Fuente: Registro Gráfico de la Investigadora. Celendín, 14 de Mayo, 2016
1.1.1.4. Cuento “Mama Berna”:
Cuando la escuelita 845 de Malcat funcionaba en la casa de doña Rosalía Quevedo de Cachay, yo era alumno de Transición, ella nos contaba que, en la quebrada situada hoy junto a la carretera divergente entre Cajamarca y Molinopampa, aparecía una señora muy fea a quien llamaban "mama Berna”.
Parece que mama Berna se dedicaba a la brujería, por la serie de hechos perniciosos que se contaba de ella. Por ejemplo, montaba en un macho y corría a través de los maizales, tumbando las plantitas. Ensuciaba el agua de los manantiales, corría a los niños para castigarlos con un látigo que portaba; sembraba de muñecos con alfileres por los caminos, hasta dicen haberla visto volar montada en un palo para hacer contacto con el "huacrayo”, su amigo, que se presentaba como un monstruo horrible.
Lo que más preocupaba a los padres era su afán de acercarse a los niños para castigarlos si no le acompañaban en su correrías de las
cuales pocos volvían. Por ello doña Rosalía enfatizaba este hecho en mi infantil mente. Al fin, un día no se la volvió a ver, a la tal mama Berna, no se encontró ni su cadáver. Corrió la voz que de donde apareció, allí terminó. En esa quebrada nació un ojo de agua o manantial, con el fin de atraer a los niños por medio de un duende albino, el cual les ofrecía caramelos. Es por esto que a la quebrada de mama Berna, sólo iban adultos a sacar agua con sus cántaros. Yo nunca pude ir a conocer la tan mentada quebrada. Parece que a mi madre maestra le impresionó el relato de doña Rosalía y me prohibió hacer tal visita. Lo importante, cierto o no del relato, es que los niños éramos obedientes a nuestros padres y no nos
aventurábamos solos. (Ver Imagen N° 03) (Ver Cuadro N° 01)
1.1.1.5. Cuento “La Minshula”:
A principios del siglo XX, vivía en un rincón de Celendín, una mujer que tenía la nariz prominente, pocos dientes y, lo peor, es que nunca se bañaba ni se peinaba. Era el terror de los niños, no sólo por su figura sino por los cuentos que se tejieron alrededor de tan detestable persona. Se la ponía como ejemplo de pereza, de desaseo y hasta de evidente degeneración. La Minshula, cuyo verdadero nombre nunca supimos, vivía en una choza situada en el camino a José Gálvez, en una pequeña altura y junto a una quebrada, pero siempre estaba deambulando por la ciudad, aparentemente sin qué ni para qué; pero ella sabía en detalle la vida
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y obras de todas las familias. Este don de su chismografía se decía que se debía a que ella podía transformarse en cualquier animal para entrar a las casas o mirar desde el techo. Unas veces se transformaba en pato, otras en pollito y hasta en perro. Mi abuelita me decía que una vez encontró un hermoso pato en el patio y que se desapareció luego como por encanto y que otra vez escuchó junto al dormitorio el ladrido de un perro con una voz enorme. Otro señor contaba que encontró en la pileta de la plaza de armas a una pata bañándose, que la cogió, la llevó a su casa y la amarró para que no se escape y que al día siguiente encontró amarrada a la Minshula desnuda. Pero lo que más nos aterrorizaba a los niños era el cuento que la Minshula llevaba con engaños a los niños a su casa y que luego los mataba y los arrojaba a la quebrada que corría al lado. Cosa que nunca se comprobó. Pero nosotros al ver acercarse a la mujer, corríamos desesperados; pues creíamos que la bruja nos iba a devorar. La Minshula se fue poniendo más vieja y su figura fue haciendo más horripilante, hasta que un día la encontraron muerta en su choza. Nadie asistió a su velorio y algunas personas caritativas tuvieron que enterrarla. La verdad que los niños suspiraron de alivio ante esta desaparición. Hoy todavía voy pensando ¿fue cierto todo lo que se dijo de la Minshula? ¿Acaso se cometió tremenda injusticia gracias a las historias que se tejieron alrededor de una fea y triste figura? Sólo Dios lo sabe. No
juzguemos a los demás, sólo Dios juzga rectamente. (Ver Imagen N° 04) (Ver Cuadro N° 01)
1.1.1.6. Cuento “El Huacrayo”:
La sencillez de la gente y a veces la parapsicología nos cuenta de intervenciones misteriosas y extrañas en la vida de las inocentes personas. Una de éstas es la del famoso "Huacrayo”, el cual no viene a ser sino el mismísimo demonio. Este suele presentarse en forma de gato negro terco y meón; de una gigante deforme, de muía desbocada; de puma dañino, de un enano peludo con cola y cuernos; como un niño albino que llaman duende... en fin como algo fuera de lo común.
