Mucho ha sido el desarrollo teórico y los enfoques utilizados en la conceptualización de los movimientos sociales como forma de acción colectiva. Por esta razón y tal y como evidenciaba Revilla, además de las condiciones sociopolíticas del contexto, se ha de ahondar en “las causas de que en un momento dado surjan movimientos sociales que articulen identidades colectivas nuevas o que redefinan identidades previas” (Revilla, 1994: 183).
A partir de esta reflexión, constante durante la realización del presente trabajo, se considera que los principales enfoques de estudio de los movimientos sociales por sí
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mismos no ofrecen una panorámica general de un acontecimiento. Ofrecen una instantánea de un momento determinado en el que el Movimiento social se encuentra en una fase que puede ser analizada, explicada y articulada en torno a unos criterios específicos asociados a la estrategia o la identidad. La naturaleza dinámica y cambiante de los movimientos sociales hace que un enfoque multidimensional permita obtener una visión completa atendiendo a las causas estructurales y a los elementos subjetivos e identitarios. Por esta razón, se considera que los principales enfoques teóricos son complementarios y que aplicando sus distintas acepciones, se alcanza un mayor entendimiento de un movimiento social en un momento determinado.
De esta manera, un movimiento social es una forma de acción colectiva surgida cuando, en función de un contexto determinado (oportunidad política), se crea una identidad colectiva. Su objetivo es materializar y dar respuesta a una situación generada en un contexto determinado y a partir de la cual surge una identidad colectiva que guía la participación e involucramiento.
Mario Diani (1992), a través del estudio de cuatro enfoques teóricos sobre los movimientos sociales39, destaca cuatro componentes clave de los movimientos sociales que ayudan a su definición: redes informales de interacción; solidaridad y creencias compartidas; acción colectiva desarrollada en situaciones de conflicto; acción llevada a cabo en espacios alejados de la esfera institucional y de los procedimientos comunes.
Para Charles Tilly los movimientos sociales son organizaciones formadas por grupos de interés unidos por la falta de actuaciones democráticas en un espacio político concreto. Haciendo uso de los planteamientos elaborados junto a Tarrow y McAdam (2001) el autor define los movimientos sociales “como una forma única de contienda política; contienda por cuanto esos movimientos sociales plantean una serie de reivindicaciones colectivas que, de ser aceptadas, chocarían con los intereses de otras personas; política por cuanto de un modo u otro, los gobiernos, con independencia de su signo político, figuran en tales reivindicaciones, bien como actores, bien como
39 Los cuatro enfoques que Diani analiza son: la teoría del comportamiento colectivo (Smelser, Turner y
Killian), la teoría de la movilización de recursos (McCarthy y Zald), la teoría del proceso político (Tilly) y la teoría de los nuevos movimientos sociales (Touraine y Melucci).
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objeto de la reivindicación, bien como aliados del objeto, bien como árbitros de la disputa” (Tilly, 2009: 21). Añade que se trata de un medio de participación ciudadana en la esfera de lo político que se moldea a partir de una paleta preexistente de formas protestatarias, más o menos codificadas, y con diferente acceso en función de la identidad de los grupos movilizados. Formas como la manifestación o concentración son formas implantadas para la expresión de una causa, una reivindicación, por lo que el que haya variaciones en dichas formas queda directamente unido a las propias particularidades del grupo movilizado. Tilly (1986) propuso la noción de “repertorio de acción colectiva” para sugerir la existencia de formas de institucionalización propias de los movimientos sociales. Llegó a concluir que “los individuos concretos no se reencuentran para la acción colectiva. Se concentran para dirigir una petición al Parlamento, organizar una campaña de llamadas telefónicas, manifestarse delante del ayuntamiento, destruir los oficios de tejeduría mecánica, iniciar una huelga” (Tilly, 1976: 143).
Por su parte, Tarrow (1994: 2) entiende que un movimiento social se produce cuando los actores sociales establecen sus acciones alrededor de demandas comunes a partir de interacciones con las élites, los oponentes o las autoridades.
El movimiento social no debe ser visto ni como una situación de emergencia ocasional ni como un fenómeno aislado, sino por el contrario, una realidad persistente y constante en el funcionamiento del sistema, enmarcado dentro de una dimensión espacial específica. Así, el movimiento social se constituye como un espacio en donde se negocia y (re)compone la identidad colectiva. Es en el movimiento social, en tanto que proceso de identificación y construcción social, que se produce la integración simbólica de los individuos cuya voz no ha sido recogida en los proyectos sociales existentes “El movimiento social se constituye así como una suerte de cultura alternativa al margen del conjunto del sistema cultural preexistente” (Revilla, 1994: 204). En esta línea, la autora propone que el movimiento social es la “forma de “activación” de la sociedad por la cual los grupos de ciudadanos, reunidos en un proceso de identificación, promueven la transformación del orden social” (ídem).
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Se han ofrecido los elementos conceptuales relativos a la importancia del contexto y las identidades colectivas en el estudio de los movimientos sociales, con el fin de rescatar los principales elementos de cada uno de ellos. Además, se pretende establecer una relación de complementariedad entre ambos enfoques, ya que consideramos que el contexto crea las condiciones para que se articule una identidad colectiva, y la identidad colectiva determina la interpretación y posicionamiento frente a dicho contexto.