Por último, nos gustaría comentar otro aspecto que une las obras Pedro Páramo y La amortajada – el problema de la relación de Susana San Juan y Ana María con la religión católica. Juan Rulfo trata el tema religioso tanto en sus cuentos (por ejemplo, Anacleto Morones o Talpa) como en la novela Pedro Páramo, sobre todo mediante el personaje del padre Rentería, que representa un ejemplo de una crisis religiosa profunda y que se une a la Rebelión Cristera en la novela. En la obra del mexicano se trata de uno de los temas clave, aunque por su complejidad no lo trataremos en general, sino centrándonos en Susana San Juan para determinar cuál es su visión de la religión, poniéndolo en relación con la visión de Ana María, la amortajada. La razón por la que sólo nos referiremos a esta novela de las obras de Bombal es que en otros este tema no aparece muy desarrollado.
La estudiosa Ana Miramontes en su trabajo Rulfo lector de Bombal habla de una similitud entre la obra de la escritora chilena, donde Ana María yace muerta en su cama y sus amigos y familiares vienen a velar a su lado, y la de Rulfo, donde Susana San Juan está muriéndose y también hay una serie de personas que la visitan. En su estudio introduce dos fragmentos de las dos obras cuya semejanza es realmente considerable; los transcribimos aquí. El primer fragmento es el principio de La amortajada, donde Ana María, ya muerta, empieza a observar su alrededor desde su lecho. En el segundo, Susana San Juan, moribunda aunque todavía viva, también abre los ojos y se despierta del sueño:
52 La amortajada: Y luego que hubo anochecido, se le entreabrieron los ojos. Oh, un poco, muy poco. Era
como si quisiera mirar escondida detrás de sus largas pestañas. A la llama de los altos cirios... (Tomo 2, p. 33)
Pedro Páramo: Al través de sus párpados cerrados entrevé la llama de la luz. [...] Entreabre los ojos.
Mira [...] detrás de la lluvia de sus pestañas. (p. 270)85
Tanto la atmósfera global de las escenas como la descripción de cómo las protagonistas abren sus ojos con largas pestañas, alumbradas por la luz de los cirios o de la lámpara, le sirven a Miramontes para señalar la intertextualidad entre Rulfo y Bombal. Resulta interesante también su observación de que en las dos novelas las mujeres son visitadas por dos curas que quieren prepararlas para la eternidad y darles la extremaunción, pero no son bien recibidos. Estos sacerdotes son el ya mencionado padre Rentería en Pedro Páramo y el padre Carlos en La amortajada.86
Por lo que se refiere a Susana San Juan, ya hemos insinuado el problema de su conflicto con la religión al mencionar que cuando el padre Rentería viene a darle la comunión, ella, aunque no la rechaza del todo, al tragar la hostia sólo piensa en su amor Florencio y la gracia de Dios parece importarle poco. A esto añadimos la escena cuando Susana, a punto de morirse, está durmiendo en su cama y de nuevo viene el cura, esta vez para confesarle. Observemos cómo reacciona la moribunda en el siguiente fragmento:
El padre Rentería le dijo: –He venido a confortarte, hija.
–Entonces adiós, padre –contestó ella–. No vuelvas. No te necesito. (p. 271)
Vemos, pues, que en este caso Susana rechaza decididamente el consuelo espiritual del cura comalense. Sin embargo, la interpretación de esta parte de la novela no es tan fácil, ya que en esta escena Susana piensa que el padre Rentería que viene a verla es su propio padre Bartolomé San Juan (confunde el “padre” espiritual con el “padre” biológico). El lector puede deducirlo de la pregunta que le hace al padre Rentería consecuentemente: “¿Para qué vienes a verme, si estás muerto?” (p. 271) Susana, obviamente, no se dirige al padre Rentería, que está vivo, sino a su propio padre Bartolomé, que ya está muerto cuando tiene lugar esta conversación. Esta escena sugiere que éste mantuvo relaciones incestuosas con su hija, de acuerdo con el comentario de Fulgor Sedano de que Susana más parece ser la mujer que la hija de Bartolomé. Como sostiene Gonzáles Boixo: “La identificación Bartolomé-padre
