• No results found

CHAPTER 2. BACKGROUND REVIEW

2.3 The Software Engineering Design process

2.3.2 The Software Engineering Design Process

De manera histórica, México al igual que Canadá, ha definido su identidad nacional en oposición a la figura dominante de Estados Unidos. La negociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica no fue una excepción y ambos países tuvieron que enfrentarlo con escaso margen de maniobra, dados los condicionantes que rodearon todo el proceso.

190

Haciendo un breve balance podemos afirmar que las relaciones entre Estados Unidos y México han estado marcadas por altibajos desde 1848. Es a partir de este momento cuando empieza a crecer el espíritu anti estadounidense tanto entre la clase política mexicana como entre los propios ciudadanos, como consecuencia de la guerra y posterior anexión por parte de Estados Unidos de los territorios mexicanos del norte, en lo que supuso la pérdida de la mitad de su territorio.

Desde un punto de vista económico y a partir de la década de los cincuenta, la sociedad mexicana (motivada por un nacionalismo económico que pretendía, entre otras cosas, que la política económica interna fuera más independiente de la del vecino del norte), se hizo reacia a reconocer su débil posición frente a la economía de Estados Unidos368. El tiempo y la realidad se encargaron

de demostrar lo que algunos expertos ya habían apuntado, que era preferible “discutir y negociar las

controversias en el marco de un tratado comercial que en ausencia del mismo”369. En este contexto

se desarrolló lo que algunos autores han calificado como “integración silenciosa”370, cimentada por

el grado de dependencia mantenido por ambos países a lo largo de su historia.

En efecto, la subordinación de México al sistema productivo de Estados Unidos se remonta al período de consolidación de la reforma liberal, a mediados del siglo XIX, coincidiendo con la dictadura del entonces presidente Porfirio Díaz. Posteriormente, la revolución mexicana y los cambios adheridos a la misma afectaron drásticamente al vínculo con Estados Unidos. De hecho, Washington sólo reconoció al nuevo gobierno surgido de la revolución después de largas negociaciones, en 1923, con la condición de que las autoridades mexicanas no aplicaran los artículos “nacionalistas” de la Constitución mexicana sobre las propiedades norteamericanas en el país (especialmente relacionadas con el petróleo) 371...

368

Gutiérrez Haces, T., “El TLCAN en la globalización”, en Rodríguez, S., Guerra, A., (comp.), El desarrollo en América Latina y los procesos de integración sub-regional, UNAM, 213 p., especialmente p. 76.

369

Huchim, E., (ibídem p. 22). 370

Soria, V.M., “Algunas facetas negativas del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica como ejemplo para futuros procesos de integración”, Universidad Autónoma Metropolitana – Iztapalapa, México, 2000, 24 p., especialmente p. 1.

371

Benítez, R., “México-Estados Unidos: paradigmas de una inevitable y conflictiva relación”, Revista Nueva Sociedad, n° 206, noviembre-diciembre 2006, pp. 140 a 155, especialmente p. 141. Documento electrónico:

191

La década de los treinta coincide en México con el apogeo del nacionalismo revolucionario. El presidente Lázaro Cárdenas (1936-1940) representante del ala más radical de la revolución, enfocó gran parte de su mandato a poner en marcha una serie de reformas, destacando por encima de todas la nacionalización petrolera (situación que provocó tensiones a nivel internacional, debido a las presiones de los gobiernos norteamericano y británico para reintegrar a las empresas petroleras expropiadas sus propiedades y derechos372).

Durante su período presidencial, se dieron inicio a las primeras consultas informales con Estados Unidos, con el objetivo de explorar posibles marcos de colaboración conjunta. Aunque el gobierno norteamericano había manifestado un ligero interés por establecer algún tipo de vínculo, finalmente esta opción quedó descartada debido a lo que el presidente Roosevelt calificó de una «rara

complementariedad de los dos países»373. Sin embargo y como señala Lorenzo Meyer,

probablemente una de las razones principales del gobierno de Roosevelt para esta negativa fuera el proteger a toda costa y por encima de cualquier otro interés, a las empresas estadounidenses de

“cualquier ataque frontal del nacionalismo revolucionario mexicano”.

