A HOLISTIC AND INTEGRATED PNEUMATOLOGY IN CONVERSATION WITH THE AFRICAN VIEW OF COMMUNITY
3.13 The Spirit as the agent of moral formation in communities
En Islas Canarias, otra región de España, se creó en 2014 la asignatura Educación Emocional y para la Creatividad, diseñada para primaria (primera enseñanza), al amparo de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa, de ámbito nacional. Según las autoridades, la materia promueve, desde un enfoque educativo, el desarrollo emocional y creativo del alumnado, asumiéndolo desde una perspectiva integradora y transversal. La asignatura, obligatoria y evaluable, tiene como principal finalidad el bienestar personal y social del individuo. “Supone una oportunidad única para el profesorado de educar niños y niñas para que aprendan a ser felices, y tengan mayor éxito en las escuelas”.
A raíz de su implementación, el diario español El Mundo recogió algunos testimonios sobre la experiencia: “Los alumnos de siete años del colegio público Tinguaro de Vecindario (Gran Canaria) llevan dos semanas aprendiendo sobre el miedo. Sentados en el suelo del aula formando un círculo, los
veinticinco chicos y chicas de 2 B hablan de monstruos, de arañas y de otras cosas que les hacen temblar”.
La clase, según el periódico, intenta que los niños revelen, proyecten o reconozcan sus sentimientos, de que los observen y los modelen como si fueran plastilina o masilla, de que aprendan a ver dentro de sí mismos. La premisa de los profesores, Virginia Santana y David García, se basaba en que es más fácil entender y manejar una emoción si esta se visibiliza.
La iniciativa canaria no ha estado exenta de elogios y críticas. Estas últimas, enfocadas en el miedo paralizante que padecen muchos seres humanos. A veces, las personas ni siquiera saben que tienen un problema, porque se niegan a reconocerlo. Como expresara William Blake, “si las puertas de la percepción se purificaran, todo se le aparecería al hombre como es, infinito. Pues el hombre se ha cerrado sobre sí mismo hasta ver todas las cosas por las estrechas rendijas de su caverna”.
Escojo algunas ideas expresadas por los lectores, en la nota de ese mismo periódico, que demuestran clamorosamente por qué estamos tan mal,
emocionalmente hablando, y cuál debería ser el camino. Prepárate para leer:
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“Todo esto es cosa de mujeres, que tienen en sus manos el 80% del sistema educativo y lo conforman a su medida (…) Las cuestiones emocionales debemos aprender a resolverlas solitos…”.•
“…Unas horas para que los niños no hagan nada en la escuela”.•
“¡Qué barbaridad! Hasta pretender mecanizar a los niños en el mundo emocional. Las emociones son espontáneas, no hay que enseñarlas”.•
“Distintos mecanismos para un mismo fin: domesticar las mentes del ciudadano, adocenarlo, someterlo y forzarle a aceptarsu destrucción”.
Afortunadamente, la mayoría se mostraba a favor de la idea:
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“Me parece estupendo. Menos agresividad y más felicidad. Menos frustración y más generosidad. Más personalidad y menos gregarismo”.•
“Todos tenemos limitaciones, los padres también. En el mundo de las emociones solemos ser unos ignorantes (…) Unas nociones sobre emociones, que son las que nos impulsan en nuestras vidas, no nos sobran a nadie”.•
“La inteligencia emocional en estos años de competitividad, paro alarmante y globalización debería ser de obligado cumplimiento desde la enseñanza”.En América Latina también hay casos reseñables de su aplicación. El informe “Educación Emocional y Social. Análisis Internacional 2015”, de la Fundación Botín, recoge el caso de México, con destaque para la complejidad de su escenario social. Entre las iniciativas mexicanas aparece el proyecto “Amistad para siempre”, cuyo reto consiste en “modificar los paradigmas: dejar de centrarse en intervenciones reactivas y desconectadas para hacer hincapié en la importancia de la prevención y fomentar la resiliencia”. También tenemos el proyecto de “Escuelas Seguras” y la introducción de planes de estudio en la educación primaria y secundaria, con cursos de habilidades emocionales y sociales mediante las asignaturas de Ética y Educación Cívica, “para fomentar compromisos y puntos de vista éticos relacionados con el desarrollo personal y social del alumnado”.
