Chapter 4: Results
4.3 Solid waste management practices in the City of Cape Town
Mae respondió al golpe en su puerta encontrando a Vance en el vestíbulo, con un desgastado maletín de cuero en su mano y un sombrero negro de ala ancha, igualmente desgastado, debajo de su brazo. Mae reconoció el tipo de sombrero como de la clase que llevaban los militares, y los pantalones azul oscuro también del ejército. Su camisa era de franela gris y su abrigo de un gris más oscuro. Sus botas negras, de cuero bien lustrado, no tenían ninguna marca de suciedad.
Aunque no vestía sus mejores galas, había puesto más esmero preparándose para su visita de lo que la mayoría de caballeros acaudalados se habían molestado nunca. A menudo llegaban en ropa de casa o en estado de embriaguez, dos condiciones en las cuales nunca osarían visitar una señora. Pero en cualquier caso, Mae y las demás no eran señoras.
- Hola, Vance -dijo Mae complacida mientras mantenía la puerta abierta. - Frank me dijo que subiera cuando le pregunté dónde estabas -dijo Vance
resistiendo el deseo a quedarse mirando fijamente antes de decidir que probablemente Mae pretendía que su aspecto llamara la atención. Si no, ¿por qué llevaría puesto algo que resaltaba de forma tan absoluta su figura dejando solo el más tentador de los secreto por descubrir?
Su vestido color Borgoña intenso, casi tan sofisticado como un traje de noche con su elaborado remate negro alrededor del cuello y del dobladillo, se ceñía a su estrecha cintura acentuando sus voluptuosas curvas. Los negros cordones de seda del corpiño apenas parecían capaces de contener sus generosos pechos. Sus zapatos eran color sangre y hacían juego con las medias que adornabas sus tobillos. Vance levantó la mirada cuando terminó su valoración y se encontró a Mae mirándola con una ligera sonrisa de satisfacción- Espero que no te importe que haya subido sin ser anunciada.
- No, no me importa -Mae cerró la puerta tras ellas y extendió su mano- ¿Puedo coger tu abrigo?
Vance vaciló, entonces sacó su brazo derecho de su manga y dejó caer el abrigo por su hombro izquierdo con un movimiento entrenado, cogiéndolo con la mano antes de que pudiera caerse. Luego se lo extendió- Gracias.
La manga izquierda de Vance estaba vacía por debajo del codo.
Mae observada como Vance, hábilmente, enrollaba el puño de camisa varias veces. Entonces colocó el abrigo en el respaldo de una silla de tela bordada, caminó para el aparador, y sirvió dos vasos de whisky. Se dio la vuelta y le ofreció uno- ¿Quieres?
- Por favor -Vance acogió en su garganta la familiar quemazón de la bebida mientras miraba a su alrededor. El cuarto de estar estaba bien distribuido, con una alfombra gruesa, varias sillas tapizadas y un sofá a juego, una mesa de té, y un fogón. Un pasillo abovedado daba paso al dormitorio contiguo, y ella sólo podía entrever una colcha azul oscuro en la esquina de una cama con dosel- Si
todas las habitaciones son como esta, quizá debería quedarme aquí en vez de en el hotel.
Mae se rió- Correrías el riesgo de encontrarte con una visita no deseada en la mitad de la noche, y los ciudadanos pondrían un requerimiento en tu contra si se enteraran de que el nuevo médico compartía habitación con las chicas del salón -le señaló el sofá- Siéntate. Serviré la cena en un minuto.
-Tengo la sensación -dijo Vance mientras se acomodaba en el lujoso sofá, estirando las piernas y cruzando sus tobillos- de que los ciudadanos no necesitan mucho para tener una excusa para poner un requerimiento.
-¿Ya has conocido a alguno de ellos? -Mae le sirvió otro whisky y se sentó al lado de Vance.
