La génesis y desarrollo del Estado moderno constituye un proceso inseparable del surgimiento, consolidación y expansión del capitalismo a nivel mundial. Estados nacionales y capitalismo son construcciones históricas que, sobre la base de una serie de atributos básicos definitorios, han mutado en aras de su supervivencia desde los albores de la modernidad hasta la actualidad.
Las distintas formas de Estado han variado en consonancia dialéctica con el proceso de desarrollo del capitalismo y con las características que ha adquirido su extensión a los grupos de países y regiones que integran centros y periferias10.
10La temática relativa a la formación de los Estados nacionales ha dado lugar a una fructífera producción durante el lapso comprendido entre 1968 y 1988, sobre todo en Europa y a raíz de los serios inconvenientes y rebrotes de xenofobia con respecto a los inmigrantes de los antiguos dominios coloniales. Conceptualmente, el Estado puede ser definido como una relación social política, jurídica- administrativa que se distingue en su forma más compleja y desarrollada por ser el resultado de la racionalización progresiva de estructuras políticas preexistentes; la existencia y ocupación efectiva de un territorio específicamente determinado y delimitado, donde surge y opera el Estado; lacapacidad de institucionalizar uno de sus elementos constitutivos: el poder, de manera tal de ejercer el monopolio de la autoridad y de los medios de coerción y por la capacidad totalizadora de incluir a todos los miembros de la sociedad, lo que conduce al intento de homogeneización jurídica y cultural de la población sometida al control del Estado (Oszlack, 1982; Kelsen, 1992; Hobsbawm, 1995; Arnaíz Amigo, 1995; Chiaramonte, 1998, 2007). El Estado además, cumple con la función de función de concentrar y redistribuir las distintas formas de capital -económico, social y cultural- (Bourdieu, 2011).
Las variaciones en las modalidades de penetración del capital en el agro en los países periféricos y el consiguiente abanico de respuestas de los Estados frente a este proceso y a los contextos regionales, nacionales e internacionales trajeron aparejadas formas de acción colectiva coherentes, en nuestro caso de análisis, con una matriz sociopolítica clásica en la que los ejes trabajo-producción y Estado-nación definieron las formas del accionar colectivo durante este período. Es por ello que acción colectiva, Estado y capitalismo constituyen una tríada teórico conceptual indisoluble, imprescindible para abordar nuestro objeto de estudio; es a través de este prisma epistemológico que adquiere significado el hallazgo empírico: hacia mediados del siglo XX, las demandas e intereses de los productores agropecuarios se canalizaban a nivel nacional a través de cuatro entidades vinculadas esencialmente al agro pampeano: Sociedad Rural Argentina, Federación Agraria Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas y Confederación Intercooperativa Agropecuaria y del movimiento cooperativista, de fuerte presencia en las economías regionales. Una de las particularidades del Alto Valle del río Negro fue que los chacareros impulsaron mediante una organización gremial -reivindicativa- por ellos creada, la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, el surgimiento de una entidad no reivindicativa, CORPOFRUT, destinada a actuar en forma complementaria con la Federación en la controvertida problemática referida a la comercialización de peras y manzanas. La comercialización a escala había sido un eslabón no controlado por los pequeños productores desde la organización de la actividad frutícola a comienzos del siglo XX.
En este sentido, es necesario contemplar que fue el Estado nacional argentino y la centralidad de los intereses de la élite dirigente porteña en consonancia con el capital británico, quien reorganizó el espacio del norte de la Patagonia una vez finalizada la campaña de Julio A. Roca (1879-1885). También fue ese mismo Estado quien priorizó e impulsó el desarrollo de
la región pampeana durante el modelo agroexportador, al punto que el sur del país pudo durante este período continuar con la orientación de su economía hacia el Pacífico sin mayores obstáculos.
Asimismo, durante el período de industrialización por sustitución de importaciones (1930- 1976), desde el Estado nacional se inició el proceso de desvinculación del capital británico, nacionalizándose los ferrocarriles, por ejemplo, durante el peronismo. Como parte de ese proceso se fortaleció el capital nacional y se impulsó -sobre todo entre las décadas de 1940 y 1960- la consolidación del mercado interno y el desarrollo tecnológico con legislación y obras públicas que dieron respuesta a algunos problemas de la actividad frutícola del Alto Valle del río Negro: la ampliación de la red vial contribuyó a paliar el problema del transporte y la modernización de la industria frigorífica sumó valor agregado a la producción (Bandieri y Blanco, 2007). En ese período se produjeron también cambios en la composición del capital orientado a la actividad frutícola valletana: se modificaron las estrategias productivas y el rol que el capital británico le había asignado a la pequeña explotación familiar dedicada a la producción de peras y manzanas (Bandieri y Blanco, 2001).
