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Statistical Hypothesis Testing: Theoretical Analysis

Es notorio que el dios tirio Melqart, al que se rendía culto en el templo gaditano, fue identificado por los griegos con Heracles; un Heracles, eso sí, “tirio” o “egipcio” que se distinguía del hijo de Zeus y Alcmena nacido en Tebas303. En muchos casos la diferencia entre ambos se identifica con una

mayor antigüedad del Heracles fenicio, y a veces con un carácter puramente divino que contrasta con la ambigüedad del Heracles heleno, héroe primero y dios después. Sin embargo, incluso esta comparación se vio afectada por el carácter beligerante de ciertas tradiciones pro-helenas, como la anécdota de Clearco transmitida por Zenobio sobre el “primer” y el “otro (o segundo) Heracles” (ἄλλος Ἡρακλῆς) en dirigirse al espacio de las Columnas304. Estas Columnas, cuyo origen mítico se

retrotrae al universo cosmológico de los confines, adquieren un realismo físico cuando su denominación cambia del antiguo κίονες, los pilares del mundo, a στῆλαι, palabra que connota un mojón o monumento visible a los hombres305. Según Estrabón, los pueblos libios e ibéricos

localizaba estos monumentos en Cádiz, relacionándolos con el templo de Melqart – en cuyo altar efectivamente destacaba la presencia de dos betilos, los mismos que podían contemplarse en los templos de Tiro y, posiblemente, Jerusalén306-, pero en la tradición griega se identificaron

302 MORGAN (1998: 106).

303 Arr.An.2.16.4 (Heracles tirio adorado en “Tarteso”), Schol.in Lyc. Alex.649 (Zen. 5. 48= Clearch. Fr. 67 WEHRLI),

Mela 3.46, Philostr.VA.5.1-6, Eust. comm in D.P. 451, App.Hisp.1.2. También cf. ORIA SEGURA (202: 234-237) sobre la

exclusión del Hércules romano y el Melqart fenicio en la Península.

304 Clearch. Fr. 67 WEHRLI (=Zenob.5.48). 305 BALLABRIGA (1986: 11 ss.)

306 Cf. el apartado 3.2.5. para más detalles. Cf. ELIADE (1954: 234-244), y BALLABRIGA (1986: 11-24), sobre la relación del

estrechamente a la leyenda del viaje occidental de Heracles, del que constituirían un límite erigido por el propio héroe. Límite y trofeo militar a la vez, pues ambos son la misma cosa, como demuestra el caso de Alejandro:

Ἀλέξανδρος δὲ τῆς Ἰνδικῆς στρατείας ὅρια βωμοὺς ἔθετο ἐν τοῖς τόποις εἰς οὓς ὑστάτους ἀφίκετο τῶν

πρὸς ταῖς ἀνατολαῖς Ἰνδῶν, μιμούμενος τὸν Ἡρακλέα καὶ τὸν Διόνυσον· ἦν μὲν δὴ τὸ ἔθος τοῦτο307.

Heracles y Dioniso, y su imitador Alejandro, no eran meros conquistadores. Sus expediciones tenían como objeto llegar al lugar más extremo posible, al límite a partir del cual no se puede continuar avanzando, y llevar hasta allí la civilización helénica. Se trata de una empresa sobrehumana, que sólo un dios o un héroe pueden realizar, pero sus repercusiones afectan a todo el mundo heleno. La localización en una región bárbara de un trofeo conmemorativo de estas expediciones muestra a un griego que el lugar ha pasado a formar parte de la οἰκουμένη por la acción de estos héroes que le han precedido. Allí, en un pasado más o menos remoto, la civilización derrotó a la barbarie.

La expedición y la victoria por las armas son, pues, dos partes de la misma hazaña, de la μεγαλουργία llevada a cabo por Heracles en el confín del mundo representado por sus Columnas. Se trata evidentemente del Heracles heleno, el mismo que será utilizado como símbolo de la civilización y de la unidad griega contra los bárbaros, y los intentos del clero del templo gaditano por sancionar míticamente la identificación Columnas/templo de Melqart/Gades no alcanzaron un gran predicamento entre la erudición griega308.