- Mmm-hmm. Hice algunas visitas con Caleb hoy durante su ronda. No te puedo decir cuántas personas se escandalizaron.
- Imagino que estás acostumbrado a eso. ¿No sería muy distinto de cómo era en tu tierra?
- Filadelfia -dijo Vance contestando a la pregunta implícita- Y no, no lo fue, aunque el agravio suele a ser expresado con más sutileza en aquel entorno social.
- No hay nada como el rechazo educado -dijo Mae con un deje de amargura. Vance dejó su vaso en el suelo- Parece que tú lo has experimentado en tus propias carnes.
- Mi madre fue una sirvienta de Baltimore. Me crié junto a los privilegiados -agitó su mano como si estuviera apartando una mosca- Podía jugar con sus hijos, incluso asistir a clase con ellos, hasta que tuvimos cierta edad -su sonrisa era forzada- Cuando los muchachos ... los hijos de los ricos ... comenzaron a interesarse por mí, de repente ya no era bienvenida en los mismos círculos.
- Lo siento.
bruscamente y se dirigió al aparador mudó al aparador, destapó la bandeja con pollo frío, pan, y queso y la cogió- Debes tener hambre si estuviste todo el día con... -para su sorpresa, sintió a Vance en su lado- ¿Qué…?
- Déjame a mí.
Impresionada por la intensidad de la mirada de Vance, Mae extendió la bandeja- Gracias.
Vance agarró la bandeja de un extremo y apoyó el extremo contra su pecho y la parte superior de su brazo izquierdo. La llevó a la sala de estar y la dejó cuidadosamente en la mesa baja colocada entre las sillas- Puedo cargar y disparar un rifle tan rápidamente como lo podría hacer con dos brazos. También puedo ensillar a mi caballo y hacer la mayoría de otras cosas.
- ¿Piensas que iba a servirte porque solo tienes un brazo? -Mae le dedicó una mirada entre la exasperación y el cariño- Estoy acostumbrada a servirle a los hombres, quienes raras veces levantan un de...
- Aunque puedo pasar por un hombre, y lo podría hacer, no dejaría que una mujer hiciera las cosas por mí.
- Solo quería decir que lo hice por costumbre -dijo Mae suavemente. Se sentó otra vez y apoyó su barbilla en la palma de su mano- No creo que tú permitieras que nadie hiciera las cosas por ti -su mirada se posó sobre la manga vacía de Vance- ¿Cómo ocurrió?
- Nadie pregunta -dijo Vance sorprendida, casi para sí misma, preguntándose cómo habían cambiado tan rápidamente a un tema tan delicado. Parecía que cuando estaba con Mae, revelaba mucho más de lo que se proponía. En un intento consciente de reencauzar la conversación, dijo a la ligera- Dudo que encontraras interesantes los detalles y...
- Deberías dejarme a mí juzgar eso - Mae se inclinó hacia adelante y sirvió dos platos, después le dio uno a Vance- Sé que estabas en el ejército. ¿Sabía alguien
que eras una mujer? - ¿Cómo sabes eso?
- Tus pantalones. Son del ejército. He visto a bastantes hombres militares para saberlo -mordisqueó un trocito de de queso- Y no pareces el tipo de mujer que compraría ropa de segunda mano… o las robaría.
Vance se rió- Hubo un par de veces, especialmente cuando las campañas eran largas y estábamos lejos de casa, que estuve tentada de…requisar un par nuevos. Pero tienes razón, éstos son míos, y sí, serví en el Ejército de la Unión tres años.
- ¿Todo ese tiempo y nadie lo supo?
- Algunos lo hacían. No era la única mujer. Conozco al menos un oficial cuya esposa se alistó a la vez que él y sirvió con sus ropas -aunque no tenía hambre, Vance comió un poco- Se necesitaban los servicios de cualquier persona capaz, especialmente médicos. A nadie le importaba lo que había debajo de mis ropas -sonrió amargamente- O lo que no había.
