griegos acabaron por ser desplazados por la koiné jónico-ática tras un período de diglosia. Ésta hubo también de luchar con diversas lenguas no griegas (egipcio, arameo, licio, latín, etc.), ya aceptando elementos suyos, ya suministrándoles préstamos, ya haciéndolas desaparecer.
242. La historia es, pues, complicada. Hay que distinguir el origen de la koiné y su difusión posterior. Comencemos por el primer tema.
Se ha dicho que tanto el ático literario de fines del siglo V, continuado en el IV y convertido luego en koiné literaria, como la
koiné popular o hablada son hijas de la Liga Marítima o del Imperio
ateniense, si se quiere.
El primer punto, la creación del ático literario, ya lo he tocado: los atenienses y extranjeros que vivían en Atenas, precisamente por iniciativa de algunos de estos últimos, dejaron en un momento dado, aunque con excepciones, de escribir en jonio para escribir en ático. El poderío político e intelectual de Atenas llevó a la conversión de su propia lengua en lengua literaria. Es un caso paralelo al del castellano, el florentino o el francés de la Isla de Francia.
El segundo punto, la creación de la koiné popular, hablada, es más complejo y además hay discrepancias en la interpretación de los hechos.
Hay algo de lo que no cabe duda: ya en el siglo V el ático y el jonio se habían ido aproximando. Nada extraño, dado el peso político y de todo tipo que tenía Atenas sobre los jonios de la Liga Marítima, tanto los de las islas como los del continente, y su presencia constante en Atenas. La guerra, la política, el comercio, los tribunales, todo los
aproximaba. Es un proceso que culminó en la adopción por Atenas del alfabeto jónico en el año 403 (no tardó mucho en generalizarse en todas partes).
Nótese que desde antiguo diversas circunstancias de movilidad humana y comercial habían aclimatado en Atenas toda clase de hablas griegas. Esto lo dicen tanto Solón (24, 31 s.) como el Pseudo Jenonfonte (II 8).
243. De la influencia del jonio en la literatura ática del s. V ya me he ocupado. Y en las inscripciones áticas a partir del 450 se encuentran, igualmente, formas jónicas: los D. pl. «largos», σύν, etc. Aunque a veces puede tratarse, en realidad, de arcaísmos áticos o del ático «subterráneo» de que he hablado.
Más decisiva es la penetración del ático en Jonia a partir de la misma fecha, creando el llamado «gran ático» (Great Attic, Grossattisch), predecesor de la koiné.
La hemos visto ya en Heródoto e Hipócrates. En las inscripciones la hay desde el siglo V, cf. A. López Eire 1996b: οἰκίαν, ὄντας, ἔκγόνοις, etc. Y ciertas formas helenísticas como ναός 'templo' aparecieron en el «gran ático» de las islas mucho antes que en Atenas (en Delos en el s. IV, en Atenas circa 250).
Este «gran ático» es, como quedó dicho, un anticipo de la koiné, que es ya fundamentalmente ático, con -ρα, -ια, -οις, -αις, etc., pero con ciertas formas jónicas y otras generales o dóricas (-σσ-, -ρσ-, etc.) Y con variantes áticas como las que se encuentran en Aristófanes y Jenofonte y algo del ático vulgar estudiado por P. Kretschmer 1894, Wahrmann 1907 y E. Nachmanson 1910; y, sobre todo, con una gran dosis de léxico que es poético, jónico y, muchas veces, sin duda, ático «subterráneo». No sólo los autores antes citados (Jenofonte, el último Platón), sino también Aristóteles y luego los autores helenísticos están invadidos de él.
Así, la koiné es fundamentalmente ático aunque tenga vocabulario y algunos elementos jonios (la declinación en -άς / -ᾶδος, por ej.) y haya eliminado aticismos con -ττ-, -ρσ- y ciertos tipos flexionales. Dice κόρη, ξένος, ὅλος, etc.
244. Ahora bien, autores como V. Bubeník 1989 y A. López Eire 1993 insisten en que la participación en la koiné del ático vulgar fue escasa (no acepta formas como παῦς) y en que lo fundamental fue la difusión de un ático de clase media, administrativo y burocrático, el de las inscripciones. Insisten en la semejanza de la lengua de las inscripciones públicas áticas y de las macedonias, a partir de Filipo V, el padre de Alejandro. Sería ese ático, efectivamente, el que habría sido aceptado por la corte macedonia y, luego, por las de los diádocos. La influencia del ático de los macedonios en la expansión del griego en Asia, sobre todo a través de la fundación de ciudades, ha sido muy enfatizada últimamente.