La Eritía/Cádiz del mito ha sido efectivamente “degradada”, transformada de una colonia fenicia que ocupaba una posición dominante en la gestión del comercio occidental, posiblemente aliada de Cartago, en una isla mítica -y, a todas luces, deshabitada -donde las enormes reses del monstruo tricéfalo Gerión se ahogaban en su propia grasa al pastar una hierba prodigiosa, custodiadas por el boyero Euritión y el perro de dos cabezas Orto, emparentado con Cerbero309. En un lugar como este

no extraña la presencia de un Heracles matador de monstruos y portador de la civilización. La existencia del “otro Heracles”, mientras tanto, es enteramente silenciada. Reveladoras al respecto son las consideraciones de Cruz Andreotti sobre Hdt.4.8 :

307 Str.3.5.5.

308 Cf. el apartado 4.1 sobre Str.3.5.5-6.

Heródoto en ningún momento pretende hacer referencia a los elementos comunes sino a los diferenciadores: no deja de ser extraño que hablando de Gades no cite a su templo y sus conocidas columnas (…) cuando sí lo hace con exhaustividad con relación al de Tiro (…), cuyo Heracles sí compara con el tebano. (…) Gades, como lugar cultual de sobra conocido, no puede obviarse, pero se silencia el carácter fenicio de la ciudad y el templo en provecho de asociarlo con un mito civilizador y explicar, así, su existencia y carácter heleno incluso. (…) nuestro planteamiento iría en la dirección de hacer ver detrás del texto citado, a pesar de ser escueto, no una alusión a una supuesta realidad fuertemente helenizante de Gades, sino a marcos ideológicos griegos en los que se asocia a Heracles como héroe civilizador y a su geografía mítica aneja con realidades o perspectivas coloniales (...)310.

Esta identificación Eritía/Cádiz y Columnas/trofeos están, a su vez, ligadas a una tercera, que creemos descubrir estudiando textos “anticuarios” posteriores. En su Periégesis, Pausanias menciona una discusión que mantuvo con unos guías lidios, que pretendían hacerle creer que unos huesos de tamaño gigantesco encontrados en su ciudad eran los restos de Gerión. Pausanias no les creyó, seguro de que Gerión había muerto en Gádeira, οὗ μνῆμα μὲν οὔ, δένδρον δὲ παρεχόμενον διαφόρους μορφάς 311 Estos árboles misteriosos podrían identificarse con aquel que vio Posidonio,

que lo describe así: δένδρον ἐν Γαδείροις ὄζους ἔχον καμπτομένους εἰς ἔδαφος, πολλάκις δὲ φύλλα ξιφοειδῆ πηχυαῖα τὸ μῆκος, πλάτος δὲ τετραδάκτυλα312. En el pasaje Estrabón añade una

circunstancia de carácter fabuloso: τῷ δὲ δένδρῳ τῷ ἐν Γαδείροις καὶ τοῦτο προσιστόρηται, ὅτι κλάδου μὲν ἀποκλωμένου γάλα ῥεῖ, ῥίζης δὲ τεμνομένης μιλτῶδες ὑγρὸν ἀναφέρεται. Esta sangre que rezuma de la raíz cortada se encuentra también en la VA de Filóstrato, en un pasaje cargado de resonancias interesantes:

ἰδεῖν καὶ δένδρα φασὶν ἐνταῦθα, οἷα οὐχ ἑτέρωθι τῆς γῆς, καὶ Γηρυόνεια μὲν καλεῖσθαι αὐτά, δύο δὲ εἶναι, φύεσθαι δὲ τοῦ σήματος, ὃ ἐπὶ τῷ Γηρυόνῃ ἕστηκε, παραλλάττοντα ἐκ πίτυός τε καὶ πεύκης ἐς εἶδος ἕτερον,

λείβεσθαι δὲ αἵματι, καθάπερ τῷ χρυσῷ τὴν Ἡλιάδα αἴγειρον313.

