5.6 Discussion
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Confinado en su celda, prisionero del Señor, Pablo sigue preocupado por el futuro del evangelio. Su mente se posa ora sobre los males del siglo, ora sobre la timidez de Timoteo. Timoteo es tan débil y la oposición tan fuerte… Parece una anomalía que un hombre como él sea llamado en tales circunstancias a contender por la fe. Por esta razón el apóstol comienza con un cuadro vivo de la escena contemporánea, y con esto como fondo intima a Timoteo — a pesar de la apostasía casi universal y de su propia debilidad de temperamento— a seguir fiel en lo que había aprendido.
1. ENCARANDO TIEMPOS DIFÍCILES (vv. 1, 2a)
También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos…
¿Por qué comienza Pablo este capítulo con un mandamiento enfático: «debes saber esto»? Al parecer era evidente la existencia de una fuerte oposición al evangelio. Pablo mismo había sido arrestado, encadenado y encarcelado precisamente por su lealtad al evangelio (1:11, 12; 2:9). Todos en Asia lo habían repudiado, como Timoteo bien lo sabía (1:15). En un párrafo anterior el apóstol le había dicho a su joven amigo que no se avergonzara del evangelio, sino que asumiera su parte de sufrimiento como buen soldado de Cristo, recordándole que debía sufrir por Cristo si es que deseaba un día reinar con Él, y además le había advertido que detrás de las «contiendas de palabras», las «profanas y vanas palabrerías» y las controversias difundidas por falsos maestros, acecha la figura del mismo diablo (1:8; 2:3, 11, 12, 14, 16, 23, 26). ¿Por qué entonces le encarece el apóstol a Timoteo que «debe saber» lo que ya sabe? Sin duda, porque desea enfatizar que la oposición a la verdad no es una circunstancia pasajera, sino una característica permanente del siglo. Quizás tema que Timoteo esté algo confiado en que si sufre y se humilla por un tiempo la tormenta pasará. Pero Pablo no le da esta esperanza. Nosotros también debemos «saber esto», y estar bien seguros de que nos afectarán peligros y problemas si nos mantenemos firmes en la verdad del evangelio.
A continuación Pablo se refiere a los «postreros días». Puede parecer natural aplicar estos términos a una época futura, a los días que precederán en forma inmediata al fin, cuando Cristo regresará. Pero el sentido bíblico no nos permite hacerlo. La convicción de los autores del Nuevo Testamento fue que la nueva dispensación (prometida en el Antiguo Testamento) arribó con Jesucristo, y que con su venida la antigua era había pasado y los últimos días habían amanecido. En el día de Pentecostés fue citada la profecía de Joel diciendo que «en los postreros días» Dios derramaría su Espíritu sobre toda carne, declarando que esta profecía se había cumplido: «Esto es lo dicho por el profeta Joel». En otras palabras, «los postreros días» a los cuales se refería el profeta ya habían llegado (Hch. 2:14–17). De igual manera la carta a los Hebreos comienza diciendo que Dios, quien había hablado en otros tiempos a los padres por los profetas, «en estos postreros días» nos ha hablado por medio de su Hijo (1:1,
2). Siendo esto así, estamos viviendo en los postreros días. Fueron introducidos por Jesucristo, el Hijo de Dios.
Por tanto, lo que sigue en el tercer capítulo de 2 Timoteo es una descripción del presente y no del futuro. Pablo describe todo el período que transcurre entre la primera y la segunda venida de Cristo. Según Calvino, «en los postreros días Pablo incluye la condición universal de la iglesia cristiana». Esto no sólo surge de la forma en que la expresión «días postreros» se utiliza en el Nuevo Testamento, sino que es también evidente por el hecho de que Pablo aquí no hace predicciones acerca de una época futura que Timoteo no ha de ver, sino que da instrucciones relacionadas con su ministerio presente, incluyendo (por ejemplo), el mandamiento de «evitar» ciertas personas (5). Timoteo ya estaba viviendo en los «postreros días» a los cuales Pablo se refiere, al igual que nosotros. Puede ser que empeoren en el futuro (13), pero aun ahora los tiempos son malos y peligrosos. En estos días postreros, agrega Pablo, «vendrán días difíciles» (V.H.A.). Lo que Timoteo debe entender o saber sobre estos últimos días es que no serán días uniformes o continuamente malos, sino que incluirán períodos peligrosos. La historia de la iglesia lo confirma. Como un navío saliendo en alta mar, la iglesia cristiana no debía esperar un viaje sereno y sin dificultades, sino que sería, y lo ha sido, azotada por tormentas, tempestades y aun huracanes.
A estos períodos Pablo los denomina «tiempos peligrosos». El adjetivo griego chalepos significa básicamente «duro» o «difícil», e implica ya sea «duro de soportar» (por ejemplo, en el caso de dolor físico o mental) o «duro de encarar, violento, peligroso, amenazante». La palabra era utilizada en el griego clásico para referirse tanto a animales salvajes como al mar furioso. La única ocasión en que se utiliza la palabra en el Nuevo Testamento, aparte de ésta, es en la historia de los dos endemoniados gadarenos, quienes eran tan salvajes como fieras indómitas y a quienes Mateo describe como «feroces (chalepos) en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino» (Mt. 8:28). Esto nos da una idea de la clase de tiempos que la iglesia debe esperar en estos postreros días. Serán peligrosos y dolorosos, duros de soportar y difíciles de encarar.
Pablo procede de inmediato a explicarnos por qué serán así: «Porque los hombres serán…» (V.H.A.). Es importante reconocer que serán hombres los responsables de los períodos de amenaza que la iglesia debe sobrellevar, hombres caídos, hombres malos cuya naturaleza está pervertida, cuyo comportamiento es egocéntrico e impío, cuyas mentes son hostiles hacia Dios y su ley (comp. Ro. 8:7), y quienes diseminan en la iglesia el mal, las herejías y una religión muerta.
Antes de estudiar en detalle la caracterización que Pablo hace de estos hombres debemos absorber sus palabras introductorias. Primeramente, estamos viviendo en los postreros días; Cristo los introdujo cuando vino al mundo. En segundo lugar, estos días incluirán períodos peligrosos y difíciles. En tercer lugar, serán el resultado de la actividad de hombres malos. En cuarto lugar, debemos conocer bien todo esto, comprenderlo con claridad, y de esta manera estar preparados.
2. LA DESCRIPCIÓN DE LOS HOMBRES MALOS (vv.
2–9)
Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores impetuosos,
infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe. Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos.
Este primer párrafo del capítulo 3 está dedicado a presentar un cuadro meticuloso de estos hombres. Pablo descubre en particular su conducta moral (2–4), sus conductas religiosas (5) y su celo proselitista (6–9).