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6.3 Time and rate constrained encoding

6.3.2 SOP-level encoding time estimation

nos, etc., sin fecha, BL. Add. Mss., 17.605, 40v.

76 Anónimo, Fortificación que hoy tiene la Provincia de Buenos Ayres. Defensa y esta­ do que debe tener para hacerse respetable a todo enemigo (1779? ), BL. Add. Mss., 17.605, f. 92v.

en las serranías situadas al sur de Buenos Aires, Pedro Medrana señalaba en una carta al virrey Cevallos en 1777: "Hasta mejor que yo comprenderá Vuestra Excelencia la utilidad y quietud que tendría esta ciudad si se plantificasen allí las poblaciones, pues estos vasallos podrían sin el recelo que hoy los contiene por estas cercanías extender las crías de ganados que hoy están en mucha decadencia ... "77 Con la construcción de dos fuertes complementarios al de San Carlos, afirmaban los ediles mendocinos en 1782, se lograría precaver "las vías más ocultas del enemigo, y en caso necesario dándose aviso, socorrerse mutuamente y combinar sus operaciones para practicar una más vigorosa re­ sistencia: de este modo se conseguiría en pocos años sujetar enteramente esta indiada, y consiguientemente lograría esta Ciudad una tranquilidad perma­ nente, en que sus habitantes tendrían la oportunidad de volver a poblar el Valle de Uco y de hacer recibir en sus estancias la crianza de ganados con otras inestimables ventajas ... "78 Así, la nueva confianza engendrada por el fortalecimiento del gobierno imperial se traducía en una mentalidad expansionista hasta allí ausente en los medios políticos bonaerenses. Se ini­ ciaba sutilmente la conquista de las pampas. En la refundación de los estable­ cimientos patagónicos, particularmente el de Río Negro, escribió Francisco de Viedma en 1784, "estriba toda la felicidad de la Provincia, estos es, en reparar el destrozo de ganados que causan los yndios en las dilatadas campa­ ñas y fronteras de Buenos Ayres, en librar a aquellos infelices de tantas muer­ tes, robos y cautiverios. En aprovechar los inmensos campos que de esta Ca­ pital median al Río Negro, donde pueden dilatarse y fomentarse la cría del ganado ... .los asuntos son gravissimos; pero la felicidad de ellos pende en una misma causa, qual es refrenar a los yndios"79. Incluso en Madrid, las máxi­ mas autoridades imperiales se inclinaban desde temprano al poblamiento de las pampas por motivos estratégicos. Refiriéndose a la necesidad de fundar un pueblo en las cercanías de la sierra de Casuati para otorgar apoyo a la reduc­ ción que los jesuitas tenían entre los pampas, el Consejo de Indias manifesta­ ba ya en 1769 que con la villa se lograría "contener las correrías de los yndios,

77 Pedro de Medrana a Pedro de Cevallos, Buenos Aires, marzo de 1777, BL. Add. Ms., Egerton Papers, 374, f. 89.

78 El cabildo de Mendoza ... Op. cit.

79 Disertación en que al mismo tiempo que se demuestran los empeños de la Corte de

España parafixar poblaciones en la costa oriental llamada Patagonica, y los motivos de sus desgraciados fines ... dirige la al Excelentísimo Señor Marqués de Lo reto, Virrey y Capitán General de las Provincias del Río de la Plata Don Francisco de Viedma, Gobernador e Inten­ dente de las Provincias de Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba, y Comisario Superinten­ dente que fue de dichos establecimientos, Buenos Ayres, lro. de mayo de 1784, BL. Add. Ms., 17. 607, f. 262.

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y de esta policía y subordinación interior de ellos, se seguirá frustrar las medi­ das de los Y ngleses ssobre las costas, y además del interés del Estado se promoverá la predicación del Evangelio"8

º.

