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Gran parte del trabajo del docente de enseñanza me- dia y de la universidad se desarrolla en clase por medio de lecciones ex cathedra. Sin embargo, además de las lec- ciones tradicionales es posible organizar otras activida- des de distinto tipo: proyectos, debates, trabajos de dos en dos o en grupo, hacer que los alumnos participen en la elaboración de parte del programa o en investigacio- nes específicas. Durante las horas que dispone para su materia, el docente puede alterar estas actividades diver- sas para mantener la atención de sus alumnos.

10.3.1. La lección «ex cathedra»

La eficacia de una lección depende de la elección del tema, pero también de la habilidad del docente para pre- sentarlo de una manera interesante y agradable.

Es difícil evaluar la eficacia de una exposición en cla- se. Se trata de medir, como variable de algún modo ob- jetiva, la cantidad y calidad del aprendizaje realizado por los estudiantes, obtenido no sólo como resultado de la lección misma sino también de la reelaboración de los materiales realizada en etapas posteriores. Sin embargo.

CÓMO SE DICTA CLASE 189 esta variable es sólo aparentemente objetiva porque, en realidad, el aprendizaje depende en gran parte de las ca- racterísticas de los estudiantes. Cuando éstos son bue- nos, capaces de tomar apuntes con rapidez y de captar enseguida el sentido de las palabras del profesor, estimu- lan la realización de lecciones brillantes y ricas en conte- nidos. Esas mismas lecciones impartidas a estudiantes más lentos e incapaces de tomar apuntes son poco fruc- tíferas. Por eso, la calidad de una lección no es un dato absoluto sino que debe relacionarse con las capacidades y expectativas objetivas de los estudiantes a los que está

dirigida. . Desde un determinado punto de vista, la eficacia de

un docente se puede evaluar teniendo en cuenta dos componentes:

1. La capacidad de elaborar lecciones brillantes y ricas en contenido frente a un grupo de alumnos ideal. 2. La capacidad de transformar su lección de acuerdo a

las características reales de sus alumnos, con todas las correcciones necesarias para lograr un máximo de aprovechamiento en condiciones no ideales. Ambas componentes son indispensables y, en parti- cular, es necesario que ningún docente renuncie jamás a la primera de ellas, aun cuando los grupos de alumnos sean poco brillantes y el adaptarse a ellos le lleve necesa- riamente a bajar el nivel de la enseñanza. Dictar una buena lección es parte irrenunciable de su profesionali- dad.

Para hacer eficaz su lección y adaptarla a las caracte- rísticas de su clase, el docente puede operar sobre estas variables:

1. La velocidad de exposición; concretamente, el uso adecuado de las pausas en las partes más críticas permite a los estudiantes tomar apuntes.

2. El uso de la repetición en las exposiciones. Ya he- mos visto en los consejos para aquéllos que hablan en público (capítulo 7) que la exposición oral puede

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ser redundante, mientras que en la escrita las repeti- ciones son, por lo general, inoportunas. Repetir va- rias veces el mismo concepto es una de las técnicas más eficaces para adaptar la exposición a las caracte- rísticas de la clase.

3. El uso de múltiples ejemplos ya que, en general, es muy positivo usar ejemplos durante las lecciones para relacionar la teoría con experiencias concretas. 4. El cambio en los tonos de voz: una exposición vivaz guía la atención de los estudiantes que pueden así concentrarse sobre los puntos más importantes; en cambio, una exposición sin matices y monótona lle- va a la distracción.

5. El cuidado en poner de relieve analogías, ya sea co- nectando los conceptos nuevos con otros ya familia- res, ya sea enfatizando similitudes y diferencias en- tre los conceptos nuevos que se presentan. Las ana- logías facilitan enormemente el proceso de com- prensión y aprendizaje, y estimulan al estudiante para que razone sobre los temas tratados durante la lección.

