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I. Porque no es incompatible con la naturaleza del ingenio humano.-II. Porque esta variedad suaviza el trabajo del estudio.-III. Porque entonces hay mucho más tiempo.-Por pereza dejan los oradores de aprender muchas cosas.

Suele preguntarse, si (en suposición de que es preciso aprender todo esto) es posible el enseñarlo y aprenderlo todo a un mismo tiempo. Algunos lo niegan, alegando que es confundir a los niños y cansarlos con la diversidad de estudios, para los cuales ni hay fuerzas en el cuerpo ni en el ánimo, ni el tiempo da de sí para tanto: y aun dado que lo pueda sufrir esta edad robusta, no conviene cargarla tanto. 1.º No advierten los tales, cuánto alcanza la capacidad del hombre; cuyo ingenio es tan ágil, tan veloz, y para decirlo así, tan para todo, que no puede detenerse en una cosa sola, aplicando su fuerza a muchas cosas, no digo en un mismo día, pero aun en un mismo momento. Y si no, el que toca la cítara ¿no atiende a un mismo tiempo a la memoria, al sonido de la voz, a sus diversas inflexiones? Con la mano derecha hiere las cuerdas, con la izquierda las templa, las mantiene en su punto y las afina. Ni aun los pies los tiene ociosos, llevando con ellos el compás; y todo esto a un mismo tiempo. ¿Qué más? Nosotros mismos, cuando la necesidad lo pide ¿no contestamos a un asunto y atendemos a otro distinto? Y vemos que para esto se requiere discurrir, escoger ciertas expresiones, componer el semblante, la pronunciación, el ademán y movimientos del cuerpo. Si todo esto lo hacemos con una sola aplicación del entendimiento, ¿por qué no podremos repartir en diversas horas muchos estudios? Mucho más, cuando la misma variedad divierte y rehace el ánimo, siendo más dificultoso el aplicarse a una sola cosa. De aquí nace que el trabajo de escribir se alivia con la lección; y al contrario cuando nos cansamos de leer, tomamos por descanso el escribir. Aun cuando nos hayamos aplicado a muchas cosas, tenemos en cierto modo enteras las fuerzas para lo que vamos a aprender. ¿A quién no molestará estar todo un día oyendo a un maestro sobre una misma cosa? La variedad le servirá de recreo, como acaece en las viandas que, siendo diversas, alimentan pero sin fastidio.

Díganme si no los tales, ¿qué otra manera y método hay para aprender? ¿Hemos de atender primeramente a la gramática, y después enseñar la geometría? Pues omitamos por algún tiempo el estudio de lo que hemos aprendido, y empleémonos en la música, y se nos olvidará lo primero. ¿Y no será bueno, mientras se estudia la lengua latina, tomar algún conocimiento de la griega? Y (para concluir) ¿no nos hemos de ocupar en otro estudio que en el que últimamente hemos emprendido? ¿Por qué no decirnos a un labrador, que no cultive a un tiempo los sembrados, y las viñas, y los

olivares, y los frutales? ¿que no cuide juntamente de los pastos, del rebaño, de huertas y colmenas? ¿Y por qué razón nosotros mismos empleamos el día, parte en el pleito, parte con los amigos, parte en los negocios de casa, parte en cuidar del cuerpo, y parte en el recreo? Cada una de las cuales cosas bastaría para cansarnos, si a ella sola nos aplicásemos y no a otra. Tanto más fácil cosa es hacer muchas cosas a un tiempo, que una sola por mucho tiempo.

2.º Ni hay tampoco que temer que esto se haga intolerable a los niños, pues no hay edad que menos se canse: como que parecerá extraña ciertamente, pero lo acredita la experiencia. El ingenio entonces tiene más docilidad, cuando no se ha endurecido. Prueba de esto es que sin que se les apriete a los niños, en dos años, luego que comienzan a pronunciar bien, hablan de todo; pero los esclavos recién comprados ¿cuántos años gastan, y cuánta repugnancia no les cuesta aprender el latín? Si tomas a tu cargo el enseñar a un adulto, entonces conocerás que aquél sabe bien el arte a que se dedicó, que la aprendió desde niño. Los niños son también más sufridores del trabajo que los jóvenes. Es la causa sin duda, porque así como a los niños ni les hacen mella tantas caídas como dan, ni el andar a gatas, ni el afanarse tanto en el juego en tan breve tiempo, ni el no cesar de correr en todo el día, porque no tienen peso en las carnes; así sucede, según creo, con sus ánimos, que no se cansan tanto como los de los adultos, porque no toman el estudio con empeño y afán, sino solamente reciben la instrucción que les damos. A esto se junta la mayor facilidad de aprender que tienen en aquella edad; siguen a los que los enseñan con cierta simplicidad, y no miran a lo que ya han hecho, porque no pueden discernir lo que es trabajo. Finalmente, como tengo experimentado, menos sensación les hace el trabajar con los sentidos que con el discurso.

