3.2. Research Design, Method of Data Collection and Analysis
3.2.1. Sources of Data
Sri Aurobindo (1872-1950), indio de educación occidental, que trabajó por la independencia de la India y escribió obras poéticas y de filosofía religiosa, filósofo del no-dualismo integral, considera a lo Brahmán como única realidad fundamental, que reconcilia la oposi- ción finito-infinito, espíritu-materia, uno-múltiple, ser-devenir, no siendo la materia sino una autolimitación del Espíritu. Trató de inte- grar el pensamiento hindú con las ideas modernas evolucionistas: evolucionando a través de la materia, el ser divino alcanza formas espirituales superiores; evolucionando en su conciencia hacia el esta- do de superhombre en que podrán vivir la vida divina en la tierra, los humanos son como encarnaciones de Dios. Por ese mismo motivo evolutivo, las almas no pueden reencarnar en seres inferiores al hom- bre, ya que no se puede aceptar una anti-evolución.
Mediante el «yoga integral» combina los ejercicios del espíritu y la meditación con la formación física cultural e intelectual, accedién- dose a su través a la saccidananda, unidad de existencia-conciencia- felicidad. Interpreta el ashram (centro de retiro y meditación) como
comunidad de trabajo y de renovación vital143.
142. Acharuparambil, D: Op. cit. pp. 229-244.
143. Cfr. Merlo, V: Experiencia yóguica y antropología Filosófica. Invitación a la lectura
15.5. Gandhi
Mohandas Karamchand, más conocido como Mahatma Gandhi, «alma grande» (1869-1948), impactado por el Evangelio e impregna- da por la bhakti o religiosidad popular hindú, es el padre de la inde- pendencia de la India, así como el maestro y predicador de la resis- tencia no violenta, a pesar de lo cual será asesinado el 30 de enero de
1948 por un brahmín fanático144. Su vida, atractiva en grado sumo, le
convierte sin duda uno de los más grandes líderes espirituales del siglo XX.
Sin dejar de autoconsiderarse hinduista ortodoxo (pese a su re- chazo del sistema de castas), estaba muy abierto al cristianismo tras su visita al monasterio trapense de Durham en Sudáfrica. Su cosmo- visión se basa en cuatro pilares: satya (verdad divina), ahimsa (no vio-
lencia), tapasya (renunciación), y svaraj (autonomía moral)145.
En la estimación popular era, por lo menos, un santo; para los intocables y los campesinos, una encarnación de Dios encaminada a remediar los males del mundo, o, si se quiere, otra ilustración del principio enunciado en el Bhagavad-Gita por Krishna: «Siempre que la virtud decae o aumenta el vicio, me vuelvo a crear de nuevo, y apa- rezco otra vez de tiempo en tiempo para la preservación de los jus- tos, la destrucción de los malvados, y el establecimiento de la virtud».
15.6. Radhakrishnan
Sarvepalli Radhakrishnan (1888-1975), sobre la base del Advaita Vedanta de Sankara y lo mismo que otros hindúes, lleva a cabo un sincretismo oriental-occidental que desemboca en la afirmación de
144. Por un brahmín mahrata perteneciente a uno de los grupos derivados de B.G. Tilak (1856-1920), hinduista militante antiislámico, es decir, contrario a todo lo no-hindú, y amigo de restaurar las raíces más hondas y antiguas de la India, incluído el matrimonio infantil.
145. Cfr. entre otras muchas las biografías de Fischer, L: Gandhi. Ed. Plaza Janés, Barcelona, 1982, que inspiró la película de Richard Attenborough, y Nicholson, M: Mahatma Gandhi. Ed. SM, Madrid, 1991. También, Müller, J. M: Gandhi.
La sabiduría de la no-violencia. Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1995, 109 pp;
Clément, C: Gandhi, profeta de la libertad. Ed. Aguilar, Madrid, 1991; Drevet, C: Gandhi interpelle les chrétiens. Ed. du Cerf, Paris, 1965, 173 pp. Pongamos en último lugar la de nuestra propia hija Esperanza Díaz: Gandhi. Ed. Mounier. Colección Sinergia, Madrid, 1998
que «las diversas religiones son la formulación histórica de la verdad sin forma; mientras el tesoro es único, el recipiente que lo contiene
asume la forma y el color de su tiempo y ambiente»146, optando a par-
tir de ahí por una especie de religión del espíritu urgiendo hacia la cooperación activa de las distintas religiones en una comunidad reli- giosa mundial.