En este contexto, los cambios en las formas de gestión del Estado desde su consolidación y su relación con el desarrollo y expansión del sistema capitalista a nivel mundial, contribuyeron a configurar el perfil productivo de la región estudiada. Al compás de un Estado que ha intervenido -ya sea como Estado liberal, como Estado keynessiano o como Estado neoliberal posteriormente-, fue mutando el rol del agente que motorizó la fruticultura valletana a partir de la década de 1930: el chacarero. Es por esto que analizar las formas de acción colectiva protagonizadas por este agente central en la dinámica frutícola, requiere necesariamente enmarcarlas en el contexto socio-histórico en el que surgieron y se desarrollaron. Esto
implica situarlas en el contexto de un territorio nacional recientemente provincializado11 y de
un país incorporado tardíamente al sistema capitalista mundial como proveedor de materias primas provenientes del agro. Por lo tanto, para analizar cómo surgieron y comprender los objetivos de las diferentes formas de acción colectiva, es necesario retomar cuestiones relativas al rol del Estado, un Estado que se caracterizó desde la modernidad por su adscripción al sistema capitalista mundial, pero que, tal como se ha mencionado, fue cambiando y adaptando sus modalidades de intervención y su accionar desde su surgimiento hasta la actualidad.
En el área de estudio objeto de este trabajo, entre 1930 y 1970 se produjo un crecimiento de la actividad frutícola, se quintuplicaron las exportaciones de fruta de pepita entre 1947 y 1960 y la capacidad de frío aumentó diez veces. Sin embargo, al mismo tiempo se favoreció:
“Un proceso de concentración económica mediante la integración vertical de la actividad-comercialización, empaque y frío-, que permitió la capitalización y consolidación de los sectores vinculados al acondicionamiento y a la comercialización, en detrimento de los productores independientes” (Bandieri y Blanco, 2007: 349).
Este proceso de concentración económica por parte de empresarios relacionados con el acondicionamiento y la comercialización no resultó indiferente a los chacareros y la organización y la acción colectiva se convirtieron en alternativas para hacer frente al control de los eslabones superiores de la cadena productiva.
11El proceso de nacionalización de los territorios nacionales fue complejo debido a las consecuencias político-institucionales de la denominada “Revolución Libertadora”. Si bien el 28 de junio de 1955 se promulgó la Ley N° 14.408 por medio de la que se crearon las provincias de Río Negro, Neuquén y otras tres más, recién en el año 1957 estas provincias pudieron dictar sus propias constituciones, con la prohibición de la participación peronista. La Federación de Productores de Fruta de Río y Neuquén fue creada en este interregno, en el año 1956.
A nivel nacional, Mario Lattuada (2006) señala que, exceptuando a los gobiernos peronistas, durante el período comprendido entre 1930 y 1990 las relaciones entre el Estado y las asociaciones del agro adquirieron características pluralistas -clientelares y de presión- y que las cuatro entidades referentes a nivel nacional constituyeron los interlocutores casi excluyentes del sector, cualquiera fuese el gobierno. Pero estas cuatro entidades representaban fundamentalmente los intereses de los productores de cereales y carnes de la región pampeana, no los de las economías regionales de los territorios nacionales, para ese entonces, recientemente provincializados. Exceptuando a la Federación Agraria Argentina con quien la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén y el Movimiento Regional de Productores de Río Negro y Neuquén mantuvieron posteriores relaciones y realizaron gestiones asociadas, las problemáticas derivadas de la producción frutícola del Alto Valle del río Negro no fueron canalizadas por estas entidades; el tipo de producción y de necesidades, la capacidad de presión y de gestión y las relaciones con el Estado nacional eran diferentes. De allí la necesidad de crear una organización que canalizara las inquietudes de los productores de la región, sobre todo luego de la nacionalización de los ferrocarriles y de la irrupción de los “fruteros” bonaerenses en el negocio de la comercialización y exportación de peras y manzanas, hecho que profundizó las tensiones en torno a esta cuestión y aceleró el proceso de desplazamiento del chacarero como agente central de la cadena de frutícola.
Río Negro y Neuquén habían sido recientemente creados como Estados provinciales (1955) y sus economías regionales debieron enfrentar no sólo los cambios que generó la provincialización de los antiguos territorios nacionales, sino también las transformaciones que las reformas impulsadas por el Estado peronista introdujeron en la composición del capital orientado a la fruticultura valletana. El rol que los chacareros desempeñaron en la etapa del capital monopólico inglés sufrió cambios a partir de la década de 1940 que, lejos de
solucionar la problemática de la comercialización de la producción presente desde los inicios de la actividad, la acentuó aceleradamente. El cambio en la composición del capital destinado a la fruticultura -articulado con el surgimiento de nuevos agentes dedicados a la actividad y las transformaciones en las formas de gestión de políticas públicas destinadas al sector-, definieron un nuevo escenario en el que los chacareros valletanos comenzaron a poner en práctica recursos y a implementar estrategias que les permitieran sostenerse en el circuito productivo.