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Specialist registration – Surgery (case study 1)

Section 4: Access to Vocational Registration – Medicine

4.8 Specialist registration – Surgery (case study 1)

En dos décadas de monitoreo de las aves del norte de la ciudad de Bogotá y alrededores, se registran las familias Emberizidae, Tyrannidae, Trochilidae y Thraupidae como las más numerosas (Rosselli et al. 2007). El Canal Molinos sigue la tendencia de la ciudad de Bogotá si se tiene en cuenta que varias de las especies registradas y clasificadas aquí como Thraupidos, figuran en la Guía de Aves de la Sabana de Bogotá (2000) como parte de la familia Emberizidae (p.e. Diglossa)

En la familia Thraupidae, que incluye especies con variados hábitos alimenticios, tradicionalmente muchas de las especies se consideraron principalmente frugívoras (Hilty & Brown 2001). En el Canal Molinos la mayor riqueza de especies de esta Familia (Figura 3), puede explicarse porque varias de las especies registradas (Anexo 3) se clasificaban antes en otras Familias (p. e. Familia Coeribidae), de hábitos alimenticios nectarívoros (Hilty & Brown 2001), que complementan su dieta con insectos (ABO 2000).

Para las siguientes dos familias en riqueza de especies Trochilidae (colibríes) y Tyrannidae (atrapamoscas), los insectos también son una parte importante de la dieta. Los colibríes, descritos principalmente como nectarívoros (Hilty & Brown 2001), se sabe que complementan su dieta con insectos hasta en un 50% (Stiles & Rosselli 1989, Poulin et al. 1994).

Los tiránidos o atrapamoscas, principalmente insectívoros, fueron la segunda familia en riqueza de especies migratorias boreales, después de la familia Parulidae (reinitas) también son consumidoras de insectos (Figura 3).

La aparición de algunas especies de interés en la conservación pertenecientes a algunas Familias que, ausentes en el Canal Arzobispo (Figura 3) ubicado en el centro de la capital y evaluado entre noviembre de 2006 y abril de 2007, y poco frecuentes en la ciudad de Bogotá, resultan importantes para el Canal Molinos y su aparición puede explicarle por algunas características propias del paisaje.

De la familia Scolopacidae, típica de aves vadeadoreas, se resalta la aparición de la Caica grande (Gallinago nobilis), especie restringida al Bioma Norte de los Andes (www.humboldt.org.co). Se registró únicamente en el Humedal de Córdoba y es una de las especies que ejemplifica la importancia del mantenimiento de la conectividad entre humedales y afluentes para garantizar la calidad de este ecosistema para varias especies de interés, pues no se registra con frecuencia en este Humedal, siendo más común otros humedales ubicados más al occidente de la ciudad (ABO 2000). La ausencia en el monitoreo del Canal Arzobispo refuerza la distribución localizada de estas especies para las que no se espera que los canales funcionen como corredores hacia o desde los Cerros Orientales, pero sí brindando calidad a través de sus afluentes. No se visitó el humedal Juan Amarillo donde tal vez podría haberse observado ésta u otras especies de la familia Scolopacidae.

Lo mismo puede decirse para algunos rálidos como la focha Fulica americana y la tingua piquiroja Gallinula chloropus que fueron observadas únicamente en el Humedal de Córdoba (Anexo 4) pero en varias visitas. Para estas, si bien el Canal Molinos ubicado en dirección oriente-occidente no se esperaría que funcione como corredor para la movilidad de estas especies de humedales y cuerpos de aguas lénticas (estancadas), el Humedal de Córdoba aparentemente es un hábitat funcional y allí buena parte del suministro de agua proviene del Canal Molinos y su conexión con lo Cerros Orientales y para otras como la Garza azul (Egretta caerulea), registrada únicamente en el Humedal de Córdoba y en una sola visita (Anexo 4), este Humedal es un lugar de paso hacia el de Niza, donde se reporta con mayor frecuencia (ABO 2000) y hacia donde se la observó volando.

Otras tres familias importantes para el Canal Molinos fueron Grallariidae, Rhinocryptidae, Furnariidae (sensu Remsen et al. 2007), estuvieron representadas cada una por una sola especie en el Canal Molinos (Figura 3). El comprapán (Grallaria ruficapilla), es una especie común en la vegetación conservada de los Cerros Orientales que no pasó del punto tres en el Canal Molinos. El Chamicero rabilargo (Synallaxis subpudica) es una especie amenazada y en el Canal Molinos tuvo una distribución especial, se presentó únicamente en los tres primeros puntos y en el Humedal de Córdoba (Anexo 4). Los Tapaculos (Scytalopus sp.), son especies restringidas al Bioma Norte de los Andes, algunas de ellas endémicas y al igual que el Comprapán, en el Canal Molinos se registraron únicamente en los tres primeros puntos (Anexo 4).