Estos árboles estaban relacionados con la tumba de Gerión, rezumaban sangre y su existencia era conocida a través de los rumores de carácter más o menos fantástico que circulaban a través de los catálogos paradoxográficos y del folklore de los templos314, pero además eran visibles para los

visitantes como Posidonio o, al menos, identificables con alguna realidad local. Más aún, estos δένδρα Γηρυόνειαson dos, un número significativo al ser el número de las Columnas/betilos del altar

310 CRUZ ANDREOTTI (1991(1): 160-161).

311 Paus.1.35.8. Luciano habla de una tumba de Gerión en Tebas: Luc.ind.14. 312 Str.3.5.10.

313 Philostr.VA.5.5. 314 Cf. apartado 3.2.5.

de Melqart en el templo gaditano315.

¿Era Gerión, el monstruo del mito griego, receptor de un culto local? Varias consideraciones deben ponernos en guardia contra esta interpretación. En primer lugar, existe un número de ejemplos de culto local a Gerión, de tipo heroico (Luc.ind.14; D.S.4.24) u oracular (Suet.Tib.14.3). Estos, con la posible excepción del fons Aponi316 -que no obstante se encuentra en Italia, lugar de paso del héroe en

su camino de regreso de Eritía-, se identifican con lugares que presentan una estrecha relación con Heracles: el santuario de Agirio fue instituido por el mismo Heracles, en la zona donde, según Diodoro, le fueron rendidos honores divinos por primera vez al regresar de Iberia con el rebaño robado. Tebas, evidentemente, es el lugar de nacimiento de Heracles, y Cádiz la localización legendaria de su décimo trabajo y de las Columnas atribuidas a su nombre. Contemplando este cuadro, tiene sentido afirmar que la figura mítica de Gerión debía asociarse al culto heracleo en el imaginario griego, sobre todo en los lugares marcados por la presencia del héroe en el circuito mítico de su empresa occidental. Esta noción, profundamente arraigada en la mente de un visitante que veía en la isla gaditana el teatro donde se desarrolló el mito, debía favorecer la interpretatio Graeca de elementos del culto local, más aún si ciertos guías locales poco escrupulosos, como los guías lidios del pasaje de Pausanias -que pasaron de atribuir los huesos a Gerión a atribuírselos a Hilas sin tan siquiera pestañear-, se encargaban de corroborar esta interpretación del viajero con sus propios testimonios.

Sin embargo, a excepción de esta tumba/árbol no existen testimonios literarios de un culto local a Gerión. La arqueología es una cuestión un tanto más compleja. Excavaciones recientes han revelado la existencia de un curioso monumento funerario en el yacimiento de la Casa del Obispo, erigido a finales del siglo VI a.C. Se trataba de la tumba de un personaje desconocido, enterrado con un tesoro del que los espolios sólo ha respetado el famoso anillo de oro de los dos peces grabados (conservado en el Museo de Cádiz), y de cuyos restos se conservan algunas esquirlas de hueso y sedimentos que indican que en su día fue cubierto de tejidos de púrpura oriental. Nuestro personaje fue en su día honrado por los gaditanos con un culto heroico o divino, hasta el advenimiento de la época romana317. En este momento, el culto toma un carácter acuático que culmina en el I. d.C., cuando, de

acuerdo con Domínguez-Bella, March, Gener y Martínez, “todo el recinto sufrirá un fuerte proceso de monumentalización para convertirlo en un gran complejo salutífero318.” Este panorama nos

315 Cf. Str.3.5.5, Philostr.VA.5.5. 316 Cf. VERONESE (2010).

317 DOMÍNGUEZ-BELLA et.al. (2011: 307-319). 318 Cf.supr.

permite enlazar varios elementos clave (la tumba, el culto, las fuentes) de forma altamente sugerente. Si lo comparamos con la información ofrecida por las fuentes podría incluso llegar a postularse la posibilidad de una relación entre el culto de esta tumba (sin duda una realidad cúltica fenicia sin ninguna relación con el mito transmitido por Hesíodo y Estesícoro), y la imagen del “culto a Gerión” transmitida por los autores de época helenística e imperial. Del mismo modo, las tradiciones referentes a la “tumba de Heracles” (que exploraremos a continuación) podían haber hallado un soporte en ella.

De ser así, esta identificación también podría haberse visto favorecida por las historias de los guías locales y la “literatura de maravillas” generada por el mismo santuario319. El cómo y el por qué de la

existencia de este lugar, sin embargo, así como la identidad del personaje en ella enterrado (¿un antiguo sacerdote del templo? ¿un notable local?) son hoy por hoy, y quizá para siempre, un completo misterio para nosotros, de forma que no podemos aventurar más al respecto.

