En las fiestas navideñas de 1993, el Concejal Víctor Velazquez repartió entre los habitantes del municipio, una postal en la cual se hacia memoria de algu-
nos de los líderes del movimiento cívico que fueron asesinados.
Fuente: archivo personal de habitante de San Carlos, fotografía MH.
La instalación de las hidroeléctricas en el oriente antioqueño coincidió con el surgimiento de importantes movimientos cívicos en esta localidad y en la región. Los paros cívicos liderados por ellos tuvieron resonancia a nivel regional y nacional al movilizar a amplios sectores de población y articular una nueva visión de la
relación Estado-ciudadanía. La uniicación de las tarifas de ener-
gía eléctrica7 llevó al alza de los costos de los servicios públicos, el
cual fue el factor desencadenante de una importante respuesta social que se sumó a otras expresiones de protesta y movilización
en el país8.
El movimiento cívico tuvo su período de mayor auge entre los años 1981 y 1984 con la realización de tres grandes paros cívicos regionales en los que participaron entre 11 y 14 municipios. Me- diante la realización de numerosas asambleas populares, concen- traciones callejeras y marchas, empezó a hacerse público el clamor por la derogación de las alzas en los servicios públicos, con tarifas que además de ser impagables se erigían como el símbolo de un trato injusto e inequitativo por parte del Estado nacional para con la región y sus habitantes.
Este movimiento propició la coniguración de una opción po- lítica diferente a la del Partido Conservador. En 1980, con la par- ticipación de todos los sectores de la sociedad civil del municipio, surge el Movimiento de Acción San Carlitana, que después se lla-
mó Unión Cívica Municipal (UCM)9, cuyo propósito era garanti-
zar la transparencia en el manejo de los recursos de la adminis- tración pública y en las negociaciones con las hidroeléctricas, así como una participación directa en la política electoral que facili- tara otro tipo de acuerdos en favor del pueblo desde estas instan- cias. Esta movilización social y política alternativa se extendió a las
7 Medida adoptada por el Gobierno nacional en el marco de la aplicación de la
política energética.
8 Este período corresponde a una década de auge del movimiento campesino,
puesto de maniiesto en la realización de tomas de tierras, la radicalización de la organización campesina, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) y el surgimiento de la llamada línea Sincelejo, que marca diferencias con la línea Armenia. También es el momento de agudización de la crisis universitaria que dio lugar a un auge del movimiento estudiantil con expresión en universidades públi- cas y privadas (Pécaut 2006, 152-156).
9 El Movimiento de Acción San Carlitana cambió su nombre al de Unión Cívica
Municipal para evitar la confusión de sus siglas con las del grupo de autodefensas que operaba para esa época a nivel nacional y regional, Muerte a Secuestradores (MAS).
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Juntas de Acción Comunal, las cuales promovieron a mediados de los años noventa un modelo campesino de desarrollo rural que incluía la conformación de organizaciones de producción econó- mica de mujeres (Caicedo et al. 2006).
Al movimiento se vincularon diversos sectores de la sociedad civil (comerciantes, estudiantes, maestros y campesinos), quienes desarrollaron un profundo sentido de pertenencia y altos niveles de compromiso con sus causas y sus luchas, los cuales se mate- rializaron en una participación activa y solidaria con las acciones emprendidas.
