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Statistical data related to transit of funds in cash

La explotación turística del complejo de Ingapirca, tras estar gestionada por la Comisión del Castillo, le fue encomendada en el año 2002, por decreto gubernamental, al Instituto Ingapirca del Pueblo Cañari: el decreto confiaba su gestión a las comunidades indígenas a través del Instituto, considerándolo un bien patrimonial inalienable del pueblo Cañari. Dicha concesión generó expectativas considerables en cuanto al desarrollo turístico de las propias comunidades. No obstante, la cesión de la gestión respondía a la misma lógica que había animado la intervención del Estado en la zona; esto es: un modelo de intervención hegemónico en el que no se contaba con la participación de las comunidades. Buena muestra de ello habían sido las obras en infraestructuras (regadíos, saneamientos y otros servicios básicos). Paradójicamente, esta intervención hegemónica del Estado puede considerarse como una consecuencia a la lucha y reivindicaciones de las comunidades.

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Ver Ruiz Ballesteros Esteban (2005ª) especialmente la primera parte del capítulo I: "Intervención social, una mirada compleja" pp. 9-14 de la que esta aproximación teórica está fuertemente inspirada.

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Entendemos la participación, como encarnación operativa de planteamientos filosóficos más amplios en torno al pragmatismo (James), la educación popular y el pensamiento complejo (Morin). De forma más concreta, en el enfoque que privilegiamos confluyen las dos fuentes principales de maduración y producción científico-participativa: por un lado la latinoamericana, representada principalmente por Freire y Fals Borda, y por otro la anglosajona, no menos relevante en sus logros prácticos, y de la que destacamos a D. Greenwood y M. Levine. Ver especialmente Ruiz Ballesteros (2005b) “Intervención social, investigación participativa y complejidad” en J.L. Solana (eds.) Con Edgar Morin, por un pensamiento complejo. Editorial Akal.

Aunque la mayoría del personal empleado en el recién creado Instituto provenía de Cañar, lo cierto es que algunos jóvenes de Caguanapamba y Sisid se vieron involucrados en el proyecto y ello fue determinante para su propia formación humana y profesional. Situación ilusionante que permitió entrever soluciones a la problemática económica de las comunidades indígenas del entorno. Pero esta ilusión se vería pronto frustrada.

En Setiembre de 2005, los mestizos de la parroquia de Ingapirca que se sentían excluidos del proyecto, un tanto incitados por políticos regionales –con fines más o menos espurios–, se armaron de los más diversos instrumentos, tomaron violentamente el sitio de Ingapirca y echaron a los indígenas. Lo cual dio un vuelco a las esperanzas que se habían depositado en la gestión del complejo como motor de un plan integral de desarrollo. Ahora bien, pese a la debilitación de aquellas expectativas, se siguió tramando el proyecto turístico global como si no hubiesen cambiado las tornas: un estudio del CEDIR de la primavera del 2006, con vistas a impulsarlo, lo presentaba del siguiente modo53:

«El proyecto se ubica en la zona rural a 4 Km. del complejo arqueológico de mayor importancia a nivel nacional. El Complejo Arqueológico de Ingapirca, actualmente es administrado por el Instituto Ingapirca del Pueblo Cañari según decreto ejecutivo, sin embargo, la población local y las comunidades rurales no han podido integrarse a la oferta de servicios turísticos satisfactorios quedando relegada de los beneficios económicos que genera la visita de turistas nacionales e internacionales al sitio».

Sin tener en cuenta los cambios operados en la gestión del complejo se exponen las razones que dan al proyecto todo su interés. En primer lugar, el potencial económico que pudiera redundar sobre las comunidades adyacentes:

«el Complejo Arqueológico de Ingapirca atrae a un promedio de 75.000 turistas en el año. Un porcentaje de estos visitantes tendría como expectativa la de "descubrir algo más del territorio y de la cultura viva del Pueblo Cañari"54».

En segundo lugar, se significa el capital patrimonial de dichas comunidades como potencial turístico:

«las comunidades indígenas cercanas tienen una ventaja comparativa por el fuerte potencial atractivo para actividades de turismo rural. La cultura cañari constituye un patrimonio intangible de las comunas de Ingapirca y Tambo, así también los recursos naturales. Como ejemplo se puede citar que las dos grandes comunas de Sisid y Caguanapambapamba, que se encuentran más cercanas al Complejo Arqueológico, manejan conjuntamente 7.000 ha de páramo, incluyendo en su territorio una parte del

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X. Contreras. 2006. Gestión de productos turísticos rurales complementarios a la visita del complejo turístico de Ingapirca, en la región de El Tambo - Cañar. Documentación interna CEDIR.

