Chapter 1 – The 2011 Proposal: Justifications and Obstacles
2. Specifics of the 2011 Proposal
A la lista de acontecimientos que marcaron la vida de nuestro autor (enfermedad, insomnio, tedio, etc.) se une el hecho de que adoptó otra lengua en la cual iba a verter su escritura. Acontecimiento en modo alguno insospechado dado el conglomerado de pueblos que cohabitaban en el imperio austro-húngaro, en el que, entre otras cosas, se hablaba rumano, húngaro, alemán y francés, pero a pesar de tal diversidad lingüística es el francés el idioma que predominaba –como segunda lengua- en la gran mayoría de los intelectuales rumanos (lista en la que se encuentran, por ejemplo, Tristán Tzara, Martín Stefanescu, Paul Celan, Lucian Blaga, Eugen Ionesco, Mircea Eliade, Brancusi, Lupasco, etc.), y sucede que este encuentro con el francés Cioran lo experimentó desde que se instaló en Bucarest, en 1929, para estudiar filosofía. Sin embargo, antes de adoptar de modo definitivo el francés como medio de expresión, sus primeras obras fueron escritas en rumano.
Ahora bien, antes de pasar a hurgar en las esquirlas que dan forma y sentido al fragmento cioraniano nos detendremos, muy brevemente, en algunas de las características y consecuencias que Cioran acentúa y reitera innumerables veces en torno a las lenguas en las que ejercitó y forjó su escritura, esto, para evidenciar ciertos elementos que permean el carácter de la misma, aunque sin por ello romper el hilo conductor que guía el sentido de su escritura.
Es a partir de sus obras francesas, cuando ya a abjurado tanto de su lengua materna como de la tradición filosófica de la que se alimentó en su juventud, que dedica pequeñas reflexiones y algunos aforismos sobre su tránsito de una lengua a otra, pero también es en sus Conversaciones como en los Cuadernos en donde se explaya un poco más en torno a este asunto. En todos estos lugares los comentarios y consecuencias que él ve guardan una uniformidad tanto en las circunstancias que narra como en las razones que da.
En este sentido, de sus obras rumanas afirma que carecen del menor rigor, que están escritas sin estilo alguno, lo cual, según él, es lo que caracteriza a la lengua rumana284. Esta impresión de desorden y falta de rigor Cioran la atribuye a la mezcla de eslavo y latín que constituyen al rumano, elementos que hacen de ésta una lengua elástica y cargada de una plasticidad que permiten visos poéticos y exaltados sin la menor provocación. Es por esto
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que dice a Constantin Noica, en Historia y utopía, que lo que extraña de su lengua materna es “el olor a frescura y podredumbre, mezcla de sol y de bosta, la fealdad nostálgica, el soberbio desharrapo”285
. Así las cosas, el escribir en rumano, es decir, sin la menor voluntad de estilo, era un ejercicio o acto casi instintivo o espontáneo en el que no reflexionaba sobre las palabras ni en el modo de escribir, pues el impulso motor que él encontró en la escritura estriba en una imperiosa e irreductible necesidad de expresión, es decir, en exorcizar y purgar su desasosiego y pathos interior, lo cual consideraba un remedio idóneo para seguir manteniéndose en la existencia. Esta característica quedará inalterada a lo largo de toda su obra, aunque con el paso de una obra a otra, su escritura va decantándose cada vez más hacia el laconismo expresivo.
Sobre los motivos de su adopción del francés, además de lo ya mencionado, se ha especulado que esto también se debe a cuestiones de índole político, dadas sus relaciones con la Guardia de Hierro y su apuesta por Alemania, país que perdió la guerra, pero, y aunque esto es muy posible, también hay que considerar que en esa época en Cioran se da un vuelco que va de la filosofía alemana a los moralistas franceses (La Rochefoucauld, Chamfort, Pascal, La Bruyére, etc.) que ya se hacen presentes desde De lágrimas y de santos y El ocaso del pensamiento; así también se encuentran figuras como Montaigne, Proust, Valéry, la marquesa Du Deffand... que son autores que cobran especial interés en él.