Los habitantes de San Carlos sentían que el movimiento reco- gía sus intereses y sus necesidades como ciudadanos. Las protes- tas tenían sentido para la mayoría, se presentaban como justas y buscaban espacios para la participación y el ejercicio de la ciuda- danía. Hombres, mujeres, adultos mayores, adolescentes, niños y niñas encontraban y cumplían una tarea dentro de las protestas:
Éramos niños. Los niños recogíamos las piedras porque las ca- lles no eran pavimentadas y las arrumábamos para que los grandes las tiraran. Claro como niños nos escurríamos más fácil. ¿Cuál fue una problemática de la que yo recuerdo que ayudé a las piedras?… Una problemática de energía, porque ya el que tenía forma colo- caba el contador y estaba pagando y los que no tenían no se po- dían pegar fraudulentamente porque entonces a ellos era a los que venían le dañaban todo, se le llevaban el cable. Yo recuerdo que participó un inspector, un médico, un profesor, gente de comer- cio. Eso fue en el alto. Aquí llego dizque el escuadrón antimotín. Nosotros como niños para poder distinguirlos los llamábamos los patiblancos porque son esos que alguien campaneaba. No sé cómo, no había celulares como ahora, pero los de allá campaneaban y yo recuerdo que estando por allá en la calle dijo uno: “llegó un ca- mión con patiblancos, escóndase”. Ah, pues nosotros recogíamos las piedras y eso sí había una organización, uno en la esquina que dijera llegaron y se perdió todo el mundo; todo el mundo se escon- día en las casas. (Testimonio de mujer adulta, San Carlos, 2010)
Participar de la movilización se convirtió en parte de la vida diaria, en una posibilidad no sólo de interpelar a la administra- ción sino de relacionarse como pueblo y de emprender proyectos conjuntos que cohesionaron y empoderaron a la comunidad. Ac- ciones emprendidas como la manifestación de profesores y estu- diantes en 1978 o las protestas campesinas de 1979 por la cons- trucción de la represa Punchiná se recuerdan por su fuerza y por los resultados que tuvieron, los cuales contribuyeron a la conso- lidación del movimiento. Estas manifestaciones dieron lugar a la conformación de una Junta Cívica para discutir los principales problemas del municipio y que, además, exigiera a las empresas hidroeléctricas el cumplimiento de la construcción de infraes- tructura para la comunidad. En 1982, después de que algunos
miembros de la Unión Cívica Municipal (UCM) fueron elegidos
al Concejo Municipal, empezaron a escucharse amenazas y acusa- ciones, circularon panletos que conminaban a algunos de ellos
a marcharse. Sin embargo, la UCM se concentró en enfrentar las
problemáticas del municipio y en fortalecer el trabajo de mane- ra articulada con el Movimiento Cívico Regional a través de las Juntas Cívicas y de la promoción de la participación en los paros cívicos regionales de 1982 y 1984.
Estas amenazas empezaron a hacerse realidad con el asesinato de Julián Conrado David el 27 de octubre de 1983. Julián era un médico cartagenero que llegó a hacer el año rural a San Carlos y se quedó allí para ejercer su profesión y participar de los mo- vimientos cívicos. La gente lo recuerda como un líder con don de gentes y comprometido con las necesidades y demandas de la población. Murió asesinado por sicarios a un costado de la plaza principal, a pocos pasos de su consultorio. Según testigos “varios policías que se encontraban en la plaza no hicieron nada para detener al pistolero, forcejearon luego con la gente que trataba de aproximarse al cadáver” (El Tiempo, 25 de octubre de 1983). En respuesta a su asesinato se produjo una asonada que fue objeto de un amplio despliegue en la prensa nacional y local debido a la gran cantidad de gente que asistió y a los destrozos materiales
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que causó: incendio del comando de Policía, de las oicinas de los Juzgados Municipales, del Comité de Cafeteros y del almacén mu- nicipal. La multitud dio varias vueltas a la plaza principal con el ataúd antes del entierro (El Mundo, 25 de octubre de 1983).
Integrantes del Comité Cívico de San Carlos informaron des- pués que Julián Conrado había recibido amenazas, pero él se negaba a marcharse del pueblo. Este crimen fue inicialmente
atribuido al MAS10, grupo paramilitar que operaba desde el
magdalena medio. En ese entonces se identiicaron como auto- res materiales del asesinato a un personaje del pueblo, Jairo Ga- leano, y a otro individuo de nombre Uriel, de quien no fue po- sible establecer mayores datos (El Pueblo, 25 octubre de 1983).
Los comités de defensa de los usuarios de energía en el oriente antioqueño convocaron a una gran marcha para pro- testar por su asesinato. El 12 de noviembre de 1983 se realiza- ron marchas pacíicas contra las electriicadoras y en diciembre se llevó a cabo una gran marcha en Rionegro (García 1992, 92). Ésta es la antesala de un tercer paro cívico regional que tuvo lugar el 19 de febrero de 1984 y que en San Carlos se pro- longó más allá de lo previsto, unos 15 días. Como fórmula de solución se suscribió un acta de compromiso en la cual la auto- ridad municipal se comprometió a respetar la vida y la libertad de los integrantes del Comité y de los ciudadanos participantes en el paro.
El movimiento cívico de San Carlos decidió entrar nueva- mente a la contienda electoral en el año 1984, en las elecciones efectuadas el 11 de marzo, donde se presentaron varios candi-
10 En 1983 el cartel de Medellín y Gonzalo Rodríguez Gacha, El mexicano, le die-
ron vida a Muerte a Secuestradores (MAS), el primer grupo propiamente parami- litar del país. Empezó una nueva etapa, ya no de autodefensa sino de paramilita- rismo, con la anuencia y la colaboración tanto de militares del Batallón Bárbula (creado en 1979 en Puerto Boyacá) como de oiciales adscritos a la Brigada XIV, con sede en Puerto Berrío. (Véase Semana. 2008. “La estela roja de Ramón Isaza”. Revista Semana, 28 de abril. http://www.semana.com/nacion/estela-roja-ramon- isaza/102710-3.aspx)
datos: Rodrigo Alberto Giraldo (ingeniero civil), Jorge Morales Cardona (odontólogo), Humberto Velásquez Orrego (estudian- te universitario), Luis Alfonso Tamayo y Omar García (inspec- tor de obras civiles). Allí lograron tres curules.