- ¿Qué hay de tu familia? Seguramente, se opusieron. - Mi padre lo desaprobó.
El semblante de Vance se oscureció con algún triste recuerdo, y Mae instintivamente supo que había ido tan lejos como podría llegar esa noche en su intento de satisfacer su irrefrenable curiosidad sobre la misteriosa doctora- La guerra no nos afectó demasiado ... no como lo hizo en el Este. Estábamos al tanto y los soldados se han estado dejando caer por la ciudad cada vez más desde que se ha acabó. La mayoría de ellos... ya no tienen ninguna meta.
- Imagino que tú has estado librando tus propias batallas por aquí.
Pensó en el largo y penoso viaje a pie y en carreta, cuando la comida y el refugio eran escasos, las muertes por accidentes y enfermedad durante el camino, y la tierra inhóspita e implacable al final del viaje. Mae asintió con la cabeza- Eso es bastante cierto. A veces lo siento de esa manera.
- ¿Cuántas chicas trabajan aquí?
- Alrededor de una docena poco más o menos. Algunas tienen suerte, encuentran un hombre al que no le importa lo que han sido, y se van. Algunas esperan tener todavía una casa en el Este y regresan -Mae se encogió de hombros- La mayoría se quedan por que no tienen otro sitio donde ir.
-Y tú... cuidas de ellas.
- Podría decirse así. Hago lo que puedo para que no salgan malparadas -suspiró y le dio a Vance una sonrisa cansada- Vivimos al margen de la ley, de la poca que impera aquí. Nadie se pondrá de nuestro lado en contra de un hombre, sin importar de qué se trate.
- Pero tú las proteges de alguna manera.
Con una mano delicada, con una manicura perfecta, Mae levantó el dobladillo de su falda justo por encima de su rodilla bien formada, revelando un pequeño revólver asegurado con una correa delgada por encima de la parte superior de su media- Sé cómo usar esto, y lo he hecho antes.
Una sonrisa abierta se extendió por el rostro de Vance- El miedo es un arma poderosa.
-Lo sé -Mae se levantó, sirvió el brandy, y volvió. Le dio un vaso a Vance- ¿Cómo fue pasar consulta hoy?
Vance pensó en su inusual jornada con Caleb visitando varios ranchos remotos así como algunas casas de algunos ciudadanos también- Extraño, la gente de los ranchos parecían mucho menos sorprendidas por mi presencia. Por supuesto, la mayor parte de las personas que visitamos en la ciudad eran señoras -Vance le dio un golpecito a su manga vacía- No es sólo esto lo que les impresiona, si no que el resto de mí parece ser igual de malo.
Mae bufó con sorna -Podrías estar vistiendo los vestidos más finos de París, pero mientras estés haciendo el trabajo de un hombre vas a ser motivo de
conversación. ¿Eres buena?
- No lo sé -dijo Vance en voz baja- Lo fui,…en otro tiempo -se encontró con los ojos de Mae y vio comprensión, antes incluso de que ella hubiera contestado- No he podido hacer mucho de nada desde que resulté herida.
- Fue entonces cuando perdiste el brazo.
- Sí -Vance se aclaró la garganta- Mis habilidades están... quizás algo limitadas ahora.
- Tus habilidades -replicó Mae, entre divertida y firme- son mejores que las de cualquier otro en este territorio. El Doctor Melbourne es el único médico de verdad aquí -se inclinó hacia adelante, exhibiendo una atrayente cantidad de su escote, golpeando ligeramente con su fino dedo en el muslo de Vance- Así que no dejes que nadie en la ciudad o en cualquier otro sitio te haga sentir que no deberías estar haciendo lo que sabes hacer.
