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Statement of Special Section (1) as at 31 December 2009 (in EUR ‘000)

La operatividad de la lineal en el drama es importante en su forma fragmentada. El proceso dramático es ante todo un proceso que por la vía verbal

representa un diálogo y eso es evidente. El texto dramático genera una especie de

simbiosis fundada en la integración de diegesis y mímesis ambos aspectos vitales

en la evocación cinética: se representa un momento como situación. Eric Bentley establece que la doble aspectualidad a la que nos referimos alivia esa variación

entre la discontinuidad y la continuidad de su superficie; la acción no sólo se

genera por lo que allí se enuncia también se supera por lo que en ella acontece,

por lo que debe considerarse como inherente: (…) ver el aspecto dramático de un

acontecimiento significa tanto percibir los elementos en conflicto como reaccionar emocionalmente ante ellos. (Bentley E., 1982: 16).

Existen enfoques en la realización de este tipo de discurso que son de orden sintomático, es decir, no solamente hay enunciado alternado, pues éste

también lo hay en novelas y cuentos. También puede haber lapsos aclaratoriosen

una simbiosis indisoluble lo que provoca una diversificación de funciones en el discurso: narrativa y descriptiva complementando la apelación dialogal. En una

singular simbiosis, el propósito de alternar funciones discursivas en el drama

reside en asistir, desde la modalización del propio discurso, la capacidad de figuritivización del suceso.

La alternancia entre el diálogo y los breves intersticios o lapsos señalados provocan evocaciones que construyen al acontecimiento. La aspectualidad

cinética se adhiere a la contextualidad de la situación por las referencias

conductuales de los personajes. Los recursos de indicación están concebidos para

especificar la construcción exógena al sujeto representado al mismo tiempo los

estados externos respecto al entorno.

Esta concepción es también compartida por Anne Ubersfeld, aunque añade una serie de otros aspectos a la discusión (…) ofrece, no obstante, una característica fundamental: es un texto doble, bifacético: por una parte ese texto se caracteriza y se estructura en el diálogo de los personajes (…); por otra, ese texto está

impregnado de indicaciones escénicas, las cuales llamaremos didascalias (Del Toro, 2008: 81).

En este sentido, los intersticios, lapsos narrativo-descriptivos, asisten la

actualización de la percepción ideosensórea en el movimiento, en el armado de ambientes o en la compresión de procesos psicológicos que justifican la conducta

misma haciendo posible, incluso, considerar la transducción del texto dramático en

su configuración literaria a una configuración escénica. Estos lapsos permiten además recapitular asuntos que por omisión o no pudieron ser contados en el diálogo. La realización del suceso dramático representado por el texto conlleva la necesidad de generar cargas que algunas veces modifiquen, complementen o

bien, aclaren su significado. Los lapsos mencionados no sólo se limitan a alterar o

añadir contexto, también alternan su valor del sentido general del enunciado o

asisten la abducción en vacíos implementando nociones hipotéticas; su operatividad anexiona, rectifica, modifica o añade al sentido situacional. Limitada la isocronía en toda situación dramática los lapsos deícticos equilibran la falta de flexibilidad narrativizante.

Aquello que hemos llamado lo mismo lapsos o intersticios deícticos se

definen en el conjunto de momentos cuya función expositiva (descriptivo-narrativa)

así se asumen en el uso del modo impersonal; rompen con la continuidad del aspecto subjetivo para aportar ajustes en el sentido de la situación. Su discrecionalidad ejerce una empatía perfecta con el proceso discursivo del diálogo se da por las referencias que al diálogo aporta y a la vez porque guarda un distanciamiento con el diálogo; estos lapsos señalan lo que en lo objetual, caracterológico, pragmático o ambiental se requiere añadir para representar la acción.

Este aparato deíctico abre la realización del drama hacia otro tipo de

posibilidades diegéticas, incluso en la concepción de una posibilidad escenificante. Entre las actualizaciones extra-língüísticas y del ambiente paradigmático de la

o los detalles de las acciones, también se hace posible revelar la mecanización escénica como otra posibilidad. Para ello los intersticios que lo mismo se

representan en vacíos que por inserciones de exposición descriptiva y narrativa,

son elementos de discurso evidentemente, ajenos a la función del diálogo pero que aportan la oción de, antes que una ruptura, aluden una necesaria complementación en el punto en donde el discurso parece perder parte de su

solvencia diegética.

Dada su importancia como complemento al cuerpo central discursivo, toca

analizar los lapsos como esta parte complementaria que explica la configuración

dramática; complemento que mantiene la activación situacional que se muestra en el acontecimiento. En este conjunto de lapsos indagaremos, toda vez determinada su forma y función, las formas por las cuales se complementa comenzando por una observación detallada a su construcción léxica; estableceremos la diferencia operativa entre los distintos tipos de lapsos pues veremos que cada lapso deíctico

tiene una función distinta en tanto acotación, didascalia, e incluso cierto tipo de

lapsos que aunque parecen pertenecer a la misma especie que las acotaciones,

refieren detalles de realiación técnico-escenográfica. Estos últimos deben ser

revisados en referencia a una posible teatralización. Véase el siguiente ejemplo:

Dora.- ¿Qué desea? Celia.- ¿Están en casa?

Dora.- ¿Con quién quiere hablar? Celia.- Con ellos, con todos.

Dora.- Voy a llamar a doña Magdalena. Pase usted a la sala.

Las voces se oyen desde allá.23

Lapso: Entran en la sala. Celia es una mujer de 27 años. Vestida con decencia, sin alardes de coquetería, viene arreglada con

23

cierto gusto y muy a la moda, más por costumbre que por deseo de agradar. Su rostro sin estar envejecido se ve trabajado, gastado; da un poco la impresión de juventud marchita.

El complemento diegético en términos de complemento a la situación se muestra en un manejo de elementos adverbiales y preposicionales como en “viene arreglada con cierto gusto”; a través de un discurso objetivado, en una voz ajena a

cualquiera de las instancias de la acción, dichas anotaciones sobre todo se

intersectan cuando es necesario ampliar el sentido generado al contexto;

asimismo aparecen didascalias o lapsos que pretenden aclarar la percepción

hasta entonces comprendida de la intancia o personaje; allí, se aportan

informaciones hacerca de la apariencia fisonómica o de ciertas razones subjetivas que llevan al personaje a actuar. Ante las limitaciones sintáctico-gramaticales

sobre el enunciado dialogado, y entre las instancias Celia y Dora, la construcción

prosopográfica recae en los lapsos. Así, cuando se describe que: Su rostro sin

estar envejecido se ve trabajado, gastado; da un poco la impresión de juventud marchita, la descripción en Celia aporta indicios contextualizantes facilitando su

paulatina iconocidad en la insistencia de los adjetivos calificativos que incluso

juegan con la oposición /juventud- envejecida/.

Para mejor distinguir ambas formas del discuso tenemos los lapsos

deícticos diferenciados en función y extensión del cuerpo central discursivo. El procesos de los lapsos participando del propósito diegético con un manejo en la tercera persona para el verbo al margen de la objetivización del discurso en el uso de deícticos; esta recurrencia al modo expositivo-referencial sin indicios de ilocución distancia los objetos presentándolos fríamente en el entorno. Su disposición mantiene una relación objetual sin dominio o preponderancia. De un conjunto de rasgos en particular o de un ambiente en específico el contexto general del suceso tiene en dichos lapsos el mejor asistente para su significación: