Chapter 4: Subnational heterogeneity, spatial distance and foreign affiliate
4.3 Literature review and hypothesis development
4.3.5 Spatial distance and core-periphery dynamics
El término evangelización pasó al uso general de la Iglesia Católica con la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (1975) en la que se la describió como una realidad rica, compleja y dinámica para anunciar a Cristo a todos los hombres que no lo conocen (kérygma), predicando, catequizando, administrando los sacramentos, favoreciendo la promoción humana, la renovación, en otras palabras, todo aquello que pertenece a la «Missio ecclesiae».
De la evangelización podemos comenzar diciendo estas precisas palabras: “La vida y la actividad de la Iglesia deben responder a la apertura y a la universalidad de su misión. Herederos de la misión de Jesús, no podemos olvidar que Jesús vino a salvar lo que estaba perdido, a evangelizar a los pobres, a curar a los enfermos y pecadores (Cfr Lc. 4, 18-21). Lo más profundo de la vida de la Iglesia y del
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EXHORTACIÓN APOSTÓLICADE SU SANTIDAD PABLO VI "EVANGELII NUNTIANDI" AL EPISCOPADO, AL CLERO Y A LOS FIELES DE TODA LA IGLESIA ACERCA DE LA EVANGELIZACIÓN EN EL MUNDO CONTEMPORÁNEO. 8-Dic-1975. N. 22
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CELAM. Documento Conclusivo Aparecida. N. 26.146 159
CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA. IMPULSAR LA NUEVA EVANGELIZACIÓN. En Plan de acción pastoral 1993.
cristianismo es compartir el amor de Dios, Padre de buenos y malos, que quiere la salvación de todos los hombres. Los mejores cristianos, en la medida en que han vivido este misterio de comunión con el amor de Dios y de Cristo, se han sentido enviados al mundo, solidarios con los sufrimientos y esperanzas de los más pobres y necesitados, responsables de alguna manera, junto con Cristo, de la liberación y salvación de todos"160.
Pero los nuevos tiempos demandan que esta tarea de la evangelización se replantee en términos totalmente nuevos. Tras las complejas vicisitudes del último siglo, la sociedad en que vivimos “ha presentado al cristianismo y a la Iglesia el desafío más radical que ha conocido la historia, pero al mismo tiempo abre hoy nuevas y creativas posibilidades de anuncio y encarnación del Evangelio”. En la actual situación, la Iglesia se siente urgida a proponer una nueva síntesis entre el Evangelio y la vida. En esto estriba -en la nueva síntesis- la novedad que hoy se exige a la evangelización161
No basta, sin embargo, decir esto. En su momento el hoy Siervo de Dios Juan Pablo II, dijo que la "nueva evangelización", concreta se trata de una evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión”162, capaz de adaptarse a las circunstancias de esta nueva etapa histórica y de afrontar los nuevos desafíos de este momento. Conviene insistir en que, dentro del proceso único de evangelización al que se debe siempre la Iglesia desde sus comienzos y hasta el final de los siglos, convocada y enviada para ello por el Señor, se abre hoy una nueva etapa.
Se precisan, antes que nada, determinadas actitudes interiores: la Iglesia ha de anunciar hoy la Buena Nueva como si se tratase de la primera vez que lo hace en el interior de un pueblo, con toda la fuerza de novedad y de escándalo que entraña el Evangelio, con todos los alicientes y con todo el atractivo de una gran empresa; ha de actuar sin temores ni complejos, con sencillez, sin privilegios.
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CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II, Gaudium et Spes, nº 1. 161
JUAN PABLO II, Discurso al VI Simposio de Obispos europeos, 11 Oct. 1985. 162
La nueva evangelización, requerida por la nueva cultura contemporánea y por los cambios acelerados que agitan a la sociedad de hoy, tiene otras razones más radicales. Es cierto que la novedad del mundo moderno constituye un poderoso llamamiento, dirigido a toda la comunidad eclesial, para renovar su acción evangelizadora; pero las urgencias del momento, aún siendo graves, no pueden hacernos olvidar que la razón y el fundamento de la nueva evangelización se encuentran en el mismo Evangelio, como exigencia interna de un mensaje que nos ha sido entregado para bien de todo hombre y de todo el hombre. La evangelización expresa “la identidad más profunda de la Iglesia y de su dicha más plena”163.
La fe en el Evangelio, cuando es auténtica, se traduce necesariamente en dinamismo y propagación evangelizadora. La situación actual interpela a la Iglesia; es Dios, con todo, quien fundamenta y sostiene la iniciativa de la nueva evangelización. Dios, en efecto, conduce la historia por caminos que sólo Él conoce y a la Iglesia le toca discernir los designios del Dios que ama y salva al mundo en los caminos y en los acontecimientos de cada época de la historia.