Efectivamente, el ático de las inscripciones macedonias y de las oficiales de época helenística es el «gran ático» de que estamos
hablando, en su versión oficial o literaria (reforzada luego por el papel de la escuela y de la literatura ateniense que en ella y fuera de ella se leía). Pero este es sólo uno de los aspectos del problema. La otra vía de difusión estaba en el «gran ático» popular difundido en Jonia en los siglos V y IVv y en el de los soldados y colonos, macedonios o no, que llegaron a Asia. Así piensa C. Brixhe 1993. Y la continuidad en toda la koiné de las «variantes» áticas, morfológicas y léxicas, de que hemos hablado, incluso de formas vulgares, habla en el mismo sentido.
O sea: lo mismo que hay un ático popular (coloquial o vulgar) y otro literario, hemos de contar siempre con una koiné popular, conversacional, y otra literaria. Ni una ni otra, ya digo, son unitarias, lo detallaré más adelante; una y otra tienen mucho de común y entre ellas hay múltiples intercambios. El panorama no ha cambiado hasta la Grecia moderna.
245. Conocemos mejor la koiné literaria: no sólo por las inscripciones, también, y sobre todo, por la literatura, que ocupa toda la prosa (la poesía se escribió a partir de ahora en los antiguos dialectos, resucitados con estos fines). Aunque ya veremos que en esa
koiné literaria ha habido una escalada del aticismo y el poetismo y
que, para la más antigua, nuestra documentación es realmente escasa. Dejando aparte las inscripciones, para el registro vulgar tenemos principalmente a los cínicos y rasgos sueltos recogidos por varios autores; para el registro medio, tras Aristóteles, Menandro, Epicuro, fragmentos de diversos filósofos, Filón el Mecánico, Aristeas, Polibio, ciertas partes de los LXX, algunos papiros, algunos textos apócrifos como las Definiciones de Platón o el De decentia de Hipócrates (cf. U. Fleischer 1939) y poco más.
En cuanto a la koiné popular, hablada, tenemos que contentarnos con las «faltas» de los textos escritos, todos los mencionados y otros como los papiros privados, los LXX (literatura de traducción; pero ciertos libros corresponden a un nivel más elevado) y el Nuevo Testamento (estos dos textos tienen rasgos especiales); pueden incluirse también la Vida de Esopo y textos cínicos como los fragmentos de Bión de Borístenes. Nótese que un texto escrito, por muy «popular» que sea, siempre aspira a la corrección, a lo literario. Y que los textos literarios, ya se ha dicho, contienen «faltas» de koiné hablada. En todo caso, hay una gran correspondencia entre ambas
koinaí, por más que la literaria corrija parcialmente morfología,
sintaxis y léxico; y encubra casi totalmente la evolución fonética. Puede hacerse una descripción válida para ambas koinaí. Pero sólo parcial: por ejemplo, la desaparición del D. y de la construcción ἐν + D. apenas puede seguirse sobre los textos literarios, que reintroducen el dual, el optativo y tantas formas más que se habían perdido. Sobre esto, véase §§ 261 ss., 275 ss.
Hay, pues, insisto, dos koinaí interrelacionadas y divididas en diversos niveles; sobre sus diferencias locales y temporales hablaré en
§§ 254 ss., 259 ss.
246. Para la koiné en general puede verse, entre otra bibliografía: K. Dieterich 1898, A. Thumb 1974, A. Meillet 1975, p. 253 ss., L. R. Palmer 1980, p. 174 ss., V. Bubeník 1989, p. 180 ss., R. Browning 1993, p. 19 ss., Cl. Brixhe 1993b, A. López Eire 1993, p. 41 ss., J. Niehoff-Panagiotidis 1994, p. 195 ss., G. Horrocks 1997, p. 32 ss. Sobre el papel de Macedonia en los orígenes de la koiné, véase Cl. Brixhe - A. Panayotis 1988, A. Panayotis 1992 y G. Horrocks 1997, p. 42 ss. Para los niveles de la
koiné de los textos escritos, F. R. Adrados 1948 y 1981b. Para el griego vulgar, K.
Dieterich 1898, P. Wahrmann 1909, E. Nachmanson 1910 y H. Ljungvij 1932. Para las
koinaí dorias, V. Bubeník 1989, p. 227 ss., G. Vottéro 1996, C. Consani 1996, M.Bile
1996, etc.
He de advertir que la teoría aquí seguida es la comúnmente aceptada, aunque, como he dicho, con discrepancias sobre el papel de la lengua ática popular. Va contra la koiné como mezcla de dialectos, idea de P. Kretschmer 1901, cf. A. Thumb y otros; para la koiné como «pidgin» o «creóle», cf. J. Frösén 1974 (y la crítica en V. Bubeník 1989, p. 180 ss.)