Gene locus / name Predicted function IR box sequence Position
3.2.3 SPO0087 – irpB
Desde que Lindet se había hecho cargo de la Comisión de Alimentos (2 de noviembre de 1793), el comercio había encontrado en él un protector, discreto al principio, pero cada vez más |277| activo a medida que disminuía la influencia de los hebertistas. No obstante, los poderes públicos tuvieron que esperar a la caída del hebertismo para proteger abiertamente el comercio. Una vez muerto Hébert, las diatribas de sus partidarios contra el “afán de negocios” quedaron desautorizadas oficialmente. El poder se congració con los comerciantes.
Hanriot, en sus órdenes del día a la Guardia Nacional de París, se dedicaba a tranquilizar a los comerciantes. El 12 de abril, trató de impostores a quienes hacían correr el infundio de que los comerciantes carecían de seguridad en París. El día 18, calificó de “traidores” y “enemigos del país” a ciudadanos y ciudadanas que habían saqueado varias tiendas de queso, y reforzó las patrullas de servicio en el mercado de Les Halles. El día 13, la Comisión de Alimentos prescribió al Agente Nacional de la Comuna de París “que se deje de desalentar, de desanimar mediante formalidades inútiles a quienes nos abastecen y se garantice al comercio y a la industria toda la libertad que la ley les ha concedido”.
Payan se apresuró a seguir aquellas instrucciones. El 28 de abril, la Comuna notificó a los parisinos que ninguna ley, ningún reglamento, les prohibía hacer llegar artículos del exterior a sus domicilios. El 18 de mayo, la comuna dirigió una proclama a los habitantes de París, en la que los tenderos pudieron leer las frases más tranquilizantes. El día 25 mandó colocar un anuncio: “Es necesario que el comercio, liberado de sus trabas, reanude por fin toda su actividad y traiga incesantemente la abundancia a esta gran ciudad”.
Los estímulos al comercio no se prodigaron solamente en París. Adoptaron la forma de actos del poder central. El 9 de abril, el Comité de Salud Pública fijó de forma ventajosa para los productores los precios de los tejidos de las manufacturas de Sens, que se habían omitido en el cuadro de la nueva tarifa. El día 16, decidió estimular, mediante indemnizaciones y recompensas, las fábricas, la explotación de las minas y las manufacturas; proteger la industria, la confianza entre quienes comerciaban, hacer concesiones a |278| los negociantes patriotas que ofreciesen abastecimientos al precio máximo y, por último, dar órdenes de garantía a quienes trajesen mercancías a París, para que los transportes no encontraran inconvenientes.
Paralelamente se estimuló el comercio exterior. Durante el período anterior, la preocupación esencial había sido la de poner inmediatamente a disposición de los sans-
culottes hambrientos, todos los productos de primera necesidad disponibles. En
consecuencia, los poderes públicos habían prohibido las exportaciones de objetos de primera necesidad, pero aquella prohibición de salida de mercancías había tenido como consecuencia la imposibilidad de importar ciertos productos utilizados sobre todo en las fabricaciones de guerra, para los cuales Francia dependía del extranjero. Rápidamente se vio clara la necesidad de una “suavización”.
Mientras la presión popular se ejerció con fuerza contra el poder central, éste, salvo raras excepciones, obligó a observar estrictamente la prohibición de salida. Pero, desde el momento en que se produjo la decadencia del poder de las masas, el poder central dio marcha atrás. El 11 de marzo, Barère explicó a la Convención los inconvenientes resultantes de la prohibición de exportar al extranjero todos los artículos calificados de primera necesidad. La Asamblea decidió que, en adelante, la Comisión de Alimentos podría conceder autorizaciones para la exportación.
El día 13, el Comité decretó que todas las mercancías fabricadas en la República que no fuesen de primera necesidad para los ejércitos y los ciudadanos, gozarían de libertad para que se las exportase al extranjero. Las autorizaciones de exportación se sucedieron. El día 27, se levantó por fin el embargo a los barcos extranjeros reunidos en el puerto de Burdeos.
Un decreto del día 31 creó, en Burdeos y en todos los puertos y plazas de comercio principales, una agencia cuyo objetivo era “volver a convocar a todos los comerciantes y capitalistas a sus ocupaciones ordinarias, a reanudar las especulaciones comerciales” y, | 279| sobre todo, “aconsejar a los ciudadanos a participar en el comercio de exportación”.
El prodigioso desarrollo de la industria capitalista que iba a suceder al período revolucionario estaba en germen en aquellas medidas. Al mismo tiempo que sus portavoces girondinos iban a verse reintegrados solemnemente en la Convención, los grandes exportadores de Burdeos, Nantes, Marsella, iban a recuperar su prosperidad de antaño.
Robespierre iba a declararse abiertamente a favor del regreso al liberalismo económico. En su último discurso del 26 de julio de 1794, declaró, atacando la memoria de los hebertistas: “Los Conspiradores nos precipitaron, a pesar nuestro, a medidas violentas, que sólo sus crímenes habían hecho necesarias, y redujeron a la República a la escasez más horrible. […] Necesitamos todos los esfuerzos del genio para devolver a la República a un régimen natural y suave, que es el único que puede favorecer la abundancia”. Y Saint- Just observaría en sus Instituciones: “El extranjero […] nos había obligado a tomar aquellas medidas extremas. […] La primera idea de fijación de tarifas había venido del exterior. […] Hace ocho meses, la influencia extranjera era tan intolerante y tan terrible, que habría conseguido que se lapidase al autor de una idea sana en economía. Hoy […] la naturaleza y la prudencia han recuperado sus derechos”.
Robespierre y Saint-Just, aunque se separarían progresivamente de la presión popular, iban a sufrir cada vez más la de los poseedores. El Incorruptible tenía una gran amistad con un banquero de Montpellier, Aigoin, al que había nombrado, el 1 de enero de 1794, para uno de los cargos de comisario de la Tesorería Nacional. Aigoin presentó al Comité de Salud Pública memorias en favor de la abrogación del precio máximo y la reanudación de la actividad Comercial.
La reacción termidoriana estaba en germen en el retroceso económico de comienzos de 1794. La restauración del oro fue el |280| primer paso hacia la bancarrota y la desmonetización del asignado. La suavización del precio máximo, el primer paso hacia la abrogación de la fijación de tarifas. Los estímulos al comercio, el primer paso hacia el regreso puro y simple al laissez faire, laissez passer.
Robespierre y la burguesía revolucionaria habían puesto el dedo en un engranaje fatal: fatal para los descamisados, naturalmente, y no para la burguesía que iba a obtener enormes beneficios a partir de la miseria general.
|281|