Estas tres especies son características de los Cerros (ABO 2000) y como el Soterrey Rufo (Cinnycerthia unirufa), la Reinita coroninegra (Basileuterus nigrogularis), el Clarinero (Anisognathus igniventris), todas especies de Cerros, se vieron significativamente afectadas por la distancia a los Cerros Orientales (n=15, rs= -0.7, p<0.01), como se sugería en la primera hipótesis teórica. Son especies asociadas a hábitats de sotobosque o bordes enmarañados (Hilty & Brown 2001), ausentes en el resto del recorrido del Canal Molinos y en el Parque Nacional, que fue el punto más alto evaluado en el Canal Arzobispo (Córdoba-Córdoba et al. 2007).

Las familia Charadriidae también estuvo representadas por una sola especie y fue registrada en el Canal Molinos de manera ocasional (Tabla 3). Sin embargo, la presencia del Alcaraván o Pellar (Vanellus chilensis) indica la respuesta adaptativa de los organismos al cambio climático. Esta es una especie de tierras bajas (ABO 2000) que ha ido incrementando sus poblaciones en la Sabana de Bogotá, siendo ahora posible observar grupos de hasta 30 individuos al Norte de la Capital (obs. pers.). Seguramente cada vez será más fácil observarla en la ciudad, asociada a las aguas estancadas (lénticas) y los pastizales amplios.

En cuanto a la especie Aratinga pertinax, la Lora Carisucia (Familia Psittacidae), como la anterior, fue ocasional en el Canal Molinos y seguramente es el resultado de aves fugadas de cautiverio (ABO 2000). El registro tan localizado (Anexo 4) con un solo individuo, sugiere que aun no hay una población en esta zona y es un individuo aislado que utiliza el Canal desde la avenida 19 (Anexo 2) hasta la Autopista y aprovecha los Cerezos y otros árboles frutales para alimentarse y percharse.

La familia de los pájaros carpinteros Picidae, representada solamente por Picoides (Veniliornis)

fumigatus, ausente en el Canal Arzobispo, es relativamente común en los alrededores de la

Sabana, incluidos los Cerros orientales (ABO 2000). Se le encontró muy localizado en el Canal Molinos (Anexo 4) porque al parecer no frecuenta parques urbanos, aunque estos presenten cierta densidad de árboles. Su presencia en la parte alta del Canal Molinos y el registro de anidación y alimentación de un par de crías (Anexo 5.) en una especie vegetal introducida (Urapán Fraxinus

chinensis), obedecería a la cercanía a áreas poco intervenidas en los Cerros orientales. Su

frecuentados pues son predios del Ejército Nacional de Colombia (Anexo 2), o a que la contaminación de la ciudad y de ciertas zonas afecta la cantidad de insectos que puede encontrar sobre la corteza o justo bajo ella aun en árboles en parques.

La distribución rango-abundancia para el Canal Molinos, se ajustó a una serie geométrica y puede verse el Canal como una serie de “parches de vegetación” en medio de una matriz fundamentalmente pobre en recursos como es la ciudad (Adams & Dove 1989). Esto influiría en la abundancia de las especies a partir de sus posibilidades de explotar los pocos recursos disponibles de manera “regular”; es decir, puede concebirse a la ciudad y al sistema del Canal Molinos como un hábitat “insaturado” (Magurran 1989) en el cual varias especies poco abundantes utilizan fracciones restantes del nicho ocupado por unas pocas especies (5spp) con abundancias comparativamente muy altas, como se ve en la caída inicial en la Figura 4. Se diferencia de lo que ocurre en bosques tropicales sin perturbación, que presentan curvas similares pero donde solo una o dos especies son muy abundantes (S. Córdoba com.per)

La caída inicial correspondió a las tres especies de amplia distribución en la ciudad y que fueron clasificadas como “muy comunes” según su estacionalidad y distribución (Tabla 4).: la Tórtola (Z. auriculata), el Copetón o pinche (Z. capensis) y la Mirla (T. fuscater). Las dos primeras han sido las especies más abundantes durante los veinte años de conteos Navideños (Rosselli et al. 2007). La dominancia de estas tres especies está de acuerdo con las predicciones de varios autores sobre la proliferación de unas pocas especies generalistas como característica de los paisajes urbanos (Beissenberg & Osborne 1982, Adams & Dove, Clergeau et al. 2006). También coincide con la sugerencia de Pickett et al (2001) en que el posible incremento en la riqueza de especies en las ciudades, se debe a la presencia de especies exóticas. Tanto la Mirla como la Tórtola son especies de reciente llegada a la Sabana (ABO 2000, Rosselli et al 2007).

