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PART II. PROCEDURES FOR CERTIFICATION AND CONTINUING AIRWORTHINESS

STATE’S SAFETY PROGRAMME

El cobarde tiene miedo de todo

el avaro tiene siempre miedo a los regalos.” (Mauss, 1972, p. 156)

Si el avaro tiene miedo a los regalos, es porque no sólo se trata de saber dar, sino de saber recibir; ya que saber recibir es también una forma de dar. Y en estas sociedades escandinavas “fuera de la historia” según Mauss los cambios y contratos se hacen en forma de regalos, teóricamente voluntarios, pero en verdad hechos y devueltos obligatoriamente.

Cuando este autor investigó los dones, supuso una lógica para que éstos se produjeran al dar: no se trataba en estas sociedades ni en las nuestras de un dar sin relación a un contexto; para que en el dar exista un don debe respetarse cierta lógica.

Entonces llega a preguntarse:

“¿Cuál es la norma de derecho o interés que ha hecho que en las sociedades de tipo arcaico el regalo recibido haya de ser obligatoriamente devuelto? ¿Qué fuerza tiene la cosa que se da, que obliga al donatario a devolverla?” (Mauss, 1972, p. 157)

Se trata entonces en ese ensayo de investigar una forma de mercado anterior al mercado que supone la figura del mercader, y su principal elemento como la moneda. (Formas semíticas, helenísticas y romana de mercado)

En estas sociedades, en cambio, el intercambio es sin moneda; lo cual supone que en esas acciones de intercambio habita cierta moral, que no necesariamente es la misma que en las acciones de mercado monetario.

Señala que va a utilizar como método de investigación el comparativo concreto entre los siguientes lugares: Polinesia, Melanesia, y noroeste americano, en los cuales existen sistemas de intercambio que suponen ciertos derechos y obligaciones.

Una de las cuestiones que Mauss va a dejar en claro desde el inicio de su recorrido es que para él no existe ninguna “economía natural”, oponiéndose con esto a lo propuesto por Cook, quien refería que estos pueblos la poseían. Y esto es importante, pues el intercambio no es el producto de una ocurrencia individual, sino más bien de un colectivo que supone a una sociedad creando sus propias reglas para intercambiar.

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Y cuando hablamos de intercambiar, no se trata solamente de objetos materiales, sino además y sobre todo, del intercambio de “gentilezas, festines, ritos, servicios militares, mujeres, niños, danzas, ferias” (Mauss, 1972, p. 160), en las que el mercado ocupa sólo uno de los momentos, es decir, intercambios en los cuales la circulación de riquezas es sólo uno de los términos de un contrato mucho más general y permanente.

Y si bien estas prestaciones y contraprestaciones nacen de forma más bien voluntaria por medio de presentes y regalos, en el fondo se las escucha como rigurosamente obligatorias “bajo pena de guerra pública o privada.” (Mauss, 1972, p. 159)

Mauss propone nombrar a todo este sistema como “sistema de prestaciones totales” (Mauss, 1972, p. 160).

Ahora, vale la pena aclarar lo siguiente: en principio, estos intercambios de regalos se realizan entre colectivos; es decir, entre dos tribus: por ejemplo los Tlinkit y los Haida, del noroeste americano que se intercambian regalos para que estas dos patrias se respeten.

Está claro que si no se intercambian regalos, el respeto entre las dos patrias comienza a vacilar.

Ahora bien, en estas dos, como entre otras tribus, se presenta una forma muy desarrollada de este sistema de prestaciones totales (que, recordemos, es ni más ni menos que un sistema de intercambios) que se denomina Potlatch. Esto es fundamental a nuestros fines, pues el Potlatch es una de las referencias que –como hemos subrayado en los apartados “d” y “g” del presente capítulo- permitió a Lacan construir su afirmación: “el amor es dar lo que no se tiene”.

