Chapter Four Research Findings
4. Stayed in education beyond sixteen and progressed to further study at
Los brigadistas de salud o promotores de salud pasaron a llamarse encargados de salud para diferen- ciarse de otras experiencias centroamericanas y de los sanitarios de la guerrilla. El número de encargados elegidos fue de dos o tres en cada comunidad, en las pequeñas uno, pero siendo 35 comunidades en los años 1986-87, no todos los encargados llegaban a los cursos facilitados por los sanitarios de la guerrilla, mé- dicos/as y enfermeros/ras. Los encargados de salud que llegaban a los cursos tenían el compromiso de transmitir lo aprendido a los otros que no habían llegado, pero ello pocas veces se realizaba.
Los cursos eran anuales o con alguna mayor frecuencia, y duraciones de cinco a doce días, no faltando en el trabajo diario el acompañamiento, la formación permanente en la consulta conjunta de un enfermo o en la llamada por una emergencia. También la formación continua a través del seguimiento de los enfermos, labor que realizaban junto a los sanitarios de la guerrilla siempre prestos a movilizarse en el apoyo a las CPR, a sus encargados de salud y hacer de cada atención una clase teórico-práctica.
Los cursos se hacían en “castilla” 23tanto porque los facilitadores no conocían los idiomas mayas como
por el carácter plurilingüístico de los participantes. Las consultas por parte de los encargados de salud se hacía en el idioma del paciente si coincidían lingüísticamente y si había algún problema de comunicación no faltaba quien pudiera facilitar la traducción. Era poca la población que no podía expresarse “en castilla”, gente mayor pero que sí lo entendía, siendo la “castilla” el idioma de las asambleas comunitarias y de la co- municación en general. Los idiomas maternos se utilizaban en la familia y en los grupos afines lingüística- mente. Con el tiempo, ante el amplio manejo del castellano o español como idioma de comunicación inter-grupal, los niños mostrarían la preferencia de uso hacia este idioma, respondiendo en “castilla” a sus papás que les hablaban en el idioma materno. El castellano se fue haciendo hegemónico y aunque la es- cuela era en ese idioma, los promotores de educación hicieron grandes esfuerzos por alfabetizarse en sus idiomas maternos.
23. La castilla se refiere al idioma castellano, el idioma que hablaban los españoles, al igual que el puerco o cerdo que ellos trajeron se llamaba “coche de Castilla” para diferenciarlo del “cochemonte”, una variedad de jabalí de la región. La gallina llevada por los españoles se llamará “kaxlán”, significando lo que “no es nuestro o no es originario de aquí”, para diferenciarlo del pavo originario de América y conocido como “chunto” o “chompipe”. “Kaxlán” será también el extranjero sin carácter peyorativo, a diferencia del ladino que si lo tiene.
La llegada de medicamentos de la solidaridad internacional se hizo más fluida a partir de 1986- 87 y los medicamentos para las enfermedades comunes estuvieron disponibles. Los medica- mentos recibidos generalmente fueron adecua- dos pero siempre hubo algunos costales de donaciones que acabaron en la clasificación de “SP”, “sepa putas”, por el idioma incomprensible en que venían los prospectos si los traían o por ser inadecuados a las necesidades como anoré- xicos, anti- colesterol y otros. Algo similar sucedía con la llegada de ropa, “ropa americana o de paca”, en la que siempre se colaba algún abrigo, traje de baño, ropa de fiesta nocturna, vestidos en los que entraban dos mujeres de CPR y za- patos gigantes como para llegar antes. La sos- pecha era que al CEPI le llegaba la paca entera y las pacas son sorpresivas, una tonelada de ropa que es un cajón de sastre donde entra de todo, incluidas bicis.
Una buena parte de los encargados eran jóvenes, de entre 12 y 16 años, chicos y chicas, y el resto adul- tos que, salvo pocos, les era una tarea asignada por la comunidad más que por su propio gusto o volunta- riedad. Cuando se preguntaba el porqué seleccionaban a los jóvenes adolescentes, algunos comités lo justificaban en que “tienen la mente más abierta para aprender cosas nuevas”, “aprenden más fácil que nosotros [adultos]” aunque detrás de ello estaba el que ser encargado de salud no era una tarea muy de- seada. Los jóvenes quinceañeros se mantuvieron con frecuencia tanto tiempo en esta tarea como los en- cargados de salud adultos, y en unos y en otros era frecuente llegar al “ya se acabó mi paciencia” y “ya no sigo”.