La respuesta de la Iglesia ha de asumir dos direcciones: hacia fuera en primer lugar, hacia los no creyentes, los no practicantes y; en segundo lugar hacia dentro, aunque con no menor urgencia y hasta con mayor responsabilidad; hacia los propios creyentes para fortificar la fe de todos los bautizados y para personalizar esa misma fe, sostenida ayer por el ambiente social y sometida hoy a plurales desafíos culturales y sociales. “Alma del mundo”, los cristianos sólo lo serán de verdad cuando se viertan hacia todos los hombres desde una fe más radicalizada y personalizada. Por eso esta nueva evangelización intraeclesial mira no sólo a los individuos que se profesan cristianos, sino también a los grupos en sus más variadas conformaciones y situaciones, ambientes y culturas. Porque mira a la formación de comunidades eclesiales maduras, entendiendo por tales aquellas en las que la fe logra liberar y realizar todo su significado originario de adhesión a la persona de Cristo y a su
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Evangelio, de encuentro y comunión sacramental vivida en la caridad fraterna y en el servicio gratuito a todos los hombres164.
Estas dos direcciones de la nueva evangelización exigen de la Iglesia que anuncie con palabras y con obras, y limpiamente, las riquezas insondables de la verdad cristiana y que proponga con sencillez y energía las consecuencias, implicaciones y posibilidades de salvación y de creación de vida que la fe encierra en sí misma para el hombre y para la sociedad. El anuncio de la Iglesia, ante el pecado de los hombres y ante el de sus propios hijos ha de poner gracia de conversión, esperanza de salvación, solidaridad con los desamparados y fuerza de liberación de los que padecen dependencias.
El anuncio, sin embargo, ha de estar precedido y acompañado por el testimonio de la fuerza del Dios vivo. Es un Dios que nos salva y que nos capacita para vivir -desde la experiencia de reconciliación y fraternidad- en solidaridad con todo hombre, camino primero y fundamental de la Iglesia165.
La nueva evangelización surge, además, de una particular sensibilidad ante un hecho, triste, de nuestros días que el Papa Juan Pablo II en su momento señaló en la Encíclica “Sollicitudo rei socialis" con estas palabras: “Una multitud ingente de hombres y mujeres, niños, adultos y ancianos, en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, sufre el peso intolerable de la miseria”166. La nueva evangelización tiene mucho que decir y que hacer ante esta realidad.
Los pobres son, en efecto, los destinatarios privilegiados del anuncio de la Buena Nueva y es de la responsabilidad de todos los cristianos optar por los más pobres. La solidaridad con los sufrimientos y con las reivindicaciones y esperanzas de los más
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EXHORTACION APOSTOLICA DE JUAN PABLO II, Christifideles laici, n.° 34. 30/1271988 165
JUAN PABLO, Redemptor hominis, n° 13. A los venerables Hermanos en el Episcopado a los Sacerdotes a las Familias religiosas a los Hijos e Hijas de la Iglesia y a todos los Hombres de Buena Voluntad al principio de su Ministerio Pontifical. 4/03/1979.
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pobres y necesitados, ha sido siempre y es también hoy signo de una evangelización auténtica.
La nueva evangelización ha de estar particularmente atenta a lo que constituye el
“drama de nuestro tiempo”167 la ruptura entre el Evangelio y la cultura, entre el Evangelio y la vida. Este “drama” afecta a cristianos y no-cristianos de nuestros días168.
Para superar esta dolorosa e hiriente fractura, la evangelización ha de centrarse en lo fundamental: en la verdad de Dios y en la verdad del hombre, en el sentido y significado de Dios y en el sentido y significado del hombre. Descubrir e iluminar este doble sentido y significado constituye un dato particularmente interesante para la evangelización de la cultura contemporánea con el objetivo preciso de que el Evangelio llegue a “animar e inculturar” todas las expresiones y estructuras de la sociedad moderna.
Evangelizar la cultura moderna no significa que los cristianos deban asumir en su acción evangelizadora una fácil y mera acomodación a la sociedad contemporánea. Si se redujera a esta acomodación, la Iglesia se secularizaría necesariamente. Pero no cabe, por otra parte, que la comunidad eclesial se atrinchere en una cerrazón inmovilista por temor o por desprecio de la secularización ambiente. Frente a estas dos antagónicas tentaciones la nueva evangelización debe caracterizarse por una apertura misionera tendente a la salvación integral del mundo.
3.6 CONTENIDO ESENCIAL Y ELEMENTOS SECUNDARIOS DE LA