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4. Findings

4.1. The Solution-Delivery Team

Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma:

Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal,

el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.

-Proverbios 6:16-19

a maldición de la tierra es el pecado se extiende por todas partes. Se presenta en numerosas formas y viste muchas clases de prendas, según las situaciones, tales como el nivel de la sociedad entre la cual está funcionando. Sin embargo, bien sea que el hombre lo llame convención o negocio, o cualquier otro eufemismo que le dé, si contraviene la ley de Dios, es pecado.

Algunos clasificarían como pecados menores aquellos de que se hablará en este capítulo, pero de no arrepentirnos de ellos, todavía podrán excluirnos de la vida eterna. Tal vez la mayoría de nosotros tenemos nuestra porción de estos pecados. En esta oportunidad sólo se consideran brevemente, y sin ninguna intención de dar a entender que la lista es completa.

Idolatría

Del monte de Sinaí procedió el mandamiento inalterable de Dios:

No tendrás dioses ajenos delante de mí.

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

No le inclinarás a ellas, ni las honrarás ...(Exodo 20:3-5, Cursiva del

autor).

Esta prohibición comprende no sólo las imágenes que tienen la forma de Dios o de hombre, sino también la semejanza de cosa alguna que sea terrenal en cualquier forma. Incluiría las cosas tangibles, así como las menos tangibles, y también todo aquello que incita a una persona a apartarse del deber, la lealtad y el amor y servicio a Dios. .

La idolatría es uno de los pecados más graves. Desafortunadamente hay millones en la actualidad que se postran ante imágenes de oro y de plata, de obra de talla, de piedra y de barro. Sin embargo, la idolatría que más nos preocupa es la adoración consciente de todavía otros dioses. Algunos son de metal, de felpa y de cromo, de madera, de piedra y de telas. No son hechas a imagen de Dios o de hombre, sino que se elaboran para proporcionar al hombre comodidad y deleite, para satisfacer sus necesidades, ambiciones, pasiones y deseos. Algunos carecen de forma física alguna, antes son intangibles.

Los hombres parecen "adorar" conforme a una base elemental: viven para comer y beber. Son como los hijos de Israel, los cuales, aun cuando se les ofrecieron las grandes libertades relacionadas con su desarrollo nacional bajo la orientación personal de Dios, no pudieron elevar sus pensamientos por encima de las "ollas de carne de Egipto". Parece que no pueden elevarse por encima de la satisfacción de sus apetitos corporales. Como lo expresa el apóstol Pablo, su "dios es el vientre" (Filipenses 3:19).

Los ídolos modernos o dioses falsos pueden asumir formas tales como ropas, casas, negocios, máquinas, automóviles, barcas de paseos y otras numerosas atracciones materiales que desvían del camino hacia la santidad. ¿Qué importa que el objeto en cuestión no tenga la forma de un ídolo? Brigham Young dijo: "Igual sería para mí ver a un

hombre adorar a un dios pequeño hecho de latón o de madera, que verlo adorar sus bienes." 6

Las cosas intangibles constituyen dioses igualmente prestos. Los títulos, grados y letras pueden convertirse en ídolos. Muchos jóvenes determinan matricularse en la universidad cuando primero deberían cumplir una misión. El título, y el dinero y la comodidad que por estos medios se obtienen, parecen ser tan deseables, que la misión queda en segundo lugar. Algunos desatienden el servicio que deben prestar a la Iglesia durante los años de sus estudios universitarios, optando por dar preferencia a la instrucción seglar y despreciando los convenios espirituales que han concertado.

Hay muchas personas que primero construyen y amueblan una casa, y compran su automóvil, y entonces descubren que "no les alcanza" para pagar sus diezmos. ¿A quién están adorando? Ciertamente no es al Señor de los cielos y de la tierra, pues servimos a quien amamos y damos nuestra primera consideración al objeto de nuestro afecto y deseos. Las parejas jóvenes que no quieren ser padres sino hasta que hayan recibido sus títulos quizás se sentirían ofendidas si se tildara de idolatría a su preferencia expresada. Sus pretextos les proporcionan títulos a costa de los hijos. ¿Será una permuta justificable? ¿A quién aman y adoran, a sí mismos o a Dios? Otras parejas, comprendiendo que la vida no tiene como objeto principal las comodidades, el desahogo y los lujos, completan su educación mientras siguen adelante llevando una vida completa, teniendo hijos y prestando servicio a la Iglesia y a la comunidad.

