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5.2 Functional Hazard Model with Competing Risks

5.2.1 Statistical Model

Iwawi como desembarcadero Tiwanaku

El sitio arqueológico de Iwawi fue inicialmente investigado en 1968, cuando se realizó una prospección del sitio que incluyó la elaboración de un croquis y la excavación de al menos tres pozos de sondeo. Ponce Sanginés y Mogrovejo (1970) en una monografía acerca de la procedencia de los materiales líticos de Tiwanaku, sintetizaron los trabajos de investigación realizados en dicha oportunidad. Su propuesta interpretativa, señala que Iwawi fue el desembarcadero donde llegaron los bloques de andesita que fueron utilizados en la construcción de numerosos recintos arquitectónicos y esculturas líticas en Tiwanaku. Las evidencias que presentaron para soportar dicha hipótesis fueron: (1) la presencia de alrededor de 20 grandes bloques de andesita trabajados, en la superficie del sitio con similares características a los hallados en Tiwanaku (particularmente con las pilastras de los recintos templarios) y localizados sin un aparente orden que indique la existencia de algún tipo de arquitectura, (2) la ausencia de canteras de este tipo de roca, tanto en la zona inmediatamente cercana al sitio como en todo el valle de Tiwanaku, (3) la presencia en el sitio de un extenso canal a través del cual habrían ingresado las embarcaciones de pequeño calado que desembarcaron los bloques de andesita procedentes de algún lugar en el Lago Titicaca, (4) la asociación del sitio con cerámica de estilo Tiwanaku, (5) estudios petrográficos que demostraban que los bloques de andesita hallados en Tiwanaku tenían las mismas características de aquellos presentes en Iwawi, siendo su posible fuente una cantera localizada en las cercanías de Kesani en la Península de Copacabana (Ponce Sanginés 1993:49; Ponce Sanginés y Mogrovejo 1970:264). Considerando que la Península de Copacabana y la posible cantera de las andesitas se encontraban aproximadamente a 70 km de Tiwanaku y en la orilla opuesta del lago, la ruta sugerida por Ponce Sanginés y Mogrovejo (1970) parecía la más eficiente. Por tanto, su hipótesis parecía plausible y fue tomada sin mucha crítica (e.g., Browman 1981, 1984; Goldstein 1993). Adicionalmente, en una publicación posterior, Ponce Sanginés (1992:49) sugiere que las balsas que desembarcaron en el canal con los bloques

de andesita debieron haber sido almadías elaboradas con madera (posiblemente de origen selvático) y no balsas de totora, debido a su mayor resistencia al peso.

Por otro lado, un interesante elemento del funcionamiento de este sitio, fue el carácter estacional del canal. Asumiendo, que el nivel del lago actual fue más o menos el mismo durante el desarrollo de Tiwanaku, el canal podría haber funcionado solamente durante los meses de época húmeda o lluviosa (verano a otoño) ya que la baja profundidad del lago donde se localiza, imposibilitaría el ingreso de embarcaciones durante los meses de época seca. Adicionalmente, la baja profundidad del lago en todo el margen oeste del valle de Tiwanaku así como la alta variabilidad en las fluctuaciones de la orilla del lago, habrían ocasionado que el tiempo de uso y desuso del canal varíe entre meses a años. Ponce Sanginés y Mogrovejo (1970:262; Ponce Sanginés 1992:49) reconocen este factor, aunque no le otorgan la relevancia que adquiere para la explicación integral del sitio.

El norte del Valle Bajo de Tiwanaku y el rol estratégico de Iwawi

Con posterioridad, el sitio de Iwawi no fue estudiado sino hasta 1988-1989 cuando Albarracin-Jordan (1992, 1996b; Albarracin-Albarracin-Jordan y Mathews 1990) como parte de sus investigaciones acerca de los patrones de asentamiento prehispánicos en el Valle Bajo de Tiwanaku, reinició las investigaciones sistemáticas en el sitio. Inicialmente Albarracin-Jordan siguiendo con la metodología de su prospección arqueológica, hizo recolecciones de superficie diagnósticas y sistemáticas y posteriormente en 1990, realizó un mapa topográfico del sitio y la excavación de dos pozos de sondeo de 2 x 2 m (Albarracin-Jordan 1992, 1996b). Las características principales de este asentamiento incluirían además de los numerosos bloques de andesita, la presencia de un gran montículo de aproximadamente 3.5 metros de altura y 200 m de diámetro, formado por la superposición de múltiples niveles de ocupación y su asociación con una extensa superficie de campos elevados de cultivo. El asentamiento habría estado ocupado durante las fases Tiwanaku IV, Tiwanaku V y Pacajes Temprano, siendo su mayor extensión 4 hectáreas (Albarracin-Jordan y Mathews 1990:220).

En este proceso, fueron particularmente útiles los resultados de las excavaciones de sondeo. Éstas revelaron una compleja estratigrafía para el asentamiento compuesta por al menos 13 estratos, donde la ocupación del mismo puede apreciarse como prácticamente continua. Igualmente, permitieron ampliar el rango temporal del asentamiento hasta el Período Formativo (donde fue descrita la fase Juchani como disímil a la fase Chiripa Temprano del sitio homónimo hallado en la orilla norte de la Península de Taraco). Asimismo, a partir de estas excavaciones y aquellas realizadas en 1993 (ver más abajo), la extensión mínima del sitio durante el Período Formativo fue estimada en una hectárea. Un fechado radiocarbónico AMS calibrado asociado al componente formativo de Iwawi fechó a esta ocupación en 925 ± 85 a.C. (ETH 8042) (Albarracin-Jordan 1996:111-116).

Por otro lado, las excavaciones en Iwawi permitieron una aproximación inicial a lapsos temporales difusos en la cronología de la región como aquellos contemporáneos con los componentes Tiwanaku I (también conocido como Kalasasaya) y Tiwanaku III (también denominado Qeya) correspondientes al Período Formativo Tardío o Superior (200 a.C. – 400 d.C.) (Albarracin-Jordan 1996:111-116, 131-133) y de difícil identificación a partir de materiales de superficie (Albarracin-Jordan y Mathews 1990:81; McAndrews et al. 1997:73).

Con relación a la ocupación Tiwanaku, Iwawi constituyó un asentamiento de gran importancia. Si bien la extensión del sitio alcanzó las cuatro hectáreas, es posible que durante Tiwanaku Clásico (400-800 d.C.) su extensión haya sido de 3.2 ha. En este sentido, en el sitio se habrían desarrollado una variedad de actividades más allá de su ya relevante función de puerto lacustre. La asociación con campos elevados de cultivo en los sectores noroeste, norte y noreste del sitio, ocupando una superficie superior a las 6 ha, dan cuenta de su importante rol en relación a la producción agrícola. Las dimensiones de estos campos, varían entre 60 y 70 m de largo, por 2 m de ancho, siendo el promedio de ancho de los canales intermedios 1.70 m. La orientación preponderante de estos campos es de norte a sur, aunque en el sector este, habrían algunos campos orientados de este a oeste. Interesantemente, al norte y noreste del montículo y separando a éste de los campos agrícolas, existen evidencias de un dique y un terraplén (Albarracin-Jordan 1996b:158; Albarracin-Jordan y Mathews 1990:91). Si bien, se asume que estos campos agrícolas habrían sido construidos e intensivamente utilizados durante Tiwanaku, todavía se requiere

realizar fechados absolutos que permitan confirmar esta aserción. Por otro lado, la ocupación del montículo, habría incluido un importante componente doméstico y su asociación con algunos entierros.

Interpretando el rol de Iwawi durante el desarrollo de Tiwanaku, destaca su ubicación estratégica que posiblemente permitió que durante la fase Tiwanaku Pos-Clásico (800-1100 d.C.), se convierta en un importante centro secundario con indicios de expansión. Dentro del sistema estatal, podría haber formado ya desde la fase Tiwanaku Clásico, el centro de uno de los nódulos territoriales y sociopolíticos del norte del valle, controlando tanto el ingreso de bienes de intercambio desde otras regiones de la cuenca del Lago Titicaca como la producción y distribución agrícola de los campos elevados de cultivo localizados en este sector. Estas funciones se habrían agudizado dentro del patrón de incremento demográfico producido en el valle de Tiwanaku sobre todo en los sitios cuaternarios (menores a una hectárea) durante el Pos-Clásico (Albarracin-Jordan 1996:229; McAndrews et al. 1997:74). El control estatal de Tiwanaku sobre Iwawi (así como sobre los otros asentamientos que constituían parte de su territorio) habría estado caracterizado por un sistema segmentario de jerarquías inclusivas, donde la centralización política y administrativa habría sido ejercida por las elites y jerarquías locales (Albarracin-Jordan 1996:221). Asimismo, con la prospección arqueológica realizada recientemente por Bandy (2001) en la Península de Taraco, el importante rol que Iwawi tuvo en el sistema de asentamiento regional de Tiwanaku es reforzado, considerando la ausencia de otros asentamientos mayores en su vecindad occidental.

Por otro lado, según Bandy (2001), demográficamente la población de la Península de Taraco durante Tiwanaku fue de 6923 habitantes, lo que daría una densidad de aproximadamente 81

habitantes por km2. Asimismo, empleando su método de estimación poblacional, el sitio de Iwawi

durante el Período Formativo (tamaño de sitio 1 ha) habría tenido una población de entre 43 a 67 habitantes. Mientras tanto durante Tiwanaku cuando el asentamiento creció significativamente, su

población habría estado entre 169 (tamaño de sitio 3.2 ha) y 216 (tamaño de sitio 4 ha)12.

Podemos considerar, sin embargo al primer valor como el correspondiente a la fase Tiwanaku IV

12

Empleando la información presentada por Bandy (2001) y considerando algunas de las características particulares del asentamiento como el nucleamiento que produjo el montículo Ojje-Puco, es posible estimar la máxima poblacional del sitio en 267 habitantes, asumiendo que las 4 ha fueron ocupadas íntegramente.

y el segundo a la fase Tiwanaku V, de acuerdo a algunas interpretaciones del crecimiento del sitio (ver más arriba). La población efectiva que habría ocupado el espacio doméstico excavado en el área de Queneqere habría estado entre 6 y 12 habitantes, de acuerdo a la organización del espacio, es decir sí se reconoce a este sector como el espacio abierto interior de una sola unidad doméstica o el límite entre dos o más unidades domésticas.

Por otro lado, la población en la Península habría tenido un patrón de asentamiento nucleado, el cual se habría desestructurado a partir del Período Intermedio Tardío (1100-1470 d.C.) (Bandy 2001). Esto permitió la existencia de algunos parches de vegetación en los límites entre conjuntos o agrupamientos de asentamientos y explicaría la presencia de algunos mamíferos silvestres en el registro arqueológico actualmente extintos en la región (e.g., cérvidos, vizcachas, vicuñas, etc.). Dichos animales posiblemente fueron procurados a través de la cacería y probablemente habitaron en un patrón de densa demografía humana.

Adicionalmente, con la desintegración de Tiwanaku, durante la fase Pacajes Temprano (1100-1470 d.C.), Iwawi habría sido ocupado como un asentamiento doméstico menor, eventualmente abandonado. Es igualmente probable, que Iwawi haya sido inicialmente abandonado después de la caída de Tiwanaku y reocupado temporalmente en algún momento posterior de la siguiente fase.

Por otra parte, los materiales recuperados durante las excavaciones realizadas por Albarracin-Jordan en 1990, así como las de otros asentamientos de los Valles Bajo y Medio de Tiwanaku y del Río Catari fueron analizados dentro del contexto del Proyecto Agroarqueológico Wilajawira (Kolata [editor] 1993, 2003) por especialistas en distintas materias (e.g., líticos [Giesso 2001, 2003], paleobotánicos [Wright et al. 2003]; arqueofaunísticos [Webster 1993; Webster y Janusek 2003]). Dichos estudios, estuvieron orientados hacia una mejor comprensión de Tiwanaku y su funcionamiento como entidad estatal más que a resolver problemáticas concretas relacionadas a la naturaleza del asentamiento de Iwawi. Aún así, estos estudios muestran importante información estandarizada para su comparación con otros contextos similares e incluso contemporáneos de otros sitios del núcleo regional de Tiwanaku.

Según la información paleoetnobotánica, durante el Período Formativo, Iwawi presenta una preponderancia de quinua (Chenopodium quinoa) en sus tres variedades de grano (chico, grande y silvestre), así como una notoria ausencia de tubérculos como la papa (Solanum tuberosum). Durante Tiwanaku Clásico, los restos arqueobotánicos muestran sobretodo la presencia de quinua de grano pequeño y algunos restos de madera. Finalmente, en la fase Tiwanaku Pos-Clásico, los materiales paleobotánicos incluyen quinua y semillas de pastos (Albarracin-Jordan 1996b; Wright et al. 2003).

