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Standardisation and technological organisation

Chapter 2 Approaches to Standardisation and Labour Organisation

2.3 Standardisation and technological organisation

se cuenta con una décima parte de

la que fue su extensión original.

o en las agendas nacionales y regionales, como es el caso de Perú y Bolivia. Así mismo, existen características que aún no se conocen de los bosques, o de los cuales no se tiene claridad en cuanto a datos disponibles. Por ejemplo, cuando se habla de la extensión de los bosques Prins (2014) señala que los ecosistemas de Bosques Andinos cubren alrededor de 31 millones de hectáreas en toda la región Andina, mientras que los reportes nacionales para la Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales (FAO, 2015) indican que los Bosques Andinos (ceja andina, montanos altos, montanos y montanos bajos de las vertientes interandinas, occidentales y orientales de los Andes) representan aproximadamente el 24,9% de los bosques en Colombia, el 31,98% en Ecuador, el 27,76% en Perú y el 20% en Bolivia, como se

muestra en la Figura 1. Figura 1. Mapa de localización de los Bosques Andinos.

La gestión territorial y restauración de paisajes de Bosques Andinos

Ahora bien, por la reducción del área de Bosques Andinos, actualmente solo se cuenta con una décima parte de la que fue su extensión original. Gran parte de los bosques se encuentran en mosaicos junto a otros usos de suelo, como agricultura y ganadería. Dicha fragmentación (causados por los diferentes usos de los suelos) requiere que una gestión sostenible y efectiva de los Bosques Andinos que esté enmarcada dentro de un enfoque de paisaje, que permita reconocer las diferentes necesidades de la población local. Este enfoque atiende a un proceso de gestión multipropósito que concilia objetivos de conservación, protección y desarrollo local sostenible con el reconocimiento de la interacción entre los diversos usos de la tierra y los actores interesados. Nace, entonces, el concepto de restauración de bosques y paisajes, definido como un proceso activo que busca equilibrar la reposición de los servicios del ecosistema en los hábitats silvestres con la biodiversidad, la regulación de los recursos hídricos, el almacenamiento de carbono (entre otros factores), y mantener las funciones productivas en beneficio de la agricultura y usos afines de la tierra (McGuire, 2014; citado en Cerrón et al., 2017). Un enfoque del paisaje busca una comprensión cabal de las interacciones que tienen lugar entre los diversos usos de la tierra y las partes interesadas, les da la debida consideración e integra los usos y las partes enmarcados en un proceso de gestión combinada (Foro Mundial de Paisajes, 2014; citado en Sabogal et al., 2015).

En efecto, mientras existan vacíos importantes de conocimiento sobre los Bosques Andinos en aspectos ecológicos, en su relación con las intervenciones humanas y el impacto del cambio climático sobre ellos, habrá urgencia para recuperar las funcionalidades que los bosques generan para la sociedad.

La preocupación por la degradación de los bosques en Latinoamérica y el Caribe se expresó, entre otros, con la Iniciativa 20x20, un esfuerzo liderado por los países de la región, y facilitado por el World Resources Institute (WRI), para llevar 20 millones de hectáreas de tierra degradada a la restauración para el 2020. Así, la restauración de bosques es vista como una estrategia de gestión para contribuir de manera concreta y efectiva (costo-beneficio) a la mitigación y adaptación al cambio climático.

Como resultado de las diferentes iniciativas regionales y globales, algunos países se han comprometido con metas para la restauración de tierras degradadas como se evidencia a continuación.

*Bolivia no ha participado en la Iniciativa 20x20, pero en 2015 se comprometió ante la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) a aumentar en 4.5 millones de hectáreas la superficie de áreas forestadas y reforestadas para el año 2030 (Estado Plurinacional de Bolivia, 2015).

Algunas lecciones aprendidas para la gestión de los Bosques Andinos

En los países mencionados en la tabla anterior se contempla la restauración de áreas degradadas en las zonas de montaña. En cuanto a los esfuerzos de mejorar la cobertura boscosa y la gestión de los bienes y servicios ecosistémicos, hasta la fecha se pueden destacar algunas lecciones aprendidas en la región andina, como lo son:

En pro de construir agendas y lenguajes comunes, se observa una gran heterogeneidad entre países sobre su comprensión de qué es la restauración ecológica y sobre la visión de cómo encaja en el contexto del manejo de los recursos naturales y en la recuperación de los ecosistemas naturales degradados. Esto podría determinar el porcentaje de la biodiversidad que persistirá en cada uno de los países. Por otra parte, las realidades socioeconómicas y fisiográficas de cada país han definido su relación con los Bosques Andinos y su percepción sobre el nivel de prioridad que merecen en los planes nacionales de restauración (Murcia et al., 2017).

