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En España, son numerosas las citas sobre la asociación entre eosinofilia y helmintiasis. Estos reportes se realizan en un marco complejo, ya que se detectan tanto casos, y/o brotes, provocados por helmintiasis autóctonas (anisakiosis, hidatidosis, oxiurosis, estrongiloidosis, triquinelosis…), como por patologías importadas, según Carranza Rodríguez, Escamilla González, Fuentes Corripio, Perteguer Prieto, Gárate Ormaechea, Pérez-Arellano (2015).

Comenzaremos revisando las referencias relacionadas con las helmintiasis autóctonas más características y su asociación con eosinofilia. Una de las más relevantes es la hidatidosis, zoonosis de gran repercusión socioeconómica en la península hasta finales del siglo XX. Históricamente las regiones más afectadas han sido Aragón, Castilla- La Mancha, Castilla y León, Extremadura, Navarra y La Rioja. La hidatidosis llegó a reducirse de forma significativa gracias a los programas de control introducidos en los años 80 y 90. En esta parasitosis el número de eosinófilos se mantiene en valores prácticamente normales en formas no complicadas de la enfermedad, y aumenta en

aquéllas más graves. También es muy interesante el caso de la estrongiloidosis

autóctona, especialmente en la Comunidad Valenciana. Esta nematodosis, de graves consecuencias en el Síndrome de Hiperinfección y especialmente en la forma diseminada, se ha mantenido endémica en la comarca de La Safor. Allí, Cremades-Romero et al. (1997) realizaron un estudio observacional de forma prospectiva y de tipo longitudinal durante un periodo de 19 meses; la selección de pacientes se llevó a cabo a partir de la presencia de eosinofilia sin filiar (>5%). A todos ellos se les realizó una búsqueda activa

del parásito en heces y se identificaron 37 pacientes adultos con S. stercoralis; tras el

tratamiento, 35 normalizaron la cifra de eosinofilia. El grupo (Román Sánchez et al., 2001) publicaron en ese año que la eosinofilia era un marcador sensible de la estrongiloidosis, encontrando que hasta el 82% de los casos mostraban más de 500 eosinófilos/µl, y que esta cifra crecía más en infecciones crónicas que en formas severas.

Otra nematodosis que sigue estando bien representada en nuestro entorno es la triquinelosis. Son numerosas las citas que hacen referencia a los brotes de la enfermedad (Rodríguez et al., 2004) que en su mayoría se concentran en cinco áreas principales: a) Cordillera Cantábrica y Pirenaica; b) Cordillera Ibérica; c) Cordillera Central;

d) Montes de Toledo, y e) Cordillera Bética. Tras el control del ciclo doméstico en nuestro territorio, el parásito siguió, y sigue, bien representado en animales salvajes, como el jabalí, que ha sido el origen de muchas de las últimas alertas registradas en las zonas montañosas destacadas. En todo caso, el control veterinario ha conseguido que en las últimas anualidades prácticamente no se hayan declarado brotes de triquinelosis. En relación con su asociación con la eosinofilia, comentar que Tiberio et al., (1995) en la descripción de un brote de esta parasitosis en Navarra encontró que de los 40 expuestos, 19 habían consumido embutido de cerdo, y de ellos 18 (95%) tenían hipereosinofilia que se normalizó 12 meses después del diagnóstico. También Serrano, Lacasa, Velázquez, Ziad & Aznar (1989) hallaron eosinofilia en 37 de los 48 individuos involucrados en un brote desencadenado por el consumo de carne de jabalí, y Herráez García, Lanusse Sendero, Cortés Blanco & García Cabañas, (2003) destacaron la relevancia de la eosinofilia como un marcador temprano y signo analítico característico de triquinelosis, al examinar 52 individuos expuestos a un brote de la enfermedad detectado en la Región de La Vera a comienzos del 2002.

Las helmintiasis intestinales típicas, producidas por Taenia spp, T. trichiura,

A. lumbricoides, H. nana y uncinarias, estuvieron bien representadas en toda la geografía española en otra época, pero hoy en día su incidencia ha disminuido significativamente; algunas se pueden considerar prácticamente erradicadas, gracias a las mejoras higiénico-sanitarias logradas (Ares-Mazas & Sela-Pérez, 1988).

La fasciolosis, trematodosis hepato-biliar, se caracteriza por cursar habitualmente asociada con eosinofilia. Esta parasitosis es más frecuente en el País Vasco y Castilla y León (Cosme, Ojeda & Cilla, 2001; Sánchez-Andrade et al., 2008).

En los últimos años, y relacionado con el consumo de pescado fresco, crudo o poco cocido, se ha producido un aumento significativo de casos de anisakiosis. Estos sucesos aparecen por toda España, pero especialmente en regiones en las que se consume de manera habitual “boquerones” y otros platos a base de pescado no bien cocinado. A diferencia de otras helmintiasis, la eosinofilia periférica no suele ser común en anisakiosis (Carranza Rodríguez et al., 2015)

Helmintos poco frecuentes, pero que conviene tener en cuenta, son las especies de Gnathostoma. Considerado habitualmente como parásito importado, en 2001 se describieron los dos primeros casos detectados en España, en mujeres de Granada que no habían realizado viajes a los trópicos (Montero, Montero, Rosales & Mascaró, 2001). Por último, también es relevante destacar la alta prevalencia de oxiurosis y de la menos estudiada toxocariosis. Aunque poco citada en la literatura, a pesar de su amplia

prevalencia, la parasitación por E. vermicularis es de las helmintiasis más frecuentes y

extendidas en nuestro país, especialmente en la población infantil. Si bien las opiniones son dispares en relación con su asociación con eosinofilia, hay que mencionar que Pérez-

Chóliz et al. (1983) revisaron 1131 pacientes, de los que 384 mostraban parásitos intestinales, concluyendo que la eosinofilia era una alteración constante en los individuos con oxiuros. Con respecto a toxocariosis y dirofilariosis, se piensa que su impacto está infravalorado, pero en los pocos reportes que existen sobre el tema se menciona que en las formas viscerales, la cifra de eosinófilos crece significativamente.

1.3.11 Real Decreto-Ley 16/2012: Su repercusión tanto en la sanidad española

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