Estas tres son especies que aprovechan su proximidad al ser humano (ABO 2000), siguiendo la clasificación de Blair (1996), se encuentran adaptadas al ambiente urbano y explotan los cambios que conlleva la urbanización (“resistentes urbanas”). Esto pudo confirmarse con su baja proporción en la composición de los puntos extremos del Canal al oriente y occidente (Figura 5), caracterizados por su baja intervención antrópica (Anexo 6). En el 93% de los puntos la proporción de estas tres especies en orden de importancia es: Z. auriculata, Z. capensis T.

fuscater. El número de individuos, la distribución de estas tres especies y sus registros de

reproducción (Anexo 5), permiten concluir que el Canal Molino funciona como un corredor para la movilidad de estas especies a lo largo del Canal y como un hábitat funcional alternativo para el mantenimiento de sus poblaciones en este sector de la ciudad.

Siendo estas tres especies características de ambientes intervenidos, con respecto al Canal Arzobispo donde también fueron importantes, la clasificación de una especie tan asociada a la urbanización como es la Paloma doméstica (Columba livia) como “rara” para el Canal Molinos (Tabla 4) y frecuente en el Arzobispo, indica que el impacto de la urbanización sobre la comunidad de aves es aparentemente aún más pronunciado en el Canal Arzobispo

Por lo menos el Copetón y la Tórtola podían ser especies que se encuentran pre-adaptadas a la urbanización (Lundholm 2006) pues ambas son nativas de áreas secas con árboles dispersos. Estas especies se ven favorecidas por la conectividad estructural que brinda la vegetación del Canal aunque seguramente podrían prescindir de ésta.

Las otras dos especies clasificadas como “muy comunes” en el Canal (Tabla 4), no fueron tan representativas en la composición de las especies por punto. El Colibrí (Colibri coruscans) es una especie que se registra con frecuencia en la ciudad (ABO 2000, Rosselli et al. 2007) y se sabe que tiene requerimientos de hábitat más exigentes que los de las otras tres especies “muy comunes”, siendo más sensible a la urbanización, principalmente por la necesidad de disponer de alimento en áreas continuas (Córdoba-Córdoba et al. 2007). Sin embargo, también disminuyo en general, su proporción en los puntos extremos del Canal

Su presencia a lo largo de todo el Canal (Anexo 4), con un promedio de 27 individuos por punto, sugiere que esta especie fue resistente a la urbanización y en la clasificación de Blair (1996) podría ser una de esas especies definidas como “resistentes urbanas” que están adaptadas a la urbanización y explotan el cambio en la estructura del paisaje. Sin embargo, la desviación de su abundancia a lo largo del Canal (± 20) indica que hay ciertas configuraciones de paisaje que pueden estar influyendo en su abundancia y uso de hábitat, lo que la clasificaría mejor como una especie “adaptable suburbana”. Éstas, según Blair (1996), son menos característica de ambientes altamente intervenidos, pero son capaces de explotar recursos adicionales, como la vegetación

del Colibrí ya que una de las especies vegetales que tuvo mayor proporción de uso fue el Eucalipto (Eucalyptus spp.) (Tabla 6), de donde obtuvo néctar y perchas altas para la realización de sus despliegues. Esta especie estuvo en el 100% de los puntos del Canal (Anexo 4) y efectivamente lo emplea como un corredor de movilidad y un hábitat funcional.