15.7. Krishnamurti
Jiddu Krishnamurti (1895-1986) estuvo originariamente vinculado a movimientos teosóficos y presentado en esos círculos como el «nuevo profeta». Más tarde, convertido en viajero infatigable y pre- dicador del Oriente en el Occidente, se convirtió en un gran santón
desde los Estados Unidos147.
15.8. Otros
Hacia finales del s. XVIII, cuando el imperio británico planta su tienda en la India, el hinduismo entra en contacto con Occidente; el siglo XIX abre en el hinduismo la brecha de las reformas, a veces también de las posiciones sectarias, disparatadas, fundamentalistas, con personajes autólatras muy peculiares, pretendidamente reforma- dores. El primero de los reformadores fue Ram Mohan Roy (1772- 1833), «padre de la India moderna», que rechaza el politeísmo y pos- tula un sincretismo hindu-islamo-cristiano, creando la Brahma-samaj (Sociedad de los creyentes en Brahma), que introdujo en el hinduis- mo una conciencia social sin precedentes, pese a no ser un movi- miento popular, sino un círculo de intelectuales, del que salieron más reformadores hasta que se extinguió. En las asambles de la Brahma- samaj los fieles se encontraban en una sala desnuda, sin imágenes de ningún tipo, y cantaban a coro himnos devocionales dirigidos al Dios
único, con repudio de toda la tradición hindú148.
146. Cfr. Acharuparambil, D: Op. cit. pp. 255-263.
147. Para los grandes maestros modernos (Ramakrishna, Vivekananda, Maharashi, Aurobindo, Gandhi, etc) cfr. Varenne, J: El hinduismo contemporáneo. In Puech, H: «Las religiones constituidas en Asia y sus contracorrientes». I. Ed. Siglo XXI, Madrid, 1981, pp. 256-268.
148. Este repudio comenzó en Ram Mohun Roy cuando en su primera infancia vio cómo su tía era quemada viva, a pesar de sus súplicas en contra, en la pira funeraria de su esposo. Cfr. Varenne, J: Op. cit. p. 253
De ahí se escindió Shiv Narain Agnihotri (1850-1909), fundador de la Deva-samaj, ya entregado a un bhatkismo espiritista que termina negando toda divinidad para autodivinizar la del propio fundador.
Precisamente una nueva subescisión del grupo fue la de Keshab
Chandra Sen (1838-1884), creando una religión seudocristiana, la Nava
Vidhana (Nuevo Orden), de la que el propio Sen se autodenominó Papa. En el ritual de la Samaj introdujo un bautismo que imitaba al cris- tiano y una comida comunitaria, mientras enarbolaba en su estandar- te el tridente shivaita, la media luna musulmana, y la cruz cristiana.
Después de esto las diferentes Samaj se transformaron en socie- dades de tipo masónico dedicadas a la caridad y al desarrollo de cen- tros educativos en los que se esforzaban por adaptar a la India lo esencial de la cultura occidental.
El acaudalado brahmín Swami Danayanda Sarasvati (1824-1883), tras vivir varios años como monje mendicante, postulaba por el con- trario una vuelta a los orígenes védicos indo-arios, expurgando al hin- duismo de todo añadido ulterior, incluído el culto a Shiva, también el yoga, o los Purana («cuentos infantiles»), así como el Mahabharata (al que definía tan sólo como «una hermosa obra literaria»), para lo que fundó la Arya Samaj anti-islamo-cristiano-occidental.