Muchos adoran la cacería, la pesca, las vacaciones, los días de campo y paseos de fin de semana. Otros tienen como ídolos a las actividades deportivas, el béisbol, él fútbol, las corridas de toros o el golf. Estas actividades, en la mayoría de los casos, interrumpen la adoración del Señor y el prestar servicio para la edificación del reino de Dios. La afición hacia estas cosas no parecerá cosa grave a los participantes; sin embargo, indica dónde ellos están depositando su fidelidad y su lealtad.

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Otra imagen que los hombres adoran es la del poder y el prestigio. Muchos huellan con los pies los valores espirituales, y con frecuencia los valores éticos, en su ascenso al éxito. Estos dioses de poder, riqueza y prestigio son sumamente exigentes, y son tan reales y verdaderos como los becerros de oro de los hijos de Israel en el desierto.

Rebelión

Un pecado muy común es la rebelión contra Dios. Esta se manifiesta en una negativa caprichosa de obedecer los mandamientos de Dios, en rechazar el consejo de sus siervos, en oponerse a la obra del reino, es decir, en la palabra o acto intencional de desobediencia a la voluntad de Dios.

Un ejemplo clásico de la rebelión contra Dios lo tenemos en judas Iscariote, el cual de hecho entregó a su Señor a los asesinos. Otro ejemplo de ello es el rey Saúl. Fuerte y capaz, originalmente dotado con gran potencialidad, este joven escogido se tornó soberbio y rebelde. Tenemos esta reprensión del profeta Samuel al egocéntrico y egotista monarca:

Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel?

¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová...?

¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros.

Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación... Desechaste la palabra de Jehová ...(1 Samuel 15:17,19,22,23).

De los pueblos del Libro de Mormón que se hundían rápidamente en la iniquidad se ha escrito lo siguiente:

Y no pecaban por ignorancia, porque conocían la voluntad de Dios tocante a ellos, pues se la habían enseñado; de modo que se rebelaron intencionalmente contra Dios (3 Nefi 6:18).

En forma. similar los Santos de los Ultimos Días han sido bendecidos con luz y conocimiento. Son igualmente condenados por el Señor, si se rebelan contra las verdades reveladas del evangelio.

Entre los miembros de la Iglesia, la rebelión frecuentemente se manifiesta en criticar a las autoridades y a los que dirigen. "No temen decir mal de las potestades superiores... hablando mal de cosas que no entienden", declara el apóstol Pedro. (2 Pedro 2:10,12.) Se quejan de los programas, menoscaban a las autoridades constituidas y generalmente se constituyen en jueces. Después de un tiempo se ausentan de las reuniones de la Iglesia por causa de ofensas imaginadas, y dejan de pagar sus diezmos y cumplir con sus otras obligaciones en la Iglesia. En una palabra, tienen el espíritu de apostasía, que casi siempre es lo que se cosecha de las semillas de la crítica. A menos que se arrepientan, se marchitan en el elemento destructivo que ellos mismos han preparado, se envenenan con los amasijos que ellos mismos elaboran; o como lo dice el apóstol Pedro, perecen "en su propia perdición". No sólo padecen ellos, sino también su posteridad. En nuestros tiempos el Señor ha expresado su destino en estas palabras:

Malditos sean todos los que alcen el calcañar contra mis ungidos, dice el Señor, clamando que han pecado cuando no pecaron delante de mí...

Mas los que gritan transgresión lo hacen porque son siervos del pecado, y ellos mismos son hijos de la desobediencia.

Y los que juran falsamente contra mis siervos...

Su cesta no se llenará, sus casas y graneros desaparecerán, y ellos mismos serán odiados de quienes los lisonjeaban.

No tendrán derecho al sacerdocio, ni su posteridad después de ellos de generación en generación (D. y C. 121:16-18,20,21).

Tales personas dejan de dar testimonio a sus descendientes, destruyen la fe dentro de su propio hogar y de hecho privan del "derecho al sacerdocio" a generaciones subsiguientes, que de lo contrario tal vez habrían sido fieles en todas las cosas.

Viene a la mente la manera en que el Señor manifestó su desagrado por la rebelión contra su siervo Moisés, cuando reprendió a Aarón y a María, e hirió a ésta con lepra (véase Números 12:1-10). Moisés era el

ungido del Señor. Criticar al siervo y quejarse de él fue rebelarse contra el Maestro.