Además de la revalorización de las tierras y paisajes, también experimen­ taba un cambio el concepto que los europeos habían acuñado del 'bárbaro'. Así, del maloquero feroz y brutal que invadía las estancias y villas, se gestó paulatinamente la imagen del jefe tribal que pretendía imponer orden en el caos, aunando los segmentos bajo su autoridad y poder. Por sobre todo, lo que sobresalía en la percepción de los huincas era el alto grado de refinamiento que demostraban los líderes tribales en su trato con las autoridades y su afán, siempre manifiesto, de lograr acuerdos que contribuyeran a consolidar un sis­ tema de relaciones pacíficas. Obviamente, los continuos malones -protagoni­ zados por otros segmentos tribales-, hacían colapsar los acuerdos alcanzados con tanta dificultad por los lonkos asentados en las cercanías de fuertes y pagos, toda vez que los agentes monárquicos identificaban y confundían en una sola entidad a los diversos grupos humanos que habitaban más allá de las fronteras. Esta falta de discriminación e ignorancia de la rica e intensa diver­ sidad tribal fue, más que ningún otro factor, uno de los motores de las conti­ nuas crisis que afectaron a las fronteras de Buenos Aires, San Luis y Mendoza durante la centuria. Pero no todo podía ser eterno, y mucho menos en un espa­ cio siempre convulsionado por el paso de hombres voluntariosos que insistían en hacer su propia historia. En Mendoza, la transición hacia una época de colaboración la marcó el nombramiento de José Francisco de Amigorena como comandante de armas de la ciudad y el surgimiento de Anean como su princi­ pal interlocutor. Entre ellos se inició lo que fue el diálogo de dos ulmenes

(Grandes Hombres), dispuestos a imponer el orden social en un espacio domi­ nado hasta allí por la violencia.

En Mendoza, la década de 1770 fue signada por el predominio del tiempo de guerra81. Después de la atroz masacre de más de 48 carreteros muertos

durante el asalto realizado por 'pampas' contra El Saladillo, el Cabildo de la ciudad de Córdova manifestó lo que seguramente constituía una visión gene­ ralizada respecto de la nueva plaga que desataban los nómades del sur contra los vecinos de la provincia:

80 Real Orden del Consejo de Indias al gobernador de la Provincia de Buenos Ayres Francisco de Bucarelli, 9 de septiembre de 1769, BL. Add. Ms., 32.603, f. 78.

81 Leonardo León y Paola Salgado, "La guerra del malón en el sur mendocino, 1700- 1800", Revista de Estudios Transandinos 3 (Santiago-Mendoza, 1999), pp. 163-187; L. León, El surgimiento de los señores de la guerra ... Op. cit.

"Lo primero que este traidor enemigo, así como impasivamente verifica sus insultos pone en ejecución aceleradamente su retirada esterilizando los cam­ pos ... lo segundo que mientras las milicias de esta jurisdicción se advocan (por la distancia de su residencia) a la Frontera de El Sauce, ya el enemigo con sus redobladas marchas se halla en el centro de sus países, triunfando de nuestros despojos, y lo tercero que hallándose al presente tan débiles la cabalgaduras, por la flacura que es tan propia de esta estación, se hace impracticable su seguimiento ... " 82

Incapacidad logística, falta crónica de recursos, excesivas distancias y alta destreza militar de los naturales conformaban la esencia de una guerra depredatoria que nadie había provocado ni buscado. La violencia, desatada con todo su furor por los feroces habitantes del desierto, dejó durante esos años una huella imborrable de muertes, padecimientos y cautivos en la me­ moria de los hombres, al mismo tiempo que el fuego, el olor a pólvora y el polvo que levantaban las grandes partidas maloqueras desdibujaron las insti­ tuciones y marcaron un verdadero retroceso hacia el barbarismo. "Es constan­ te que esta ciudad", escribió Joseph Sotomayor al virrey Cevallos en noviem­ bre de 1777, refiriéndose a las invasiones indígenas que asolaban Mendoza,

"es la garganta del comercio de Chile, que en sus estancias se mantienen las boyadas y caballerías que habilitan su giro, y ocupadas estas de los yndios bárbaros no hay otras en que pastar estos ganados, y ve aquí cortado el impor­ tante comercio de las Provincias del Río de la Plata, Paraguay y Tucumán, que gira precisamente por esta ciudad a la de Santiago de Chile, y de aquella a la de Lima, y otras partes de esta América meridional, siendo imponderable la ruina que seguiría de que dichos yndios ocupasen estas campañas y se apode­ rasen de esta ciudad, y aún de la de San Juan, que todo es de recelar de la insolencia y arrojo con que acometen por todas partes ... "83