La última especie “muy común” fue la Golondrina vientrigris (N. murina), fue tolerante a los diferentes niveles de urbanización y a las diferentes coberturas de pastos, así que además de la presencia de áreas abiertas (Córdoba-Córdoba et al 2007), en el caso del Canal Molinos se sugiere que su abundancia y distribución responde a la disponibilidad de alimento en las copas de los árboles altos en dónde se encontraron sobrevolando frecuentemente cazando insectos. Su presencia a lo largo de todo el Canal, además de los registros de alimentación y reproducción (Anexos 4, 5) y de la observación de bandadas siguiendo el curso del Canal, indican que para esta especie el Canal Molinos funcionó como un corredor desde los Cerros Orientales hasta el Humedal de Córdoba, favoreciendo la persistencia de una población en esta área de la ciudad gracias a la posibilidad de uso que la estructura y composición del paisaje brindaron a la especie. Su baja frecuencia en el Canal Arzobispo (Córdoba-Córdoba et al 2007) y en las zonas más urbanizadas (ABO 2000), permiten que se clasifique, al igual que el Colibrí, en “adaptable suburbana”. Estas dos especies fueron observadas frecuentemente interactuando con algunas estructuras urbanas.

La proporción del número de individuos de otras especies diferentes a las cinco “muy comunes”, fue mayor en los extremos del Canal Molinos (Figura 5) lo cual comprueba una de las hipótesis de las que se partió, los puntos centrales del Canal soportan un menor número de especies nativas (Figura 7), como aquellas típicas de los Cerros o las de borde y parques arborizados (Anexo 3). Se encontró una correlación positiva significativa entre la riqueza de especies y el aumento en la cobertura de árboles y arbustos (n=29, rs= 0.6, p<0.01), que fue mas amplia en los puntos extremos del Canal (Anexo 6). Estos puntos, tanto en el análisis por puntos como en su observación dentro del gradiente propuesto (ver 6.3. El Canal Molinos como gradiente de urbanización), soportaron una riqueza de especies diferentes a las comunes en Bogotá y seguramente funcionan como fuente para algunas especies de cerros y bordes.

La riqueza de especies residentes de cerros y bordes, se correlacionó de manera negativa significativa con el aumento del área construida (n=29, rs= - 0.62, p<0.01). Lo que confirma otra de las hipótesis teóricas que sugería que las especies nativas serían más sensibles a la modificación en la cobertura Varios autores sugieren que esas especies especialistas desaparecen junto con la transformación de la cobertura vegetal o con el aislamiento de los parches (Adams & Dove, Blair 1996, Clergeau et al. 2006).

La riqueza de especies migratorias no mostró una correlación significativa con respecto a la cercanía a los Cerros Orientales o al Humedal de Córdoba, sin embargo, en general fueron más altos los valores al occidente del punto 11 (entre 7 y 11 spp). Este punto fue el único donde no se registraron especies migratorias (Anexo 2) y el que en general registró la riqueza de especies más baja. Representó una barrera importante a la conectividad funcional para muchas especies, sólo mostró afinidad para las especies de áreas abiertas y pastizales, algunas de bordes pero con muy pocos individuos y ninguna de Cerros (Tabla 7, Anexo 3). Este punto apoya la predicción de Blair (1996), quien sugiere que el desarrollo moderado, por ejemplo el de las zonas residenciales, por ejemplo el punto cinco del Canal Molinos (Anexo 2) puede incrementar la diversidad general de especies y disminuir la riqueza de las especies nativas, mientras que un aumento mayor de la cobertura urbana, por ejemplo el del centro de las ciudades, por ejemplo el del punto once (Anexo 6) disminuye la riqueza de las especies en general, tanto nativas como exóticas

La distribución de las especies migratorias a lo largo del Canal Molinos sugiere que estas pueden experimentar un cambio en las exigencias de hábitat, que seguramente está sujeto a la característica de la migración. En un trabajo que evaluó la distribución de las migratorias neotropicales a lo largo de un gradiente de urbanización en el sureste de Estados Unidos, Stratford et al. (2005) encontraron que con un mínimo incremento en la cobertura urbana, disminuyó de manera dramática la riqueza de estas especies, algunas ausentes en paisajes con más del 10% de cobertura urbana. Tres de estas especies tan sensibles a la urbanización durante su temporada reproductiva fueron registradas en el Canal Molinos, durante la temporada de hibernación: el Vireo ojirojo (Vireo olivaceus), la Tángara veranera (Piranga rurba) y la Tángara escarlata (P. olivacea). Estas tres especies aparecieron en el 65%, 48% y 55% de los puntos del Canal respectivamente (Anexo 4). Quizá su baja asociación a paisajes urbanos en temporada

reproductiva, puede ayudar a explicar su alta frecuencia de colisión contra las ventanas en esta ciudad, tanto en la migración de otoño como en la de primavera (obs.pers).

