De los 25 millones de latinoamericanos que han salido de sus países de origen para irse temporal o defi nitivamente a otras naciones, aproximadamente 22 millones se han trasladado a las economías desarrolladas de Norteamérica, Europa y Japón, en ese orden de importancia, en busca de una mayor remuneración a su trabajo; los restantes tres millones de emigrantes se han trasladado a otros países de la misma América Latina y si bien el destino principal de
los latinoamericanos son los Estados Unidos, actualmente existen importantes concentraciones de bolivianos en Argentina, nicaragüen- ses en Costa Rica, guatemaltecos en México, haitianos en República Dominicana, colombianos en Venezuela y peruanos en Chile. De la misma manera, los ecuatorianos se trasladan de manera creciente a España y los peruanos a Japón.
De los más de 200 millones de migrantes internacionales, cerca de la mitad son mujeres, muchas de las cuales ya no viajan en calidad de acompañantes de sus parejas, como ocurría anteriormente, sino que cada vez más lo hacen por su propia cuenta en busca también una mayor remuneración por su fuerza de trabajo y una situación digna a su condición de mujer. Una investigación de Patricia Cor- tés, investigadora de la CEPAL, concluye que América Latina fue la primera región del mundo en alcanzar la paridad de las mujeres con los hombres en materia de migración. (Cortés, 2006).
Un estudio elaborado por las Naciones Unidas, concluye enfa- tizando los aspectos adquiridos recientemente por la migración internacional:
A partir de la década de los sesenta el número de mujeres migrantes experimentó un alza constante. En América Latina la participación de las mujeres en este fenómeno, pasó de 44 a 50.5 por ciento en 2006, lo que quiere decir que actualmente en esta región hay más migración internacional femenina que varonil. (ONU, 2006).
Según la Organización Internacional para las Migraciones: «La mi- gración femenina es un asunto alarmante, sobre todo en América Latina porque en las últimas dos décadas se ha incrementado de manera considerable, al grado que más del 50 por ciento de los migrantes son mujeres». Esta organización advierte, además, que de acuerdo con sus propios cálculos del total de latinoamericanos o caribeños que residían fuera de su país de origen el 50.2 por ciento son mujeres, esto es, poco más de 12.5 millones de los migrantes de nuestra región.
De acuerdo a ese mismo estudio, un número signifi cativo y en au- mento de mujeres latinoamericanas toma la decisión de migrar de manera autónoma y aunque la migración femenina, como es el caso de Centroamérica, muchas veces se inició a causa de los confl ictos armados en sus países, actualmente siguen saliendo ahora para huir de las condiciones de pobreza en que viven, así como de la opresión, la discriminación y la violencia que padecen por su sexo y por las escasas perspectivas de encontrar empleo digno o de que cambien las condiciones estructurales determinantes de su situación. Muchas otras mujeres migrantes de la región, se ven forzadas a salir de su país al convertirse en víctimas de violencia intrafami- liar, del abuso sexual y de la explotación por parte de delincuentes internacionales que se dedican a la trata de personas. No obstante, también se observa un aumento en la migración de mujeres solteras, jóvenes y con alguna formación académica, cuya decisión se basa fundamentalmente en una preocupación por encontrar un mejor porvenir profesional. Pero aunque las mujeres salgan de sus países de origen por esas razones, hacerlo de ninguna manera quiere decir que logren mejorar su condición social pues muchas veces llegan a sociedades igualmente sexistas, clasistas y racistas, o bien en las comunidades a las que llegan se reproducen las actitudes de las que han salido huyendo.
En México, lla migración femenina adquiere las mismas dimensio- nes. Los saldos de quienes pretenden cruzar la frontera ilegalmente y mueren en el intento, pueden ofrecer una aproximación a la mag- nitud alcanzada por la migración femenina. Por ejemplo, durante los primeros nueve meses de 2009, de 662 migrantes muertos a la largo de la franja fronteriza el 58 por ciento eran mujeres. (Dorantes y Zatarain, 2010, p.p. 8).
Finalmente, puede observarse que la migración femenina latinoame- ricana tiene como protagonistas a mujeres en plena edad producti- va, muchas de ellas madres solteras o jefas de familia y su destino preferente son los Estados Unidos, hacia donde se ha dirigido las tres cuartas partes del total del fl ujo migratorio femenino; el resto ha decidido emigrar a España y a Japón.