Uno quisiera que los rebeldes se detuvieran y se hicieran preguntas tales como ésta: "¿Me acercan más a Cristo, a Dios, a la virtud, a la oración y a la exaltación, mi filosofía y mis esfuerzos críticos?" "¿He logrado paz, gozo y desarrollo con mis críticas, o simplemente la satisfacción de mi orgullo?" "¿Qué he logrado con mi pecado, aparte de una satisfacción carnal inmediata?"

En los casos en que los rebeldes ponen en práctica el arrepentimiento, éste se puede iniciar de varias maneras. Algunos llegan a reconocer sus pecados mediante la introspección, mientras que en otros casos son fuerzas externas lo que los humillan. Muchos, habiendo comprendido sus transgresiones, inician su arrepentimiento en secreto. Otros deben ser aprehendidos, corregidos y castigados antes que puedan dar principio a su transformación. Con algunos hasta se hace necesario disciplinarlos mediante una inactividad obligada, la suspensión de derechos, o aun la excomunión, antes que comprendan su situación y la necesidad de transformar su vida. En ninguno de nosotros debe haber resentimiento cuando se nos llama la atención a nuestras responsabilidades y se nos insta a arrepentirnos de nuestros pecados. El Señor optará por reprendernos de esta manera o de alguna otra, pero todo es para nuestro propio beneficio.

Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él;

porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.

Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? (Hebreos 12:5-7).

En cierta conferencia de estaca, una de las autoridades de la Iglesia habló amable y claramente, pero con palabras vigorosas, llamando la atención a algunas debilidades comunes al pueblo de esa comarca. Comentando el discurso, alguien se expresó de esta manera: "Supongo que él es el único que llegará a las alturas. Se va a sentir muy solitario." Tal persona propiamente pudo haber dicho: "Fue una crítica justa, y procederé a corregir mis caminos." Más bien, manifestó el espíritu de

rebelión contra una corrección legítima. Indudablemente es uno de los que dirían, si se hiciera referencia a una reprensión tomada de las Escrituras: "Pero eso lo dijo Cristo, o uno de los antiguos profetas; cualquier persona aceptaría una reprensión o crítica de ellos." Esto pasa por alto la afirmación del Señor de que aquello que se da al pueblo, "sea por mi propia voz, o por la voz de mis siervos, es lo mismo" (D. y C. 1:38).

Una forma prevalente de la rebelión es la "crítica avanzada", que es el deleite de los miembros de la Iglesia que se sienten orgullosos de sus facultades intelectuales. Holgándose de su superioridad supuesta, arguyen al revés y al derecho, analizan con sólo su intelecto aquello que se puede discernir únicamente por el ojo de la fe, e impugnan y desprestigian las doctrinas y métodos de la Iglesia que no concuerdan con su examen crítico. En todo esto debilitan la fe de aquellos que son menos aptos en cuanto a conocimiento y lógica; y en ocasiones parecen recibir satisfacción por haber logrado tales resultados. Mas la palabra del Señor a éstos es la misma que fue hace dos mil años:

... Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! (Mateo 18:3,7).

Uno de los castigos para el que se rebela en contra de la verdad es que pierde la facultad para recibirla. Reparemos en estas palabras de Jacob:

Pero he aquí que los judíos fueron un pueblo de dura cerviz; y despreciaron las palabras de claridad, mataron a los profetas y procuraron cosas que no podían entender. Por tanto, a causa de la ceguedad que les vino por traspasar lo señalado, tendrán que caer... (Jacob 4:14 Cursiva del autor).

Traidores

¿Qué se dirá de aquellos miembros que se esfuerzan tanto para dar publicidad a sus críticas de la Iglesia, al grado de que imparten aliento a

sus enemigos y causan bochorno a quienes la dirigen, así como a los demás miembros fieles? Una de las definiciones de la palabra traición dice que es un "delito que se comete quebrantando la fidelidad o la lealtad que se debe guardar o tener"; y ciertamente los miembros bautizados tienen la obligación de apoyar a la Iglesia y adelantar sus propósitos.

