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Mr I. Barron, Managing Director, Inmos

16 April 1974, p 2, criticized the 'reorganization complex' as a preference for making difficult choices in economic policy.

5.3 Software Engineering

En 1928 tiene lugar en La Habana la II Conferencia Internacional de la Emigración, a la que Gil Casares acude como Delegado de España, junto con Julio López Oliván y Domingo de las Bárcenas. Allí se encontraría con su primo José Casares Gil con quien compartiría gran parte del viaje. Sale del puerto de A Coruña a finales de Marzo de ese mismo año a bordo del trasatlántico Cuba, en una travesía que duró once días. Regresaría a Galicia a principios de Mayo de ese mismo año a bordo del Dresden.

217 Souto Beavís, J; Freijanes Malingre; Alonso Hortas, Hervada García (1933). Problemas sanitarios

que plantea la emigración e inmigración en Galicia. Ponencia presentada a las III Jornadas Médicas Gallegas celebradas en Lugo. Galicia Clínica 15 de septiembre de 1933.

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Imagen proveniente de Crónicas de un viaje a La Habana. 1928. Biblioteca personal de la autora.

No es de extrañar que fuese elegido, dado su estatus de tisiólogo gallego, la comunidad que mayor volumen de emigrantes enviaba a ese país y la estrecha relación que observaba entre este fenómeno y el desarrollo de la tuberculosis.

La prensa general recoge los objetivos de Gil Casares con su viaje:

“Pedir que se condicione la emigración; es decir, que se establezcan limitaciones para emigrar, claro está, con tacto, prudencia y discreción.

Hoy emigra todo el que quiere, y esto no puede, no debe ser; es una pena, un verdadero dolor el ver con qué indiferencia se consiente abandonar la patria, que mala o buena es el país natal a ciertos seres enfermos, incultos, sin inteligencia ni hábitos de trabajo alguno; sin medios económicos ni de ningún género que les ayuden allá; seres que a sabiendas de que van a perecer y morir allá se les deja partir, se les abandona, se les echa, en una palabra.

El segundo punto que quiero tocar, es consecuencia natural y lógica de este otro primero: pienso pedir que en todos los países pero especialmente en la América se cree y se establezca una Delegación oficial de Emigración, con este u otro nombre que quiera dársele, pero a cuyo frente haya un delegado oficial del Gobierno respectivo encargado de velar y atender solo y exclusivamente al emigrante nacional de cualquier clase y condición que sea, aunque, claro está, que con más solicitud y atención, si cabe, a los pobres y desvalidos que están lejos de su país.”218

De la Habana, antes de su regreso a España, a finales de abril, haría escala en New York. Las dos partes del viaje las engloba en una obra titulada Crónicas de un viaje a La Habana, había sido publicada, por partes inicialmente, en el Faro de Vigo para ser luego recopiladas y editadas como un libro en Junio de 1928.219

No considera pues el fenómeno migratorio como un hecho a frenar como otros autores como el Dr. Regueral, sino que consideraba el mismo un hecho de pujanza de la raza, defendiendo eso sí, las escuelas preparatorias de emigrantes, donde serían adiestrados antes de su partida tanto en medidas de higiene como en el desarrollo de una actividad laboral, que disminuyesen las posibilidades de pasar penurias en ultramar.

“Gracias a esos emigrantes, que así se sacrifican en provecho de sus propias familias, se sostiene el nivel de nuestra economía regional que nuestras fuentes de riqueza hasta ahora en explotación –la ganadería, la pesca, las maderas- no serían bastante para sostener. A ellos debemos los gallegos la mayor gratitud. También España se la debe, pues es muy posible que si por los emigrantes no fuese –por los gallegos, asturianos, santanderinos y vascos-

218 El señor Gil Casares y el Congreso de Emigración. El Progreso. Diario Republicano Autonomista.

Tenerife. 18 de marzo de 1928.