3. ¿Por qué se van?
Si bien la migración se remite a la aparición del hombre sobre la tierra, bajo el capitalismo resulta ser el movimiento de trabajadores en busca de un mayor precio para su fuerza de trabajo y mejores condiciones de vida. Algunos alcanzan el primer propósito pero a la mayoría se le niega el segundo.
Sin duda, en el capitalismo la migración puede caracterizarse como un fenómeno fundamentalmente laboral, sin embargo es imposible desconocer la existencia de otras razones que contribuyen a hacer masivo este fenómeno. En efecto, además de la búsqueda de mayo- res ingresos –en muchos casos sólo de ingresos dado el devastador nivel de desempleo y las condiciones de superexplotación en sus países de origen–, las razones de tipo social que pueden encontrarse en la decisión de abandonar el país donde se ha nacido, pueden ser de acuerdo con el escritor Carlos Monsiváis, entre otras, las siguientes:
• Campesinos hartos de vivir en el fi lo de la navaja entre el caci- quismo y a pobreza extrema;
• Militantes políticos que huyen para preservar la vida o la liber- tad;
• Jóvenes que se alejan defi nitivamente de su pueblo al no soportar la monotonía sin salidas de sus vidas;
• Familias anhelosas de oportunidades que le dan a su impulso el carácter de travesía legendaria. (Monsiváis, 2007, p. 10).
Existen, por supuesto, otras causas de la migración, una de ellas escapar de la persecución política. Para Emmanuel Wallerstein (La Jornada, 9 de abril de 2006, p. 31): «La gente migra, legal o ilegal- mente, por obvias razones. El mejoramiento económico y el escape ante la persecución son las principales causas». En algunas nacio- nes de América Latina, este último tipo de migración se acrecentó notoriamente durante la larga noche de las dictaduras militares y luego en las guerras internas, particularmente en Centro América
donde la virulencia de la represión contra la población adquirió visos de genocidio.2
Por su parte, las razones de la migración de trabajadores mexica- nos hacia Estados Unidos son múltiples y a las anteriores podemos agregar aquellas que van desde el hecho de que el promedio anual de crecimiento de la economía mexicana durante el gobierno de Vicente Fox haya sido 2.3 por ciento, hasta que en el país sólo se hayan creado en los seis años de esa administración, alrededor de un millón de nuevos puestos de trabajo en la economía formal (cuando se necesitan, por lo menos, un millón 300 mil por año), lo que hizo que el 60 por ciento de la población económicamente activa (PEA) en México se trasladara a trabajar en la economía informal (donde el empleo es precario, mal pagado y sin prestaciones sociales).3 Al respecto, el director para México y Cuba de la Organización Inter- nacional del Trabajo (OIT), Miguel del Cid, decía sobre esta situación a los inicios del primer año de gobierno de Felipe Calderón: En México, además del problema del desempleo abierto que afecta sobre todo a jóvenes y mujeres, hay cerca de 3 millones de subem- pleados y 12.5 millones de personas en empleos informales, es decir, hay un extraordinario défi cit de empleo decente, lo que signifi ca que una parte importante de los mexicanos no logran ingresos sufi cientes para vivir con dignidad. (Del Cid, 2007).
2 En Guatemala, de acuerdo con información proporcionada por el Center for Justice and Accountability, organización internacional de derechos humanos que encabeza la denuncia de genocidio ante la Audiencia Nacional de España contra el gobierno militar de facto enca- bezado por Efraín Ríos Montt: «Más de 200 mil personas fueron asesinadas o desparecidas entre 1960 y 1996 durante el gobierno militar de Efraín Ríos Montt. El peor período de vio- lencia fue entre 1982 y 1983, durante operativos contrainsurgentes con el Estado justifi cando el exterminio de unas 446 comunidades indígenas como parte de la lucha anticomunista» (http.P//cja.org/article.php?list=type&type=369 fecha consulta: enero 2010).
3 «Al menos seis de cada 10 mexicanos en edad y condición de trabajar se desempeñan en actividades informales, al margen de los sistemas de seguridad social, promedio superior al de América Latina en su conjunto, reveló un estudio del Banco Mundial. El organismo ase- guró que la economía sumergida, como también se conoce, representa en el país 3.15 billones de pesos, equivalentes al 35 por ciento del Producto Interno Bruto, que es de 9 billones de pesos» (La Jornada, 24 de mayo de 2007, p. 28).