En cualquier caso, y volviendo a las fuentes, los textos antiguos sobre el culto gaditano suelen incidir sobre el hecho de que los cultos religiosos de la ciudad constituían una herencia directa de los cultos orientales, y se llevaban a cabo a la manera fenicia320. La leyenda de fundación relatada en el

templo no hace mención alguna al rol conquistador de Heracles ni a Eritía, e identifica las Columnas con una realidad fenicia -interpretación con la que Estrabón no está de acuerdo321-, mientras que en la

descripción del templo de Silio Itálico, que en otro lugar hemos considerado posiblemente basada en algún catálogo paradoxográfico relacionado con el ámbito del Heracleo, el décimo trabajo de Heracles brilla por su ausencia en la representación del δωδέκαθλον de las puertas del templo:

In foribus labor Alcidae: Lernaea recisis anguibus hydra iacet, nexuque elisa leonis ora Cleonaei patulo caelantur hiatu. at Stygius saeuis terrens latratibus umbras ianitor aeterno tum primum tractus ab antro, uincla indignatur, metuitque Megaera catenas. iuxta Thraces equi pestisque Erymanthia et altos aeripedis ramos superantia cornua cerui. nec leuior uinci Libycae telluris alumnus

matre super stratique, genus deforme, bimembres

319 Cf. GABBA (1981: 60ss).

320 MARÍN CEBALLOS (2011: 122-127).

Centauri frontemque minor nunc amnis Acarnan. inter quae fulget sacratis ignibus Oete,

ingentemque animam rapiunt ad sidera flammae. (Sil.3.32-44.)

Sí aparece mencionado, sin embargo, Anteo, cuya derrota, según la tradición principal, se produjo durante el camino del héroe a Occidente. Por otra parte, la muerte del héroe por el fuego y su apoteosis en el monte Eta se considera uno más de los trabajos. Estas dos “elecciones inusuales” pueden apuntar a una explícita voluntad del clero fenicio de silenciar una tradición hostil a la ciudad, por una parte, y de potenciar el aspecto muerte/resurrección que conectaba al Heracles tebano con el elemento principal del culto a Melqart, por otra (si bien, con Bonnet, no estamos preparados para aceptar la teoría de Tsirkin322, para quien la puerta representaría un ciclo mítico de Melqart.)

Este culto, heredero del de Tiro, se caracterizaba por un ritual anual conocido en el mundo clásico como egersis o despertar/resurrección del dios, ceremonia cuyos orígenes se han relacionado tradicionalmente con una celebración del ciclo de la vegetación, y que tiene su equivalente en otros “dioses jóvenes” fenicios como el Eshmún de Sidón y el Adonis de Biblos323. Este fenómeno habría

llevado a los griegos324 a identificar generalmente a estos dioses, no con olímpicos sino con héroes

divinizados como el Adonis griego, Asclepio y Heracles, caracterizados en la mitología por sus experiencias con el trance de la muerte. Por otra parte, las fuentes posiblemente más cercanas al verdadero ámbito del culto del Heracleo gaditano, es decir, la Corografía del tingitano Mela y el

Epítome de Trogo/Justino, que consideramos basado en una fuente pro-púnica para la información

sobre la isla de Cádiz y su templo325, hablan respectivamente de ossa y de sacra del Hércules tirio,

trasladados desde la metrópoli y conservados en el templo de Heracles-Melqart. Igualmente Arnobio, para defender la divinidad de Cristo muerto en la cruz, cita como argumento la existencia de una tumba del Heracles fenicio in finibus Hispaniae (Arnob.nat.1.36).

Otro testimonio que parece conectado con el ritual de la egersis es Paus.10.4.6, cuya fuente es un tal Cleón de Magnesia del que poco más sabemos. Este autor, al parecer, viajó a Cádiz, donde pudo presenciar un extraño espectáculo.

