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Soil sampling and analysis (2010)

5. SOIL MICROBIAL BIOMASS AND NUTRIENT AVAILABILITY IN A CONTINUOUS

5.2.3 Soil sampling and analysis (2010)

En casa tengo algo que me gustaría enseñarte. Se trata de un libro llamado Popol Vuh. Per nos lo regaló, dijo que es el libro sagrado de los antiguos mayas.

Per nos contó que cuando los españoles conquistaron Guatemala, juntaron todos los libros sagrados de los mayas y los quemaron. Los sacerdotes españoles bautizaron a todos los hombres que encontraron en estas tierras y a algunos los llevaron a vivir en sus casas para que en verdad cambiaran su religión y aprendieran bien la Biblia. Cuando los nativos pudieron leer y escribir en español, comenzaron a contarles a los sacerdotes acerca de sus creencias y de cómo fueron creados la tierra, los animales y los humanos. Fue tanto el interés de uno de los sacerdotes, que pidió a los indígenas escribir todas esas historias y eso es lo que está en el libro que tenemos en casa”.

He aprendido las primeras líneas de memoria. Dicen así:

'Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado y vacía la extensión del cielo.' ¿No es hermoso?, ¿quieres que te cuente más?"

Aschlop guardó silencio. No sabía qué hacer. Si el abuelo quería oír algo más de aquel libro, debía darle una seña. Pero la joven no escuchó nada. Miró a su alrededor. Esperaba ver un búho volar por el bosque para continuar su relato. Y es que el búho era el nahual del abuelo. Pero tampoco voló ningún búho. Entonces pensó en los peligros que pudiera haber a su alrededor. A lo mejor era la última vez que iba a poder sentarse junto a la tumba del abuelo y platicar con él.

"Voy a contarte un poco más del Popol Vuh. Al principio no había ni un hombre ni un animal, pájaros, peces, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques; sólo existía el cielo. Pero los dioses se reunieron e hicieron un plan para la creación. Entonces crearon la tierra. Como por arte de magia, crearon las montañas y los valles, en un momento surgieron bosques con ceibas y pinos sobre la tierra. Crearon a los animales: los venados, los pájaros, los jaguares, las serpientes grandes y las pequeñas, los guardianes de los bosques. Pero los dioses no podían hacer que los animales hablaran. Querían que dijeran sus nombres y les agradecieran por lo que habían hecho. Pero los animales sólo gruñían y hacían ruidos."

"Los dioses no estaban contentos, querían que los adoraran con sacrificios y les rezaran. Por eso decidieron tratar una vez más. Querían crear al hombre. Entonces lo formaron con barro. Pero pronto se dieron cuenta de que su creación no había sido muy buena, pues los seres que habían hecho eran blandos, no podían sostenerse por sí mismos, no se movían ni tenían fuerzas y su mirada era turbia. Además carecían de inteligencia.

- Estos seres no pueden caminar, ni reproducirse -dijeron los dioses-. Debemos tratar de nuevo, pero antes de empezar hay que destruir estas obras.

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La siguiente vez lo intentaron con madera.

Y al instante fueron hechos los muñecos labrados en madera. Se parecían al hombre, se movían, hablaban y tuvieron hijas e hijos. Pero carecían de alma e inteligencia. Inmediatamente se les olvidaba quién los había creado. Y sólo caminaban, sin rumbo sobre la superficie de la tierra."

"Los dioses tampoco estaban contentos. Por eso provocaron un gran diluvio que cayó sobre los muñecos de palo. Se dice que la descendencia de aquellos son los monos. Se parecen a nosotros, los humanos, pero sólo de madera fue hecha su carne."

"Poco faltaba para que aparecieran el sol y la luna y las estrellas cuando los dioses se reunieron y celebraron consejo para tratar de hacer nuevamente al hombre. Esta vez pensaron en utilizar el sagrado maíz. Tomaron maíz blanco y amarillo y lo molieron. Únicamente masa entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados. Los hombres de maíz podían ver, hablar, oír, caminar y sujetar cosas. También eran muy sabios. Todo lo oculto lo veían sin tener que moverse; de inmediato veían el mundo desde donde estaban. Su sabiduría era grande. Sus miradas alcanzaban los bosques, montañas, lagos, océanos y valles. Dieron las gracias a los dioses por haberlos creado, pero también decían que poseían toda la sabiduría.