85 MIRAMONTES. Op. cit., p. 492. 86 Ibid.
53 Rentería simboliza un doble rechazo al autoritarismo tanto físico como espiritual.”87 (Nota
171, p. 162)
En La amortajada la protagonista también inquieta al cura Carlos cuando no muestra mucho interés en confesarse, a pesar de que esté a punto de morirse. En el siguiente fragmento el cura Carlos es el narrador, situado al lado de la cama de Ana María que espera su muerte:
– [...] ¿no le convendría confesarse ahora mismo? [...]
–Preferiría mañana, padre... El doctor estará aquí en una media hora. –Media hora nos basta.
–No lo creo, padre; y debo advertirle que nunca hasta ahora hubo de escuchar una lista de pecados mortales y veniales tan larga como va a ser la mía.
–Veo, señora, que el pecado de vanidad llevado hasta vanagloriarse del pecado bien podría ser su pecado mayor –repliqué yo tratando de contestarte a tono.
Me acuerdo, quisiste reír, pero en lugar de ello sofocaste una especie de gemido mientras recaías muy pálida sobre las almohadas. [...]
–Por favor, padre, le ruego no mirarme, así… Todavía no estoy muerta, sabe; tuviste aún valor de hacerme broma. Luego agregaste:
–Pero vuelva mañana, padre, vuelva sin falta, ¿quiere usted? (Tomo 2, pp. 114-115)
La amortajada no rechaza directamente la confesión, sin embargo, intenta evitarla posponiéndola para “mañana”. Es consciente de los pecados que ha cometido en vida y no le importa si le da tiempo a confesarse de ellos antes de abandonar la vida terrenal o no. Con la petición con la que se dirige al cura de que vuelva al día siguiente más parece no querer decepcionarlo con su actitud que realmente desear revelarle los secretos más oscuros de su alma. El día siguiente llega, pero Ana María se muere tan repentinamente que ya no le da tiempo a confesarse. A pesar de ello, el sacerdote se compadece de ella y le da la absolución. La excepción que decide hacer el religioso recuerda un poco al cura Rentería que un momento antes de la muerte de Susana San Juan intenta hacerla repetir frases de una oración, pero ella se niega y sigue delirando sobre Florencio. Rentería se da cuenta de su locura y vacila: “Le entraron dudas. Quizá ella no tenía nada de que arrepentirse. Tal vez él no tenía nada que perdonarla.” (p. 293) Como el padre Carlos, que le da la absolución a Ana María a pesar de no haber confesado y así rompe sus principios, el padre Rentería en este momento llega a cuestionar si es necesario convencer a la loca Susana a que se arrepienta de sus pecados, porque quizás no tiene ninguno.
54 Mientras que en algunos momentos Susana y Ana María se comportan de una manera indiferente hacia la religión, en otros se vuelven realmente blasfemas. Ana María le dice al padre Carlos, por ejemplo: “Pero si yo no tengo alma, padre. ¿No lo sabía?” (Tomo 2, p. 108) Y de una manera parecida Susana conversa con su vieja nana Justina y le habla de esta manera:
–¿Y qué crees que es la vida, Justina, sino un pecado? [...] –¿Tú crees en el infierno, Justina?
