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Spline Pattern-Mixture Models for Missing Categorical Variables

La abundancia relativa media para el verano al empezar los trabajos ha sido de 1,33 conejos·km-1 (x =1,33±1,56; máximo de 9,3). En el año siguiente se han alcanzado 1,99 conejos·km-1 (x =1,98±2,92; máximo de 13,3). Una vez realizados los tratamientos, ha habido una mayor presencia de conejo en el entorno de las parcelas (n=94; Z=3,527; p=0,00042). Se ha producido un incremento relativo en las poblaciones de conejo en los transectos más cercanos a 64 de las 94 parcelas consideradas y en 30 una reducción.

3.4. Discusión

La dinámica del conejo es controlada por numerosos factores, como las condiciones climáticas (Bell y Webb, 1991), los predadores (Banks, 2000), las enfermedades víricas (Calvete et al. 2002) o el hábitat (Lombardi et al. 2003), que además interactúan entre sí. Por esta razón, la evaluación de la efectividad de las actuaciones para su fomento resulta complicada. Las actuaciones de gestión del medio para el fomento del conejo han sido escasamente validadas (San Miguel, 2006; Delibes-Mateos et al. 2008). Los resultados obtenidos en este trabajo indican la validez de la siembras de cereal de alta relación perímetro-superficie para crear un medio seleccionado positivamente por el conejo de monte, como se ha sugerido previamente (García, 2005; San Miguel, 2006). De igual modo, sugieren que la presencia de isletas y refugios y el tipo de hábitat influyen en el grado de selección. Como última aportación original, se ha encontrado que al año

siguiente de haber efectuado las actuaciones las poblaciones del entorno de las parcelas aumentaron con respecto a las del resto de cada finca.

En primer lugar, es preciso resaltar que los resultados obtenidos pueden quedar condicionados por las características de las actuaciones que se han efectuado. Estas actuaciones han sido relativamente homogéneas en cuanto a sus características y ejecución. Los trabajos se han efectuado en el marco de proyectos de conservación de especies amenazadas que dependen del conejo. Por lo tanto, se ha buscado aumentar su efectividad para el conejo a partir de la hipótesis de que son mejores actuaciones de pequeño tamaño frente a grandes superficies y que resultan tanto más eficaces cuanto mayor es su relación perímetro/superficie (Moreno y Villafuerte, 1995; Villafuerte et al. 2001; San Miguel, 2006). De igual modo, en las siembras grandes se procurado favorecer la presencia de islas de matorral dentro de la parcela (García, 2005). Y para favorecer la presencia de conejo se han establecido refugios artificiales (Fernández-Olalla et al. 2010), tanto dentro como en el entorno de las siembras. Quizá por ello no se han encontrado diferencias entre las características morfológicas de las parcelas tratadas (relación perímetro-superficie), aunque la interacción de esta covariable resulte significativa en función del hábitat. De igual forma, no se han detectado diferencias en función de la tipología de las actuaciones efectuadas (siembra con o sin desbroce previo), probablemente porque se trata de actuaciones muy semejantes (Delibes-Mateos et al. 2008). No obstante, la interacción entre el tipo de actuación y la relación perímetro/superficie resulta significativa. De esta forma, la selección más intensa se produce en las parcelas con una estructura compleja y sin desbroce, superior a las restantes, semejantes entre sí. Esto se puede deber a que las parcelas de siembra de estructura compleja están asociadas a una gestión tradicional para el fomento de la caza menor (González y San Miguel, 2005), gestión que favorece que las poblaciones de conejo sean más abundantes (Delibes-Mateos et al. 2008), lo que puede hacer que, para competir mejor, deban alimentarse mejor y, por tanto, se dan mayores niveles de selección. Puesto que no se han considerado interacciones de orden superior para evitar saturaciones en el modelo, la ampliación del tamaño muestral y el aumento de condiciones en las que se llevan a cabo los tratamientos podría aportar información más clara.

La hipótesis inicialmente considerada es que los refugios de calidad, ya sean isletas de matorral o refugios artificiales, pueden constituir un lugar donde el conejo establece sus madrigueras (Gea et al. 2006; Rouco et al. 2011) y desarrollar desde ahí la actividad territorial (Dellafiore et al. 2008). Por otra parte, se puede considerar que ambos elementos actúan como lugares en los que el conejo se refugia (Moreno et al. 1996) y desde los que se desplaza para alimentarse en el entorno próximo (Moreno y Villafuerte, 1995). Así, su presencia favorecerá una selección más intensa de su entorno. De esta forma, como se ha sugerido previamente, la realización de refugios puede ayudar a favorecer una mayor presencia de conejo en su entorno (Fernández-Olalla et al. 2010). Si las isletas de matorral dentro de las siembras resultan adecuadas para el conejo (Beja et al. 2007), pueden actuar de igual manera. Así, la interacción de la presencia de isletas y refugios artificiales con la abundancia de conejo ha resultado ser un factor significativo, lo que puede indicar

que la abundacia de conejo se ve afectada por la presencia de estos elementos. Esto podría venir derivado por la creación de un hábitat adecuado, que los conejos colonizarían con cierta rapidez (Sarmento et al. 2011).