Dicho paso de la Kultur alemana a la Civilización francesa no sólo se debe a un simple giro de intereses y de autores, sino que en esto también tiene mucho que ver, según su opinión, cuando en Normandía se puso a traducir a Mallarmé al rumano y se dijo que no tenía sentido tanto traducirlo como seguir escribiendo en una lengua que “nadie conoce”286
, y fue este acontecimiento uno de los factores determinantes que le hicieron renunciar a su lengua. Todas estas vicisitudes y experiencias parecen converger (y esto es algo que reitera de manera obsesiva tanto en sus Conversaciones como en otras de sus obras) en un deseo y necesidad de cambio de identidad o en una transfiguración de sí, no mediada por la enfermedad, sino por la lengua. Sobre esto nos dice:
Tras haber frecuentado idiomas cuya plasticidad le proporcionaba la ilusión de un poder sin límites, el extranjero desbocado, enamorado de la improvisación y del desorden, arrastrado hacia el exceso o hacia el equívoco por incapacidad para la claridad, si bien aborda el francés con timidez, no por ello ve menos en él un
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Cfr. E. M. Cioran, Historia y utopía, Editorial Tusquets, México, 2012, p. 18.
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instrumento de salvación, una ascética y una terapéutica. Al practicarlo, se cura de su pasado, aprende a sacrificar todo un fondo de oscuridad al que estaba apegado, se simplifica, se convierte en “otro”, desiste de sus extravagancias, se sobrepone a sus antiguas turbaciones, se acomoda más y más al sentido común y a la razón; (...)287.
Este desembarazo de su pasado o el “devenir otro” y el “acomodarse más al sentido común” parecen ser las consecuencias más evidentes, consecuencias que por añadidura afectaran a su escritura, puesto que la rigidez de la sintaxis del francés se vuelca hacia la precisión del matiz en su expresión (heredada de la clarité cartesiana), lo cual le asigna un lugar específico a cada una de sus palabras, en donde, según dice: “Ni el mismo Dios podría desplazarlas”288
. Tal precisión y sutileza del francés, que para nuestro autor fue como una camisa de fuerza, le hizo guardar silencio durante varios años y rescribir cuatro veces su segundo Breviario, pues su conocimiento del idioma, según le hicieron ver algunos compatriotas, era propio de un meteco. De este modo, el ejercicio de ascésis o disciplina del francés repercutió en que el acto de escribir para él adquirió una dimensión deliberada: “En cuanto me puse a escribir en francés –nos dice- todas las palabras se hicieron “conscientes”, las tenía delante, fuera de mí, en sus celdillas y las iba cogiendo: «Ahora tú, y ahora tú»”289. Esto mismo propició el articular –en comparación con sus obras rumanas- con mayor sutileza y sobriedad el pesimismo y negatividad de su pensamiento o como él mismo dice cuando Gerd Bergfleth le pregunta si existe alguna relación entre su obra rumana y francesa: “Proceden de una misma visión de la vida, de un mismo sentimiento del ser, podríamos decir. (...). Lo que ha cambiado es mi forma de expresarla”290
.
Es, pues, a propósito de esto que de la exaltación lírica de juventud pasó a decir, en sus Cuadernos, que en la lengua de gramático que es el francés sólo puede expresar: “¡Sollozos geométricos!”291
. Así, este cambio de lengua e identidad hacen que su expresión y pensamiento fragmentario adquiera otro tono, aunque el sentido de su escritura guarde el mismo sentido que vislumbró desde sus primeros escritos.
287
Cfr. E. M. Cioran, La Tentación de existir, Editorial Taurus, España, 1981, p. 109.
288
Cfr. E. M. Cioran, Historia y utopía, Editorial Tusquets, México, 2012, p. 18.
289
Cfr. E. M. Cioran, Conversaciones, Marginales Tusquets Editores, Barcelona, 2005, p. 25.
290
Cfr. Ibíd., p. 114.
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