Eso no les gustó a los dioses.

-Debemos detenerlos -dijeron-. No deben ser nuestros iguales. No puede haber seres que lo sepan y abarquen todo.

Entonces, los dioses les echaron un vaho sobre los ojos, los cuales se empañaron como cuando se respira frente a un espejo. Y así los ojos de los seres eran nebulosos y sólo podían ver y entender lo que estaba muy cerca."

"Bueno, así fue como los dioses crearon a los hombres de maíz."

"Abuelo, ¿recuerdas que tú me contaste esto cuando era niña? Cuando Per leyó en voz alta el Popol Vuh, recordé que tú ya me lo habías contado. Te lo he contado para que sepas lo que he aprendido. En el libro también hay otras historias. Papá Kuschín acostumbra leérnoslo en voz alta por las noches. Yo también hago lo posible por leerlo, pero es difícil, porque aún no leo muy bien.

Ahora entiendo por qué nos contabas tantas cosas a Pascual y a mí cuando éramos niños. Nos hablabas del sol y de la luna, del calendario maya, donde cada día es un dios. Contigo también aprendimos cuáles días son buenos y cuáles son malos. Entiendo que nos lo contabas para que aprendiéramos, pero yo estaba muy pequeña y Pascual murió. Pero cuando nos dieron ese libro, reconocí cosas que me habías enseñado y decidí aprender todo lo que hay en él y mucho más. Te prometo, aprenderé todo lo que pueda de nuestras cosas antiguas."

Mateo

Abuelo, no fuimos los únicos que buscamos refugio en México. Ahora que sé español entiendo lo que dicen por la radio. Tenemos uno en casa y lo oigo con frecuencia. Una vez escuché al Presidente de México. Dijo que habíamos doscientos mil refugiados guatemaltecos en México, casi todos indígenas."

"La mayoría no vive como nosotros, sino en campos de refugiados. He estado en uno de estos albergues, pues está bastante cerca de la finca. Ahí viven varios miles de refugiados, todos muy apretados. Los hombres no tienen milpas, ni nada que hacer durante el día. Muchos discuten y se pelean."

"En la finca las cosas son diferentes; ahí la gente disfruta de un poco de alegría. Es cierto que vivimos en otro país, pero nunca nos sentimos solos. Sabemos que tenemos amigos en Suecia, que piensan en nosotros y nos ayudan, trabajamos juntos y nadie se pelea. En Kolchaj Nak Lu'um hay alegría. Desde luego que hay momentos de tristeza. En el fondo de su corazón, cada uno lleva una gran tristeza por lo que sucedió en Yalambojoch y San Francisco y por las cosas que tuvimos que dejar. Sé que papá Kuschín piensa mucho en Yalambojoch. '¿Qué pasó con mis vacas?', dice, '¿Habrá nuevas personas en el pueblo ahora? ¿Quién sembrará en mi terreno?'. Mamá Juana también piensa todo el tiempo si la abuela aún está viva. También piensa en la casa. ' ¿Estará ahí todavía? ¿Volveré a verla algún día?'."

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-Los grandes no pueden sentirse totalmente felices con lo que tenemos, porque su corazón está en Yalambojoch -decía Mateo-. Tenemos que hacerles olvidar lo pasado. Es el mismo sol y la misma luna y la misma tierra. ¿Qué importa en qué país vivamos? Además, aquí estamos mejor."

"Pero un día, Mateo, tu nieto valiente, decidió regresar a Guatemala. Dijo: 'Voy a enterarme de cómo está Yalambojoch y Guatemala ahora'. Papá y mamá no van a estar tranquilos hasta saber lo que ha pasado. Por la radio escuchamos que el gobierno militar había decidido dejar un poco el poder y que habría elecciones libres. En el verano hubo elecciones. Luego escuché que decían: 'Ahora hay democracia en Guatemala. Ahora todos los refugiados son bienvenidos y pueden retornar'. Naturalmente, ninguno lo creía, pero Mateo decidió regresar.

