brigadier espaÑol
JosÉ raMÓn rodil
(1798-1853),
aTrincherado en el
casTillo del callao
(hoy real felipe).
rodil, Quien
desconociÓ la
capiTulaciÓn de
ayacucho, habÍa
siTiado el puerTo
por Mar y Tierra
Trece Meses anTes.
los paTrioTas, al
Mando del general
veneZolano
barToloMÉ saloM
(1780-1863), ToMaron
el fuerTe san rafael
priMero, y luego el
resTo del casTillo.
22
enero
1826
[ PERÚ ]
pidieron que redactase una Constitución para ella. Dentro del criterio de Casimiro Olañeta y otros doctores de Chuquisaca era preferible ser cabeza de ratón que cola de león; y los grandes due- ños de tierras y de hombres en el Altiplano se sentían más seguros en sus privilegios si ellos manejaban la región lejos de cualquier interferencia.
Dentro de la situación conflictiva en que vivían las llamadas Provincias Unidas del Sur, el gobierno de Buenos Aires dejó que cada uno de ellas, se manejara como quisiese; y, eliminando así fácilmente ese obstáculo, el único que, afrontó el Libertador fue el de la decisión que podía tomar el Congreso del Perú. Hay, por lo menos, tres cartas desde Chuquisaca de Hipólito Unanue, presidente del Consejo de Gobierno en Lima, reiterando la necesidad que con sus amigos logra- se un visto aprobatorio de la cesión. Este voto le fue fácilmente otorgado.
¿ARiCA PARA BOLiViA?.- Como la nueva República necesitaba acceso al mundo, es decir
contacto con el mar, Sucre comisionó al general O’Connor para que visitase el litoral del Pacífico y escogiera entre los puertos de Atacama o Cobija, Mejillones o Loa. O’Connor cuenta en sus memorias la pésima impresión que esos lugares le causaron; y, aunque Sucre abrió Cobija bajo el nombre de La Mar, insistió muchas veces ante el Libertador desde enero de 1826 para que entregase Arica a Bolivia. Parecería que Bolívar no quiso darle Arica sino sobre la base de la previa federación peruano-boliviana, en la que tanto confió; es decir manteniendo a pesar de todo, la nacionalidad original de este puerto. Actitud digna de estudio que podría parecer rara en quien con tanto orgullo se llamaba “padre” de la nueva República y lógicamente debía hacer lo posible en favor de ella. Quizás la explicación está en que su plan era entonces el de ir a la Confederación de los Andes con la Gr.an Colombia (o sea las actuales Repúblicas de Panamá, Colombia, Venezuela y Ecuador), el Perú dividido en dos Estados y Bolivia. Si al Perú bifurcado se le quitaba, además, el territorio del sur, resultaba deshecho. Creyó el Libertador que Bolivia podía exigir como condición indispensable para federarse “que el Perú formara dos secciones iguales”. Otros, a su vez, auspiciaron la federación peruana departamental del sur, creyendo así librarse de que se convirtieran esas provincias en bolivianas.No faltaron quienes hicieron propaganda en favor de ella, según se dijo, bajo la directa o indirecta inspiración de Sucre, secretamente anheloso de debilitar la República situada al norte de la que él presidía. Agentes de este plan divulgado por el periódico El Zancudo fueron, por unos momentos, los mismos prefectos de Arequipa (La Fuente), Cuzco (Gamarra) y Puno (Laso) que convinieron en tener una reunión en Lampa. Santa Cruz, presidente del Consejo de Gobierno, separó de su cargo a Laso y aconsejó a La Fuente y a Gamarra que desistieran de su proyecto que, si bien nacido del Libertador, ya no tenía validez por cuanto Bolivia aceptaba, en principio el plan de federación.
El centro de Bolivia estaba separado del Atlántico por más de 2 mil millas en las que a la distancia misma, se agregaban tremendas dificultades físicas. Hacia el oeste la nueva República podía alegar derechos sobre un estrecho corredor que iba al mar a través de la peor área del desierto de Atacama, en territorio con ninguna zona irrigada, excepto en aislados y minúsculos oasis interiores y sin ningún puerto de importancia.
Los orgullosos doctores de Chuquisaca no quisieron en 1825 tomar en cuenta las razones positivas invocadas por los diputados de La Paz en el sentido de que existía una interdependen- cia real entre el Alto y el Bajo Perú que generaba funciones complementarias en la vida diaria de una y otra región, a pesar de que desde 1777 habíase querido intensificar oficialmente el comer- cio entre el Altiplano y Buenos Aires. Las infructuosas campañas de 1810 a 1815 no solo implica- ron una derrota militar y política para la Argentina sino evitaron o debilitaron su esfera de influen- cia en la montañosa frontera norte del antiguo Virreinato de Río de la Plata e hicieron crecer la aproximación del Altiplano al Pacífico.