219 Gil Casares, M. (1928). Crónicas de un viaje a La Habana. Santiago; Tipografía El Eco de

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se hubieran desanudado para siempre todos los lazos espirituales que aun nos unen a través del Atlántico con tierras de América.”220

A su llegada a La Habana es recibido por Jesús María Bouza, presidente del Centro Gallego de la capital cubana, sociedad que tenía en el momento más de sesenta mil asociados.

Gil Casares en La Habana. Foto procedente del Archivo familia de Gil Casares.

220 Gil Casares, M. Op. Cit.

El Centro Gallego de La Habana.

El Centro Gallego de La Habana era una entidad con gran arraigo en la capital cubana. Sus orígenes datan de 1879 cuando los gallegos emigrantes decidieron asociarse con el fin inicial de dar instrucción y honesto recreo. Poco más tarde, en 1885, ante la inexistencia de una red sanitaria organizada en la isla, decidieron incluir la asistencia médica, para lo que firmaron un acuerdo inicial con la Casa de Salud privada la “Quinta del Rey”. Esta iniciativa favoreció la incorporación de socios que pasaría de 760 a finales de 1884 a 4531 en enero de 1886. Tras diferentes acuerdos con entidades privadas, en 1893, la Junta directiva presidida por Bonifacio Piñón, firma la compra de La Benéfica, una clínica preexistente y en los años subsiguientes adquiriría los terrenos próximos donde fueron construidos varios pabellones.221

Según nos relata Baldarraín Chaple, no es hasta 1899, año en el que tiene lugar la primera intervención americana, que se inicia la organización de los servicios sanitarios públicos en Cuba, con la creación de la Liga Antituberculosa en 1902.

“El problema de la tisis, como se le llamaba entonces, no había llegado a las esferas del gobierno y se mantenía limitado a la terapéutica y a los consejos dados por los médicos a sus pacientes, recomendaciones de traslados a sanatorios extranjeros o repatriación de algunos casos por las sociedades de beneficencia regionales, españolas casi en su totalidad, o el ingreso y tratamiento en las salas comunes de hospitales.” 222

221 Cabrera Déniz, G. M. (1992). La Quinta de la Salud Nuestra Señora de la Candelaria. Un gran

proyecto canario en Cuba. Coloquios de Historia canarios. Cabildo de Gran Canaria. Casa de Colón. Págs. 881-691.

222 Baldarraín Chaple, E. (1998). Apuntes para la historia de la lucha antituberculosa en Cuba. Revista

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Según relata Gil Casares, visita en tres ocasiones el hospital de San Lázaro localizado en la periferia de la ciudad de La Habana, en el pueblo del Rincón en donde se albergan 242 leprosos. Dentro del mismo recinto en casitas de madera convivían los matrimonios formados entre leprosos. Allí según comprobó, al igual que en Galicia, ninguno de las religiosas al cargo de la leprosería ni médicos que atendían a los enfermos se habían contagiado de lepra pese a la convivencia durante años. Afirmaría tras su viaje, de forma rotunda que en Cuba la lepra no se contagia.

En lo que se refiere a la ayuda que antes citábamos solicitando colaboración de los médicos en Cuba para la facilitación del retornado, y la creación de centros en España para retornados enfermos quizás la respuesta no fuese la esperada ya que estaban ocupados en otros menesteres. La situación entre los médicos del Centro Gallego cuyos hospitales, formados por pabellones dotados con modernos laboratorios y gabinetes de radiológicos que atendían una población que rondaba las 200.000 personas entre los que se encontraban españoles de primera y segunda generación y muchos nativos cubanos que así lo solicitaban y pudiesen costearse los gastos, estaban fuertemente enfrentados con los médicos cubanos que atendían otro tipo de instituciones. Tanto es así, que durante el viaje, los compañeros de profesión de instituciones fuera de los centros regionales que inicialmente recibieron a Gil Casares calurosamente, cambiaron de actitud al saber que mantenía relaciones con el Centro Gallego.