Vance observó el suave balanceo de los pechos de Mae pero fue la mano en su pierna lo que la hizo estremecer, el contacto le resultaba tan extraño que apenas lo identificó. Las únicas personas que recordaba que la habían tocado eran las que le habían cambiado los vendajes. Iban una vez al día, provocándole un dolor indecible sin proponérselo. Veía las filas interminables de camas, colocadas como si fueran tumbas, oía los lamentos de los moribundos, sintiendo el dolor penetrar en sus huesos.
Se estremeció y un hilo de sudor frío corrió por su cuello.
Mae se acercó más todavía, secó el sudor de la garganta de Vance con un pañuelo de encaje que sacó de su corpiño, y le susurró- Ya no estás allí, dondequiera que sea.
- Está dentro de mí -Vance se quedó sin aliento, aún sin querer hablar. - Pues bien, sólo tendremos que hacer que se vaya de ahí -se recostó y habló en un tono normal, sabiendo la única manera de ahuyentar el terror era seguir
adelante con la vida- Una de mis chicas está embarazada.
Vance parpadeó y entornó los ojos. La habitación se reveló nítida. Mae había presenciado uno de sus lapsus, pero eso no le hizo sentir vergüenza, ni se sentía humillada como habitualmente lo hacía. Mae la observó sin asomo de lástima o interés morboso. Tomó aliento y sintió como la pesadilla se alejaba de ella.
- ¿Embarazada? -cuando Mae asintió con la cabeza continuó- ¿Cuántos años tiene la chica?
- Catorce o poco más o menos. No lo sabe con seguridad. Sus padres murieron de fiebres tifoideas en el viaje y el dueño de la carreta la trajo aquí y la abandonó a su suerte -Mae negó con la cabeza- Supongo que es a él a quien se le debe conceder el mérito de esto. Ella le habría reportado un buen dinero en uno de los campamentos de mineros.
- ¡Jesús! -Vance se levantó y anduvo por la sala, deteniéndose antes de cruzar el límite invisible del camarín de Mae- ¿De cuánto está?
- Supongo que de siete meses. Ella sólo ha estado aquí cinco. Alguien la tomó antes de que llegara -Mae se puso rígida, sus suaves rasgos se endurecieron- Aquí hay otras igual de jóvenes, incluso más. Pero cuando vi que ella estaba en estado, mantuve a los hombres alejados de ella.
- ¿Cómo se mantiene?
- Me cuido de que se alimente y tiene una habitación para ella sola.
- Supongo que debe ser agotador intentar salvarlas a todas -dijo Vance suavemente desde el otro lado de la habitación.
- Imagino que tú debes saberlo -susurró Mae clavando su suave mirada en el pálido rostro de Vance.
- Nunca entenderé como alguien pudo confundirla con un hombre alguna vez -dijo Annie suspirando- Tiene unos ojos hermosos, tan cálidos…
- Métela en un uniforme con un par de calzoncillos largos debajo, -dijo Sissy dijo- mánchale la cara de tierra para ocultar esa piel blanca como la azucena y nadie diría que no es lo que dice ser.
Mae escuchaba la charla sin sentido sin prestar atención. Estaba apoyada en la barandilla de metal del segundo piso con algunas chicas, mirando hacia abajo, a través de una nube de humo del cigarro. El salón estaba repleto de hombres cuyas voces confluían formando un sonido único que prácticamente ahogaba por completo cualquier otra conversación.
- Las personas ven lo que quieren ver -murmuró Mae.
- Ella es una visión mucho más agradable de contemplar que Doc Melbourne -reconoció Sissy- Preferiría tener sus manos sobre mí antes que las de él.
- El Doctor Melbourne siempre sido todo un caballero -contestó Annie recatadamente.
- Eso lo dices porque tienes debilidad por él -refunfuñó.
- ¿Y qué si la tengo? Te vi lanzándole a Vance una sonrisa o dos.