Decía: 'Seguramente ya no es peligroso como antes y yo sólo me voy a quedar unos días. Voy a ver si la abuela está viva. También averiguaré todo sobre Yalambojoch y si es verdad que los refugiados pueden regresar.' Ninguno estaba de acuerdo con su decisión. Su esposa y mamá Juana lloraban. Pero de todos modos se fue."

"Mateo ya no regresó. Ya no supimos nada de él. Fue terrible, abuelo. Nadie hablaba de otra cosa y estaban preocupados por saber qué pudo haberle pasado. Pero ningún otro joven u hombre se atrevió a seguirlo para ver qué había pasado. Por eso fue que yo decidí venir. Sé que estás sorprendido. Yo también lo estoy."

"Fueron dos cosas las que me impulsaron. Lo primero fueron los jóvenes con las pancartas. Eso también lo escuché en la radio. Un día, la autoridad decidió subir al doble el precio del boleto en el transporte. ¿Sabes qué pasó entonces? Fue increíble. Miles de jóvenes dejaron las escuelas y se concentraron frente al Palacio Nacional, empezaron a protestar y llevaban pancartas." "Los policías llegaron entonces en sus vehículos, con armas y en el cielo aparecieron helicópteros que dispararon a los manifestantes. Algunos murieron al instante, otros fueron arrestados. Pero miles de jóvenes siguieron firmes en su protesta. Luego llegaron más y más gentes. Por la noche se llenó de estudiantes y de adultos, que rompieron las ventanas. Gritaban e incendiaban camionetas. Entonces la autoridad se dio por vencida: 'El precio del boleto en los autobuses no aumentará', se anunció súbitamente."

"¿Te lo puedes imaginar, abuelo? Yo estaba con la oreja pegada al radio y escuchaba todo aquello.

Parecía un cuento. Traté de imaginármelo, pero fue imposible. No me podía imaginar cómo sería la capital de Guatemala, porque nunca había visto una ciudad. Tampoco podía imaginar cómo era la autoridad. Pero sí podía ver a esos jóvenes iracundos gritando."

"Luego hubo otra cosa que también me dio fuerzas. Un día acompañé a mi padre a la ciudad para hacer las compras. Era la primera vez que él recibía los papeles de migración en México, donde decía su nombre y que era refugiado guatemalteco. Ahí también decía que tenía una hija llamada Angelina. Yo no tengo papeles propios, por eso no puedo ir a ningún lado sola. Llegamos a la ciudad, era la primera vez que veía una en toda mi vida. Me quedé sorprendida. Jamás había pensado que hubiera tantas casas juntas en un solo lugar y aún así, mi papá dijo que Comitán era una ciudad pequeña."

"Fuimos al correo y luego hicimos compras para la gente de la finca. Había gente y casas por todos lados. Cuando terminamos, nos dirigimos al restaurante El Río Escondido. Ahí adentro había un salón como nunca había visto, era mucho más grande que la capilla de Yalambojoch y la escuela de la finca. Estaba lleno de mesas. Del techo colgaban guirnaldas y tiras de papel engomado para atrapar moscas, en las paredes había imágenes de santos y en una repisa estaba una caja cuadrada."

"Papá la señaló y me dijo: - Es un televisor.

Me quedé viendo aquella caja. Parecía como cualquier caja, pero tenía un vidrio enfrente. Cuando la camarera vio que mirábamos la caja, le apretó un botón. Entonces el aparato cobró vida. Parecía como si de verdad hubiera personas adentro, se les veía claramente y también había muchas casas tan altas como Los Cuchumatanes. Una voz de adentro de la caja dijo: -Ahora estamos afuera del Palacio Nacional, en la ciudad de México."

"Se podía ver al que estaba hablando, traía algo negro y redondo en la mano, que extendía hacia un niño. -¿Por qué te paseas de arriba abajo delante del Palacio?

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-¿Podrías explicar por qué?

-Quiero hablar con él acerca de la selva en Chiapas. Ahí hay gentes que están acabando con la selva, y es la última que nos queda en México. Yo quiero que el Presidente lo impida.