En la Península de Yucatán, por ejemplo, se han desarrollado investigaciones sobre la educación emocional y social tradicional de las comunidades mayas. Estas afirman que “los jóvenes mayas presentan la tasa más baja del país en violencia escolar. Sin embargo, tienen una de las más altas de México en suicidios”.
En Argentina, según el informe 2013 de la propia Fundación Botín, sobresalen proyectos tales como el Programa de Educación Emocional en el Washington School, concebido como “un espacio participativo, abierto a la reflexión, la creatividad y la aceptación de la diversidad”. Esta escuela —privada, mixta, bilingüe y laica— ha desarrollado un Programa de Educación Emocional que integra pensamientos de teóricos relevantes, resultados de programas educativos e investigaciones en este campo de diferentes partes del mundo.
En la jornada escolar se desarrollan actividades para aprender a gestionar la vida, mejorar la autoconciencia, la confianza en uno mismo, dominar las emociones y los impulsos perturbadores, aumentar la empatía y la colaboración. El objetivo es el desarrollo de competencias emocionales y sociales a través de una metodología participativa, activa, que suscita la reflexión, el diálogo y la comunicación.
Otro proyecto argentino lleva el nombre de “Sin afecto no se aprende ni se crece”, en la provincia de Entre Ríos, diseñado para fortalecer los recursos afectivos, cognitivos y lingüísticos. Se basa en tres pilares fundamentales: los niños, los padres y los docentes, en zonas de alta vulnerabilidad
psicosocial. Entre otros, también debe mencionarse el programa “Clima Emocional Positivo en el Aula”, para formar a maestras y otros profesionales en temas de educación emocional y social.
Experiencias similares podemos encontrar en Austria. Belinda Heys, experta de la Fundación Botín, dijo al diario ABC que desde 2009 allí se comenzó a impartir el programa Happiness en centros educativos. El proyecto consiste en dotar a los niños de las herramientas para que ganen confianza en sí mismos y aprendan a ser más felices. “Si la felicidad es una actitud de la mente, hay fórmulas y actividades para mejorarla”, asegura Heys. Happiness incluye seis módulos diferentes: bienestar emocional, logros personales, nutrición y salud física, cuerpo, movimiento y ejercicio, cuerpo como modo de expresión y el yo y la responsabilidad social como modo de ayudar a los demás.
“Todo se enseña de manera muy práctica y, para ello, primero deben fijarse en un aspecto, después actuar y posteriormente reflexionar. De esta manera aprenden que si no nos fijamos en nuestras emociones, no podremos gestionarlas”, explica Heys. Y terminamos este breve recorrido por Dinamarca.
El informe “Educación Emocional y Social. Análisis Internacional 2015” recoge que durante casi dos siglos el sistema educativo danés ha tenido como meta alcanzar la excelencia, tanto en el sentido académico como en el personal. Dicha “concepción dual” fue introducida en 1816 por la “Escuela para la vida”, de N. F. S. Grundtvig.
El ideal histórico de la escuela danesa ha sido siempre que “solo tiene sentido que un hombre aprenda a ser hombre si también recibe formación para desarrollarse en el contexto social existente”. El reporte añade que la “competencia relacional” es una de las tres principales asignaturas impartidas a los estudiantes de magisterio. En Dinamarca, sin embargo, no existen planes de estudios obligatorios
para el desarrollo de las competencias emocionales y sociales.
Según las investigaciones citadas, la opinión general que prevalece es que la educación emocional y social debería impregnar las relaciones entre profesores y alumnos en todos los niveles. No obstante, el considerado “mejor sistema educativo de Europa” está ahora mismo en medio de un debate sobre su futuro, en el que se invoca con frecuencia el espíritu transformador de Grundtvig, su padre fundador.