A nivel internacional, el gobierno de Cárdenas coincidió con un entorno mundial alterado por el inicio de la II Guerra Mundial, situación que paradójicamente (y a pesar de descrito en el párrafo anterior) fue aprovechada por el presidente estadounidense Roosevelt para enfocar sus esfuerzos hacia América Latina a través de su política de "Buena Vecindad" (concepto inicialmente utilizado por su antecesor el presidente Hoovert). Aplicando esta política, Estados Unidos quería evitar la influencia del fascismo y del nazismo sobre las repúblicas latinoamericanas, ofreciendo a cambio cooperación económica y el compromiso de Washington de no interferir en los asuntos internos. Para ello, el gobierno estadounidense proponía al resto de países latinoamericanos, desde una visión hegemónica, el establecimiento de una “relación especial” y hemisférica, basada en la creación de un sistema político interamericano que tendría como primera línea de desarrollo la creación de un “cordón sanitario” para aislar el continente de la influencia desestabilizadora de Europa y Asia.

372

Como señala Lorenzo Meyer, fueron muchas las presiones que el presidente Roosevelt a través de su embajador en México, Josephus Daniels, ejercieron, aunque nunca optaron por medidas drásticas para forzar al gobierno mexicano a dar marcha atrás a la nacionalización de la industria petrolera. Esto a pesar de los intereses de algunos sectores de Washington, más radicales y por lo tanto partidarios de impulsar el surgimiento de opositores gubernamentales o bien del estrangulamiento de la economía mexicana.

373

Gutiérrez Haces, T., “Background of the continental integration: Towards News Challenges for Mexico”, ensayo publicado por la Universidad de York, Toronto, Canadá, 1991.

192

La iniciativa de Buena Vecindad de Estados Unidos estableció un nuevo esquema de prioridades en las relaciones con México. El interés ya no radicaba en la protección comercial de las empresas estadounidenses, sino en el establecimiento de una línea de cooperación con el gobierno mexicano que apoyara la puesta en marcha de una política de seguridad hemisférica, como estrategia para hacer frente a las corrientes nazis y fascistas. De alguna manera, la inestabilidad internacional derivada del conflicto bélico puso límites a las presiones de Washington sobre México, especialmente en lo relacionado con su política de nacionalización (finalmente Estados Unidos y Reino Unido abandonaron su empeño de obligar a México a readmitir la presencia de capital externo en su industria petrolera en la década de los cincuenta).

En 1940, coincidiendo con unas controvertidas elecciones en México que daban como ganador a Ávila Camacho, el gobierno norteamericano se decantó por apoyar el triunfo del candidato oficialista en aras de la defensa de su política antifascista mundial. Como indica Lorenzo Meyer, para Washington, Ávila Camacho representaba la seguridad de que había llegado el fin de la etapa radical de la Revolución mexicana, pues el candidato opositor (General Almazan), mostraba claras simpatías por las teorías pro fascistas y anti norteamericanas.

En este contexto y a pesar de las diferencias existentes, a principios de los años cuarenta comenzó un acercamiento entre los gobiernos de Estados Unidos y México, en vistas a la firma de un primer acuerdo bilateral de carácter comercial. Estas negociaciones provocaron vivos debates internos, debidos en gran parte al papel que México debía de jugar frente al país vecino. El resultado fue un acuerdo según el cual Estados Unidos adquiría el derecho, con carácter exclusivo y durante dieciocho meses, a toda la producción exportable mexicana. Esto tenía especial interés si consideramos el contexto de la II Guerra Mundial y la necesidad estratégica de Estados Unidos de abastecerse durante el conflicto bélico. Por su parte, México se comprometía a flexibilizar las barreras existentes en materia de importación, lo que generó serias dudas en relación al riesgo de la pérdida de competitividad de la industria nacional374. En esta primera etapa llama la atención que

las presiones norteamericanas tenían como objetivo la exigencia de mayor seguridad jurídica para los inversores norteamericanos, desconfiados de la política proteccionista y de las tendencias