El desempleo, el aumento de los trabajadores en la economía infor- mal y de los migrantes se acentuaron en el gobierno de Vicente Fox. Así, de los 7 millones 800 mil jóvenes que se calcula se incorporaron entre 2001 y 2006 al mercado laboral cerca del 10 por ciento encontró empleo en la economía formal y una cuarta parte logró ocuparse en la economía informal, mientras que el 44 por ciento tuvo que emigrar y casi dos millones se encontraban en la desocupación absoluta al concluir el mes de diciembre de 2006. En síntesis, el mayor volumen de empleo para los trabajadores mexicanos, en los últimos años, se encontró fuera del país: precisamente en la economía estadunidense hacia donde emigró la mayor parte de los trabajadores mexicanos. (Cuadro 1). Particularmente, la migración hacia Estados Unidos se eleva rápidamente cuando aumenta la demanda de fuerza de trabajo en este país y, en consecuencia, se aminoran los malos tratos de la patrulla fronteriza y de los empleadores.
En México, el desempleo y la falta de plazas de trabajo en la eco- nomía formal, sin duda, alientan la ocupación en las actividades informales (franeleros
informales (
informales ( , comerciantes ambulantes o cuidadores de automóviles, por mencionar sólo algunas), que en su mayor parte son labores mal remuneradas, sin prestación alguna y absolutamente fuera del sistema de seguridad social.
Lo mismo ocurre con los escasos empleos creados en la economía formal, donde la política de bajos salarios forma parte sustantiva del modelo neoliberal bajo el supuesto de que eso permite sostener la competitividad internacional, lo cual signifi ca deprimir los salarios reales de millones de trabajadores quienes, aún con empleo viven por debajo de la línea de pobreza y deciden migrar hacia Estados
Cuadro 1. México: Situación de la población que se incorporó al mercado laboral 2001-2006 (miles de personas)
Población que se incorporó al mercado laboral 7,800 100.0
Empleos creados en la economía formal 740 9.5
Empleos creados en la economía informal 1,826 24.1
Migrantes 3,500 44.2
Desempleados en diciembre de 2006. 1,734 22.2
Unidos para elevar sus ingresos, aunque estos sean inferiores a los que obtienen los propios trabajadores norteamericanos. De acuerdo con Bortz y Águila: «Más de la mitad de los migrantes (mexicanos) que obtienen los propios trabajadores norteamericanos. De acuerdo que obtienen los propios trabajadores norteamericanos. De acuerdo ganan menos de 400 dólares al mes, que es un salario muy bajo para los estándares estadounidenses. No obstante, no es lo mismo ganar en un día lo que se gana en una semana, aunque los gastos en Estados Unidos sean más altos». (Bortz y Águila, 2007, p. 7). ganar en un día lo que se gana en una semana, aunque los gastos ganar en un día lo que se gana en una semana, aunque los gastos Aún más, un estudio del grupo fi nanciero BBVA-Bancomer, revela que: «Los mexicanos que laboran en Estados Unidos perciben un ingreso menor a la media de ese país, pero que cuadruplica el pro- medio del salario en México, hecho que explica el creciente atractivo por cruzar la frontera». (La Jornada, 31 de julio de 2004, p. 43). Pero sobre todo, la inequitativa distribución del ingreso y la po- breza en México se encuentran en el origen de las decisiones de migrar de la mayor parte de los trabajadores mexicanos. En efecto, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), levantada en el primer trimestre de 2008, muestra la persistencia de la desigual distribución del ingreso en el país: en 2008, el 10 por ciento de los hogares más pobres del país recibió apenas el 1.4 por ciento del ingreso corriente monetario nacional, cuando en el 2000 obtenía el 1.5 por ciento, es decir, una ligera disminución que se agrava si se reconoce a ese segmento de la población como el más pobre del país. En cambio, el 10 por ciento de las familias más ricas se apropiaba en 2008 del 37.5 por ciento, monto que desde el 2002 ha venido incrementándose de manera continua.
Aunque la ENIGH muestra, entre 2006 y 2008, un ligero aumento de dos décimas en el ingreso monetario de los hogares más po- bres, en el último año mencionado el 60 por ciento de los hogares (aproximadamente 63 millones de mexicanos) se queda apenas con el 25.2 por ciento del ingreso monetario corriente; en cambio, el 20 por ciento más rico (21 millones de personas) se apropia del 54.1 por ciento de ingreso monetario, tan sólo el 10 por ciento de los hogares de mayor ingreso monetario concentra el 37.5 por ciento de éste. (Cuadro 2).