–Sí, Susana. Y también en el cielo. –Yo sólo creo en el infierno. (pp. 287-288)
La actitud de Susana y Ana María poco antes de morir no dista mucho de la de su infancia o juventud. Cuando se muere la madre de Susana (deducimos que esto pasa cuando Susana está en la edad adolescente), un grupo de personas viene a tocar a la puerta de la casa para pedir dinero a cambio de rezar por la difunta:
–Ve tú –te dije [Susana se dirige a Justina]–. Yo veo borrosa la cara de la gente. Y haz que se vayan. ¿Que vienen por el dinero de las misas gregorianas? Ella no dejó ningún dinero. Díselos Justina. ¿Que no saldrá del purgatorio si no le rezan esas misas? ¿Quiénes son ellos para hacer la justicia, Justina? ¿Dices que estoy loca? Está bien. (p. 254)
Susana se niega a darles el dinero, lo que supone el pánico de la piadosa Justina, preocupada de que el alma de la madre de Susana no llegue al Cielo si no lo hace. La actitud de Susana es incomprensible para Justina, fiel a las tradiciones religiosas, y la tiene por loca. En este fragmento particular, más que un conflicto con Dios, Susana representa un conflicto con la Iglesia católica como institución.88 Observamos también que el punto de vista, tan difícil de
comprender para Justina, resulta mucho más comprensible para el lector. Aquí, como en otros momentos de la obra, Susana conserva cierta lucidez, a pesar de que esté presentada como un personaje loco y ella se acepte a sí misma como tal.
La fe religiosa de Ana María es observada en la novela por el padre Carlos quien la recuerda como una niña “siempre distraída en la capilla” (Tomo 2, p. 108) y más tarde como “adolescente y no obstante ya entregada al demonio de ira y de la carne” (Tomo 2, p. 111). En una conversación con el cura, la joven Ana María se rebela contra Dios declarando:
–[...] No, padre, lo siento, pero no tengo la menor intención de cumplir cuaresma… ¿Por qué? Porque estoy enojada con Dios. Eso es todo.
88 En la obra de Rulfo son con frecuencia criticados el fanatismo religioso (relacionado con la Guerra Cristera,
55
–¿Y se puede saber por qué está usted enojada con Dios? [...]
–¿Por qué enojada? Porque su Dios nunca me escucha y nunca me da nada de lo que le pido. (Tomo 2, p. 111)
La joven, enamorada de su primo Ricardo (“el demonio de la carne”), se enfada con Dios (“el demonio de la ira”) por no cumplir sus deseos y lo expresa de una manera descubierta y apasionada. Susana San Juan reacciona de una manera muy parecida cuando le anuncian que Florencio está muerto: “¡Señor, tú no existes! Te pedí tu protección para él. Que me lo cuidaras. Eso te pedí. Pero tú te ocupas nada más de las almas. Y lo que quiero de él es su cuerpo. [...]” (p. 170) Susana no sólo está enfadada con Dios, sino que aquí directamente niega su existencia: si el Dios le quita lo que ella más ama, deja de existir para ella.
Podemos concluir que tanto Ana María como Susana San Juan tienen una relación conflictiva con la religión. Ante el amor que se les niega, ambas se rebelan contra un Dios que se muestra indiferente al deseo amoroso.89 Y el deseo amoroso, como ya hemos dejado claro en los puntos anteriores de este capítulo, es la parte nuclear de sus mundos. Si el Dios no acepta sus necesidades, las mujeres no dudan en rebelarse contra él, a pesar de que la sociedad que las rodea vea con malos ojos su comportamiento (en el caso de Susana, interpretado como locura; en el de Ana María, como excentricidad).
En este capítulo hemos comentado cinco puntos que, a nuestra manera de ver, tiene el personaje de Susana San Juan en común con las protagonistas de la narrativa de Bombal. Aunque la novela de Rulfo tenga lugar en una parte distinta de América Latina y el contexto de la obra también sea diferente, hemos visto que en el personaje de Susana se puede observar quizás más claramente un paralelismo con la obra de la escritora chilena. Para finalizar estas reflexiones, nos gustaría advertir de aquello en lo que no se fijan muchos estudios sobre Pedro Páramo, que de hecho es lo fundamental de este personaje. A saber, Reina Roffé en su biografía de Juan Rulfo introduce las siguientes palabras del autor mexicano:
En lo más íntimo, Pedro Páramo nació de una imagen y fue la búsqueda de un ideal que llamé Susana San Juan. Susana San Juan no existió nunca: fue pensada a partir de una muchachita a la que conocí brevemente cuando yo tenía trece años. Ella nunca lo supo y no hemos vuelto a encontrarnos en lo que llevo de vida.90