Y “Potlatch” quiere decir fundamentalmente “alimentar”, “consumir”; también puede ser traducido como “lugar donde uno se sacia”. Aquí van adviniendo como sentidos posibles “don” y “alimento”.

Muchas de estas tribus durante el invierno viven como en una especie de fiesta continua: banquetes, celebraciones que suponen al mismo tiempo reuniones solemnes entre tribus.

Es en estas fiestas que se pueden presentar rivalidades entre poblaciones; entonces los jefes adquieren un lugar fundamental en la celebración, pues se constituyen como verdaderos representantes de las mismas. A partir de esta estructura, que ya supone una regla, las tribus comienzan a quemar o matar sus propias riquezas según ciertas reglas festivas; y de acuerdo a las mismas

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el jefe (y por lo tanto su tribu) podrá adquirir cierto prestigio en relación a las otras. Esto es, adquirir cierto lugar en relación al deseo del Otro.

Mauss propone nombrar a estas prestaciones totales de tipo agonístico: Potlatch. Y afirma que así como estos clanes rivalizan mediante regalos, quemando sus riquezas; hay algo de esto en nuestras sociedades occidentales y capitalistas cuando se rivaliza en festines, en bodas.

Extraña forma de leer a una fiesta de boda, esta de ser una fiesta donde se ponen en juego rivalidades entre familias, según Mauss.

Pero volviendo a aquellas reglas, se trata de la lógica de ciertos regalos, que suponen la obligación de retribuirlos si fueron recibidos.

Hay una “fuerza” (Mauss, 1972, p.162) que obliga a devolver la cosa recibida; es la misma fuerza que obliga a realizar los contratos establecidos.

Mauss sostiene que aún es posible hacer muchas de estas observaciones en nuestras sociedades, y encontrarnos con una moral que no es la del puro mercader: aún hay dones, algunos de los cuales si no son devueltos, crean malestar en las relaciones. Entonces podemos encontrarnos con que en algunas casas occidentales se gasta sin medida a la hora de recibir a un huésped.

Añade que raramente un economista teórico del hoy dé lugar a la influencia que sobre nuestras sociedades ha tenido esta economía del cambio – don. Y agrega lo siguiente:

“Las nociones fundamentales de que hemos hecho uso se pueden utilizar y definir de muchas otras maneras. Los términos que hemos empleado: presente, regalo, don, no son demasiado exactos, pero no encontramos otros”.(Mauss, 1972, p. 253)

Sin embargo, son términos referenciales en la enseñanza de Lacan, quien no dejó, luego de aplicarlos al campo psicoanalítico, de precisarlos aún más cuando se trata de hablar del amor, del deseo y del goce.

Es que a Mauss no se le escapa que también en estas sociedades, tanto los individuos como los grupos han sentido el derecho de negarse a aceptar el contrato, y es desde aquí que va apareciendo ese aspecto de generosidad en la circulación de bienes. En este punto, Lacan habla del don a partir de la siguiente posibilidad: una madre está en condiciones de no dar lo que el infans demanda; si lo da, entonces eso que da adquiere el valor de un don. Y este aspecto es el que va emparentando a nuestras sociedades con aquellas. Cabe agregar que si en su mayoría estos Potlatch se realizan mediante fiestas,

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que pueden ser rituales, no se trata de producir sentimientos en el orden moral, sino que son “causa de una emoción estética”.(Mauss, 1972, p. 259), esto es, puede haber mucha belleza en juego en estos dones tan vitales; o como dijo Mauss:

“Los pueblos consiguen sustituir la guerra, el aislamiento y el estancamiento, por la alianza, el don y el comercio; oponiendo la razón a los sentimientos y el deseo de paz a las bruscas reacciones de este tipo (el violento)”. (Mauss, 1972,p. 262)

Podríamos revisar esta expresión “deseo de paz”; pero por ahora lo que interesa es marcar como la noción de don puede pensarse a partir de lo propuesto por Marcel Mauss de la siguiente forma:

- El don supone una acción o una serie de ellas.