El terror que provocaba el 'indio bárbaro' ocupaba el lugar de las palabras y de la reciprocidad, desterrando el potencial pacificador del dialogo. La au­ sencia de mediadores naturales -fuesen estos misioneros o conchavadores­ redujo aún más las posibilidades de acercamiento entre ambos mundos, inten­ sificando la ruptura. La guerra establecía abismos que no se superaban con facilidad, incentivando la violencia como el único mecanismo capaz de con­ trarrestar la violencia del otro. "No ocurre otro medio", escribió el mismo

82 Acuerdo del cabildo de la ciudad de Córdova, 12 de noviembre de 1777, Bl. Add.

Mss., 13.980, f. 133.

83 Joseph S. Sotomayor a Pedro de Cevallos, Mendoza, 10 de noviembre de 1777, Bl. Add. Mss., 13.980, f. 127.

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Sotomayor, refiriéndose al fuerte de San Carlos, "que el de mantener en aquel fuerte la tropa fija de 200 hombres con la correspondiente caballada, para que con prontitud puedan reparar cualesquiera invasión y castigar a los enemigos, distribuyéndose esta tropa entre el dicho fuerte y otro que se ha meditado sobre la costa del río Tunuyán, en el paso por donde se introduce el enemi­ go" 84. Los hechos descritos por Sotomayor no dejaron impávido al virrey Cevallos. Inmediatamente ordenó a José Francisco Arnigorena, recientemen­ te nombrado maestre de campo de las milicias de Mendoza, que organizara una expedición con "vecinos y estantes y habitantes, así en esa ciudad de Mendoza, como en la de San Juan, para que saliendo al opuesto escarmienten esos atrevidos indios ... "85

A principios de 1779, Arnigorena, salió en persecución de los pehuenches.

En esa condición, fue el primer oficial español que visitó los territorios situa­ dos al sur del río Tunuyan, llegando hasta las riberas mismas del Río Grande de Malalhue. En la detallada declaración que hizo al respecto Juan Antonio Guajardo se proporcionaron datos inéditos sobre la toponimia y el hábitat de los pehuenches:

"Caminando de el Corral de Guanacos al Cerro Colorado, llamado de los indios Quele Mahuida que está distante cuatro leguas, se encuentran las habi­ taciones y paraderos de indios. A distancia de cinco leguas está Butamallín, en nuestro idioma Manantial Grande. A distancia de cuatro leguas está Butacobenlegue, que nosotros llamamos Río de San Agustín, aunque quiere decir Río Grande. A distancia de tres leguas está el Valle de Ranquelco, que significa Aguas del carrizal, todas estas habitaciones de ellos por la parte de la sierra= Pichileubu, que quiere decir Río Chiquito, dista seis leguas y está en paralelo con Maule= Minchemeligue, que quiere decir Abajo del Nico (¿ ?) y está a mano derecha de el camino y bajando a la derecha, a distancia de cinco leguas, están unas salinas a mano izquierda y en el mismo camino está un valle con agua dulce, y para llegar al Río de las Barrancas está una cordillera media­ na, y hay de camino firme diez leguas; a las cinco leguas está una Laguna muy abundante de pescados llamada Cavileube, que significa Agua Verde.= Barbarco está ocho leguas, y se pasa otra Cordillera pequeña, ambas transitables en todos tiempos aunque nieva. Este término en nuestro idioma quiere decir Agua Espumosa .. = Neuquén, que quiere decir Río Claro, está distante cinco leguas. Dahuegüegüe, que quiere decir Lugar de Bledos, está distante seis leguas, y en paralelo con el Río de Biobio, última población de los nuestros

84 Ibíd., 126v.

85 Cevallos a Amigorena, Buenos Aires, 31 de marzo de 1778, AN. FMV., vol. 24, pieza 16, f. 220.

por la parte de Chile caminando al Sur. Los rastrojos están ocho leguas. Rucachoroy, que significa Casas de Catitas, está distante doce leguas, aunque en el camino hay algunas aguadas pequeñas. = Nillui, Cerro de los Pisiares está distante cuarenta leguas, aunque hay algunas aguadas por el camino y montes de árboles, pero ningún frutal sino los pinos que dan unas piñas co­ mestibles. Desde el Río de Los sauces (Negro) hasta el mencionado lugar, todo es pertenencia á los Yndios Peguenches, y todos los lugares citados son habitaciones de ellos, variando de habitaciones y viviendo en trozos unos en unas partes y otros en otras ... " 86

