Hay un refrán en Inglaterra que dice: “Bien empezando, medio acabado”. Cuando principiamos el estudio de la Biblia, es de mucha importancia escoger y mantener la mejor actitud hacia ella- la actitud que nos habilitará para aprovechar al máximo sus verdades y sus enseñanzas. Con este fin dedicamos horas de estudio a los principios básicos que fortalecerán nuestra fe en la Palabra de Dios. ¿Por qué la llamamos así? ¿Cuál es la diferencia entre ella y los demás libros? ¿En qué idiomas fue escrita originalmente? ¿Cómo puedo creer que esta Biblia que tengo ahora en mi propio idioma es la misma que escribió Moisés o David o Pablo? ¿Cómo escribían esos hombres? ¿Cómo les reveló Dios su voluntad? ¿Puedo estar seguro de que lo que ellos escribieron es en verdad el mensaje de Dios para mí personalmente?
El doctor, el ingeniero, el carpintero, o el plomero en sus años de estudio no sólo tienen que aprender las teorías sino también cómo usar los instrumentos y herramientas correspondientes a su oficio, y tú, querido lector, vas a prepararte para ser obrero del Señor Jesucristo, el Salvador que te redimió con su preciosa sangre. Con un corazón lleno de amor y gratitud hacia él, tú quieres traer a otras almas a sus pies divinos. Pero a tú derredor hay muchas personas de corazón duro, que hacen uso de argucias y sutilezas, mostrándose como sabios y declamando en contra de la Biblia, cuando quizás ellos ni siquiera la han leído. Tú te sientes a veces sin qué responder a ellos y por eso estás dedicando ahora unos años al estudio de la palabra de Dios, para que puedas obedecer el mandato de 1 Pedro 3:14, 15: "Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis, sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros. "
Muchos aceptan las verdades bíblicas porque les fueron enseñadas por sus padres o sus maestros de Escuela Dominical. Pero los que van a ser obreros en la viña del Señor tienen que estudiar cómo dar respuesta de su fe, explicada a otros, y refutar los argumentos de los opositores. En una palabra, no es suficiente que yo crea porque mis padres creyeron, sino que yo tengo que posesionarme de mi propia Biblia. Debo recibida como el mensaje de Dios a los hombres, con la actitud de mente que dice: "Dios ha dado una revelación sobrenatural al hombre, y aquí la tengo en mis manos." El Creador ha dado una revelación general de sí mismo en la naturaleza: "Sus atributos invisibles, es decir su eterno poder y divinidad, desde la creación del mundo son claramente manifestados, siendo percibidos por medio de sus
obras" (Romanos 1:20). Lo que tenemos en la Biblia, empero, es mucho más que eso. Es una revelación especial que fue hecha necesaria por la caída del hombre.
Cuando Dios andaba y hablaba con Adán y Eva en el jardín de Edén, él les podía revelar su voluntad, y ellos tenían perfecta comunión con él. Pero cuando escogieron el camino de Satanás y pecaron, esa comunión fue destruida, y ellos no podían sino esconderse entre los árboles. Dios en su infinita misericordia no desamparó a sus criaturas caídas, sino que aquel mismo día les mostró el glorioso plan de la salvación, por medio del cual el pecador puede ser redimido, perdonado, y restaurando a la comunión con su Creador, la cual fue quebrantada en el Edén. Todo esto es una revelación especial y sobrenatural, y la tenemos en la Biblia. Esta resumida en una PERSONA, y esa persona es el Hijo unigénito de Dios, nuestro Señor Jesucristo.
Suplico a cada lector que recorra todas las citas en este librito, porque mi espacio es tan limitado que me será imposible citar los versos, y tendré que imprimir solamente las citas. Ellas siempre son de mucha importancia, y el estudio del libro nunca podrá ser completo sin la lectura de todas las citas.
Alguien ha dicho que los dos ojos de la historia son la cronología y la geografía. Se ha usado también la comparación a un ropero lleno de ropa. Los eventos son los vestidos, y las fechas son las perchas en las cuales están colgados. Ve a tu ropero y saca todas las perchas. ¿Cual será el resultado? No te es posible aprender de memoria todas las fechas, pero tú te sorprenderás al ver cuántas te quedarán en la memoria si en verdad haces un esfuerzo sincero. Divide el tiempo A. C. en cuatro épocas, y aparta en tu memoria los eventos más importantes de cada una. Es una ayuda poner las fechas en tu mano, para grabadas mejor en la mente. Coloca tu mano izquierda en la mesa, guardando una distancia igual entre todos los dedos. El dedo meñique, pegado a la mesa, representa el tiempo de Cristo, la fecha que divide el A.T. del N.T. Arriba tendrás cuatro espacios que representan los cuatro siglos A.C. Para ejemplos de los eventos de la historia, vamos a poner a la extremidad de cada dedo el nombre de un hombre que vivía en aquella fecha. No será la fecha de su nacimiento ni de su muerte; pero si, él vivía en aquella fecha y puede ser un ejemplo de la historia. También pongamos un nombre a cada ángulo entre los dedos, representando la mitad de cada siglo Estos son los nombres para colocar: Fecha 500 A.C. Esdras; fecha 1000 A.C. Salomón; fecha 1500 A.C. Moisés; fecha 2000. A.C. Abraham; fecha 2500 A.C. Noé; fecha 3000 A.C. Enoc; fecha 3500 A.C. Jared, padre de Enoc; fecha 4000 A.C. Adán, a la extremidad del dedo pulgar.
Cuando nuestro Señor Jesucristo enseñaba en Palestina, él usaba las cosas comunes y bien conocidas para ilustrar sus lecciones. Te será una ayuda grande en todos tus estudios colocar tus pensamientos, tus ideas, tus doctrinas, y los versos que quieras retener en la memoria sobre alguna percha. He hablando ya de las fechas como perchas para colgar los eventos; pero hay otras clases de perchas que cada estudiante puede hacer en su propia mente. Por falta de espacio no puedo darte más ilustraciones de este método de aprender de memoria; pero el Señor te ayudará si procuras siempre conectar cada nueva idea con algo que ya conoces, con algún acontecimiento de tu vida, o con algo que ya está bien fijado en tu memoria. Dando gracias a Dios por todo lo que te ha revelado, tu oración continua será: "Enséñame lo que yo no veo" Job 34:32).