16. El sijismo
Traemos aquí a colación a una religión no hinduista surgida del hinduismo, tanto que a base de fricciones interiores ha llegado a ser antitética respecto de su origen. La comunidad de los sijs destaca por su importancia entre las demás sectas fundadas en el siglo XVI. Rechazando el hinduismo, sus 14 millones de fieles, dispersos entre
la India y el mundo anglosajón149, son mayoritarios –más del 60% de
la población– en la región india del Punjab, aunque apenas represen- tan el 2% de la India. Hasta que en 1849 lo anexionan los ingleses, en el Punjab (todos los sijs son punjabíes, pero todos los punjabíes no son sijs) crean los sijs un Estado independiente en 1805 bajo la direc- ción de su lider religioso y civil Ranjit Singh (1780-1838). Actualmente luchan por conseguir un estatuto de autonomía religiosa para su región empleando para ello medios pacíficos y violentos; de hecho, como los islámicos, creen que morir luchando por su causa supone
ingresar en el paraíso. En 1984 se hicieron fuertes en su sede, el Harimandir (Templo Dorado) de Amritsar, centro principal del culto sij, donde fueron masacrados por el ejército indio. Tres meses después, miembros de la guardia sij asesinaron en represalia a Indira Gandhi, a
la cual habían responsabilizado de lo ocurrido en Harimandir150.
La religión monoteísta sij («discípulo») fue fundada por el gurú
Nanak como síntesis pretendida de hinduísmo e islam, y predica la
salvación mediante la unión con Dios al percibir, a través del amor, la persona de Dios que mora en las profundidades de nuestro propio ser. Sólo la separación respecto de Dios produce sufrimiento en el ser humano. En palabras de Nanak: «¡Qué separación terrible es estar apartado de Dios y que unión dichosa es estar unido a Él!». El Adi Granth («Libro del comienzo», «protolibro»), libro sagrado sij, reza así: «Dios es uno. Él es el Verdadero Nombre, el Espíritu creador y omniconservador, no temiendo nada, no odiando a nadie. Un Ser allende el tiempo, preexistente, increado, revelado por la gracia del gurú». La utilización de los modos musicales (raga), de la métrica (matra), expresándose los gustos o sentimientos estéticos (rasa) duran- te la recitación del texto y de los cantos deviene una poesía religiosa excepcional, elaborada para la celebración del Nombre divino.
El renunciamiento al mundo no figura en la fe sijista. Los sijs care- cen de tradición de renunciamiento, celibato, ascetismo o mendi- cación. Son cabezas de familia que mantienen a su gente con su trabajo y destinan el diezmo de su ganancia a obras de caridad. Convencido de la bondad radical del hombre, creado por un Dios bueno, Nanak defendió una ideología igualitarista radical contra cas- tas, razas y sexos, resaltando la importancia de la oración personal, y el servicio activo a la comunidad, a la que los sijs dedican un diezmo de sus ingresos y muchas horas de su tiempo libre. No la renuncia, sino la actividad; no sólo el mero pensamiento recto, sino también la acción recta; no únicamente el bienestar espiritual, también el mate- rial ha de promoverse: el fin de la vida es la liberación (mukti), que se
alcanza por la entrega al Uno (Ikk) y por la superación del egoísmo151.
150. Desde la partición del Punjab entre India y Pakistán en 1947, el desacuerdo entre los hindúes y los sijs no ha cesado de aumentar, siendo cotidianos los enfrentamientos violentos. Cfr. Kapani, L: El sijismo. In Delumeau, J: «El hecho religioso». Alianza Ed. Madrid, 1995, pp. 415-424.
151. Cfr. Macauliffe, M.A: The sikh religion. 3 vol. Delhi, 1968; McLeod, W.H: Sikh
La hermandad de los sijs requiere la abstención de alcohol, de carne y de tabaco, y asumir las cinco kas, así denominadas porque en el Punjab todas comienzan con esa letra: cabello sin cortar (que, recogido en forma de turbante, protege el cráneo y supuestamente aumenta la vitalidad), un peine para mantener limpio y en orden tanto cabello, una daga para la defensa propia, un brazalete de metal (que sirve de protección y de atadura del creyente respecto a Dios), y pantalones bombachos, simbolizando la permanente disponibili- dad, el estar siempre vestido para la acción.
17. El jainismo (s. VI a.C.)