322 TSIRKIN (1981), BONNET (1988: 216-219), y JOURDAIN-ANNEQUIN, (1992: 263-291). 323 Cf. RIBICHINI (1985: 50-55).

324 Es revelador que la razón por la que los cretenses eran considerados mentirosos fueran las tradiciones sobre la “tumba

de Zeus” de Creta. (Cf.Call.Iov.8-9. El caso era parecido; el Zeus cretense era un “dios joven”, probablemente relacionado con los ciclos de muerte y resurrección; su identificación con el Zeus olímpico “padre de los dioses” resultaba así difícil de asimilar.

τυχεῖν γὰρ δὴ ὢν <ἐν> Γαδείροις, καὶ ἐκπλεῦσαι μὲν αὐτός τε καὶ τὸν ἄλλον πάντα ὄχλον ἐκ τῆς νήσου κατὰ τὸ Ἡρακλέους πρόσταγμα, ὡς δὲ αὖθις ἐπανήκειν ἐς τὰ Γάδειρα, ἄνδρα εὑρεῖν θαλάσσιον ἐκπεπτωκότα ἐς τὴν γῆν· τοῦτον πλέθρα μὲν πέντε μάλιστα ἐπέχειν, κεραυνωθέντα δὲ ὑπὸ τοῦ θεοῦ καίεσθαι.

Este ser gigante se ha identificado con una efigie quemada como parte de un ritual326 que los

extranjeros y, en general, los no-ciudadanos no podían presenciar “por mandato de Heracles”. La forma en que Cleón describe la anécdota, sin embargo, es muy reveladora, como analizaremos en otra parte de este trabajo: prevalece el sentimiento de maravilla, de “exotismo” de la literatura paradoxográfica sobre la realidad repetitiva y ritual del culto, mientras que la efigie se asocia explícitamente con Ticio “y los otros monstruos” de la tradición griega, fuertemente identificados con el Extremo Occidente que, a su vez, se había identificado con Cádiz.

Estos indicios apuntan a una interesante posibilidad: que una realidad cúltica relacionada con el Melqart fenicio y su egersis periódica pueda haber cambiado de sentido a través del prisma paradoxográfico y mitologizador de la visión griega, que buscaba monstruos, gigantes y criaturas tradicionalmente relacionadas con los confines de la οἰκουμένη. El más famoso de estos monstruos, Gerión rey de Eritía, muerto por Heracles y enterrado en una tumba donde tienen lugar todo tipo de extraños prodigios, sería pues la interpretatio Graeca de Melqart, rey de la ciudad, muerto y vuelto a la vida periódicamente mediante el ritual de la egersis. Esta interpretación habría ayudado a difuminar, a veces incluso a suprimir la incómoda identificación de Heracles con Melqart, que suponía la existencia de dos Heracles, el bárbaro -mal que le pesara a Clearco- más antiguo que el griego por aquellos lares.

Las historias surgidas en el ámbito fenicio, por su parte, si Str.3.5.5-6, Iust.44.5.1-3 o Mela 3.46 suponen alguna indicación al respecto, debían incidir sobre la antigüedad y la exclusividad de la presencia del dios de Tiro en el Extremo Occidente, poniendo en duda las pretensiones del Heracles heleno sobre la zona. Pero al Heracles del imperialismo ateniense y siracusano, al Heracles de Píndaro que venció a las terribles criaturas del “mar intransitable”327, y al de Ferécides e Isócrates

que llevaba la civilización a través de una Libia y Europa plagada de maleantes bárbaros, le convenía enfrentarse a monstruos, no a dioses extranjeros a quienes lo unían incómodas asociaciones. Al fin y al cabo, la identificación Heracles-Melqart operada en la época arcaica fue lo que permitió a los griegos reivindicar la presencia del héroe-dios en el extremo Occidente de Cádiz y el Estrecho

326 FRAZER (1927: 113), GARCÍAY BELLIDO (1964). 327 Pi.N.21.

Gaditano (Heracleo, Columnas de Heracles). Identificar la isla fenicia con el escenario de un mito “extremo”, al Heracles del extremo Occidente con el héroe griego del décimo trabajo, y al dios de la zona con un monstruo bárbaro al que este Heracles da muerte es una operación hábil de borrado de huellas, que permite eliminar todo rastro del parentesco original del epónimo de las Columnas. Igual que Edipo mata a su padre para ocupar su lugar en el trono de Tebas, el Heracles heleno mata a Melqart para ocupar su lugar en el extremo Occidente gaditano.