Por otro lado, dentro del estudio zooarqueológico realizado por Webster (1993), los restos de fauna pertenecientes al Período Formativo en Iwawi sugieren la presencia de una gran cantidad de pescado, algunas variedades de aves, restos de llamas, vizcachas y de al menos un perro. Durante Tiwanaku Clásico, los restos más importantes son de peces, aves y camélidos (llamas). Para el Pos-Clásico, los materiales faunísticos que destacan son la llama y los pescados. De forma integral, los resultados de los estudios zooarqueológicos de Webster (1993), muestran para Iwawi en MNI la siguiente distribución para la Clase Mamíferos: 10 camélidos, 3 cuyes, 3 vizcachas, ningún cérvido, 5 roedores (muridos) y 1 can.

Reevaluando el desarrollo estatal de Tiwanaku: el Proyecto Arqueológico Iwawi

En 1993, a partir de los interesentes resultados mostrados por las investigaciones iniciales en el sitio, así como una serie de críticas hacia la interpretación integral del sistema estatal de Tiwanaku (e.g., Kolata 1986, 1993; Ponce Sanginés 1981) y particularmente de la confusa cronología cerámica en que ésta se sustentaba, se organizó el Proyecto Arqueológico Iwawi codirigido por William H. Isbell y Juan Albarracin-Jordan. El referido proyecto tuvo tres temporadas de investigación arqueológica en el sitio durante los años 1993, 1996 y 1997 (Albarracin-Jordan 1996c, 1997; Albarracin-Jordan e Isbell 1993; Isbell et al. 1996, 1997, 2002). Sus principales objetivos fueron: (1) caracterizar arqueológicamente a los centros secundarios del Estado de Tiwanaku así como la dinámica sociopolítica que permitió su desarrollo, (2) redefinir una secuencia cronológica cerámica alternativa a la problemática cronología de la región basada en la definición de estilos a partir de atributos estándares y apoyada en una secuencia

estratigráfica, y (3) determinar la naturaleza de la ocupación prehispánica en Iwawi a través del tiempo.

Durante la primera temporada de campo, el año 1993 se realizó el mapeo topográfico del asentamiento que incluyó la ubicación precisa de todos los bloques de andesita visibles, el canal y el relieve del montículo. El proyecto contabilizó 31 bloques líticos ubicados en la orilla del lago y 26 bloques líticos localizados encima del montículo Ojje-Puco, todos ellos de andesita (Isbell et al. 2002:146). A través de la interpretación de su localización, complementada con información oral de los propietarios se evidenció que muchos de éstos habrían sido movidos, siendo la localización inicial de muchos bloques indeterminada.

Asimismo, se realizaron excavaciones arqueológicas extensivas e intensivas en dos áreas del sitio ubicadas sobre el montículo. La primera fue localizada en el sector noreste, y se denominó Queneqere y la segunda, emplazada en el sector sudeste del sitio (donde se localizaban los dos pozos inicialmente excavados por Albarracin-Jordan) se llamó Ojjepuku (para diferenciarla del nombre del montículo). En ambas áreas se localizaron evidencias de ocupaciones prehispánicas asociadas con actividades domésticas y eventuales entierros humanos. Los materiales recuperados del área doméstica de Queneqere, debido a la buena preservación de sus contextos y a su adecuada estratigrafía, fueron analizados y sus resultados presentados en los trabajos de cerámica de JoEllen Burkholder (1997) y de zoorarqueología de Travis Stanton (1994) (ver también Isbell et al. 2002).

En 1996, las excavaciones arqueológicas en Iwawi continuaron. Se prosiguió con la excavación de las dos áreas de la primera temporada, adicionándose áreas adicionales en los sectores central, sudoeste y noroeste del montículo.

Considerando que se estimaba la presencia de una plaza o recinto templario en el montículo (siendo ésta una de las características más importantes de los centros secundarios Tiwanaku), sugerida inicialmente por Albarracin-Jordan y Mathews (1990:91) antes de las excavaciones en el sitio, las excavaciones arqueológicas realizadas en 1996, se enfocaron parcialmente en la excavación de un alineamiento de bloques. Los resultados revelaron que varios de estos bloques

efectivamente pertenecieron a la arquitectura pública del asentamiento, aunque igualmente otros tantos no estaban directamente asociados a ninguna estructura, si es que alguna vez pertenecieron a una (Albarracin-Jordan 1996c; Isbell et al. 1996). No obstante, si bien dichas excavaciones así como aquellas realizadas en otros sectores del sitio, confirmaron que el montículo de Ojje-Puco no fue una pirámide artificial, la naturaleza precisa de la arquitectura pública en Iwawi así como la que correspondería a los asentamientos secundarios de Tiwanaku todavía no ha sido esclarecida del todo (Isbell 2000; Isbell et al. 2002).