“También está agravada la situación del médico cubano –dicen- por la existencia de gran número de sociedades de carácter benéfico y de compañías mercantiles que con falsas apariencias de mutualidad y beneficencia, se dedican a la especulación sobre la salud. Se lamentan, en particular, del excesivo trabajo a que los médicos están obligados en las Asociaciones dado el gran número de enfermos hospitalizados o de consulta, de la restricción de

personal y de la exigüidad de los sueldos que oscila entre cincuenta y doscientos pesos mensuales. Protestan, por otra parte, de que en tales asociaciones reciban asistencia gratuita personas pudientes (asociadas, claro es); de las construcción destinada a enfermos pensionistas; de que esas asociaciones no admitan enfermos nativos de Cuba en sus juntas directivas, sino en sus listas de socios, hecho depresivo para los nativos cubanos, con lo cual parece que se tiende a crear un privilegio para los socios extranjeros. Hasta se alude a la inversión de los caudales de esas instituciones extranjeras en palacios ostentosos y en otros fines realizados lejos de Cuba.”223

El mismo año que Gil Casares realiza su viaje es invitado por la Institución Hispano-Cubana de Cultura por mediación de la JAE, ya desde su cátedra de Patología de la Universidad Central, el gallego Dr. Nóvoa Santos.224 Pronunció cuatro conferencias en la Universidad habanera y otra en el Centro Gallego. Sin embargo, los médicos cubanos no le permitieron pronunciar otras previstas en La Academia de Ciencias de La Habana; Santiago de Cuba o Manzanillo, debido a conflictos de intereses mencionados, entre los médicos del Sanatorio Gallego La Benéfica y los médicos de la Federación cubana.225

La explicación a estos hechos se recoge en un documento firmado por O.M. que según sus declaraciones, debía ser un médico de la federación cubana, publicado en Vida Nueva, sin datar, pero probablemente de la segunda mitad de 1928:

“Creemos que ha llegado la hora de exponer con toda claridad para información de los interesados, cuales son las relaciones que existen entre los médicos cubanos y la Asociacion de los naturales de Galicia conocida con el nombre de Centro Gallego de La Habana. Y precisa poner los puntos sobre las íes, para que no se saquen las cosas de su sitio, y de paso, aprovechamos

223 Gil Casares, Op. Cir.

224 Nóvoa Santos tomó posesión de su cátedra en Madrid a principios de 1928 (N. de la A.)

225 Fernández Teijeiro; J. J. (2003) Roberto Nóvoa Santos. La inmortalidad: dolor y saudade. Sada;

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para puntualizar otras cosas más, que la publicidad y el exhibicionismo, traen confundidas y perturbadas.

El hecho cierto es el siguiente: una asociación benéfica particular y extranjera –en este desdichado caso el Centro Gallego de La Habana- se ha puesto fuera de los Estatutos y Reglamentos de la organización oficial de TODOS los médicos de Cuba, tratando de provocar la división de esta distinguida clase profesional y de destruir, primero y ,as serio esfuerzo realizando, para la unificación de las aspiraciones y deseos de mejoramiento de los médicos cubanos. Para lograr estos fines, se han realizado toda clase de esfuerzos tendientes a desmoralizar nuestras agrupaciones, y este hecho insólito, solo ha respondido al deseo de la propia conveniencia.”226

En el mismo documento O.M. recoge que los médicos que trabajaban para el Centro Gallego habían sido obligados a abandonar la Federación cubana si deseaban seguir manteniendo su puesto.

“Ha pensado alguien, cuál sería la situación de una organización análoga a la del Centro Gallego, formada por cubanos y que en Madrid pretendiese hacer lo que hacen esos señores aquí?

(…) Tal es la cuestión, y si los médicos españoles que nos visiten, desean tener relaciones con los médicos cubanos –el 90% federados- tienen que estar absolutamente convencidos de que no pueden mantener relaciones con los médicos que prestan sus servicios en el Centro Gallego de La Habana.”227

La discusión vendría entre otras cosas, porque aunque se permitían socios, sobre todo aquellos de clase social más elevada que pudiese costearse las cuotas del Centro Gallego, solo los españoles o descendientes directos podían formar parte de la directiva.

