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SPECIFIC CHALLENGE FOR THE GCC As pointed out in Section 5.2, fiscal

Para volver a la determinación de nuestra figura, en resumidas cuentas sólo hemos de considerar particularmente dos cosas: por una parte, el eje vertical, y por otra, el plano horizontal de coordenadas. Sabemos que un plano horizontal representa un estado del ser, del que cada modalidad corresponde a una espira plana que hemos confundido con una circunferencia; por otro lado, los extremos de dicha espira, en realidad no se encuentran en el plano de la curva, sino en dos planos inmediatamente contiguos, ya que esta misma curva, considerada en el sistema cilíndrico vertical, es "una espira, una función de hélice, cuyo paso es infinitesimal". Por ello, dado que vivimos, actuamos y razonamos por medio de contingencias, podemos e, incluso, debemos considerar el gráfico de la evolución individual (1) como una superficie (plana). Y, en realidad, ella posee todos sus atributos y cualidades, y no difiere de la superficie que se podría considerar del Absoluto. (2)Así, en nuestro plano (o grado de existencia), el «circulus vital» es una verdad inmediata, y este círculo es la representación del ciclo individual humano» (3).

El yin-yang, que en el simbolismo tradicional de Extremo Oriente representa el «círculo del destino individual», es efectivamente un círculo por las razones precedentes. «Es un círculo representativo de una evolución individual o especifica (4)y sólo participa en el cilindro cíclico universal por medio de dos dimensiones. Al no tener espesor, carece de opacidad, se representa diáfano y transparente, es decir, que los gráficos de las evoluciones anteriores y posteriores a su momento (5)se ven y se imprimen en la mirada a través de él» (6).Pero, por supuesto, «no se debe olvidar que si bien el yin-yang, tomado aparte, puede considerarse como un círculo, dentro de la sucesión de las modificaciones individuales (7)es un elemento de la hélice: toda modificación individual es esencialmente un vórtice de tres dimensiones; (8) sólo hay un estadio humano y nunca se vuelve a pasar por el camino que ya se ha recorrido» (9). Los dos extremos de la espira de hélice de avance infinitesimal son, tal y hemos dicho, dos puntos inmediatamente contiguos situados encima de una generatriz del cilindro, paralela al eje vertical (y que además se encuentra situada en uno de los planos de coordenadas). Ambos puntos no pertenecen realmente a la individualidad o, dicho de manera más general, al estado del ser representado por el plano horizontal que se está considerando. «La entrada en el yin-

yang y la salida del yin-yang no están a la disposición del individuo, ya que, aunque pertenecen

al yin-yang, ambos puntos pertenecen a la espira asentada en la superficie lateral (vertical) del cilindro y están sometidos a la atracción de la «Voluntad del Cielo». Efectivamente, en realidad, el hombre no es libre con respecto a su nacimiento y su muerte. En cuanto a su nacimiento, no es libre de aceptarlo ni de rechazarlo ni del momento en que se produce. Y en cuanto a su muerte, tampoco la puede eludir; así como no puede, en justa analogía, ser libre de elegir el momento de su muerte. En todo caso, no están en su mano ninguna de las condiciones de ambos actos: el nacimiento "le lanza irremediablemente al círculo de una existencia que no ha pedido ni elegido; la muerte le saca de este círculo y le lanza irremediablemente a otro, prescrito y previsto por la «Voluntad del Cielo», sin que nada pueda modificarlo (10). Así, el hombre terrestre es esclavo en cuanto a su nacimiento y su muerte se refiere, es decir, con relación a los dos actos más importantes de su vida individual, los únicos que resumen en definitiva su especial evolución respecto al Infinito». (11)

Ha de quedar muy claro que «los fenómenos muerte y nacimiento, considerados en sí mismos y fuera de los ciclos, son exactamente iguales»;(12)incluso se puede decir que, en realidad, se trata de, un mismo y único fenómeno observado desde dos caras opuestas, desde el punto de vista de uno u otro de dos ciclos consecutivos entre los cuales interviene. Por otra parte esto se ve inmediatamente en nuestra representación geométrica, ya que el final de un ciclo cualquiera siempre coincide necesariamente con el comienzo de otro; sólo empleamos los términos «nacimiento» y «muerte» en su acepción general para designar los pasos entre los ciclos, sea cual sea su extensión y ya se trate de mundos o de individuos. Ambos fenómenos «se acompañan y complementan mutuamente el nacimiento humano es consecuencia inmediata de una muerte (a otro estado); la muerte humana es la causa inmediata de un nacimiento (también dentro de otro estado). Una de estas circunstancias nunca se produce sin la otra. Al no existir el tiempo en este caso, podemos afirmar que entre el valor intrínseco del fenómeno nacimiento y el valor intrínseco del fenómeno muerte existe una identidad metafísica. En cuanto a su valor relativo, y a causa de la inmediatez de sus consecuencias, la muerte que se encuentra al extremo de un ciclo cualquiera es superior al nacimiento en este mismo ciclo, en todo lo que

valga la atracción de la «Voluntad del Cielo» sobre dicho ciclo, o sea, matemáticamente, en lo que valga el avance de la hélice evolutiva». (13)