374

Ya en este período se manifestaban disparidades serias entre las dos delegaciones, ligadas al hecho de que los americanos exigían respeto en términos de la igualdad de las condiciones del Tratado, lo que provocaba una cierta desconfianza en los mexicanos, conscientes de las asimetrías existentes entre ambos países. De igual manera, el hecho de “vender” la totalidad de la producción exportable a un único mercado suscitó numerosas críticas debido al recelo de una futura dependencia.

193

expropiadoras de los gobiernos mexicanos (posición que rebrotaría años más tarde en el curso de las negociaciones del TLCAN).

El acuerdo se firmó en 1942, después de dos años de negociación, afectando la reducción aduanera a cerca del 50% de los productos incluidos en el sistema general de importación mexicano de la época. Por su parte, el gobierno mexicano se reservó una serie de privilegios para ciertos sectores sensibles. Este acuerdo tuvo escasa aplicación (hasta 1950) y abrió la discusión en torno a las ventajas de ingresar al GATT o firmar un nuevo acuerdo comercial (ninguna de estas opciones fue finalmente adoptada)375.

Como señala Gutiérrez Haces, este período de la década de los cuarenta se dio en un entorno marcadamente nacionalista, en el que ambos países buscaban consolidar los proyectos internos. En el caso de Estados Unidos una vez ganada la guerra y a partir de 1947, los esfuerzos se enfocaron en afianzar su hegemonía a nivel internacional. En este contexto, la protección de los intereses hemisféricos estadounidenses obligaba a reforzar los lazos de vecindad con México y Canadá376.

El final de la década de los cuarenta y principio de los cincuenta estuvo marcado en México por la consolidación de las reformas políticas y económicas realizadas bajo el proceso de reconstrucción nacional de los sexenios precedentes. Este período coincidió con la presidencia de Miguel Alemán, que puso en marcha un modelo de gobierno calificado por algunos autores de “autoritarismo

presidencial de corte moderno”377 , caracterizado por contar con el fuerte apoyo de un PRI

renovado, la consolidación de un estado institucional y, por último, a nivel internacional, por continuar los compromisos contraídos durante la postguerra con Estados Unidos. Esto último explicaría que el mandato del presidente Alemán estuviera marcado por el arranque de una reforma política basada en la defensa del sistema liberal-capitalista, con especial interés por parte del gobierno por acelerar el proceso de industrialización del país mediante la llegada de inversión

375

Como señala Gutiérrez Haces, el proteccionismo mexicano había molestado inicialmente a Estados Unidos, que en la década de los cuarenta se había enfocado en liderar un proyecto basado en el libre cambio multilateral a través del GATT. El gobierno mexicano no se interesó por esta propuesta, pues temía que pudiera afectar a su modelo de industrialización por sustitución de importaciones con inversión extranjera. Gutiérrez Haces, T., “El TLCAN en la globalización”, (ibídem p. 81).

376

Gutiérrez Haces, T., “El TLCAN en la globalización”, (ibídem p. 80). 377

Delgado Cantú, G.M., Pérez Rangel, R.G., “Historia de México. México en el siglo XX”, especialmente p. 264.

194

extranjera directa. Además y en clara sintonía con el gobierno de Washington, se impuso el rechazo al comunismo lo que se lograba con la abierta adhesión mexicana a los principios de la doctrina Truman.

En efecto, la doctrina Truman378 tuvo su impacto en México y una de sus primeras manifestaciones

fue el giro ideológico que tomó el Partido Revolucionario Institucional, que con la puesta en marcha de un nuevo esquema de afiliación, pretendía erradicar a los seguidores comunistas de sus filas y de la vida pública en general379. Impulsado por el PRI, el país entró en una fase marcada por el

binomio nacionalismo y anticomunismo, para lo cual se hizo uso de la denominada “doctrina de la mexicanidad”, según la cual, se haría valer la soberanía e independencia del país sobre cualquier injerencia extranjera.