- En las mismas alguien da y alguien recibe (un individuo, un grupo).

- Lo que se produce es la circulación de algo que antecede generacionalmente y espiritualmente a los implicados en estas acciones.

- De acuerdo a ciertas leyes estas acciones pueden implicar un don o no. - Para esto es decisiva la respuesta del que está en posición de recibir. - El don supone algo que está más allá del objeto material que se da.

- El don supone la pérdida de un cierto bien (que en esos rituales, se simbolizaba mediante la destrucción de ciertas propiedades materiales).

- El don otorga a quien lo da una cierta posición simbólica en relación a los otros.

- La acción de dar, cuando adquiere estatuto de don, le otorga un nombre a quien la realizó.

- Quien recibe queda en posición de seguir haciendo circular eso que recibió. - Eso que va circulando no puede reducirse a una propiedad material; por lo tanto nadie puede ser su propietario.

- Eso que circula a través de los Potlatch, los dones, es definido por Mauss como una materia espiritual.

- En términos de la enseñanza de Lacan, a esa materia espiritual la podemos nombrar como deseo inconsciente.

- Si el amor es dar lo que no se tiene, y esto implica al amor como don activo, entonces, en esta forma de amor (que implica concebirlo como efecto de un acto), lo que circula es el deseo inconsciente.

- Así el amor, como don activo, el amor en tanto dar lo que no se tiene, habla del amor en relación a la falta.

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- Amor en relación a la falta que Lacan va a seguir trabajando a partir –por ejemplo- del texto “El banquete” de Platón.

Resumen del capítulo

Basándome en los escritos de Lacan citados, y en los seminarios que van del primero al séptimo, se ha comenzado a construir la noción de amor como acto, tomando como referencia la enseñanza del autor mencionado y la práctica clínica. Así, el amor como don activo va siendo diferenciado del enamoramiento, y del amor pasión, dado que su forma de articularse con lo real es diferente, supone un cortar de tajo con nudos de servidumbre imaginaria.

Fui precisando lo real mediante primeras aproximaciones que permitieron pensar a partir de sus posibles relaciones con el registro de lo simbólico, cómo el amor como don (en tanto una de las posibles respuestas que un sujeto puede dar cuando es invocado desde Otro lugar), está fundamentado en un dar singular, donde lo que no se tiene (el falo) puede darse a alguien que no lo tiene (el falo), quedando así articulado esta forma de amar no solo a un acción sancionada así desde un Otro lugar, sino a la falta.

Para fundamentar esto el falo simbólico, articulado a la castración y a lo real, nos ha permitido además comenzar a precisar la diferencia entre los sexos; mujeres y hombres no nos sostenemos igual en relación a lo fálico castrado, quedando instalada así la importancia de las acciones humanas para la construcción de estas diferencias.

La referencia que la obra de Shakespeare, Hamlet, nos regala, permite comenzar a precisar mejor la lógica de una de esas acciones humanas, el acto; el cual aparece claramente enlazado a la construcción de una posición deseante en relación a lo real.

Esta obra también permite construir cómo la obediencia a ciertos mandatos es otra referencia fundamental a la hora de pensar la lógica de las diferentes acciones humanas, en relación a las cuales la clínica psicoanalítica aporta una construcción rigurosa.

Y desde este aporte del Psicoanálisis, el amor en relación a las acciones que puedan producirlo va ganando un lugar más claro y preciso; por ejemplo cuando se observa esa acción humana que da lugar a sublimación, la cual

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supone no solamente alguien que crea un objeto, sino que para que ese objeto adquiera tal estatuto la respuesta de un Otro se hace fundamental.

Finalizando, realicé un breve señalamiento sobre una referencia clave que le permitió a Lacan pensar al concepto de don, y al amor como don, y es la que Mauss le aportó cuando construyó su concepto de Potlatch.

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