-¿No sería mejor protestar en Chiapas?

-Eso ya lo hice. Vivo aquí en la ciudad de México, pero me fui caminando hasta Chiapas acompañado de mi papá. Caminamos treinta y nueve días. En esa ocasión quería hablar con el gobernador del Estado, pero no me quiso recibir. Por eso ahora quiero hablar con el Presidente. Además, él es quien decide.

-¿Tú crees que el Presidente te vaya a escuchar? - ¿Cuántos años tienes? -Nueve.

-¿Y cuántos días has pasado delante del palacio? ---Cuatro."

"Esto me hizo pensar en los jóvenes de Guatemala con sus pancartas. A ellos no les importaban los militares, ni el hecho de que pudieran matarlos. También pensé en el niño que se hallaba delante del Palacio Nacional en la ciudad de México, y que llevaba allí cuatro días porque deseaba que salvaran la selva que hay donde vivimos." "Pensé mucho en todo eso. Pensé que si ellos se atrevían, yo también debía hacerlo, aunque fuera una niña. Entonces me decidí."

"Cuando recibí dinero de mis padrinos por mi cumpleaños, supe que era posible. Así que me marché, sin decirles nada a mis padres."

"Bueno, abuelito, ya te platiqué una eternidad. Ya es hora de que tu nieta, la hija del puma, regrese. También debo contarle todo esto a la abuela y ver a Mateo. Todavía no lo he visto. La abuela dijo que había ido a otro pueblo. Abuelo, te prometo que volveré y seguiré platicándote más cosas. Kilkobá, abuelito."

Justo cuando Aschlop se levantaba de la tumba del abuelo, se acordó de algo. Todos los indígenas que habían huido a México extrañaban a sus antepasados, que dejaron en los cementerios de Guatemala. Se sentían débiles sin los espíritus de sus antepasados, porque sabían que eran ellos quienes les daban fuerza y valor. Pero para tener esa fuerza debían ir al cementerio a hablar con sus antepasados. Aschlop se puso de rodillas nuevamente y dijo:

-Abuelo, hazme fuerte, quítame el miedo y las pesadillas.

Entonces pensó en algo. No había sentido ninguna angustia cuando habló con su abuelo acerca de Pascual y lo que había sucedido en San Francisco y la huida del pueblo. Ni siquiera había tenido ganas de llorar.

-Gracias abuelito -dijo.

Cuando se dirigió a la casa de la abuela, se sentía tan ligera como el aire y alegre. Pronto vería a la anciana y a Mateo y se enteraría de todo lo que fuera posible saber sobre Yalambojoch. Luego ella y Mateo, y quizás la abuela, regresarían juntos a contarles todo a las gentes de Kolchaj Nak Lu'um.

Cuando llegó, la abuela estaba sentada en el suelo, desgranando una mazorca. Aschlop fue a sentarse junto a ella en silencio, dispuesta a ayudarla.

-¿Cuándo va a regresar Mateo? -le preguntó.

La abuela permaneció en silencio. Aschlop volvió a hacer la misma pregunta, un poco más fuerte; pensó que a lo mejor, la abuela ya no oía bien.

-Te mentí -dijo la abuela-. Mateo no está en el pueblo vecino. -¿Dónde está, entonces?

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La abuela calló, dejó de desgranar el maíz y comenzó a moverse de un lado a otro.

-Pero abuela, cuéntame qué pasó.

-El regresó y me puse tan contenta. Me contó que les había ido muy bien, lo cual también me alegró. Porque hasta entonces no había sabido nada. Cuando regresé a Yalambojoch después de la masacre de San Francisco, el pueblo estaba desierto. Con el tiempo me enteré de que habían huido a México, pero nada más. Pensé que ustedes vivían en grutas y que no tenían nada para comer. Luego me contó Mateo que traía unos sacos grandes de maíz y frijol para mí, que los había comprado en México y los había escondido en el bosque, cerca de la frontera. Me dijo que iba por ellos y ya no regresó. Una mujer que llegó de Aguacate me contó que lo había visto regresar con dos sacos muy pesados, que de pronto llegaron los soldados y lo apresaron, llevándoselo en un helicóptero.

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