Nada mejor que esta situación, que hace de la mexicana una sociedad absolutamente desigual, para explicar las razones de la creciente migración mexicana, particularmente hacia Estados Unidos.
La desigualdad en desarrollo humano también es alta. Por ejem- plo, en México el 20 por ciento de la población más pobre tiene en promedio 3.5 años de escolaridad, mientras la cifra es de 11.6 años para el 5 por ciento más rico del país. El municipio con el índice de marginación más alto (Metlatónoc, estado de Guerrero), tiene una tasa de mortalidad infantil mayor a 60 por cada mil niños nacidos vivos, cifra comparable con la registrada en Sudán y Nepal.
En los tres primeros años del gobierno de Felipe Calderón (2006- 2009), la población mexicana se ha empobrecido rápidamente. Por ejemplo, en diciembre de 2006 el salario mínimo era de 48.67 pesos diarios y el precio de la canasta básica (canasta de alimentos ponde- rada para el consumo diario de una familia conformada por cinco personas: dos adultos, un joven y dos niños) ascendía a 80.83 pesos, es decir, con un salario mínimo se podía comprar el 60.21 por ciento de la canasta básica. Para el primero de diciembre de 2009, mien- tras el salario mínimo había subido a 54.80 pesos, la canasta básica costaba ya 139.85 pesos, esto es, con un salario mínimo apenas si se posibles adquirir el 39.18 por ciento de ella. (Lozano, 2009).
Cuadro 2. México: Ingreso corriente monetario de los hogares 2000-2008
Deciles* 2000 2002 2004 2006 2008 I 1.5 1.6 1.6 1.2 1.4 II 2.6 2.9 2.9 2.7 2.6 III 3.6 3.9 3.9 3.8 3.6 IV 4.6 4.9 4.9 4.8 4.6 V 5.7 6.1 6.0 5.9 5.7 VI 7.1 7.4 7.3 7.3 7.2 VII 8.8 9.3 9.1 9.1 9.1 VIII 11.3 11.9 11.6 11.8 11.6 IX 16.1 16.4 16.2 16.4 16.6 X 38.7 35.6 36.5 37.1 37.5
* Los hogares están ordenados en los deciles de acuerdo con su ingreso corriente correspondiente al primer trimestre del año en que se levanta la Encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares.
En ese lapso, 6 millones de mexicanos cayeron en la pobreza. Un estudio del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de De- sarrollo Social (CONEVALConeval), organismo desconcentrado de la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno federal mexicano, concluía que en 2009 sólo el 18 por ciento de los mexicanos (19.5 millones) poseían los ingresos sufi cientes para vivir y tenían cu- biertos todos los satisfactores, de acuerdo con la «Medición Mul- tidimensional de la Pobreza». Del resto de la población, 48 por ciento (una de cada dos personas) vive en condiciones de pobreza, es decir, tiene un ingreso inferior a la línea de bienestar y el 33 por ciento es vulnerable por carencias sociales y por ingreso, es decir, en cualquier momento puede caer en pobreza. (La Jornada, viernes 11 de diciembre de 2009, p.p. 8).
Quizá, frente a esta situación más que preguntar ¿por qué se van?, convendría saber ¿por qué o a qué se quedan todavía algunos de los habitantes de las regiones expulsoras que hoy se extienden por todo el país?
Pero cualesquiera que sea el motivo o los motivos de los trabajadores para emigrar, el hecho es que son muchos millones de mexicanos quienes se han visto en la necesidad de abandonar el país en busca de aquello que la economía neoliberal de su país es incapaz de ofrecerles: un salario que, como establece el texto constitucional sea «sufi ciente para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos», o alguna expectativa de vida digna. Nada de eso les ofrece el neoliberalismo.
Asimismo, a la falta de empleos y bienestar, que por supuesto cuentan y cuentan mucho, se suma la brecha existente entre los salarios de México y Estados Unidos que es, y seguirá siendo, una de las causas primordiales que hace persistente la migración que, sin duda, se mantendrá mientras un trabajador mexicano pueda ganar cinco o seis veces por hora más si labora en Estados Unidos que trabajando en la misma actividad en México. Y si esto es así ¿qué puede detener a quien decide migrar?