¿Qué cosa podría ser más despreciable que uno que es traidor a un amigo, a una iglesia, a una nación o a una causa? Para el apóstol Pablo esta deslealtad fue lo suficientemente atroz para incluirla en su profecía sobre los pecados de los postreros tiempos. (Véase 2 Timoteo 3:4). El traidor a menudo' obra en las tinieblas, arteramente. Consideremos a Quisling, a judas, a John C. Bennett, a William Law, a Francis y a Chauncey Higbee, ¿hay quien los ame y los estime? En la actualidad no nos hallamos libres de traidores en la Iglesia; los hay quienes destruirían lo que es bueno para lograr sus propias y egoístas recompensas terrenales, o para llevar a efecto sus impías intrigas.

La violación del día de reposo

Nos hemos convertido en un mundo de violadores del día del Señor. En el día de reposo los lagos se ven llenos de barcos, las playas aglomeradas, los cines tienen sus mejores entradas, las canchas abundan en jugadores. El día de reposo es el día preferido para tener diversiones, convenciones y días de campo familiares; y todo género de juegos de pelota se llevan a cabo en este día sagrado. Aun el "extranjero que está dentro de tus puertas" se ve obligado a prestar servicio. "Abierto como de costumbre", es el lema de muchos comerciantes, y nuestro día santo se ha convertido en un día festivo; y por motivo de que tantos lo consideran como un día de fiesta, infinidad de otras personas satisfacen los deseos de los amantes de diversiones y los buscadores de dinero.

Los violadores del día de reposo también son aquellos que compran provisiones o diversión en el día del Señor, con lo que impulsan a los centros de diversión y los establecimientos comerciales a que permanezcan abiertos, cosa que de lo contrario no harían. Si compramos, vendemos, canjeamos o patrocinamos tales cosas en el día

del Señor, somos rebeldes como los hijos de Israel, y las deplorables consecuencias que resultaron de sus infracciones de éste y otros mandamientos debería ser una amonestación permanente para todos nosotros.

Aun cuando hoy no se imponen los castigos rápidos y severos que sobrevenían a Israel por sus transgresiones, esto no disminuye la gravedad de la ofensa que se comete contra el Señor al violar el día. La importancia de honrar el día de reposo fue reiterada en nuestra época en una revelación del Señor comunicada al profeta José Smith:

Y para que más íntegramente puedas conservarte sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo.

Debe notarse que se trata de un mandamiento "imperativo".

Porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo;

sin embargo, tus votos se ofrecerán en justicia todos los días y a todo tiempo;

pero recuerda que en. éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos, y ante el Señor.

Y en este día no harás ninguna otra cosa sino preparar tus alimentos con sencillez de corazón, a fin de que tus ayunos sean perfectos, o en otras palabras, que tu gozo sea cabal (D. y C. 59:9-13).

Cabe notar aquí que aun cuando el Señor recalca la importancia del día de reposo y su debida observancia, El pide a su pueblo "justicia todos los, días y a todo tiempo".

Amantes del dinero

La posesión de riquezas no constituye un pecado necesariamente. Sin embargo, el pecado puede resultar de la adquisición y el uso de las riquezas. El apóstol Pablo dio a entender esta distinción en sus palabras a Timoteo:

Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre (1 Timoteo 6:10,11).

La historia del Libro de Mormón elocuentemente manifiesta el efecto corrosivo de la pasión por las riquezas. Cada vez que obraba rectamente, el pueblo prosperaba. Entonces seguía la transición de la prosperidad a las riquezas, de las riquezas al amor de más riquezas, luego al amor de la holganza y los lujos. De allí pasaban a la inactividad espiritual, después a los pecados mayores y a la iniquidad, y en seguida a una destrucción casi completa a manos de sus enemigos. Esto los motivaba a arrepentirse, lo cual hacía volver la rectitud, seguida de la prosperidad, y el ciclo empezaba una vez más.

Si el pueblo hubiera usado sus riquezas para buenos propósitos, podrían haber disfrutado de una prosperidad continua; pero parecía que no eran capaces de ser al mismo tiempo ricos y justos durante largos períodos. Por un tiempo limitado personas pueden "seguir la línea", pero se deterioran espiritualmente cuando abunda el dinero. El escritor de los Proverbios dice:

El hombre de verdad tendrá muchas bendiciones; mas el que se apresura a enriquecerse no será sin culpa (Proverbios 28:20).

Juan el apóstol amonestó contra el amor de las cosas del mundo:

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre (1 Juan 2:15-17).

El presidente Brigham Young expresó el temor de que en nuestra