6. El uso de preguntas extemporáneas dirigidas a los alumnos. Con ellas se mantiene despierta la aten- ción de los estudiantes; el simple hecho de saber que el docente puede hacer preguntas en cualquier mo- mento de la lección mantiene alerta la atención, es- pecialmente en los estudiantes más competitivos y deseosos de hacer un buen papel. Según el tipo de clima que reine en la clase, será posible dirigir la pregunta en general, o a individuos determinados. 7. El uso de la pizarra sobre la cual el docente escribe

las principales palabras-clave o simplemente los ítems de su exposición. En las materias humanísti- cas, el uso de la pizarra no siempre es indispensable, aun cuando puede facilitar mucho la tarea del estu- diante; en las materias científicas, la pizarra sirve para escribir las definiciones, los pasajes lógicos, los ejemplos y los ejercicios, y es el principal medio de comunicación entre estudiantes y docentes. En todo caso, es importante que al escribir sobre la pizarra el

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profesor lo haga de manera clara, ordenada y legible para todos, aun para los que estén sentados en las últimas filas.

8. El uso de recursos visuales o audiovisuales (carteles, transparencias, diapositivas, filminas). Estos medios de apoyo mantienen despierta la atención y tienen una gran inmediatez. También pueden servir para interrumpir una exposición muy larga, introducien- do un elemento de diversión en la misma.

Otro elemento con el que debe contar el docente al preparar sus lecciones es la llamada curva de atención. Por lo general, a pesar de que existen excepciones, la atención de los estudiantes decae con el transcurso del tiempo. Algunos estudios fijan entre 35 y 45 minutos el tiempo máximo de concentración que puede mantener un estudiante de instituto; este tiempo tiende a disminuir en los estudiantes de enseñanza obligatoria y a aumen- tar, pero no mucho, en los universitarios. Una vez supe- rado este límite, la atención decae y con ella la calidad del aprendizaje.

El hecho de que un docente sea capaz de dictar clase durante largo tiempo no debe sorprender: en efecto, el profesor tiene muchas motivaciones para mantener des- pierta su propia atención: el interés por su materia, el estrés que provoca el dictado de la lección y la satisfacción de hablar frente a la clase. Pero el docente debe com- prender que estas motivaciones sólo son suyas y muy rara vez las comparten los estudiantes. Por eso es impor- tante que respete la curva de atención de la manera más obvia: haciendo una pausa cada 35-45 minutos. Por lo general, estos descansos ya están contemplados dentro del horario escolar, donde las horas de clase duran en realidad cincuenta minutos y a veces están separadas por breves interrupciones. En el caso que se trate de clases especialmente largas, es oportuno introducir descansos que pueden ser ocupados de diferentes maneras (por ejemplo, con sesiones de preguntas y respuestas, o con ejercicios escritos, o bien de la forma más simple: dejan- do en libertad a los estudiantes).

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La calidad de la enseñanza depende de la relación que exista entre docente y alumno. Una relación formal y autoritaria puede generar ansiedad, miedo a equivo- carse y, por lo tanto, reducir al mínimo la interacción en- tre docente y alumno. En este caso, el docente corre el riesgo de dictar varias clases seguidas, aparentemente bien aceptadas, en el silencio general de sus alumnos, y darse cuenta sólo al realizar la evaluación de que lo ense- ñado no fue interiorizado por los mismos. Por el contra- rio, una relación demasiado informal puede hacer que el docente se vea imposibilitado de desarrollar la clase se- gún sus planes pues se ven contrariados por las continuas interrupciones, comentarios y preguntas de los estudian- r j tes, a menudo completamente fuera de lugar.

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(- - 10.3.2. Los trabajos en clase

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En la escuela de enseñanza obligatoria, el docente se ve obligado a limitar el número y la extensión de sus cla- ses ex cathedra por el escaso tiempo durante el cual sus alumnos pueden mantener la atención y la concentra- ción, y, por lo tanto, debe utilizar otros tipos de activida- des. Por otra parte, dichas actividades se pueden aprove- char para diversificar la enseñanza también en el institu- to y en la universidad. A menudo, los docentes preparan cuidadosamente clases bien organizadas y olvidan otras formas de trabajo que también pueden dar buenos resul- tados.

En el capítulo anterior vimos que cada estudiante aprende de manera diferente; por eso, al organizar las actividades de clase es necesario tener en cuenta también a aquellos estudiantes que no son sensibles a los estímu- los de una clase tradicional, ni se sienten motivados por el trabajo solitario de tomar apuntes o el estudio que vie- ne después de una clase de este tipo.

En esta sección veremos algunos tipos de trabajo en clase que pueden acompañar a esas lecciones.

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