• No results found

SQL dotazy

In document Study Statistics for Portal (Page 71-78)

La obra maestra de la épica castellana es el “Cantar de Mío Cid”. Este extraordinario poema es un perfecto ejemplo de literatura propagandística. La glorificación y mitificación de Rodrigo en el poema es un correlato de la glorificación de Castilla y lo castellano en un marco claramente anti–nobiliario.

Es evidente que puede hablarse aquí de propaganda, pero es preciso anotar qué tipo de propaganda es ésta y al servicio de qué se hace. Aquí se trata de una propaganda que ya no está, en modo alguno, al servicio del feudalismo en sentido estricto, sino de una propaganda dirigida contra el sistema y la clase dominante.

Las actividades de Rodrigo y de sus mesnadas de extracción popular indican que el mundo ya no es estático ni inmóvil. Se trata, en efecto, de un nuevo orden en el que la nobleza ha perdido su prestigio y su papel representativo; en el que el rey lo es otra vez gracias al Campeador; en el que “los de abajo” y los primeros burgueses han hecho su aparición.

Tres niveles pueden apreciarse en el “Cantar de Mío Cid” que, entrelazados, producen un falseamiento de la historia y una mitificación de Rodrigo y de Castilla.

El primer nivel es el político: Castilla frente a León.

Los enemigos del Cid en el poema, los que han conseguido su destierro, son grandes nobles y, en conjunto, de origen leonés. El mismo rey, Alfonso VI, es un intruso, monarca de Castilla tras el asesinato de su hermano Sancho II.

El poema se destina, por otro lado, a un público burgalés. Burgos es capital de Castilla, representante de lo castellano.

Es fundamental también el papel del monasterio de San Pedro de Cardeña, foco de castellanismo. Entre otros muchos datos que pueden ser aducidos basta mencionar el final del poema, el juicio de Dios en Toledo ante Alfonso VI, que no se corresponde con la realidad histórica. La humillación de lo leonés es total.

El segundo nivel es el socio–económico: pueblo frente a la

oligarquía aristocrática cortesana.

Rodrigo Díaz pertenece a la clase de infanzones, pequeños nobles ligados todavía a la economía agraria. Es muy significativa la acusación hecha por los aristócratas frente al Cid: “que se vaya al río Orvina a trabajar en los molinos, y a hacer maquilas como lo suele hacer”.

La hostilidad entre infanzones y aristócratas, tan obvia en el poema, se corresponde con la historia: los primeros luchan por el ascenso social; los segundos defienden el coto cerrado de sus privilegios de clase.

Se ve, por otro lado, el brote de una nueva clase, la burguesía, que es, por su apoyo al infanzón, quien da al poema su tono anti–aristocrático. Es revelador el siguiente verso, cuando Rodrigo atraviesa la ciudad de Burgos camino del exilio para verle partir con tristeza: “Burgueses y burguesas en las ventanas están”.

No hay que olvidar que, en su mayoría, los soldados del Cid son gentes miserables, entre los que abundan los que no tienen ni espada.

Los grandes traidores del poema son los cortesanos que rodean a Alfonso VI y los infantes del Carrión, en quienes brillan por su ausencia los supuestos valores de su categoría social.

El casamiento de los infantes con las hijas del Cid no es histórico, pero esta ficción es imprescindible en el poema por su intención anti– nobiliaria. Lo mismo ocurre con el conde de Barcelona, otro personaje de la clase dominante contrapuesto al infanzón desterrado que es el Cid.

Para lograr el rebajamiento social y moral de la alta nobleza se acude a un procedimiento de lo más degradante, fácil de captar por las masas populares: el humor y la ironía. Recordemos, como ejemplo, el episodio de la cobardía de los infantes de Carrión ante el león del Cid.

El tercer nivel es el individual, el del héroe.

Rodrigo Díaz, desterrado por el rey, se encuentra con el gran problema de recuperar su honra perdida. A este respecto, el Cid actúa como un héroe épico, sin olvidar, como ya hemos dicho, que su destino es el de su propia comunidad.

Así deben entenderse estos versos:

“Burgueses y burguesas, en las ventanas están, llorando de los ojos, tanto dolor sentían,

con sus bocas todos decían estas palabras: ¡Dios, qué buen vasallo si tuviese buen señor”.

Conclusión

Castilla, que ya había hallado su héroe en Fernán González, vuelve a hallarlo en Rodrigo Díaz, en un momento en que un nuevo rey accede al trono desde León en circunstancias bien sospechosas, y en un momento en el que frente a la dominancia de la aristocracia surge la insatisfacción popular y la burguesía.

Alfonso aparece como rey casi extranjero e injusto. Si bien no hay en el poema ataques directos contra el monarca, el tono es claramente anti– alfonsino.

Es interesante comprobar el proceso de transformación de Alfonso VI, quien a lo largo del poema recupera lentamente su posición de monarca ideal. Pero porque Rodrigo devuelve a Alfonso lo que éste había perdido. La superioridad del Cid queda manifiesta. El falseamiento y la distorsión de los hechos históricos se manejan cuidadosamente para lograr estos resultados…

In document Study Statistics for Portal (Page 71-78)

Related documents