Por otro lado, las metas de programas forestales suelen estar dirigidas en términos de extensión de áreas restauradas (metas en hectáreas) y tienen una claridad somera sobre los objetivos y beneficios trazados como es el caso del mejoramiento de funciones y servicios ecosistémicos (agua, carbono y biodiversidad). Sin embargo, el monitoreo es necesario para lograr evidenciar la causalidad entre las prácticas de restauración y la gestión de los bosques, como el mejoramiento de servicios ecosistémicos. Ahora, pocas iniciativas de restauración, incluyen monitoreo de funciones ecosistémicas, como en el caso de Perú, que solo menos del 10% de los casos lo contemplan (Cerrón et al., 2017). Una buena

País Meta

Bolivia* 14,5 millones

Colombia 1,0 millones

Ecuador 0,5 millones

práctica del ciclo de gestión de conocimiento (generar, intercambiar/compartir y usar/ internalizar el conocimiento) ayudaría en el ajuste o mejoramiento de los esfuerzos de gestión de bosques y plantaciones forestales en la zona andina de Bolivia (Patiño-Rojas y Lozano-Rocabado, 2017).

Así, a pesar de los planes y políticas nacionales y sub-nacionales, la gestión de bosques se hace realidad por la acción de actores locales, desde las comunidades, las autoridades públicas y el sector privado que logren responder y dar preferencia a reconciliar las necesidades de la ciudadanía. Es importante, entonces, que dichos actores sean sensibles y tengan claridad de los beneficios a corto y largo plazo de la gestión de paisajes de bosques: La gestión de un paisaje de Bosque Andino debe estar acompañado por mecanismos transparentes de retribución y valorización por los servicios ambientales. Al tiempo que requiere de un análisis de la (in) compatibilidad con mecanismos/incentivos que promueven otros usos de la tierra.

Algunos ejemplos locales de mejorar la gestión de Bosques Andinos con valorización de los servicios ecosistémicos

Aunque los beneficios de Bosques Andinos, en cuanto a bienes y servicios, van más allá de lo económico, es importante que se puedan calificar y cuantificar para contribuir a una valorización real de recursos que hasta la fecha han sido invisibles en decisiones que afectan la gestión nacional, regional y local de los bosques.

La comunidad Kiuñalla en Apurímac, en Perú, por ejemplo, decidió emprender la restauración de sus bosques con los objetivos de, primero, asegurar el servicio ecosistemico hídrico y ser

un destino atractivo para el ecoturismo. En el ejercicio participativo para la valorización económica de los bienes y servicios que la comunidad recibió de sus bosques en los últimos 30 años se estimó que el valor neto total presente del bosque superaba los 2 millones de dólares americanos (2.069.080 USD). De esto, la mayor parte (60%) corresponde al valor económico del servicio ecosistémico del agua para el riego. En segundo lugar, sigue el bien de la leña (20%) y luego, el producto forestal no maderable (PFNM) como la miel de abejas (7%). El agua, por su parte, fue indicada por la mayoría de las familias entrevistadas como lo más importante del bosque en términos de valor cualitativo (Landolt, 2016).

En el Chocó ecuatoriano (Ecuador) hay una finca donde se practica la producción de cacao sostenible junto con conservación de bosques nativos secundarios. Los bosques nativos albergan una alta biodiversidad endémica. A su vez, la zona está sujeta a presiones de conversión de las tierras por usos agrícolas no sostenibles. Se ha realizado un estudio en donde se afirma que la producción y la comercialización de cacao deja una

huella de carbono positiva. Las emisiones en CO2 de la producción del cacao hasta la fabricación del chocolate corresponde a 3,8 t de C/año mientras que la producción de C en el bosque es de 117,1 t/año (Tonelada al año) (Lambelet 2016).

En Colombia, por su parte, el BanCO2, creado por la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (CORNARE) en 2012 y operado por MASBOSQUES es un mecanismo local de retribución por servicios ambientales generados para la conservación y restauración de bosques en fincas. El área de influencia directa del proyecto es el Oriente del departamento de Antioquia, conformada por 26 municipios y un área

aproximada de 827.600 ha. Los beneficiarios directos del proyecto son 486 familias campesinas de estrato socioeconómico bajo o medio. BanCO2 propone desarrollar un sistema de incentivos a campesinos para la conservación y restauración de las zonas de interés ecosistémico de la región a través de un fondo ambiental especial (local/regional) financiado de manera voluntaria por empresas y personas que, en su vida diaria, y en sus procesos productivos, generen emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero) u ocasionen alteraciones en los ecosistemas naturales. A través de un esquema operativo que capta dineros con eficiencia y paga con oportunidad. Ante esto, los beneficiarios muestran alto grado de satisfacción. BanCO2 provee un arreglo institucional eficiente que ayudaría a la gestión ambiental de las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) (Pérez et al., 2016).

Aunque los beneficios de Bosques