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Estas cifras hacen referencia a un documento que elaboró D. Zupan (TETRAKTYS) 2003. Informe de misión de análisis del potencial en demanda turística. Documentación interna VSF-CICDA – CEDIR.

Camino del Inca y zonas cercanas a la Laguna Culebrillas; partes del patrimonio arqueológico Inca/Cañari. Son atractivos turísticos de primera importancia que no están valorizados cuando existe una demanda para este tipo de actividades. No se han desarrollado las infraestructuras necesarias a la recepción de turistas y la población local carece de un acceso a capital para realizar esas inversiones».

En tercer lugar, se destacan las carencias de equipamiento turístico de la comarca como argumentación de peso para implementar nuevas formas de acogida:

«un diagnóstico realizado en 2003 en cuanto a la demanda en turismo en la región de Cañar/Tambo55 demuestra una deficiencia en servicios de hospedaje y restaurantes, en las ciudades de Tambo y Cañar, debido a las características de la oferta turística. En efecto, la visita al Complejo Turístico se realiza en un medio día y la mayoría de los turistas llegan desde Cuenca contratando un tour para el día desde la misma ciudad; por lo tanto, no se hospedan en la región de Tambo y Cañar».

Una vez señalado el interés triangular de la propuesta, se establecen los objetivos:

«la creación de "un ambiente propicio al desarrollo de actividades de turismo rural con las comunas y grupos de interés cercanos al complejo arqueológico"; lo cual contempla el desarrollo de circuitos turísticos complementarios a la visita del Complejo arqueológico y el desarrollo de infraestructuras de hospedaje y alimentación de calidad y manejados por las comunidades cercanas».

Se vuelve a insistir sobre las limitaciones y carencias actuales enunciándolas más detalladamente con el fin de remediarlas a través de créditos preferenciales y de favorecer sistemas de comercialización solidarios:

«en la medida en que, como se ha analizado en la problemática, las zonas rurales de interés no tienen una infraestructura turística funcional para garantizar la seguridad y calidad de los productos, los caminos de segundo orden son poco accesibles en buseta, el agua para consumo humano es tratada pero podría ser de mejor calidad, el centro médico atiende de forma irregular y el sistema de comunicación deficiente, se propone movilizar los recursos locales en perspectiva de mejorar sustancialmente la calidad de dichos servicios. Sin embargo, el acceso al capital para adecuar las infraestructuras físicas al desarrollo de actividades turísticas está limitado. Para poder realizar esas adecuaciones, los oferentes de servicios (hospedaje, alimentación) carecen de un acceso a una forma de crédito inmobiliario a baja tasa de interés. [...] Existe también una dependencia al sistema de comercialización tradicional: la mayoría de turistas que visitan el Complejo arqueológico de Ingapirca lo hacen a través de una agencia de turismo o un operador de Cuenca; los mismos que, en general, no se identifican con formas de turismo solidario basado en principios de equidad, sostenibilidad y generación de oportunidades para la población local. Acaban por absorber la mayor parte de los ingresos generados por la cadena de turismo y, en el peor de los casos, absorban totalmente la iniciativa local y aún incipiente de la población rural».

Apoyándose en una propuesta de ideología participativa, se aportan argumentos que muestran el interés socio-comunitario del proyecto para paliar dichas carencias: por una

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S. VIVIER. 2004. Diagnóstico sobre el potencial en demanda de turismo en la región de Tambo – Cañar. Documento de tesis para la graduación en ingeniería ENITAC, proporcionado por el servicio de documentación del CEDIR.

parte, se espera del proyecto que propicie a los gestores directos una forma de acceso al crédito para generar infraestructuras de recepción, y, por otra, se arguye sobre la sostenibilidad del mismo haciendo hincapié en uno de sus pilares –potenciar el manejo de los propios recursos. De igual modo se especifican las razones por las que el proyecto merecería ser considerado como inductor de cambio regenerador, tanto a nivel social como medioambiental:

«a) Al nivel cultural e identitario, la emigración muy fuerte en la zona de interés introduce nuevos comportamientos. Cuando debería ser factor de enriquecimiento cultural, se convierte más bien en factor de pérdida de identidad lo cual impide su valoración en actividades de turismo rural. b) Al nivel de los recursos naturales (zonas altas), existen algunos usos poco sostenibles en el recurso páramo. Además, la entrada de un flujo de turistas en áreas sensibles no podría pensarse sin que, previamente, se establezcan reglas de uso (y restricción de uso) de este patrimonio. Lamentablemente, no existe un vínculo entre los actores encargados de proteger este patrimonio: entre comunidades, cooperativas y autoridades locales y nacionales que permita establecer normas de uso de esos recursos para actividades turísticas».