226 O.M. (1928?). De la ética profesional. Vida Nueva. Págs. 53-55. 227 O.M. Op.Cit.

En el mismo artículo O.M. hace referencia a las visitas realizadas por Gil Casares, Nóvoa Santos y Gregorio Marañón.

“Semejante actitud por parte de los médicos extranjeros, de visita, si no perturbadora por lo menos es descortés. En buena hora, véngase a ocupar las tribunas populares, acójanse a las brillantes y estrepitosas propagandas periodísticas, pero no se pretenda ocupar la cátedra ni la Academia.

Estas consideraciones nos las sugieren las recientes visitas de los médicos gallegos, Dres. Gil Casares y Nóvoa Santos. Ambos pretendieron, equivocadamente, desconocer estos extremos y ambos han visto a su alrededor los mismos conflictos y las mismas decepciones, con la sincera pena de los médicos cubanos.”

“El Dr. Marañón llegó a Cuba precedido de una campaña de esa índole, parte para anunciar cierta institución cultural donde habría de disertar el ilustre médico español, parte por el entusiasmo patriótico de la numerosísima y poderosa colonia española en Cuba. Es el caso, que las gentes no veían en Marañón el médico estudioso, ni al clínico ni al patólogo, Marañón era un taumaturgo, probablemente le bastaría con ver los enfermos para realizar curaciones.”228

La revista Vida Gallega se hace eco de estos desencuentros y hace referencia al trato referido por los ilustres médicos gallegos salpicados por el conflicto a su llegada a La Habana por parte de los médicos de la Federación Cubana:

“La presencia de los Doctores gallegos Sres. Gil Casares y Nóvoa Santos resucitó el conflicto. A este último le dijeron que podía recibir el homenaje del Centro Gallego y –esto que viene fue una concesión posterior- visitar su sanatorio pero no podía, si no quería romper con ellos, sostener ninguna relación profesional con el cuerpo médico al servicio de la sociedad gallega.“229

228 La visita del Dr. Marañón se había producido unos meses antes, en diciembre de 1927, siendo su

primera visita a Hispanoamérica, para asistir al VIII Congreso Médico Cubano que se celebró en La Habana, en donde presentó una ponencia que versó sobre la obesidad hipofisaria. Vid Gómez- Santos, Marino (2001). Gregorio Marañón. Barcelona; Plaza y Janés.

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También se recoge en la prensa la respuesta a la afirmación en la obra de de Gil Casares de que en Cuba había dos repúblicas, la que presidía el General Machado (Presidente de la República Cubana) y el Sr. Bouza (Centro Gallego de La Habana):

“Lo ocurrido es solamente consecuencia de que, generalmente, esas delegaciones de carácter internacional para tratar asuntos determinados no son formados por técnicos de la materia a tratar, sino por eminentes personas en otras ramas, que desconocen la psicología del país que hasn de visitar en relación con el funcionamiento y el ambiente en que se desenvuelven las Sociedades españolas domiciliadoas en el país en que son huéspedes esos Delegados durante muy pocos días.

Eso trae consecuencia lo que en Madrid castizo se llama colarse. Ahora bien, hay coladuras, como ésta la de Gil Casares, que son lamentabilísimas, y como tal debemos condenarlas: pero teniendo en cuenta que ni los españoles de acá ni los de allá, ni el Centro Gallego de La Habana, tienen culpa alguna ni se los puede hacer responsables de una indiscreción producto de la ignorancia de un señor cualquiera.

Por eso aconsejamos a todos, cubanos y españoles, la mayor indiferencia hacia el inoportuno y reprochable folleto de Gil Casares, que o debe turbar la armonía en que cubanos y españoles viven ni el prestigio de las Sociedades españolas de La Habana, que tanto respecto, ayuda y admiración tuvieron siempre del pueblo cubano.”230

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