Desde el punto de vista económico y comercial, el gobierno de Alemán puso en marcha un modelo industrial de desarrollo basado en la sustitución de importaciones, lo que provocó fuertes presiones estadounidenses, dado el interés en que México levantara las barreras proteccionistas y adoptara el sistema de libre comercio coincidiendo con la creación del GATT (algo que al final no consiguió dada la firmeza del gobierno de México en mantener su política proteccionista). De la misma manera y en sintonía con su política nacionalista, el gobierno mexicano anuló el tratado comercial de 1949 que mantenía con Estados Unidos, dejando abierta inicialmente la posibilidad de negociar uno nuevo en condiciones menos desfavorables para el país. Sin embargo, esta opción no llegó a concretarse pues a partir de entonces Estados Unidos impuso como condición no negociar acuerdos comerciales con países que no pertenecieran al GATT.

Otro de los temas objeto de debate fue el de la migración. Después de terminar el conflicto bélico, numerosos braceros dejaron de ser requeridos por Estados Unidos. Su situación fue resuelta mediante la firma de un Acuerdo en 1947 que establecía que los contratos debían establecerse entre trabajadores y empleadores, sin necesidad de ser avalados por Estados Unidos. A su vez, los

378

Se entiende por Doctrina Truman el conjunto de ideas expresadas por el presidente estadounidense Harry S. Truman , en marzo de 1947, en las cuales se anunció el inicio de una nueva etapa de las relaciones exteriores de Estados Unidos, marcada por la lucha contra el comunismo y la defensa de la democracia y la libertad.

379

Para entender la situación hay que ubicarse de nuevo en el sexenio anterior de Ávila Camacho, que coincidió con el periodo bélico. En aquel entonces, México en sintonía con Estados Unidos, estableció su lucha contra el fascismo y el nazismo y dio cobijo a un gran número de seguidores marxistas, que ocuparon puestos importantes no sólo en los sindicatos sino también en el partido oficialista, sin que por ello se pusiera en tela de juicio la estabilidad del país. Sin embargo, la llegada al poder de Miguel Alemán, el cambio de escenario internacional y la Guerra Fría, hizo que los militantes de izquierda fueran vistos como servidores del comunismo internacional y, por lo tanto, fueron marginados de la vida pública y política mexicana.

195

trabajadores ilegales serían devueltos a México. La tensión se relajó algo con la Guerra de Corea de 1950 y la demanda de trabajadores por Estados Unidos.

El modelo económico desarrollista puesto en marcha bajo la presidencia de Miguel Alemán continuó en los años posteriores, al sucederse en el gobierno los presidentes Ruiz Cortines (1952-1958), López Mateos (1958-1964) y Díaz Ordaz (1964-1970).

El primero, Ruiz Cotines, se enfocó en lograr la estabilización política del país tras un período marcado por el fuerte autoritarismo del presidente Alemán y de hecho enfocó su mandato a imprimir una imagen de austeridad a su gobierno y a la resolución de los problemas sociales (dejados de lado por su antecesor en aras del desarrollo económico). Durante su mandato, las relaciones con Estados Unidos continuaron siendo amistosas, salvo algunas críticas de ciertos sectores a la invasión estadounidense de Guatemala en 1954. Prueba de esta relativa sintonía fue la construcción de obras de infraestructura de envergadura (presa Falcones) que ponían de manifiesto el clima de confianza existente sobre un tema antaño controvertido (soberanía sobre ríos limítrofes).