Se insiste en la finalidad eminentemente sostenible del proyecto y se aconsejan alianzas estratégicas a fin de sensibilizar, informar y coordinar las acciones. Se subrayan las amenazas que acechan de no remediar a la sangría actual de población joven, y se aportan argumentos sobre los beneficios que el proyecto comporta para paliar dichos riesgos:

«con el proyecto, se propone implementar servicios turísticos que permiten generar empleos directos para los gestores de la actividad turística (mujeres, ancianos y jóvenes). De esa manera, se puede crear oportunidades de trabajo local para los grupos que menos oportunidades tienen en los sistemas laborales tradicionales de la región. A su vez, en las dos comunas cercanas a Ingapirca y de mayor interés para el desarrollo de actividades turísticas, los productos deberán valorar su identidad cultural, organizativa y agrícola por lo que permite desarrollar actividades a cargo de las mujeres y ancianos (bordados, elaboración de prendas, tiendas, conversación con los mayores, clubes de jóvenes, prácticas agrícolas, etc.)».

El proyecto se plasma en dos conceptos complementarios: 1) Un turismo solidario basado en principios de equidad, de respeto y de solidaridad. Sistema garante de la generación de ingresos que cubran gastos adicionales que normalmente no están tomados en cuenta, como pueda serlo el mejoramiento del acceso a la salud y a la educación. 2) El desarrollo de capacidades locales a través de la "formación permanente y participativa". Formación que se considera esencial para contrarrestar tanto la deserción de los que emigran como la exclusión de los que carecen de oportunidad de trabajo local. Dicha formación se sustenta con la siguiente especulación y propuestas consecuentes: al valorar "la costumbre, el buen vivir comunitario y el idioma kichwa-

kañari", ello se traduce en el mismo producto turístico y repercute en cadena sobre el tipo de turista solidario56.

Pero las condiciones de aplicación del proyecto habían cambiado considerablemente desde que este se concibió –2005–: muchos de los actores habían emigrado y otros no parecían ya interesados en enfrentarse a una realidad mucho más ardua e incierta. De ahí que los esfuerzos de ambas comunidades se centraran en la creación de un pequeño centro de interpretación y de exposición de artesanía así como en hacer germinar un embrión del proyecto. Durante meses, dicho embrión parecía tan hondamente sepultado que no se le veía la punta, no sin cierto desaliento. Los esfuerzos se centraron en el diseño de un itinerario por la comunidad para mostrar la cultura viva y en la puesta a punto de la Casa Comunal, como lugar de acogida y centro de información.

Tras ese medio año de conducción un tanto asignada, logrado el acondicionamiento del local y la señalización de un itinerario, dos elementos parecen haber ayudado a la mayor integración del proyecto: la mediación de un agente indígena del propio CEDIR –mujer de fuerte personalidad con larga experiencia en proyectos de desarrollo local con las comunidades del cantón de El Tambo– y la mayor implicación de la propia FEPTCE a través de la participación de un empleado de dicha federación durante el otoño.

Paralelamente juzgamos relevantes dos hechos: el cambio de la presidencia de la República, con un discurso marcadamente indigenista, y el fracaso del manejo del complejo de Ingapirca por los mestizos. A la luz de la última visita que realizamos a Ingapirca esta primavera se pudo constatar la amplitud del desastre en el sitio arqueológico. Prácticamente, no existe en la actualidad control real en el ingreso, se entrega un recibo por lo que cada turista paga que no determina el tipo de visitante –un simple sello sobre algo que tan solo especifica que se pagaron 20 dólares. En el trabajo, por supuesto, siguen excluidos los guías indígenas, en el museo está a la vista el deterioro: la iluminación, la ausencia de literatura… En el museo del sitio hay un cuidado superficial, no hay tratamiento a las piedras, hay excrementos de animales, botellas y platos desechables, las tiendas que rodean son servicios sin cualidad y las ventas de artesanías es un mercadeo de comerciantes que traen, sin carácter ni calidad, de todo un poco de los diversos sectores, sin identificación de su procedencia ni garantía alguna que certifique su manufactura… Realmente “unas ruinas en ruinas”, muertas,

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sin que nadie contagie al visitante pasión por lo que ellas pueden mostrar. En contraste, y como veremos más adelante, durante esos meses la comunidad parece haber captado el interés del propio proyecto. Ello se revela no solo a través de las parcas realizaciones sino en la cimentación del propio discurso, en la trama de una trayectoria de capacitación y por la implicación de algunas familias en proyectos de albergamiento o restauración.

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