131
[ capÍtulo 5 ] perÍodo 1
LA GLORiA dEL MARisCAL. Luego de la victoria de Ayacucho, el militar venezolano Antonio José de sucre (1795-1830), al mando del ejército libertador, se dirigió al Alto Perú. Tras la derrota española del 1 de abril de 1825, fue nombrado primer presidente del recién creado Estado de Bolivia.
132 PERÍODO 1 [ CAPÍTULO 5 ]
dos pacTos
suscriTos el 15
de novieMbre de
1826
esTablecieron
la federaciÓn
peruano-
boliviana y la
cesiÓn del
TerriTorio de
arica hacia el
sur (…) a caMbio
de la ToTalidad
del lago
TiTicaca, del
pueblo de
copacabana y
la provincia de
apolobaMba o
caupolicÁn.
Esta situación no se alteró después de la independencia. El comercio en Cuzco, Arequipa y Tacna estuvo más y más ligado a la sierra del interior en lo que atañe a productos alimenticios, como también en las importaciones de productos manufacturados y en las exportaciones mine- ras. Aludiendo una realidad de viejas raíces, el mismo Bolívar escribió a Santander que por esa razón se llamaba Perú del Cuzco a Potosí (Lima, 23 de febrero de 1825).
Dos pactos suscritos el 15 de noviembre de 1826 establecieron la federación peruano-boli- viana y la cesión del territorio de Arica hacia el sur entre 18° S Y 26° 20’ S a cambio de la totalidad del lago Titicaca, del pueblo de Copacabana y la provincia de Apolobamba o Caupolicán. Lógicamente, el Consejo de Gobierno de Lima presidido por el paceño Andrés de Santa Cruz no aprobó estos pactos. Santa Cruz escribe a La Fuente por ese entonces: “No debo porque no puedo y porque no quiero abusar de la confianza que el Perú ha depositado en mí”. Más tarde, Presidente de Bolivia, el mismo Santa Cruz reclamó Arica, a la vez que efectuó tentativas infruc- tuosas para dar vitalidad a Cobija.
La fundamentación del veto peruano a ambos tratados fue hecha admirablemente por el canciller José María de Pando, en un documento que es un modelo en su género.
LOs FACTOREs QUE COnTRiBUYEROn AL EsTABLECiMiEnTO dE LA REPÚBLiCA
BOLiViAnA.- Para consumar pacíficamente esta creación, no bastaba la voluntad pública. Eran
muy importantes la actitud de Argentina y la del Perú. La aceptación de Bolívar implicó la acep- tación de este último país, gobernado entonces por el Consejo que él nombrara (18 de mayo de 1825). Una carta de Bolívar a Unanue, presidente del Consejo, dice haciendo una súplica que era una orden: “Yo ruego a Ud. a fin de que empeñe toda su influencia con el Congreso para que inmediatamente que sea instalado, haga el reconocimiento de esta nueva República de Bolivia” (Plata, 25 de noviembre de 1825). Insistió en ello en su carta del mismo lugar el 3 de diciembre. El 7 de febrero de 1826 ya se encontraba de nuevo en Lima y pudo actuar en forma directa.Los planes para crear una vasta unidad política bajo el mando de Bolívar y regida por la misma Constitución redactada para Bolivia contribuyeron, por lo demás, a hacer creer a muchos que la separación entre los dos Perúes sería transitoria. En una carta a La Fuente, Bolívar llegó a decir: “Diré, además, que la reunión del Alto y Bajo Perú es necesaria a los intereses de la América” y agregó: “Bolivia no puede seguir como está porque el Río de la Plata y el Emperador del Brasil a la larga destruirían a aquella República” (Magdalena, 12 de mayo de 1826).
Sin embargo la República del Plata había reconocido de hecho la autonomía provincial, pues Salta, Córdova, La Rioja y otras regiones tenían entonces sendos gobiernos soberanos. Por otra parte, influyó, sin duda, el recuerdo de las enormes penalidades y del fracaso completo que sufrieron, al subir al Altiplano, las tropas de Belgrano y Rondeau y las diferencias no solo geográ- ficas sino raciales y culturales que encontraron. Además, frente al peligro que en aquellos días significaba precisamente la monarquía del Brasil, consistió la República del Plata en la separación del Alto Perú y del Paraguay para defender la banda oriental contra los brasileños. Fue precisa- mente para esta lucha, que el gobierno de Buenos Aires pretendió conseguir el apoyo de Bolívar.
La Asamblea Constituyente boliviana se reunió el 25 de mayo de 1826. Sucre fue nombrado presidente, no obstante su negativa, y se hizo necesaria una verdadera lucha y la amenaza de disolución de la Asamblea Constituyente para que se decidiera a aceptar.
El proyecto de Constitución y el reconocimiento de la independencia de Bolivia por el Perú fueron enviados por Bolívar con un mensajero especial. La Asamblea entró en la discusión del proyecto de Constitución y lo aprobó. Además se ocupó de fijar la capital de la República, sin ponerse de acuerdo definitivamente y resolvió someter a la voluntad del Libertador el lugar donde se constituiría la ciudad de Sucre. Entretanto permanecería la capital en Chuquisaca, también llamada Charcas y La Plata.
133 [ CAPÍTULO 5 ] PERÍODO 1
en el afÁn de
recoMponer las
alicaÍdas fuerZas
del paÍs, se
proMulga en esTa
fecha un decreTo
Que concede el
indulTo a Todos
aQuellos
deserTores de la
arMada y el
eJÉrciTo, con la
condiciÓn de Que se
reporTaran a sus
Jefes inMediaTos o
en Todo caso a las
auToridades MÁs
cercanas.
1
febrero
1826
[ PERÚ ]
La Asamblea procedió además, a computar, ya en octubre, las actas enviadas por los depar- tamentos para designar Presidente Constitucional de la República. Sucre fue elegido y aceptó bajo condición de dejar la presidencia en 1828, en la fecha señalada para la instalación del Congreso constitucional.
LOs LíMiTEs iniCiALEs EnTRE EL PERÚ Y BOLiViA.- Como se ha dicho ya, en la Asamblea
de Chuquisaca hubo representantes de La Paz, Santa Cruz, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba.La Real Ordenanza de intendentes de 1782 para el Virreinato de Buenos Aires, dividió el Virreinato en ocho Intendencias, de las cuales cuatro formaban parte del Alto Perú: La Paz, Santa Cruz (conocida mejor como Santa Cruz de la Sierra), La Plata (o Chuquisaca o Charcas) y Potosí. La Intendencia de Puno, incorporada al Virreinato de Buenos Aires, llegó a ser transferida de nuevo al del Perú por una Ordenanza Real en 1796, bajo la jurisdicción de la Audiencia del Cuzco. Aparte de las Intendencias, estaban dentro del territorio del Alto Perú los gobiernos de Mojas y de Chiquitos.
Las Intendencias se subdividían en partidos. Los partidos en la zona que limitaba con el terri- torio de la República del Perú al constituirse la de Bolivia, eran los de Apolobamba, Larecaja, Omasuyo, Pacajes y Carangas de la antigua Intendencia de La Paz y los de Lipes y Atacama en la antigua Intendencia de Potosí.
La delimitación de la provincia de Apolobamba dio lugar a divergencias entre ambos países. La línea divisoria en el lago Titicaca siguió un curso sinuoso atravesando de modo irregular la provin- cia de Copacabana; las tentativas para agregar el pueblo de Copacabana al partido de Chucuito de la provincia de Puno, iniciadas hacia 1814, quedaron detenidas por las guerras de la independencia. Por el lado de la costa, aunque frecuentemente se admitió que el “río Loa marcaba la separa- ción entre los dos países, el plano de la provincia de Tarapacá trazado por el ingeniero Benjamín Scott en 1832 dio a esa provincia límites muchos más meridionales. Tanto Mariano Felipe Paz Soldán en su Historia del Perú Independiente, como Antonio Raimondi en el segundo volumen de su obra El Perú, sostuvieron, con pruebas, que dicho límite se extendía, cuando menos, hasta la quebrada de Ticopilla antiguamente llamada Tucupilla, cuyo pueblo perteneció con anterioridad a la provincia de Tarapacá.
En un folleto titulado Verdaderos límites entre el Perú y Bolivia, que publicó en 1878, Mariano Felipe Paz Soldán pretendió probar, con abundante documentación de la época colonial, que los límites del Virreinato del Perú en 1810 se extendían por el sur hasta el Paposo situado en el paralelo de los 25°32’ más o menos; o sea que la Audiencia de Charcas no llegaba hasta la costa del Pacífico.
Uno de los temas debatidos en la Asamblea de Chuquisaca que resolvió acerca de la indepen- dencia del Alto Perú fue el de si esta región poseía todos los atributos de un Estado soberano. El diputado Serrano, presidente de la asamblea, combatió a los escépticos y a los dudosos, y a pro- pósito del puerto dijo que tenían uno adecuado en Cobija. Esta afirmación resultó más tarde contradicha por la experiencia. Cobija denominada puerto La Mar en homenaje a este personaje, está a 500 millas de Potosí, al borde del desierto de Atacama y no llegaban hasta ese puerto cami- nos, agua o mucha gente. El litoral boliviano vivió alejado del centro del país, políticamente cons- treñido al altiplano. He aquí una de las causas lejanas del conflicto con Chile y de la guerra de 1879.