Al plantear las actuaciones, se han buscado zonas con elevada presencia de refugio de calidad para el conejo, ya sean zonas de matorral claro (Beja et al. 2007), de roquedos favorables o zonas herbáceas (Carvalho y Gomes, 2004). En todos los medios se han dado selecciones más elevadas que en las parcelas rodeadas de matorral denso. Este medio ya ha sido descrito como poco adecuado para el conejo (Lombardi et al. 2003; Fernández, 2005). Por lo tanto, la selección de zonas de actuación debe tener en cuenta el hábitat circundante, como sucede con otras actuaciones de fomento del conejo (Fernández-Olalla et al. 2010). Pero, además, es preciso tener en cuenta la forma de las actuaciones, como revela que la interacción del hábitat con la relación perímetro/superficie sea significativa. La presencia de predadores que explotan el ecotono de las zonas de matorral denso y las siembras, como el gato montés (Lozano et al. 2003; Mangas et al. 2008) o el jabalí (Virgós, 2002), pueden hacer que el conejo evite estas zonas.

Uno de los factores que no ha influido de forma directa en la selección es la abundancia de conejo, aunque sí lo hace a través de su interacción con la presencia de refugios e isletas. De esta forma, los resultados indican que la selección positiva del conejo de las zonas tratadas se ha producido con independencia de la abundancia (Sarmento et al. 2011), dentro del contexto general de zonas con baja abundancia. Incluso en zonas con abundanciaes de conejo muy bajas (menores de 1 conejo·km-1) se ha seleccionado la zona tratada. Que la respuesta de los conejos a la realización de siembras no dependa de su abundancia, dentro de los rangos presentes en este estudio, es una oportunidad para su gestión (Catalán et al. 2008). Por el contrario, las altas abundanciaes pueden provocar efectos negativos sobre el desarrollo de las siembras (Muñoz, 2005), así como sobre otros cultivos (Barrio et al. 2010), lo que da origen a importantes conflictos sociales.

El año en que se llevan a cabo las actuaciones parece estar relacionado con la respuesta, lo que puede deberse a las variables condiciones climáticas durante el estudio (AEMET, 2012). Así, la respuesta puede quedar condicionada por las variaciones que las condiciones climáticas provocan en los parámetros reproductivos del conejo (Bell y Webb, 1991; Palomares, 2003; Tablado et al. 2009). La dinámica del conejo queda así doblemente condicionada por el clima, tanto de forma directa como por factores que a su vez quedan condicionados por las condiciones climáticas, como las enfermedades víricas (Calvete et al. 2002), el desarrollo de la vegetación herbácea (Hill et al. 2004) o la presencia de predadores (Voigt et al. 2003).

Como contraste con los resultados obtenidos, en un trabajo realizado a gran escala y a largo plazo, no se ha constatado que en los lugares con siembra las poblaciones de conejo hayan aumentado (Delibes- Mateos et al. 2008). El mantenimiento a largo plazo de estas acciones puede ser una de las claves detrás de

estos resultados. De igual forma, la integración de las siembras en la gestión de la finca ha sido sugerida como factor decisivo a la hora de mantener la efectividad de la actuación en el tiempo (San Miguel, 2006).

Los datos analizados sugieren que el incremento en la selección del conejo de las zonas tratadas parece extenderse a su entorno. Esto puede deberse a que las zonas tratadas presentan comida en mayor cantidad y calidad que las zonas sin tratar (San Miguel, 2006), lo que puede incidir en la productividad y la abundancia (O’Donoghue y Krebs, 1992). Por otra parte, puede suceder que la mejora reproductiva que ha supuesto la siembra de cereal haya permitido un incremento de la población que permita que el conejo salga del pozo de la predación (Trout y Tittensor, 1989; Banks, 2000), o bien que se ha creado un medio que permite mayores abundancias de conejo (Lombardi et al. 2003). Se consideran, por tanto, necesarios estudios con un plazo mayor para poder evaluar estos efectos.

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