89 MIRAMONTES. Op. cit., p. 492. 90 ROFFÉ. Op. cit., pp. 142-143.
56 En otra ocasión Rulfo explica lo siguiente sobre Susana San Juan: “[e]s un personaje que a mí me gustaba mucho y a quien le había dado mucha importancia, no sólo en el texto. En el libro tenía la mayor parte, las tres cuartas partes, pero lo tuve que cortar.”91 En el Capítulo 3 hemos
hablado de las dificultades que supuso la escritura para los autores tratados en este trabajo y hemos señalado que la eliminación fue una parte sustancial de sus procesos creativos. Y de acuerdo con ello, en la cita Rulfo precisamente atestigua que quitó “tres cuartas partes” del texto original – las partes que se centraron en la vida de Susana, la imagen de la que nació la novela. Si el autor no hubiera quitado estas páginas, habría sido más fácil para el lector entender su personaje. Pero, con tantas explicaciones, ¿sería el libro tan atractivo para el lector como lo es en su forma actual? Siendo la obra más larga y más rica en información sobre Susana, el lector perdería esa posibilidad de colaborar con el autor y convertirse en coautor de la novela92; Susana perdería ese aire de misterio que tanto nos atrae.
Aunque el personaje de Susana San Juan no ocupe la mayor parte del espacio en la novela, no hay que olvidar las palabras del autor que dejan claro la importancia que tiene la mujer en la novela. En efecto, en la novela todos los personajes parecen depender de Pedro Páramo, que representa la máxima autoridad en la región. Su poder es absoluto: puede asesinar a los que no estén de acuerdo con él, robar tierras, violar a las muchachas pueblerinas… Pedro Páramo es temido por todos, nadie se aventura llevarle la contraria. Todos los personajes son eco de Pedro Páramo; todos, menos uno, Susana San Juan, que hace de Pedro Páramo eco de sí misma.93 Páramo no puede obligarle por fuerza a que corresponda a sus deseos amorosos. Susana está protegida por su locura y él, aunque pueda tener todo lo que desee o cruzarse de brazos y dejar todo Comala caer en ruina, no puede llegar al corazón de Susana San Juan, su mayor anhelo. Una vez muerta Susana, todo deja de tener importancia para él y se muere, apático, sentado en el umbral de su casa y pensando en Susana, el mundo de la cual nunca llegó a conocer.
91 Juan Rulfo examina su narrativa. Op. cit., p. 875.
92 El autor comenta el problema de esta manera: “[Pedro Páramo] es un libro de cooperación. Si el lector no
coopera, no lo entiende; él tiene que añadirle lo que le falta. Y parece que así ha sido. Muchos le han añadido más de la cuenta pero creo que llena esa intención. Siempre hay una participación muy cercana del lector con el libro, y él se toma la libertad de ponerle lo que le falta. Eso a mí me gusta mucho.” Ibid., p. 875.
93 BLANCO AGUINAGA, Carlos. Realidad y estilo de Juan Rulfo. In RULFO. Toda la obra. Op. cit., pp. 704-
57 En definitiva, nuestras observaciones sobre el paralelismo entre las protagonistas bombalianas y Susana San Juan –todas mujeres de gran vitalidad, con deseos sexuales, vinculadas con la naturaleza, etc.– resultan por lo tanto aún más interesantes si tomamos en cuenta la importancia que tuvo la imagen de Susana San Juan para la escritura de la novela Pedro Páramo.