Interesantemente, el reconocimiento llevado a cabo por el Proyecto del canal reveló su conexión con un camino que se conecta con la vieja hacienda de Taraco, y posiblemente éste haya datado de la época cuando la hacienda estaba ocupada (antes de 1953). Aún así, todavía no pudo determinarse el momento preciso de su construcción.

Finalmente, en 1997, se concluyó el Proyecto Arqueológico Iwawi, con el desarrollo de análisis complementarios de los materiales arqueológicos recuperados durante las excavaciones de las temporadas 1993 y 1996.

La secuencia estratigráfica de Iwawi

A partir de las excavaciones arqueológicas realizadas en Iwawi, 9 niveles (o estratos) de ocupación fueron definidos para el montículo (todos ellos presentes en el área de excavación Queneqere) (Isbell et al. 1997, 2002). El primer nivel, está conformado por sedimento obscuro con la presencia de algunos artefactos aunque sin la presencia de rasgos formales, debido a la alteración producida por procesos de arado y la agricultura practicada en el sitio, su profundidad va desde la superficie hasta alrededor de 20 cm por debajo de ésta, donde se encuentra el límite de la zona de raíces. El Nivel 2, tiene coloración negra, presenta restos orgánicos, especialmente raíces y al igual que el nivel anterior carece de rasgos específicos a pesar del abundante material cultural. La estructura de este nivel es compacta y tiene un espesor que varía de 15 a 30 cm. El Nivel 3, consiste en un relleno o la acumulación de diversos basurales superpuestos, exhibiendo un color marrón oscuro y la presencia de algunos depósitos de ceniza. Los artefactos son abundantes en este nivel, el cual varía entre 40 y 60 cm de profundidad. Asimismo, también se

caracteriza por la presencia de numerosos pozos de basura circulares y las evidencias de arquitectura doméstica más claras de la secuencia. Recientemente, este nivel ha sido subdividido en Nivel 3A y Nivel 3B, debido a diferencias en las ocupaciones asociadas con las estructuras domésticas encontradas, particularmente en el área de Queneqere. Un fechado radiocarbónico AMS de la intersección de este nivel con el Nivel 4 dio el resultado (sin calibrar) de 950 ± 60 d.C., asociando a esta ocupación con la fase Tiwanaku V. El Nivel 4 es similar al anterior, siendo la matriz de coloración más rojiza (que marrón) y a diferencia de los pozos de los niveles superiores, éstos habrían tenido forma de campana. En este nivel, son abundantes los rasgos y patrones de hallazgos consistentes y de fácil definición y reconocimiento, su espesor varía entre 35 y 55 cm. El elevado numero de hallazgos en los niveles 3 y 4 sugieren la ocupación más densa e intensa en la secuencia Iwawi. Un fechado radiocarbónico AMS de 720 ± 60 d.C. (sin calibrar) perteneciente a un rasgo del Nivel 4 permitió su asociación con la fase Tiwanaku IV.

El Nivel 5, se caracteriza por la presencia de una matriz fina, de color gris en el momento de excavarse y gris claro al secar. Este nivel tiene un espesor de alrededor de 25 cm, aunque por lo general no supera los 10 a 15 cm. Los materiales recuperados de este nivel son escasos (a menudo infiltrados de otros niveles) y parece en su generalidad estéril. El sedimento gris de este nivel ha sido identificado como ceniza volcánica que pudo haber sido depositada por un evento volcánico entre el 400 y el 700 d.C. El Nivel 6, se caracteriza por ser una formación de arena oscura, presenta algunos restos de carbón, huesos y fragmentos de cerámica. Pocos rasgos se hallaron en este nivel. Una concentración de rocas de andesita y arena se encuentra en este estrato y su espesor varía entre 20 y 30 cm. El Nivel 7, se encuentra por debajo del relleno de rocas de la base del nivel precedente aunque no es substancialmente diferente de éste. La presencia de hallazgos es ocasional, aunque suelen estar presentes. Su espesor va entre 35 y 45 cm. Una muestra orgánica fue analizada y dio un fechado radiocarbónico AMS no aceptable de 1190 ± 110 d.C. (sin calibrar). El Nivel 8, es una formación de barro compacto, tiene entre 40 y 60 cm de espesor y en su interior la definición de hallazgos y rasgos es muy difícil. Algunos de estos rasgos se registran como hundimientos en el terreno que han sido interpretados como extracciones de materia prima para la construcción de muros y obras similares, que posteriormente fueron rellenados con desechos de actividades domésticas y que incluyen algunas vasijas reconstruibles

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