Mae sintió una punzada de disgusto por el comadreo al que normalmente no le prestaría ninguna atención. Pero oír a las otras mujeres hablar de Vance tan a la ligera la hizo sentirse irracionalmente molesta, aunque comprendía su interés. Vance no era simplemente una recién llegada, eso siempre suscitaba curiosidad durante unos días, ella era una mujer haciendo algo que estas jovencitas nunca habrían imaginado posible. Además de eso, era desconcertante... su independencia y su originalidad la hacían única. Por supuesto que iban a hablar de ella. Incluso coquetearían un poco con ella. La seducción era su recurso principal para sobrevivir, y era tan natural en ellas como lo era para Mae. Sin embargo, Vance, había parecido inmune incluso a los flirteos más evidentes. No
obstante, la manera en la que Sissy había hecho alarde de sus juveniles atributos la había irritado.
A la petición de Vance, Mae la había acompañado mientras ella hacía sus reconocimientos iniciales a todas las chicas, preguntándoles amablemente sobre embarazos pasados o problemas propios de las mujeres que pudieran haber tenido, preguntando si sabían cómo cuidarse y prevenir la enfermedad y la concepción. Vance había sido minuciosa, cortés y amable. Ni las había juzgado ni había tratado de cambiar lo que eran. Simplemente había dedicado su atención y su afecto. Lo asombroso sería que no se enamoraran todas de ella, independientemente de que estuvieran dispuestas a acostarse con una mujer o no.
- Y que pasa si le eché una miradita o dos -la voz de Sissy interrumpió las divagaciones de Mae- ¿Crees que los hombres son los únicos que disfrutan de nuestra compañía? Hay cosas peores que hacer que el médico de la ciudad te coja cariño. Eso podría mantener a los vaqueros alejados de ti durante un tiempo.
Annie alarmada, miró a Mae- ¿Quieres decir que a veces las mujeres pueden venir a un lugar como este?
- No es insólito -contestó Mae bruscamente dirigiéndole a Sissy una mirada despectiva- Pero aunque una mujer lleve pantalones eso no quiere decir que a ella le guste dormir con una. No vayas sacando conclusiones precipitadas.
- No voy a abalanzarme sobre ella -dijo Sissy desafiante y sonriendo satisfecha- Pero tampoco voy a salir corriendo si ella manifiesta algún deseo de subir a bordo.
- Yo no contaría con eso -dijo Mae. Vance no había dado indicios de que estuviera interesada en acostarse con nadie, hombre o mujer, pero Mae tenía la sensación de que podría ser porque esa parte de ella estaba enterrada bajo el dolor y el tormento que ella había sufrido. Viendo el brillo hambriento en los
ojos de Sissy y el entusiasmo de Annie, no tenía ninguna duda de que estarían encantadas de ser su pareja si ella quisiera una mujer para satisfacerla. No quería pensar en hacia quien se inclinaría Vance cuando sus sentimientos volvieran a la vida- Hay trabajo por hacer si queremos ganarnos el sustento -dijo Mae- Vamos allá.
Vance estaba junto a un grupo de hombres en el extremo más alejado del bar, bebiendo poco a poco un whisky que realmente no quería. Era la única compañía a la que estaba acostumbrada, sin embargo, y después de dejar a Mae, no había querido volver a su habitación del hotel. La pequeña parte de su pasado que había compartido con Mae durante cena había abierto una pequeña grieta en el muro que había construido para mantener el dolor a raya, pero extrañamente no había sido en dolor lo que había salido a través de la brecha. Deseo. Una turbadora sensación de anhelo por algo que no podía identificar. Lo que fuera que fuese creció en su vientre y se avanzó hasta su corazón y no deseó otra cosa que yacer en la cama con ella en la oscuridad.
Le echó un trago al whisky y vio Mae bajar las escaleras con algunos de las chicas. Aunque Mae tenía apenas seis o siete años más que la mayor de ellas, parecía toda una mujer y no una jovencita. Vance observó a Mae moverse entre la chusma, brindando una sonrisa o un ligero roce a algún otro hombre