El temor que el “huacrayo” infunde en estas personas, muchas veces es explotado por otras inescrupulosas. Por ejemplo en la zona de Huañambra y Malcat un hombre se había conseguido la pata de un puma la cual amarraba a un palo, y le servía para dejar huellas en los corrales de los animales que robaba. Como el puma no aparecía por ninguna parte la gente pensó en el huacrayo y se escondía de miedo. Pero un valiente se puso al acecho y descubrió al ladrón, llamó a toda la vecindad y fue linchado. Luego de ser "cazado”. En la ciudad de Celendín, hace algunos años sucedió un hecho que conmovió a todos. Una familia que vivía en la calle Cáceres se dedicaba a la hechicería y entregaba sus hijos al demonio a fin de que éste les sea propicio.
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Una de las hijas, adolescentes ya, subía al “alto” (segundo piso) y no había quien la pueda mover de allí. Se posesionaba de un rincón y decía que un joven muy simpático, que sólo ella veía, le ofrecía grandes riquezas y placeres y hasta le había ofrecido matrimonio para llevarla de allí. Lo supo el párroco Rabanal y fue decidido a la casa para exorcizar a la muchacha. Esta protestó violentamente y unos gallinazos enfurecidos trataban de penetrar a la habitación. Eran los huacrayos, cuyos rasguños quedaron en la pared por muchos años. Lo importante es que la muchacha se salvó. En otros casos esta creencia en el huacrayo, traía feliz consecuencia. Es el caso de un alcohólico que no faltaba a ninguna fiesta o alguna ocasión para “chupar gratis”. En octubre se celebraba en el caserío de Malcat la fiesta de Taita Pancho y ahí estaba Pancho “El Borrachoso” montado en su brioso caballo. Luego de libar todas las copas que quiso o pudo, montó nuevamente en su querido corcel que “lo llevará derechito a su casa” como afirmaba Pancho. La casa estaba ubicada en Sucre. De pronto el caballo como si hubiera sido herido dio un tremendo salto, arrojando al jinete al suelo. Pancho se quedó allí sentado “esperando a que su casa pase” y como esto no sucedía, se levantó para ir en su búsqueda. Al minuto de iniciar su zigza que antes de caminar, se encontró frente a su domicilio, pero por más que caminaba no podía llegar a la puerta. El borracho exclamó la me lo pagarás zamarra" y cayó al suelo rendido por el cansancio y se quedó profundamente dormido. Al despertarse,
cuando la fuerte luz del sol le hería sus ojos, quedó aterrado al darse cuenta que a sus pies se abría un profundo abismo, de tal manera que, si hubiese dado un solo paso más fatalmente, hubiese caído en él. Mientras tanto la familia de Pancho estaba preocupada, pues el caballo había regresado sin su jinete. Así que apurados fueron en su busca y lo encontraron en el lugar antes descrito, paralizado. Analizando el hecho, todos coincidieron en que por un momento el caballo fue montado por el huacrayo por ello se encabritó y que su objetivo era matar a Pancho para ganar su alma. Pero lo había salvado la imagen de San Isidro que llevaba pendiente en el pecho. Lo importante es que Pancho no volvió a tomar jamás una copa. Ni para remedio. La gente afirmaba haber visto a algunos personajes de Celendín que llevaban a la grupa a un misterioso ser y que éste les había dado riqueza y fama... aunque después su alma se queme. ¡Pero a quién Dios tiene, nada teme! (Ver Imagen N° 05) (Ver Cuadro N° 01)
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