3.º Júntase a lo dicho, que en adelante no tendrán más tiempo que en la edad presente; como que todo su aprovechamiento depende del oído; y cuando se dediquen a escribir y componer algo por sí mismos, o no podrán, o no querrán aprender de nuevo estos estudios. Pues no pudiendo, ni aun debiendo emplear un niño todo el día en la gramática (que esto le engendraría fastidio) ¿en qué otra cosa ha de emplear estos ratos perdidos? Y no pretendo tampoco que se tome esto con demasiado ahínco; ni que se emplee con tanta intensión a la música, como si hubiera de ser maestro de capilla; ni que aprenda todas las menudencias de la geometría. No quiero hacerle un cómico en el ademán, ni un bailarín en el movimiento del cuerpo; bien que, aun cuando pidiese tanto, había tiempo para todo, porque son muchos los años que tienen para aprender, y yo no exijo esto de ingenios rudos. Por último, Platón ¿por qué fue eminente en todo lo que hemos puesto por indispensable para el que ha de

ser orador? Porque no contento con lo que podía aprender en Atenas, y de los pitagóricos, a los que fue a buscar a Italia, hizo viaje al Egipto, y de sus sacerdotes aprendió los arcanos de su filosofía 60 . Pretéxtase para la imposibilidad de lograr todo esto la desidia natural al hombre; pues ni hay amor al trabajo, ni se mira la elocuencia como estudio el más honesto y noble de todos en sí mismo, sino como medio para la torpe ganancia, haciendo de él un uso vil. Haya enhorabuena algunos que ejerzan en el foro, movidos del interés, el oficio de orador, sin conocimiento del arte, con tal que se me conceda que cualquier comercio vil y aun un pregonero puede sacar más ganancia con su oficio. Yo no escribo esto para aquellos que atienden a la ganancia que pueden prometerse de lo que estudian. El que llegare a concebir una idea de la elocuencia tan divina, como es en sí, y se representare delante de la vista esta reina entre todas las artes, como la llama un poeta trágico nada vulgar 61 , y midiere el fruto que acarrea no por este interés y salario que damos a los abogados, sino por el gusto y deleite que el alma recibe con la contemplación de lo que sabe (utilidad que siempre dura, como que no depende de la fortuna), este tal se persuadirá fácilmente cuánto mayor deleite ha de sacar de emplear en la geometría o música el tiempo que otros gastan en espectáculos, en el campo, en jugar a los dados, en conversaciones inútiles (por no decir durmiendo, y en comilonas largas) que el que sacan estos tales de semejantes diversiones necias 62 . Porque la misma naturaleza nos favoreció en inspirarnos mayor amor a lo que es más honroso. Pero pongamos fin a esta materia, en la que me ha hecho alargarme el gusto que tengo en tratarla; pues ya hemos hablado bastante de lo que deberá aprender el niño, antes que sea capaz de mayores cosas. El siguiente libro dará principio como de nuevo, y pasaremos a los oficios del orador.

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La suma curiosidad y deseo de saber le obligó a Platón a informarse de la religión, leyes y ritos del pueblo hebreo; y sus mismos libros prueban que no solamente inquirió sus costumbres y leyó sus escritos, sino que a muchos les han movido a creer y aun defender que siguió y creyó su moral. Pero no tienen otro fundamento, a mi ver, que los preceptos de la más subida filosofía que se encuentran en sus obras, y ciertas ideas sublimes no menos que obscuras.

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Eurípides en la Hécuba , verso 816. Suadelam vero inter homines solam reginam . Rollin.

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Parece tenía presente lo que dice Cicerón de sí mismo: Quis mihi succenseat iure, si quantum ceteris... ad festos dies ludorum celebrandos, quantum ad alias voluptates conceditur temporis... quantum alii tribuunt intempestivis conviviis, quantum denique aleae, quantum pilae, tamtum mihi egomet ad haec studia recolenda sumpsero . Pro Arquia , 6.

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