El escollo más importante en este período volvió a ser de nuevo el tema de los trabajadores migrantes en Estados Unidos. Los empresarios agrícolas norteamericanos insistían en renovar el acuerdo firmado en 1951 de tal manera que se incluyeran aspectos más favorables para la contratación. Puesto que el gobierno mexicano no puso disposición para renovar el acuerdo, Estados Unidos anunció en 1954 que procedería a la contratación de trabajadores mexicanos bajo su única supervisión, lo que provocó oleadas de migrantes mexicanos tratando de cruzar la frontera, pese a las barreras puestas por el propio gobierno mexicano. Finalmente, la situación se resolvió mediante la firma de un acuerdo en 1954 que reconocía algunas concesiones al gobierno de México (como que las contrataciones se hicieran en la frontera). El acuerdo ayudó a establecer un marco regulatorio en el tema de la inmigración ilegal, la cual se redujo de un millón en 1954 a 72.000 trabajadores, como consecuencia de la aplicación de la “operación wetback”, por la cual Estados Unidos devolvía a México Los trabajadores ilegales. Por otro lado, el número de trabajadores legales aumentó hasta 436.000 en 1957380

A nivel internacional, este período coincidió con el interés de Mexico por integrarse en la Organización de Estados Americanos (OEA), creada en 1948 y que a su vez pretendía establecer un vínculo con Estados Unidos para acceder a ciertos apoyos económicos, sin que ello conllevara la

380

196

intervención estadounidense en los asuntos internos de la Organización. En este contexto, los esfuerzos del gobierno mexicano se enfocaron en salvaguardar su clásica política exterior de no intervención y libre autodeterminación de las naciones, que se vio alterada por las intenciones de Estados Unidos sobre Guatemala (bajo la influencia de un gobierno comunista) y la débil respuesta del organismo interamericano ante dicha acción, lo que acabó provocando una actitud de reserva por parte del gobierno de México.

La llegada de López Mateos a la presidencia trajo nuevos aires de apertura a nivel político (lo que se ha dado en llamar “revolución equilibrada”), así como una cierta inclinación hacia la izquierda (impulsadas por el triunfo de Fidel Castro en la Revolución Cubana). Esto unido a la excesiva vinculación con Estados Unidos, propició un mayor interés del gobierno mexicano por abrirse a nuevos mercados, de tal manera que se diversificara la política exterior del país.

Por último, la llegada al poder de Díaz Ordaz supuso una ruptura con el relativo periodo aperturista anterior y la vuelta a un esquema rígido y autoritario de poder, cuyo máximo exponente fueron los acontecimientos de 1968 contra los sectores sociales más progresistas que desembocaron en la matanza de Tltatelolco en octubre de ese año381. Precisamente, estos acontecimientos fueron un

punto de inflexión importante en la reciente historia de México, en la medida en que marcó un cambio de rumbo en la forma de hacer política del gobierno mexicano.

A nivel económico, el sexenio de Díaz Ordaz sirvió para fortalecer el modelo financiero de México, pues los recursos del sistema bancario se duplicaron y se destinaron, mayoritariamente, al sector industrial y de comercio. Podría decirse que en 1970 los avances económicos experimentados por el país eran constatables (pues su economía había dejado de ser básicamente agrícola para convertirse en urbana e industrial), aunque el modelo de desarrollo empezaba a mostrar los primeros síntomas de debilitamiento, debido principalmente a las prácticas proteccionistas desarrolladas en los años previos.

En cuanto a las relaciones con Estados Unidos, estas fueron prioritarias dentro de la agenda gubernamental mexicana, tanto a nivel político como económico, como así lo demuestran los diferentes acuerdos bilaterales firmados, en áreas como:

381

El 2 de octubre de 1968 tuvo lugar una represión policial contra un numeroso grupo de jóvenes reuniones en la Plaza de Tlatelolco en la Ciudad de México. El origen de los disturbios (que acabaron con miles de muertos) se remonta a los meses previos, a las demandas sociales y democráticas de amplios sectores estudiantiles y de la clase media ilustrada.

197

- Acuerdo de 1965 para reducir el contenido salino de las aguas del Río Colorado, en la frontera entre ambos países;

- Acuerdo para la rectificación del cauce del Río Bravo, de 1967, que permitió anexar al territorio mexicano una pequeña franja cercana al río;

- Acuerdo de 1968 por el que se establecía una franja común de pesca, comprendida entre