La elección de 1984 sentó un precedente en un municipio que hasta ese momento se había caracterizado por un dominio con- servador y dejó en claro la posibilidad de acceder al poder local que tenían los representantes del movimiento cívico. A partir de esto, las presiones sobre el movimiento cívico, ahora con una clara acción de disputa del poder local, se hicieron más fuertes. En esta época empezó a saberse de la presencia de la guerrilla del ELN en la localidad, situación que ejerció una enorme coacción sobre el movimiento, pues comenzaron a difundirse versiones según las cuales sus líderes eran aliados de la guerrilla, y que fueron utiliza- das como justiicación para la continuación de las incursiones de los grupos paramilitares desde el magdalena medio. El resultado de esta nueva situación fue el asesinato de los lideres Iván Castaño, Jairo Giraldo y Gabriel Velásquez. Ante esto, los integrantes de la dirigencia cívica elaboraron una propuesta dirigida a los sectores políticos del Gobierno local que condujera a frenar esta ola de violencia. La propuesta planteaba tres puntos:
Volante electoral.
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1. Un pronunciamiento en bloque contra todos los críme- nes, el cual sería suscrito por todos los estamentos políticos y irmado también por el alcalde, el personero y un representan- te del clero.
2. Elevar la queja a todos los estamentos gubernamentales como la Procuraduría, el Ministerio de Justicia, el Ministerio de Defensa y de Gobierno con el objetivo de ponerle in al baño de sangre.
3. Trabajar mancomunadamente para sacar adelante al pue- blo con base en un programa elaborado por representantes de diversos sectores sociales.
Esta iniciativa fue puesta a consideración del alcalde, el per- sonero y el jefe político del Partido Conservador, Jesús María Giraldo, pero, a excepción de la posición del personero, no tuvo acogida.
Entre algunos de los testigos o participantes del movimiento se airma que la responsabilidad del exterminio de esta primera generación de dirigentes cívicos fue de algunos jefes políticos del
Villeguismo11 y de algunos terratenientes y comerciantes que se
aliaron con Ramón Isaza12 y con los paramilitares del magdalena
medio. Con estas acciones se alimentó el conlicto, al tiempo que se consolidaron los grupos guerrilleros, quienes años después ase- sinaron a varios políticos conservadores en retaliación.
11 Agrupación que respondía a las orientaciones de Álvaro Villegas Moreno, re-
conocido dirigente del Partido Conservador en Antioquia con trayectoria en el desempeño de cargos públicos: gerente del IDEA, diputado, alcalde y concejal de Medellín, senador y embajador plenipotenciario ante la ONU durante el Gobierno de Julio César Turbay Ayala.
12 En 1978, Ramón Isaza dio inicio a la conformación de un grupo de autodefensas
en Puerto Berrío, municipio vecino a San Carlos, como una forma de respuesta a las extorsiones de las FARC contra ganaderos en el magdalena medio. De la mano de Isaza y sus hombres, esta región se consolidó como antisubversiva. Esto se logró mediante una estrategia de asesinatos selectivos de simpatizantes de la izquierda, campesinos inermes y líderes sociales; a través de la limpieza social y ofreciendo sicarios para ajustes de cuentas. Sus hijos Omar (muerto), Roque y Rubén, su yer- no, alias Mc Giver, y sus sobrinos Miguel y Hernán se convirtieron en comandantes (Véase Semana. 2008. “La estela roja de Ramón Isaza”. Revista Semana, 28 de abril. http://www.semana.com/nacion/estela-roja-ramon-isaza/102710-3.aspx
En este contexto, para muchos líderes la huida se convirtió en la única forma de ponerse a salvo: “Ellos fueron los primeros que mata- ron, y los otros que lograron escapar, hoy gracias a Dios están vivos porque lograron huir…” (Testimonio de hombre adulto, San Carlos, 2010). Las personas a las que se hace alusión en estos testimonios no se reconocían como desplazadas en ese entonces, ya que apenas co- menzaba a hablarse en el país de esta problemática. Sin embargo, es- tas salidas forzadas están en la memoria de la población como parte de la larga historia del desplazamiento en San Carlos.