NOTAS:

(1). Ya sea para una modalidad particular o, incluso, para la individualidad integral si se la considera aisladamente en el ser, cuando se considera un solo estado, la representación debe ser plana. Recordemos otra vez, para evitar todo malentendido, que la palabra «evolución» para nosotros sólo puede significar el desarrollo de un determinado conjunto de posibilidades.

(2). Es decir, considerando al ser en su totalidad. (3). Matgioi, La Vía Metafísica, p. 128.

(4). En efecto, la especie no es un principio transcendente respecto a los individuos que forman parte de ella; pertenece al orden de las existencias individuales y no va más allá; por lo tanto, se encuentra en el mismo nivel dentro de la Existencia universal, y podemos decir que la participación en la especie se realiza en el sentido horizontal; tal vez algún día dediquemos un estudio especial al tema de las condiciones de la especie.

(5). Dichas evoluciones corresponden al desarrollo de otros estados, repartidos de esta manera con relación al estado humano; recordemos que, metafísicamente, sólo se habla de "anterioridad" o de "posterioridad" más que en un sentido de encadenamiento causal y puramente lógico, que no excluye la simultaneidad de todas las cosas en el «eterno presente».

(6). Matgioi, La Vía Metafísica, p. 129. Esta figura se encuentra dividida en dos partes, una oscura y otra clara, que respectivamente corresponden a dichas evoluciones anteriores y posteriores, ya que los estados de que se trata pueden considerarse simbólicamente, en comparación con el estado humano, unos oscuros y los otros luminosos; asimismo, la parte oscura es el lado del yin y la clara el lado del yang, conforme al significado original de ambos términos. Por otra, parte, ya que el yang y el yin corresponden a los principios masculino y femenino, desde otro punto de vista y tal como hemos indicado más arriba, esta figura representa al «Andrógino» primordial en el que ambas partes ya están diferenciadas pero no separadas. Finalmente, en tanto que representativa de las revoluciones cíclicas, cuyas fases están ligadas al predominio alternativo del yin y del yang, esta figura también está relacionada con el símbolo de la svástica, y con el de la doble espiral a la que hemos aludido anteriormente; pero entrar en estas consideraciones nos alejaría de nuestro propósito.

(7). Consideradas en tanto que se corresponden (en sucesión lógica) dentro de los diferentes estados del ser, los cuales deben observarse como simultáneos para que las diferentes espiras de la hélice puedan compararse entre sí.

(8). Es un elemento del vórtice esférico universal del que antes hemos tratado; siempre existe analogía, y, en cierta forma, «proporcionalidad» (sin que por ello deban tener una medida común) entre el todo y cada uno de sus elementos, incluso infinitesimales.

(9). Matgioi, La Vía Metafísica, pp. 131-132/(nota). Esto también excluye formalmente la posibilidad de la «reencarnación». A este respecto, también podemos indicar, desde el punto de vista de la representación geométrica, que una recta sólo puede cruzar un plano por un solo punto; en particular, esto es lo que ocurre con el eje vertical con relación a cada uno de los planos horizontales.

(10). Es así, porque el individuo como tal sólo es un ser contingente, ya que no está en sí mismo su razón suficiente, por esto el transcurso de su existencia, si se lo considera sin tener en cuenta la variación en sentido vertical, aparece como el «ciclo de la necesidad».

(11). Matgioi, La Vía Metafísica, pp. 132-133. «Pero, entre su nacimiento y su muerte, el individuo es libre, tanto en lo que se refiere a la emisión como al sentido de sus actos terrestres; dentro del «circulus vital» de la especie y del individuo, la atracción de la «Voluntad del Cielo», no se deja notar».

(12). Ibid., pp. 138-139 (nota).

(13). Ibid., p. 137. -Sobre la equivalencia metafísica entre nacimiento y muerte, ver también El hombre y

Capitulo XXIII: SIGNIFICADO DEL EJE VERTICAL, LA INFLUENCIA DE LA