Esta descripción de la geografía del país pehuenche era doblemente valio­ sa, pues no solo situaba a los pehuenches en sus respectivos territorios, sino que también proporcionaba un verdadero rutero para el país árido con noticias de los ríos, lagunas y recursos de agua que podían utilizar futuros expedicio­ narios. De ese modo, un espacio que había permanecido desconocido para los españoles era finalmente abierto a su mirada inquisitoria y expansionista. En esos mismos días, desde Chile, el comisario de guerra Pedro José Ventura de Guzm { an proporcionaba información inédita para entrar al país de los malalhueche desde Chile.

"Cumpliendo con el superior orden verbal de Vuestra Señoría de darle razón individual de todo lo acaecido en la entrada que hice a la otra banda y tierra de los Yndios Bárbaros a efecto de averiguar el robo de 600 animales entre mu­ las, caballos y yeguas que hicieron de mi hacienda, y solicitar buenamente su restitución, pongo en su alta consideración que el día 29 de marzo de 1779 emprehendí (sic) la entrada con 25 mozos, entre ellos el lenguaraz don Juan Baltasar y el teniente de Amigos Juan José Galaz.

Y en el primero día que salí de casa llegué al otro lado del Río de Teno a la estancia de Quetequete.

El segundo día pasé a la estancia de Cumpleu, perteneciente al convento de la Merced.

Al tercero entré a la Cordillera y fui a parar al paraje nombrado Las Lomillas, cuyo camino es que llaman de El Portillo.

En el cuarto día desde aquel paraje de Las Lomillas fui con mi gente a parar al lugar nombrado El Blanquillo.

En el sexto pasé a la invernada que llaman de Tironi.

En el séptimo llegué al paraje nombrado La Piedra Grande. En el octavo llegué al lugar nombrado El Campanario.

86 Declaración de Juan Antonio Guajardo, Mendoza, 24 de marzo de 1779, AN. FMV., vol. 24, pieza 16, f. 223.

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En el nono pasé al lugar nombrado Las Salinillas Chicas, y en él hallé la pri­ mera reducción de indios de el cacique Guentenau, el cual me recibió con 58 yndios de lanza, los 13 armados de lanzas y 9 encoletados; varios de ellos con los morriones y una cota de malla ... salí de la reducción expresada y fui a dar a las derezeras de Las Salinas, y de allí al siguiente día fui a parar a un río donde con la gente que iba hice mansión ... al tercero día que salí de la pose­ sión al parage donde estaba, que se nombra el Río Chiquito, (en) el cual me recibió (Anean) con 128 indios de lanza ... "87

La gran distancia que separaba a Mendoza de Malalhue -más de 400 kiló­ metros de tierras serranas donde imperaba el sol, el viento sonda y los mato­ rrales del sotobosque que anunciaban el nacimiento de los grandes macizos cordillerano que, como una verdadera barrera azulada flanqueaba las clinas y quebradas-, también se tradujo en una distancia política y diplomática. Más allá de las apacibles campañas bordeadas de sauces y acequias comenzaba el agrestre país del salvaje.

El desconocimiento de las tierras australes daba lugar a especulaciones y sueños que bordeaban la alucinación. Ese fue el caso del resurgimiento, en esos mismos años, de las leyendas relativas a la mítica Ciudad de los Césares, fábula que se apoderó del pensamiento de hombres lúcidos después de haber permanecido ignorada por décadas. "Ignoro cual sea su comercio y si usan monedas", escribió el comisario de naciones Ignacio Pimuer en 1777, dando cuenta de la fabulosa Ciudad de los Césares enclavada en algún rincón del sur "sé sólo que tienen ganado en abundancia, y plata, y que son privas (sic) de añil, chaquiros, fierro, abalorios, por cuya razón dicen los Yndios son pobres. Han tenido comercio con los pehuenches, igualmente que con los indios de nuestra jurisdicción por la necesidad de sal...."88 Los europeos allí instalados, señalaba con similar énfasis y convicción el gobernador de Chile, habrían construido "fosos y rebellines con puentes levadizos, libres por estas indus­ trias de ser invadidos de los fieles comarcanos, sobre quienes parece que en la actualidad tienen adquirido dominio y subordinación, concurriendo a las jun­ tas a que los citan con la obligación de guardar el secreto de su permanencia