Aquí es importante que en el caso de este paisaje urbano se buscó evidencia de que el Canal Molinos fuera no solo un corredor para la movilidad sino que sirviera además como hábitat, al aumentar también las posibilidades de persistencia de las poblaciones, al brindar lugares alternativos a la matriz urbana dónde llevar a cabo actividades de alimentación y reproducción. Esta búsqueda tiene sentido pues los corredores en la ciudad pretenden preservar la comunidad de aves aún presentes y permitir la atracción de otras especies antes frecuentes (Simberloff et al. 1997).

Así, la alimentación, si bien no es estrictamente necesaria para confirmar un corredor según la definición estructural (Rosenberg et al. 1997), es importante para evaluar el uso diferencial que las especies hacen de ese elemento lineal en el paisaje y además, funciona como indicador de la posibilidad del corredor de aumentar la “permeabilidad” a las aves de la Sabana (Artículo 99 del Decreto 190 de 2004) para especies con diferentes requerimientos de hábitat a los de las especies generalistas y oportunistas que están asociadas a la urbanización (Adams & Dove 1989), y que pueden prescindir de este elemento en el paisaje gracias a su amplia distribución en la ciudad.

En el estudio realizado por Blair (1996) que evalúa el uso de hábitat y la diversidad de especies a lo largo de un gradiente urbano, se sugiere que la urbanización intermedia puede incrementar la diversidad estructural del hábitat proveyendo más lugares (en vegetación y construcciones), para actividades como la percha. La sugerencia se corroboró para el Canal Molinos. Las actividades con mayor frecuencia de registros fueron la percha y la alimentación (Tabla 5) y los elementos del paisaje más utilizados estas fueron, efectivamente, las construcciones urbanas (edificios, suelo de concreto, canalización, cables de electricidad, antenas, etc.) (Tabla 6). Además, en el gradiente sugerido, la zona con mayor frecuencia de registros para esta actividad se caracterizó por la urbanización intermedia, la arborización baja y los pastizales medios (Tabla 9). Sin embargo, este elevado número de registros de percha en las construcciones, se ve influenciado por la abundancia de individuos de las especies “muy comunes”, pues el número de especies que emplearon las construcciones (24 spp.) fue menor que el número de especies de aves que emplearon especies vegetales como el Eucalipto (Eucalyptus spp.) (30 spp.) o el Urapán

(Fraxinus chinensis) (28 spp.) y sin embargo el total registros de actividad fue mucho más alto para las construcciones (1161 reg.) (Tabla 6).

El recurso alimenticio con mayor frecuencia de registros, fueron los insectos. Como se vio anteriormente, las familias con mayor riqueza de especies para el Canal son fundamental o complementariamente insectívoras. La dieta insectívora provee una mayor proporción de proteína y carbohidratos complejos que los frutos, y la asimilación para la producción de energía, es mucho más eficiente (Levey & Karasov 1989). La disponibilidad de este alimento en el Canal Molinos, pudo favorecer la presencia de varias especies no generalistas que necesitan consumir de manera prioritaria o complementaria este recurso (Anexo 3), como ocurre con Pyrocephalus

rubinus, Diglossa cyanea o Pipraeidea melanonota, ausentes en el Canal Arzobispo, donde la

disponibilidad de semillas para el tiempo de evaluación, fue mayor que la de insectos (Córdoba- Córdoba et al. 2007).

En un trabajo que evaluaba la influencia de la urbanización en la dieta de las aves, se concluyó que hay un cambio en los gremios tróficos de insectívoros de dosel a semilleros de suelo (Beissienger & Osborne 1982). Esta predicción parece cumplirse con las especies residentes en el Canal Molinos si se tiene en cuenta que de los registros de alimentación para las especies migratorias (187), la mayoría fue de insectos del follaje (81%), así que sin los registros de estas especies, las semillas pasan a ser el alimento más consumido durante el tiempo de evaluación. Estas fueron obtenidas principalmente del pasto kikuyo (Pennisetum clandestinum) y de las construcciones (34% y 35%). Estos dos elementos están asociados con la disminución en la complejidad estructural del hábitat (Gavareski 1976), y fueron consumidas principalmente por el Copetón (Z. capensis) y la Tórtola (Zenaida auriculata) en un 78% y, con menos registros, por la Mirla (T. fuscater) y el Chamón (Molothrus bonariensis).

Las especies de tiránidos y reinitas migratorias, que se encontraron principalmente alimentándose