Tomando en cuenta que el “mucho” no entraba en el vocabulario de ese tiempo, la responsabilidad de los encargados era “bastante”, atender a personas en extrema gravedad o con enfermedades comunes fre- cuentemente crónicas, dar respuesta a las demandas con un cuadro básico de medicamentos, enfrentarse en ocasiones a las autoridades locales, recomendar descansos difíciles de cumplir para algunos enfermos, transmitir mensajes de salud que ya eran conocidos pero no siempre cumplidos, así como llamar la aten- ción en cuanto a la higiene de algunas familias …
Un ejemplo sencillo pero repetitivo de hasta por donde podían llegar los pequeños problemas a los en- cargados de salud, y no sólo a ellos, podía ser la administración del ácido acetil salicílico, la aspirina. La santa aspirina era un comodín para padecimientos diversos, dolores de cabeza, osteomusculares, calenturas y fie- bres… y su administración constante a un paciente restaba confianza hacia el encargado con la queja co- rrespondiente de “siempre me da lo mismo”. Se prefería disponer de aspirinas de diferentes colores o presentaciones para ir alternándolas en un enfermo con la misma o distinta enfermedad.
Champa del equipo de educación. (Foto de R. Falla)
Los cambios de encargados de salud eran frecuentes y siempre había al menos dos niveles de conocimientos, quienes estaban iniciando los cursos y quienes se mantenían en la tarea e iban acumulando saberes y habilidades. Ahí se ponían en evidencia las inteligencias que hay por el mundo sin acceso a las universidades técnicas en las que hubieran sobresalido y que en la uni- versidad de la montaña ya eran expertos a sus pocos años. En los 12 años de resistencia “bajo la montaña” y por eso de “se acabó mi paciencia”, un por- centaje importante de la población pasó algún tiempo siendo encargado/a de salud, lo que dificultaba el aumentar el expertaje de unos pocos a cambio de que casi todos y todas tuvieran conocimientos básicos de biomedicina.
En los cursos de encargados de salud la teoría se acompañó en lo posible de la práctica, iniciándose a veces en las mañanas con visitas en pequeños grupos a las familias en sus viviendas, observando su estado de salud, las condiciones de higiene de la vivienda y atendiendo a los enfermos si los había. Tras el desayuno se compartía lo atendido y observado por los grupos. Según la problemática de estudio, se convocaba a pacientes conocidos de la comu- nidad para que nos relataran su historia de enfermedad y se estudiaban las causas bio-psico-sociales de la enfermedad, sus signos y síntomas, la pre- vención, cuidados y tratamientos. En las tarde-noches y previo a la cena, se realizaban reuniones nocturnas compartiendo la historia de Guatemala, de otros pueblos en lucha, sobre la naturaleza del cielo y la tierra, sociodramas, cantos y los adul- tos compartían testimonios de sus primeros años “bajo la montaña”.
El funcionamiento del cuerpo humano en la salud y la enfermedad y como actuaban las medicinas eran un misterio, un secreto al que tenían acceso y abrían sus poros a los mensajes de los médicos/as y enfermeros/as. El fun- cionamiento del cuerpo sano se ligaba con el del cuerpo enfermo, los apara- tos y sistemas sanos con sus padecimientos. También hubo el médico que más “chispudo”, “más pilas”, clasificaba las enfermedades por sus causas sociales e injusticias y no por la clásica de aparatos, microbios, procesos degenerati- vos… a como hemos estudiado en las escuelas de enfermería y medicina. El hambre de comer iba de la mano del hambre de aprender y a buena parte de ellos no se les escapaba ni una coma.
En los cursos tampoco faltaron las bromas al- guna pesada como cuando un trío de encarga- dos adolescentes pasaron el aviso de que venían “los ejércitos”, saliendo todos en emer- gencia. Ya se había desalojado el lugar y se es- taba avisando a la comunidad cercana que nos apoyaba en la alimentación cuando el grupo en cuestión pasó diciendo que era broma. El susto fue grande a la par del enojo del responsable del curso.
La responsabilidad con la que asumían los adolescentes la tarea de salud era impresionante y entre ellos, varios destacaron por su inteligen- cia, su carácter y habilidades relacionales con la comunidad. “Cristina”, “Juan Pablo”, “Goyito” eran solo una muestra de las po- tencialidades de estos jóvenes. “Goyito”, un q´anjob´al que con 12 años se hizo responsable de la comunidad enfrentó con valentía decisiones del comité de la comunidad, y situaciones difíciles de atención de heridos y de partos. La atención del parto de una de las compañeras fue especialmente dura pues sea que hizo una retención placentaria o quizás quedaron restos de la pla- centa, “Goyito” reconoció la gravedad de la hemorragia y corrió al buzón a por los sueros intravenosos aplicándole un par de ellos sin poder evitar la muerte de la compa.
“Goyito” con su paliacate (pañuelo) multiusos. (Fotos de R. Falla)
“Juan Pablo” y su hermanita.