87 Declaración de Pedro José Nuñez de Guzmán, Santiago, 29 de marzo de 1779, AN.

FMV., vol. 24, pieza 16, f. 224.

88 Resumen de una relación muy extensa que hizo el capitán de infantería Don Ignacio Pimuer, Lengua General de la Plaza de Valdivia, al Presidente de Chile don Augustín de Jauregui, sobre las pesquiciciones que hizo de una ciudad poblada de españoles en medio de los indios comarcanos de Valdivias, en cuya residencia estaba viviendo, BL. Add. Mss. , 15.975, f. 104.

en aquel oculto destino: que tienen murallas y casas de juncos, alguna artille­ ría y buenas armas .... "89 La fascinación que ejercía la presencia de una ciudad semiencantada, abundante en riquezas y que se mantenía completamente ais­ lada del resto del mundo europeo, lograba derribar las dudas aun de los más escépticos. El fiscal de la Real Audiencia de Santiago Joaquín Pérez de Uriondo observaba con respecto del informe presentado a comienzos de la centuria por Silvestre Roxas: "Los más tienen por falso lo que contiene dicho informe. No me empeño en justificarlo, pero me inclino a que es cierto lo principal, de haber tal ciudad de Españoles, más hacia Buenos Aires, o el Estrecho de Magallanes"9

º.

Al sur de Mendoza, observó Roxas en su informe, estaban asentados los indios picunches, chiquillames y diamantinos; más allá del río Diamante, continuaba, habitaban "multitud de yndios llamados peguenches. U san lanza y alfange, y suelen ir a comerciar con los césares españoles" 91.

Desde el primer contacto, los territorios controlados por los naturales se poblaron de seres fabulosos o fantásticos. A fines del siglo XVIII, el viajero Haenke reproducía el testimonio de Cosme Bueno de "que se hallan caballos marinos" en la laguna de A vendaño, cercana a !tata. "Pero la descripción y relación que hacen de estos anfibios", proseguía el viajero, "y su comparación con los caballos terrestres es tan poco verosímil que o es un animal imagina­ rio o cuando más una especie de foca .... "92 De acuerdo con Joseph Orejuela, un prolífico proyectista de la época, las autoridades debían empeñarse en la reconquista de los territorios perdidos; refiriéndose específicamente a la anti­ gua villa de Osorno, puntualizaba que ese era un terreno "tan ameno y abun­ dante de minas de oro, usurpado injustamente a vuestra Majestad por aquellos detenedores que deben reconocer el vasallaje a Vuestra Majestad le es debido, y que al erario real están ocasionando diariamente muchos gastos, y mayores perjuicios en las fronteras, viviendo sus moradores en una continua sozobra"93.

89 Copia de la carta escrita por don Agustín de Jauregui, Presidente de Chile, al Excelentissimo virrey del Perú Don Manuel de Amat, Santiago, 29 de marzo de 1774, Pedro de Angelis, Op. cit., vol. l.

90 Informe del Fiscal de la Real Audiencia de Santiago Dr. Pérez de Uriondo sobre el Derrotero de un viaje desde Buenos Ayres a los Césares, por el Tandil y el Volcán, rumbo de Sudoeste, comunicado a la Corte de Madrid en /707 por Silvestre Antonio de Roxas, que vivió muchos años entre los Yndios Peguenches, de Angelis, Op. cit., vol. 1, p. 357. Sobre la búsqueda tardía de la mítica ciudad véase Barros Arana, Op. cit., 459 y ss.

91 Ibíd, p. 358.

92 A Description of Perú, etc ... _Op. cit., f. 336v.

93 Memorial presentado al rey sobre la reconquista y descubrimiento de la ciudad de